«Tears in heaven» y labios rojos para el Estatuto

199413_1903004262747_5670694_nConcha Caballero, en una declaración de feminidad y feminismo y en un mundo de mujeres avocadas a adoptar roles masculinos, se pintaba los labios de rojo antes de subir al estrado del Parlamento de Andalucía. «Siempre estaba atenta a que los fotógrafos ‘no me pillaran’ retocándome los labios, pero no lo conseguí. Menos mal que entonces la política no estaba tan desprestigiada como ahora porque hubieran dicho: ‘Fíjense en qué se entretiene la diputada en su escaño’. La verdad es que trabajaba en horarios de diez o doce horas, como muchos otros diputados y diputadas (que no todos), que aprendí y estudié mucho, que me ayudó a tener una idea de nuestra sociedad mucho más compleja y diversa, que hice lo que pude para defender a los que menos tienen, por defender criterios y principios bastante opuestos a los que mayoritariamente se instalaron en esa época de crecimiento… Ya sé que los resultados fueron escasos pero fue un honor representar al pueblo andaluz y poder volver a mi trabajo con la certeza de que quedaba muchísimo por hacer pero, al mismo tiempo, con una cierta sensación de deber cumplido. Sí, me pintaba los labios en los plenos antes de salir a la tribuna. Una pequeña coquetería ‘imperdonable’». La ex portavoz de IU en el Parlamento andaluz falleció en la noche del martes a los 58 años, víctima de un cáncer diagnosticado hace varias semanas, según fuentes de la familia. Concha Caballero era profesora en un instituto público de Coria del Río (Sevilla) –al que regresó sin estridencias y algo decepcionada tras su etapa en la primera línea de la política– y era una de las principales colaboradoras y con más repercusión de El País y la Cadena Ser. Su último artículo impreso se titula «Mujeres, asignatura pendiente». Recientemente publicó el libro «Sevilla, ciudad de palabras» y confesó a los más cercanos que tenía en mente una novela con una gran editorial. Sus alumnos atesoran «sus palabras tranquilizadoras, su cariño, su tiempo y dedicación. Su sonrisa, los debates y las lecturas en esos bancos del patio y los chistes de rubias».

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Alguien voló sobre el nido de Susana Díaz

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La palabra «Sinsajo» sirve de título a la novela de Suzanne Collins que forma la tercera parte de «Los juegos del hambre» y proviene de los pájaros híbridos que aparecen en la obra y son el cruce de un sinsonte y un charlajo, un pájaro genéticamente alterado por el Capitolio. Se describe a los sinsajos como «los pájaros híbridos que son un importante símbolo de esperanza y rebelión». Collins compara a la protagonista Katniss –encarnada en el cine por Jennifer Lawrence– con un sinsajo por el hecho de que «nunca debería haber existido». El sinsajo, como Pablo Iglesias, es un ser en contra del sistema pero auspiciado, sobradamente preparado y amamantado por el propio sistema. De la Transición a esta parte, ninguna formación ha manejado la política con más perspectiva que Podemos, el partido que ha levantado la bandera de la antipolítica bajo un doble colchón marxista. De un lado, Karl y la lucha de clases, por más que termine con Carmen Lomana ofreciéndose a plancharle las camisas a Monedero vía Twitter. De otro, Groucho: «Estos son mis principios; pero si no les gustan, tengo otros». Pablo Iglesias –que viene a ser para el pueblo lo que «Rosa de España» a OT o Katniss a «Los juegos del hambre»–, en una crisis caracterizada por el aumento de personas al borde o en el umbral de la pobreza, tomó ayer el auditorio de Fibes, el Palacio de Exposiciones y Congresos de Sevilla, convertido hasta ahora por y para Susana Díaz en el velódromo de Dos Hermanas del PSOE de Felipe González; en el primer aniversario del concepto político-intelectual surgido de una serie de cabezas pensantes que han sabido aglutinar la «indignación» social española y que, previo crecimiento exponencial tertulia a tertulia, tuit a tuit, se presenta ahora como la primera fuerza en intención de voto en España según el CIS. Pablo Iglesias, como el cuco, voló ayer sobre el nido de Susana Díaz, la retó y acabó, incluso, con el auditorio en pie cantando el himno de Andalucía, tras la atribución parcial de una figura histórica y minusvalorada en la memoria autonómica  como la de Carlos Cano –la voz del PA se escucha lo mismo que a Diego Valderas en la Junta cuando reivindica el Sáhara–, «Murga de los currelantes» a capela incluida.

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