El pato del Manzanares

Me cuenta un amigo de París que en Francia el Pato Donald está en cuarentena. Mucho más cerca, en España, un título universitario, módulos de efepés, varios másters, otros tantos idiomas y un tiempo indeterminado de prácticas se resume en el gran titular: “Muere un pato en el Manzanares”. Tantos años de preparación periodística, esfuerzo, dedicación e innumerables cafés en máquinas de mala muerte… y la noticia nos pilla “con estos pelos”. Soñábamos con narrar de forma épica la vida, y la realidad se afana en pintar de gris los sueños y deviene ave resfriada en el Parque de los Príncipes. A saber, ya ‘requiescan in pace’ “un pato encontrado sin vida en el lago de una urbanización de las afueras de Pamplona” y una “garza hallada muerta junto a la ribera de un río en Anguciana”. La realidad se convierte en el cartel anunciador de la segunda entrega de “Los pájaros” de Hitckockt. Y resulta que los pájaros vienen con un virus con nombre de casilla del “Hundir la flota”: H5N1. Pájaro muerto. Ministerios de Medio Ambiente y Sanidad, hundidos.
Las organizaciones agrarias, ganaderas y de consumidores denuncian el alarmismo, la falta de información y la caída de la venta de los productos avícolas. Las administraciones se afanan en asegurar que todo está controlado, que, oiga, aquí no pasa nada, que se puede seguir comiendo tortilla e, incluso, huevos revueltos o pasados por agua, igual que se podía seguir echando el hueso al puchero cuando las vacas locas.
El balance de esta historia: un puñado de aves muertas fotografiadas para la posteridad en esquelas con forma de noticia a cuatro columnas. Entretanto, en los medios apenas se vislumbra la imagen de “la otra realidad” de nuestros días, las verdades del barquero de nuestro tiempo: “Madre e hijo en un centro de alimentación de emergencia en Tahoua, Níger’ se titula un retrato realizado por el canadiense Finbarr O’Reilly. Un puñado de aves ha muerto y el mundo se vuelve loco en busca de vacunas para pandemias que no llegan, para muertes por venir. Todavía se está buscando al primer muerto afectado por el mal de las vacas locas; mientras, cientos de millones de personas mueren de hambre y nadie hace nada por frenar esta barbarie, esta hecatombe, este lento morir sin pausa; o por acabar, simplemente, con la vergüenza y el dolor de mirar a la cara el rostro del hambre con unos ojos cargados de mirada besando la anciana mano de un niño. Por cierto, si saben algo del Pájaro Loco o el Pato Lucas, que avisen por casa, que andamos preocupados.

elHambre.0

“Madre e hijo en un centro de alimentación de emergencia en Tahoua, Níger’ se titula un retrato realizado por el canadiense Finbarr O’Reilly

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