Alguien voló sobre el nido de Susana Díaz

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La palabra «Sinsajo» sirve de título a la novela de Suzanne Collins que forma la tercera parte de «Los juegos del hambre» y proviene de los pájaros híbridos que aparecen en la obra y son el cruce de un sinsonte y un charlajo, un pájaro genéticamente alterado por el Capitolio. Se describe a los sinsajos como «los pájaros híbridos que son un importante símbolo de esperanza y rebelión». Collins compara a la protagonista Katniss –encarnada en el cine por Jennifer Lawrence– con un sinsajo por el hecho de que «nunca debería haber existido». El sinsajo, como Pablo Iglesias, es un ser en contra del sistema pero auspiciado, sobradamente preparado y amamantado por el propio sistema. De la Transición a esta parte, ninguna formación ha manejado la política con más perspectiva que Podemos, el partido que ha levantado la bandera de la antipolítica bajo un doble colchón marxista. De un lado, Karl y la lucha de clases, por más que termine con Carmen Lomana ofreciéndose a plancharle las camisas a Monedero vía Twitter. De otro, Groucho: «Estos son mis principios; pero si no les gustan, tengo otros». Pablo Iglesias –que viene a ser para el pueblo lo que «Rosa de España» a OT o Katniss a «Los juegos del hambre»–, en una crisis caracterizada por el aumento de personas al borde o en el umbral de la pobreza, tomó ayer el auditorio de Fibes, el Palacio de Exposiciones y Congresos de Sevilla, convertido hasta ahora por y para Susana Díaz en el velódromo de Dos Hermanas del PSOE de Felipe González; en el primer aniversario del concepto político-intelectual surgido de una serie de cabezas pensantes que han sabido aglutinar la «indignación» social española y que, previo crecimiento exponencial tertulia a tertulia, tuit a tuit, se presenta ahora como la primera fuerza en intención de voto en España según el CIS. Pablo Iglesias, como el cuco, voló ayer sobre el nido de Susana Díaz, la retó y acabó, incluso, con el auditorio en pie cantando el himno de Andalucía, tras la atribución parcial de una figura histórica y minusvalorada en la memoria autonómica  como la de Carlos Cano –la voz del PA se escucha lo mismo que a Diego Valderas en la Junta cuando reivindica el Sáhara–, «Murga de los currelantes» a capela incluida.

El cuco se encuadra en la familia de aves pertenecientes al orden de los «Cuculiformes», en la que se incluyen también los críalos, koeles, malcohas, garrapateros y correcaminos. Se trata de un pájaro que levanta mucho recelo en el orden natural. El huevo del cuco será, si no igual, muy parecido en color, tamaño y forma a los huevos del ave huésped en cuyo nido deja sus huevos. En ocasiones, las similitudes son tales que ni los ornitólogos saben diferenciarlas. Como todos los huevos son iguales, los pájaros huésped incuban y cuidan el huevo ajeno. Con la eclosión de los huevos (generalmente antes que los «originales» del nido),  el pollito del cuco no para hasta deshacerse de todos los demás huevos, empujándolos hasta tirarlos del nido o dando picotazos hasta que acaba con ellos. Así, todo el alimento que traen los padres de los pájaros huéspedes son para los cucos. Iglesias, convertido ya en un neuroma de Morton para lo que denomina partidos «tradicionales», centró su discurso en la que pasa por su más clara propuesta programática: «echar a los sinvergüenzas. Hay que echar a la casta, que se vayan a su casa». Para ello, con vocación de trabajador de Lipasam, proclamó que «hacen falta escobas, no sólo jueces». «Con gente decente, claro que cuadran las cuentas». El segundo punto programático que dejó reluciente es que «no vamos a pactar con el PP» en ningún caso, sino «todo lo contrario», crear dificultades allá donde podrían gobernar. El resto es una promesa de huir del «austericidio» como la mayoría de los dirigentes de un libro de Milan Kundera. «El momento es ahora» fue el mensaje que Iglesias trasladó a los asistentes –alrededor de 4.000, que se desplazaron por sus propios medios, sin autobuses de partido ni promesas de media pensión– a un mitin que agotó la reserva de localidades en cuatro horas. Si  los mítines de Susana Díaz en sus baños de masas recordaban a los eventos de Beyoncé, Pablo Iglesias –que ya camina como Son Goku, en una nube (de protección y focos)– hace las veces de aglutinador de tendencias, a lo Michael Jackson. Está por ver que no destiña. Los «partidos tradicionales» conservan la esperanza de que, como le pasó a la protagonista de «Los juegos del hambre» con el llamado «celebgate», algún destape de última hora –lo de Errejón y la Universidad de Málaga no terminó de cuajar–, enseñe las vergüenzas de los hombres de Pablo Iglesias y frene el vuelo del cuco. La pirotecnia sociopolítica de Podemos busca ahora una fotografía histórica, al estilo de la del «niño con el puño en alto» de la Transición, para el 31 de enero en la Puerta del Sol de Madrid; y a ello convocó a los asistentes Pablo Iglesias, a lo Lawrence (de Arabia, no Jennifer): a formar parte de «la historia», «para poder decir  a los hijos ‘yo también estuve allí’».
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