“Localización, localización, localización”

El aparato de Podemos atenúa los límites. La secretaria de Coordinación ejecutiva, Ángela Ballester, aseguró ayer que «no hay líneas rojas» en la negociación para la investidura de Susana Díaz. Lo que hay sobre la mesa, dice, son propuestas de «higiene democrática». Las dimisiones de Chaves y Griñán más que una obligación para sentarse a negociar –como se dijo antes del 22M– ya «no son condiciones, son propuestas y estamos abiertos al diálogo». En las guerras, también en las electorales, la primera víctima tiende a ser la verdad. Para la líder regional Teresa Rodríguez –que se apresuró a responder vía Twitter: «No facilitaremos un Gobierno que vaya en contra de los andaluces. Éstas son nuestras tres condiciones para dialogar»–, las medidas que trasladó a Susana Díaz para posibilitar su investidura son condiciones «necesarias» e «imprescindibles» para dialogar, aseguraron fuentes de su equipo. El tono de cercanía de la dirección nacional también es radicalmente diferente. «Si se aceptan estas propuestas razonables se vota que sí y si no se aceptan, se vota que no», señaló Rodríguez, con orgullo de reino taifa, tras su entrevista con Susana Díaz.
Según Ballester, que forma parte del aparato nacional de Podemos, la pelota «está en el tejado de Susana Díaz» después de que en su reunión con Teresa Rodríguez en San Telmo, la líder regional de la formación morada le expusiera como requisitos para sentarse a hablar la dimisión de los ex presidentes andaluces, que no haya desahucios sin alternativa y el recorte de altos cargos. Desde que acabaron las elecciones, la delicadeza a la hora de referirse un partido a otro ha florecido, una vez pasada la guerrilla electoral. Según la cúpula de Podemos, la formación en este momento no se posiciona en el sí, el no o la abstención para la investidura. Ballester reiteró que no negociarán sobre la base de «sillones o prebendas» sino en función de los intereses de los andaluces.  Ángela Ballester destacó el «histórico» resultado de Podemos en Andalucía, pasando de cero a 15 diputados. «No es suficiente», admitió. Por el contrario, desde el programa Fort Apache de Pablo Iglesias, al analizar las posibilidades de Podemos el 22M, se habló de expectativas moderadas. Como líder, sin embargo,  Iglesias aún no se ha pronunciado sobre el 22M, más allá de algún tuit. La noche del recuento, por contra, su ex pareja anunció por otra red social el cese de la relación. El resultado electoral, apuntó Ballester, señala «una tendencia» de un cambio que Podemos quiere que «sea real».  Ballester defendió que Teresa Rodríguez cuenta con autonomía para fijar la posición de su grupo parlamentario pese a que el núcleo duro de Pablo Iglesias, reconocido «serieadicto», parece agarrarse a una de las máximas de Frank Underwood en «House of Cards». «El poder es como las propiedades inmobiliarias. Depende de una cosa: localización, localización, localización. Cuando más cerca estás de la fuente más alto es el valor de la propiedad». El aparato de Podemos quiere poder e influencia en la Junta de Andalucía.
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Trasplantes de cara(dura)

Mucho hemos tardado. Una eternidad. España es uno de los cuatro lugares del mundo mundial en el que una persona puede trasplantarse la cara. Somos una superpotencia sanitaria, un bastinazo con el bisturí, un territorio repleto de eminencias médicas. Otra cosa es que para que una ambulancia llegue a Carmona -30.000 habitantes y siglos de historia- se tarde hora y media –según los afectados- o tres cuartitos de hora, que es lo que dura medio partido de fútbol, -según el Servicio Andaluz de Salud- y, por las cosas que tiene el azar, oye, coge y se te muere la señora antes de que lleguen los médicos.

Minucias de este tipo no quitan brillo al hito mundial de trasplantarle la cara a una persona necesitada de trasplantarse la cara. Lo que extraña es que, teniendo en cuenta que contamos con grandes cirujanos modernitos con chilaba que te operan de buen rollo escuchando a Chambao; una ministra de Sanidad para ponerle un piso donde quiera; la tecnología necesaria; el instrumental médico más limpio que una patena; y todos los avíos necesarios; la cosa se haya retrasado porque faltaba “un donante”. De hecho, tenemos varios hospitales más esperando para la operación y esperando un rostro como quien espera a Godot.

Con lo sobraos’ que estamos en el país de gente sobrada de cara. Desde el presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, al director del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez. Dos personas que lo que se dice llegar a fin de mes, llegan, mire usté’, y que solicitan, así, por y con la cara seria, un abaratamiento del despido “para generar empleo”. Se trata de dos claros casos de posibles donantes incomprendidos. Con lo claro que resulta el sofisma consistente en abaratar despidos y crear más empleo y este país de titulados universitarios buscándose las habichuelas en la hostelería se empeña en no entenderlo. A todas luces, se trata de una magnífica idea: despidos a coste casi cero y, con lo que el empresariado español se ahorra, puede invertir en yates, hoteles, cócteles, señoritas de compañía, etcétera, etcétera, etcétera. En hacer turismo, que es la única industria “made in Spain”.

Con despidos más baratos, estos señores tan preocupados por el bien común podrán tener la mente más liberada para seguir pensando en grandes proyectos innovadores como los que hacen de este país una de las mayores potencias empresariales del universo, gracias a la innovación en sus negocios. Ladrillo mixto, ladrillo de gafa, ladrillo perforado, ladrillo caravista, ladrillo refractario. Un ejemplo en Investigación y Desarrollo esta enladrillada tierra de María santísima. De salir adelante la medida, como homenaje, la patronal debería pasar a llamarse CEOE –OÉ!-OÉ!-OÉ!

Puede ser verdad que el 63% de los trabajadores cobre menos de 1.100 euros brutos al mes o que 16,7 millones de asalariados perciban un sueldo anual inferior a 13.400 euros, pero estas razones no son suficiente argumento para poner en duda el proyecto de unas personas que, como todos reconocemos, son las que tiran del país echando entre 10 y 14 horas diarias en el tajo; llevando a los niños al colegio; llamando a los abuelos para que los recojan y los cuiden hasta la noche; preparando la comida para todo el día y ordenando mal que bien la casa; echando una cabezadita en el sofá con Buenafuente de fondo a las 2:00 de la madrugada; diciendo a la señora que “sí, cariño, que ya voy a la cama, que ya sé que mañana me toca a mí dejar al niño en el colegio y tengo que estar en el laburo a las 8:30 y no veas los atascos”; y, una o dos veces por quincena, echando hasta un polvo, que hay que mantener la tasa de natalidad del país. Que viva España.

Que en este país tan desarrolladito y aseado que tenemos gracias a este tipo de personas se cuenten con los dedos de una mano los trabajadores que ganan más de mil mortadelos al mes no es razón para echar por tierra la bajada de la indemnización por mandarte al paro –o a la puta calle, si se prefiere- o para pedir que, en lugar de bajar los despidos, suban los sueldos. Porque, oiga, si antes del euro un café costaba 60 pesetas –vulgo, 20 duros-, y ahora cuesta, al cambio, 200 perras gordas y, por el contrario, los sueldos no se han triplicado y se gana igual que antes de la moneda común –aclaración: común entre unos pocos que se las reparten-, eso no es culpa de estos señores que tratan de reflotar la economía del país y sus yates privados. Ante este silogismo, que le pidan cuentas a Felipe, que fue el que nos metió en el euro con esa labia y esas chaquetas de pana que gastaba.

No acaban aquí los posibles donantes de cara, por eso de que andan sobraos’ de rostro. Los banqueros, por ejemplo. Los señores banqueros, unas personas que no tienen nada de responsabilidad en esto de la crisis/reajuste del sistema que sufren las economías de los países capitalistas. (En el resto del mundo, la crisis se llama miseria y no es noticia). Unos profesionales de lo suyo que, en un ejercicio de responsabilidad social, después de recibir más de 30.000 millones de euros de los impuestos de los españolitos, y de haber ganado sólo algunos céntimos durante todos los años del llamado ‘boom inmobiliario’ –época en la que para que te concedieran un crédito bastaba con presentar como aval la colección de cromos de Panini-, se muestran reacios –en pos del bien común- a “prestar” el dinero a los empresarios, autónomos y demás ciudadanos para que financien su medio de vida para ganarse nuestro pan bimbo de cada día.

Los banqueros –cuyas pensiones, contando sólo el personal del Ibex, suman 491 millones- en un ingrato ejercicio de pedagogía están enseñando a este país de derrochadores a evitar ir a los bancos para nada, porque te roban. Sin duda, los bancos mundiales, en general, y los españoles, en particular, merecen el premio Principito de Asturias de Economía. Los microcréditos de Muhammad Yunus son una minucia en comparación con la labor de entidades financieras nacionales como el Santander y el BBVA –léase “beba uva”-, las cuales cerraron el pasado ejercicio entre las cuatro primeras del mundo en cuanto a beneficios, con 9.400 millones de superávit en el caso de la empresa del señor Botín, su mujer la Bota y sus hijos los Botines.

Y podemos seguir con personalidades sobradas de cara para un posible trasplante. El señor Rajoy, eminente registrador de la propiedad, con arrojo suficiente para que, en medio de una investigación judicial sobre presunta corrupción en el PP, se atreva a denunciar sin pruebas, sin un atisbo de documentación, que el Gobierno de un país democrático como España persigue a los miembros de su partido. No sólo eso, sino que, como diría la ministra Aído, también persiguen a “las miembras”. Denunciar que Zapatero ha creado una Gestapo española con pruebas, eso lo hace cualquiera. Pero hacerlo como Rajoy, por inspiración divina y encuesta electoral, tirando la piedra y escondiendo la mano, desviando la atención sobre el fondo de armario de don Paco Camps, eso sólo lo puede hacer un donante de rostro altamente cualificado.

O el ministro Sebastián, que, consciente de lo limitado de los sueldos en el país, tiene la bondad de permitir que España tenga las tarifas de móvil más caras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, para que la gente no pierda el tiempo tonteando con el móvil y trabaje de verdad. O los del Gobierno que han prometido un subsidio para los parados sin ningún ingreso y que ahora resulta que sólo es para tres gatos.

O Juan Luis Cebrián, consejero delegado del grupo Prisa, que dice que el Gobierno es “intervencionista e inmoral” por hacer exactamente lo que el Ejecutivo de Felipe González con su empresa, sólo que ahora él no es el favorecido, en relación con la TDT de pago. O por hablar de periodismo de calidad, cuando en la cadena de radio más importante en castellano del mundo y la emisora más rentable de España -la SER- para cubrir los incendios de Grecia, a falta de corresponsales a los que malpagarles, tiran de la crónica de una vecina española que andaba por la zona y veía el fuego desde su balcón. De Premio Pulitzer.

O aquellos que defienden que las injusticias de la Guerra Civil, mejor dejarlas como están, que “ande yo caliente” lo mismo da que el padre de un señor de Cuenca – que le tocó ser nacional- esté enterrado en una fosa común en Paracuellos del Jarama o que el abuelo de una señora de Trebujena –que estaba en el bando republicano- esté bajo una cruz perdida de una carretera secundaria por la que sólo pasan las cabras y las ovejas, que, como los cabrones, tampoco tienen memoria. No importa que en Alemania sigan metiendo cadenas perpetuas a quienes perpetraron matanzas, así pase medio siglo y así tengan 90 años, como recientemente con un tal Josef Scheungraber que mató a 14 personas en la Toscana en represalia por un ataque partisano. Porque los que defienden que se quede todo como está –“atado y bien atado”, como dijo el Generalísimo generalito-, tienen razón. No es una cuestión de memoria. Es una cuestión de vergüenza.

La lista de potenciales donantes en este país es inmensa. Por eso, teniendo más rostro que espalda como tiene el personal, extraña que hayamos tardado tanto en subirnos al tren de los trasplantes de cara. Y ahora que han descubierto el gen que nos da personalidad y nos hace únicos, bien estaría una investigación para hallar el material genético que hace de estas personas unos seres irremplazables, inigualables e insustituibles. Por la cara (dura).

¿Qué pasa con Zarrías, Mar Moreno y Viera?

Podemos y Ciudadanos coinciden, a la hora de dibujar las líneas rojas para apoyar la investidura de Susana Díaz como presidenta de la Junta, en reclamar la dimisión de los ex presidentes Manuel Chaves y José Antonio Griñán por su imputación en el caso de los ERE. Griñán y Chaves declaran ante el Tribunal Supremo el 9 y 14 de abril, respectivamente. Los nuevos partidos con representación en la Cámara autonómica, en su particular «Diez negritos» postelectoral, no se pronuncian, de entrada, sobre los tres ex altos cargos que también declaran ante el Supremo en próximas fechas: el ex consejero de Presidencia Gaspar Zarrías; la también ex consejera  de Presidencia Mar Moreno; y el ex titular de Empleo José Antonio Viera.
La consejera Mar Moreno informa sobre el inicio del curso escola

Mar Moreno, cedida por Manuel Olmedo: http://manuelolmedofotografo.blogspot.com.es/

«Chaves y Griñán tienen que dimitir por responsabilidad política en la gestión de sus Gobiernos sobre el fraude de los ERE. La dimisión debe ser inmediata y deben abandonar los escaños que ocupan», defendió la diputada electa de Podemos Teresa Rodríguez tras el encuentro con Susana Díaz en San Telmo. El líder de Ciudadanos, Juan Marín, indicó que si en estas semanas hay «algún gesto, novedad o cambio», su formación volverá a hablar con Díaz, aunque mantiene que su partido no tiene intención de formar parte del Gobierno. Sobre Zarrías, que fue mano derecha de Chaves en sus gobiernos; Moreno, que sonó como sucesora tanto de Chaves como de Griñán; y Viera, señalado como el responsable de dar forma al sistema arbitrario y discrecional de ayudas de la Junta desde la agencia IFA, después IDEA, las formaciones de Pablo Iglesias y Albert Rivera siquiera se han pronunciado. Ni los han nombrado durante el arranque de las negociaciones ni en la campaña electoral como presas de menor rango político al margen de que pudieran tener judicialmente mayor responsabilidad que los ex presidentes. El orden de declaraciones ante el Tribunal Supremo es significativo. Arranca el que fuera consejero de Empleo, José Antonio Viera, que según los agentes de la UCO tuvo un «papel fundamental» en la concesión de las ayudas. El siguiente es el ex presidente Griñán; y posteriormente, su antecesor en la Junta, Manuel Chaves. Los últimos en declarar serán los ex consejeros de Presidencia, Gaspar Zarrías y Mar Moreno. Fuentes del caso señalan que la prioridad en la llamada para declarar voluntariamente no parece casual. De hecho, coinciden en que los primeros en ser llamados, Viera y Griñán –en su condición también de ex consejero de Hacienda y por los reiterados avisos de la Intervención que pasó por alto–, son quienes lo tienen más complicado. Con todo, quizás abusando de los titulares mediáticos a los que tanto deben Podemos y Ciudadanos, Griñán y Chaves son los únicos señalados en su hoja de ruta de condiciones para pactar aunque fuere por debajo de la mesa.

Debate de investidura del candidato a la Presidencia de la Junta

Zarrías y Viera, cedida por Manuel Olmedo: http://manuelolmedofotografo.blogspot.com.es/

Ninguno de los ex consejeros relacionados con el «caso ERE» estará en el Parlamento  la próxima legislatura. Cuando la Cámara se constituya, mediados de abril, ya habrán declarado Chaves y  Griñán en el Tribunal Supremo. También el ahora diputado nacional José Antonio Viera y puede que su compañero Zarrías. La senadora Mar Moreno será la última en ser llamada, el 21 de abril. El compromiso de Susana Díaz pasa por pedir el acta de las «vacas sagradas» que continúen imputadas tras la declaración ante el instructor Alberto Jorge Barreiro. Hasta entonces, no hay peligro de que la presidenta caiga bajo el síndrome de Capgras, aquél que no permite identificar a los familiares porque hace creer que han sido reemplazados por un doble. En cualquier caso, hasta ahora, las formaciones lideradas por Teresa Rodríguez y Juan Marín –sobre todo en este caso, es un decir–, por elevación, se conforman con las «cabezas» de Chaves y Griñán con un trasfondo de repercusión y rédito nacional y por más que el ex parlamentario del que más podrían rehuir en este momento como compañero de selfi sea el ex consejero de Empleo y aficionado a monterías en la Sierra Norte  –zona cero del cierre de subvenciones– don José Antonio Viera. El que fuera durante seis años jefe directo de Susana Díaz en el PSOE de Sevilla.

Metonimia (o sinécdoque) existencial

carta DelegaciónTres décadas y media de Gobierno dan, como poco, para caer en una metonimia (o sinécdoque)  existencial, institucional o instrumental, esto es, confundir la parte con el todo, a la candidata con Andalucía  –como en la reciente campaña electoral ultrapersonalista, que arrancó incluso en coche oficial–, a la Junta con el PSOE.
«Queridos compañeros/as y amigos/as: Ya ha pasado el período electoral, con el resultado de victoria para el partido socialista, que todos conocéis. Mi agradecimiento más sincero y personal por vuestro trabajo, por la gestión que entre todos y todas hemos realizado, para dar la mejor cara que podemos ofrecer de la Junta de Andalucía (…)Han sido dos semanas apasionantes y hoy hemos recogido los frutos para que Andalucía siga siendo una tierra de igualdad, con un futuro que construiremos entre todos día a día». Firma estos párrafos la delegada de Educación, Cultura y Deporte de Córdoba, con el membrete oficial de la Junta incluido, Manuela Gómez Camacho. «Te ruego que transmitas mi agradecimiento a todas las personas que componen esta Delegación de Educación, Cultura y Deporte por su esfuerzo, profesionalidad e implicación con esta noble tarea». Pese a firmar la epístola con el citado contenido y tras hacerse pública la misma, la delegada aseguró que se trató de un «lamentable error» y que se trataba de un correo interno para sus colaboradores más próximos.

La Fiscalía Anticorrupción ya cuenta con una denuncia contra Irene Sabalete, delegada de Agricultura, Pesca y Medio Ambiente en Jaén, detenida en la «operación Barrado» en su condición de ex delegada de Empleo y cuya grabación arengando a los trabajadores de Empleo e instándoles a hacer de «testigos de Jehová» del PSOE en la campaña de 2012 trascendió esta semana. «El consejero nos dijo clarísimo que los directores y el personal que está en el consorcio está totalmente garantizado, su continuidad, siempre y cuando ganemos las elecciones. Con esto os quiero decir que sepáis qué tenemos entre manos. Me da igual la ideología, aquí entiendo que sois leales con el Gobierno que os dar trabajo. Personalmente, os jugáis seguir trabajando aquí o que cada uno se busque la vida como pueda. Y el consejero lo dijo sin paños calientes, y yo lo digo también, que a partir del lunes que acaba la ola de frío, os quiero a todos, si queréis, y si os comprometéis con este proyecto y con la continuidad personal vuestra, haciendo campaña electoral», señala la grabación atribuida a Irene Sabalete, arrestada el martes en el marco de la «operación Barrado» contra el presunto fraude en los fondos de formación. «Os quiero desde que pase la ola de frío hasta el 23 de marzo en la calle, que nadie esté en la oficina, y si no podéis meter los datos, la gestión dejarla un poco aparte, totalmente aparta, os quiero a todos en la calle, visitando a las empresas a las que les hemos dado ayuda», continúa el audio. El consejero de Justicia e Interior en funciones, Emilio de Llera, comentó que «no le parece muy estética» la actitud de Sabalete, sin abordar el fondo. Ya lo dijo Laura Gómiz, ex directora de Invercaria, en otro audio en poder judicial: «Si me comprometiera con la ética, no estaría trabajando en esta organización». Aquello de Groucho Marx: «Jamás aceptaría pertenecer a un club que admitiera como miembro a alguien como yo».

Otra grabación fue el germen del «caso Mercasevilla», causa que, a su vez, originó la instrucción de los ERE y, después, de los fondos de formación. En esta grabación, el ex director gerente de Mercasevilla Fernando Mellet y su adjunto Daniel Ponce –ambos condenados en firme por el Supremo– solicitaban el pago de 450.000 euros a unos empresarios a cambio de la concesión de una escuela de hostelería. En la grabación, aseguraban que la «mordida» no era para ellos sino «para carteles de Felipe» y «para los niños saharauis». «Una cuestión que es la más espinosa, la colaboración con la Junta. La Junta tiene normalmente un esquema de funcionamiento muy simple: yo colaboro con quien colabora». Con el voto sucede como con la concesión de ayudas. Es inocente hasta que se demuestra lo contrario.

Retrato de la parte de atrás del Taj Majal

LUIS MÁRQUEZ

«Huele distinto. Es la primera sensación de cada sitio que piso». A diferencia de «El hombre que nunca estuvo allí» de los hermanos Cohen, los pasos de Luis Márquez Pineda (nacido en La Luisiana, 1981; criado en el Aljarafe -junto al Mateo Alemán- Córdoba y El Puerto de Santa María; residente en Triana), pueden dar fe de que estuvo, con los ojos bien abiertos y el olfato intacto del periodismo herético.

Como su tocayo el que jugaba por la diestra en el Real Betis y al que comparaban con Míchel, está dotado con la técnica de los elegidos y, sin embargo, prefiere contar las cosas, narrar la vida, pisar el mapa, al estilo Kapuscinski: sin alterar en demasía la realidad, porque la realidad ya es bastante poderosa como para andar manoseándola. Ligereza de ego y equipaje o, sencillamente, humildad. Periodismo bien hecho, en alta y sin arabescos, estridencias o florituras más allá, que no es poco, de la realidad. Chaves Nogales con el poso de sus orígenes en la Radio Televisión de San Juan de Aznalfarache entrevistando a los niños el Día de Andalucía con un locutor llamado Manolo Carlos Gil (Luis Márquez es de los que con ocho años dormía con la radio bajo la almohada y se levantaba buscando el periódico). «Déjala así, que así es la rosa». Sin manosear, pero metiéndose en los charcos, que así es la vida.

Luis Márquez, reciente Premio Ondas con el programa «75 minutos» de Canal Sur TV, narra a lo largo de las 171 páginas de «Los años viajeros» (Editorial Gramática Parda) las vivencias de diez viajes (República Dominicana, Senegal, India, Qatar, Sudáfrica, Palestina, EE UU, Irlanda del Norte, Noruega y Egipto) y otras tantas aventuras y desventuras de un periodista de, entonces, apenas 26 años, cuando comenzó a gastar hojas de un pasaporte recién estrenado de la mano de «Andaluces por el mundo» y vivía «empalmando lavadoras», con una maleta, entre 2007 y 2011, siempre preparada en la puerta. (Igual que ahora con «75 minutos», pero por todo el mundo).

«La bizarra relación entre judíos y musulmanes en Jerusalén», los contrastes de República Dominica, Senegal con su mirada profunda… En todas las coordenadas, cuenta Luis Márquez, «los niños nacen igual, pero se malean diferente». En determinadas latitudes, la picardía, la maldad, la capacidad de supervivencia, como si de felinos se tratara, arranca «a los pocos meses». «Los años viajeros», más que un libro de viajes, es un tratado de vida. «La India es atroz», explica Márquez Pineda. «Las amputaciones». «La mayor de las miserias». Slumdog Millonaire antes de ser filmado. Cualquier guía al uso e, incluso, la Lonely Planet, resaltan el brillo del Taj Majal y su leyenda. «Al arquitecto le cortaron las manos para que no repitiera una obra igual». Luis Márquez le da la vuelta a la leyenda y retrata la parte de atrás del Taj Mahal, donde un niño de unos 10 años, con su hermano pequeño, ve pasar la vida ante la supuesta grandeza del palacio construido por amor, junto a un riachuelo contaminado. En la majestuosidad del Taj Mahal se refleja una realidad cotidiana marcada por la ausencia. La diferencia entre lo que ve el turista y lo que contempla el viajero. Tras las playas de la República Dominicana está la delincuencia y la pobreza. «Lo que más me ha impactado, sin duda, es la vida de los niños en muchos sitios del planeta», cuenta Luis.

Luis Márquez llegó para dos programas, y estuvo cuatro años, 30 viajes, mucha vida, en «Andaluces por el mundo». A la mirada del viajero, se suma un innato olfato de periodista. Egipto: septiembre de 2011. Meses después de las protestas de enero-febrero. «El pueblo había derrocado a Mubarak, pero no. Era una un espejismo. Un país sitiado por la policía y el ejército. Un Gobierno obsesionado con no dar mala imagen. En la Plaza de Tahrir no querían que grabáramos». Márquez titula ese capítulo «Una revolución, una decepción». Irlanda: el periodista va a Belfast y no acaba de cañas –que también–, sino que se encuentra a un etarra. El oasis de petróleo de Qatar. El sueño/pesadilla americano en Texas. El frío como modo de vida en Laponia. «Un libro de historias, sensaciones, olores, colores, muy descriptivo», define. Un libro con ilustraciones de Alfredo Rodríguez, al que conoció en Taiwan.

«Huele distinto. El aire que flota sobre el descolorido suelo de moqueta y los asientos gastados está viciado. Una cristalera sucia trata de enseñar los restos del atardecer. Los trabajadores del aeropuerto no tienen prisa y cruzan bromas mientras empiezan a desfilar las caras de cansancio de los viajeros que venimos de Europa. Bienvenidos a la República Dominicana». Así empieza «Los años viajeros». «Los cínicos no sirven para este oficio», de vuelta a Kapuscinski. Buen viaje.

“Qué bonitos, qué bonitos, son los goles de Alfonsito”

Era un mago llamado a suceder a Butragueño, que era un brujo. Ningún futbolista se ha roto tantas veces de gravedad y se ha levantado tantas veces, desafiando la ley de gravitación universal y la gravedad de la ley de Murphy. Cosa de magos y de botas blancas. El tronco entero de Bogarde aún busca a Alfonsito –qué bonitos, qué bonitos…- tras las medias verónicas en que convirtió el último taconazo de Cuéllar en la élite. Bien es cierto que la posición natural de Bogarde era la de valla de publicidad. El campo del Betis tiene buenas vallas, así que ese día jugó de central. Pero da igual, aquel día, Beckenbauer tampoco lo habría evitado. Ángel (caído) Cuéllar controló en el flanco izquierdo del área grande un balón dividido que había prolongado el propio Alfonso. Cuéllar controló con la izquierda. Taconazo hacia el punto de penalti, zurdo cerrado, también con la izquierda. Alfonso esconde el balón con su cuerpo, de espaldas a portería, en movimiento. Media verónica y tres toques después, el balón estaba dentro, Bogarde en el suelo y 40.000 almas gritando “goooool”. No fue un gol, fue un doble regate y una obra de arte. Lo que realmente pasó, sólo lo saben el defensa holandés y su traumatólogo. El truco de un mago con botas blancas. El Betis –que tenía un equipazo: Finidi, Denilson, Alexis…- bajó ese año a Segunda, entre las lágrimas de Alfonso, derrotado por el Real Madrid –su otro equipo- en Heliópolis. Los goles se olvidan con las tragedias, las obras de arte permanecen en la memoria. Eternas. Meses después, con la misma pierna izquierda con que terminó de romper a Bogarde, Alfonso Pérez Muñoz marcó el gol de Alfonso. Su último gol en el Olimpo del fútbol, el que clasificó a España para los cuartos de final de la Eurocopa de Bélgica y Holanda. Era el minuto 94 y estábamos eliminados por Yugoslavia. Pasamos como primeros de grupo. Cosa de magos.

Mafalda está en “las setas”

Aunque le llamen «spanish revolution», no hay que ser un genio –basta con no ser político– para comprender que la vocación de este movimiento es la de la bacteria, esos organismos capaces de romper la parte más dura del organismo. Con la pretensión de que el graffiti escrito en una pared de San Francisco –«Si el voto cambiara algo, sería ilegal»– se convierta en anatema. El «conseller de Interior» catalán, Felip Puig, se ha convertido en el máximo impulsor del movimiento 15-M, también en Sevilla, ahora que languidecía y las «setas» devenían en Casas Viejas al aire libre, previo paso por el Decathlon, que ha hecho el agosto con las tiendas Quechua, y en clases de capoeira y otras actividades gratificantes para el espíritu humano.

«La Subdelegación dice que somos 215; la Policía , 43; la Junta, que ha llovido y no estamos. La realidad es que somos mucha gente», decían a través del megáfono, con guasa, los organizadores. La realidad, según los agentes que custodiaban la marcha, es que «entre 5.000 y 10.000 personas» partieron de la Plaza de España, al lado del mercado medieval del Prado, rememorando tiempos donde los lacayos trabajaban para los señores con la intranquilidad del mañana. «Como la reforma laboral», acertó a comentar un manifestante. Ahora. Tiempos en los que las ofertas de trabajo derivan del anuncio de Shackleton en la prensa reclamando voluntarios para la Antártida: «Se buscan hombres para un viaje peligroso. Sueldo bajo. Frío extremo. Largos meses de absoluta oscuridad. Peligro constante. No es seguro volver con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito». «No somos antisistema, el sistema es antinosotros», gritaron. Y algo de cierto debe haber, porque el gentío hizo en el sentido de la circulación hasta la rotonda del Prado.

Otros muchos se fueron sumando por el trayecto. A las 21:05, en las «setas» –donde se gritó «No estás sola, Barcelona» y «Sin banderas» cuando un espontáneo ondeó la tricolor–, más de 10.000. Por megafonía, aseguraron que la Policía habló de 23.000, pero el Cecop, para variar, un clásico, ni confirmó ni desmintió.

Entre los asistentes, «perroflautas», haberlos los hubo, para qué negarlo. Y en paridad. También es cierto que una de cada cinco asistentes –según todos los dentistas del país, el 20%–, carece del carné de socia de cualquier tienda de lencería en, quizás, una velada llamada a la libertad. La mayoría eran personas en apariencia –no se ofenda nadie– «normal». Jesús Maeztu, el Comisionado para el Polígono Sur, por ejemplo. Padres y madres de familias con niños, jubilados, personas con discapacidad, grandes y chicos. Muchos, con camiseta de Mafalda, con la carga idealista que conlleva. Violencia, en este caso, ni contra la sopa. Lo más radical fue un sonoro abucheo frente a la sede del Santander y el cántico del himno oficioso del movimiento, el «Pena, penita, pena», en el Metropol. «Tú sí que vales», le respondieron.

La «revolución» en los tiempos de la crisis canta «Banquero, suelta mi dinero», «Le llaman democracia y es mentira», «No nos representan», «No hay democracia si gobiernan los mercados», «Televisión, manipulación», «Manos arriba, esto es un rescate», «Un banquero se beneficiaba de la burbuja inmobiliaria, como veía que no se rompía fue a llamar a otro banquero», «Islandia mejor que Disneylandia». A esta «revolución» le pasa lo que a las Quechua. Se montan solas. A ver quién es capaz de desmontarla.

mafalda_democraciaY otra metáfora puede ser la hiena, con su mala prensa. El carnívoro que, a diferencia del león –hermoso y poderoso–, trae la comida para su familia y come el último. El sarcasmo es una forma de asumir la derrota y la existencia. Con cinco millones de parados, España es un país habitable, igual que los testículos de cerdo son comestibles. Depende del hambre. Las hienas no protagonizarán películas de Disney, pero se ríen de las circunstancias. Como la tira de Quino en que Mafalda lee en el diccionario la definición de democracia: «Gobierno en el que el pueblo ejerce la soberanía». Y se pasa varias viñetas riendo. El movimiento 15-M decidió seguir en «las setas», sonriendo, aunque con temor al desalojo.

El no-gol de Messi

Corría el minuto taytantos de la primera parte, pero el que de verdad corría era Messi. El tiempo y el espacio se pararon. El capitán Puyol convirtió en certero pase al pie un despeje en plancha con el pecho, y con dos huevos. Carles Puyol, samurai reconvertido en futbolista, planea al viento. Esto es sólo un prólogo, el resto es historia. La historia del no-gol de Messi.

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“La catedral del siglo XXI”

«Fagamos una iglesia tal e tan grande que los que la vieren nos tomen por locos». Sevilla, 1401.

El 27 de marzo de 2011, con cuatro años de retraso y un 70% de sobrecoste, «la ciudad de Sevilla inauguró este espacio siendo su alcalde don Alfredo Sánchez Monteseirín», según reza una placa, con la forma del contorno que dibuja la estructura de «las setas» desde el cielo, en el Metropol Parasol. Según el regidor, con esta obra, «inauguramos la Sevilla del siglo XXI».

La placa, la última descubierta por Monteseirín como alcalde, se ubica en la Plaza Mayor de un complejo, paradójicamente, privado durante, al menos, 40 años; el tiempo de concesión a la constructora Sacyr. En el acto y en su concurrida y particular foto de las Azores –salvando distancias–, en el epitafio de Monteseirín tras tres mandatos, ausentes sus socios de Gobierno de IU, la oposición formada por el PP y hasta las altas esferas del PSOE. Si en la puesta de largo del Cercanías se presentó el ministro de Fomento y vicesecretario general del PSOE, José Blanco, para arropar al candidato Juan Espadas, Monteseirín se vio solo en su último acto. Ni presidentes, ministros ni consejeros. Apenas el subdelegado del Gobierno, Faustino Valdés, y socialistas próximos como Evangelina Naranjo o Carmen Hermosín, en su condición de amigos. Tampoco estuvieron los ex delegados de Urbanismo Emilio Carrillo y Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, impulsores, junto a Monteseirín y el presidente de la Agrupación de Interés Económico, Manuel Marchena –que estuvo, faltaba más–, de lo que denominan «la catedral del siglo XXI».

Más de 123 millones de coste en un proyecto que ha consumido fondos con voracidad de oca y continuos retrasos y cinco fechas de culminación incumplidas, probablemente, tienen la culpa de tanta ausencia. El amargo don de la promesa y la lacerante soledad en la muchedumbre, se llaman las películas. Pese a todo, Monteseirín –«dos medias verdades no hacen una verdad», dijo Multatuli (etimológicamente «he sufrido mucho»)– defendió que con el Metropol «se respetan los restos arqueológicos, el mercado –‘olvidado tras 30 años de indolencia’, dijo, doce de ellos con él en el cargo, por cierto–y se recupera un espacio público, con la financiación del sector privado». Sí, «con la financiación del sector privado», insistió. Tal cual. Con el desahogo de quien no gasta ni chistes. Como si la extinción del 40% de los fondos de la ciudad para su desarrollo urbanístico en una década, como si 65 millones en subvenciones a fondo perdido, no repercutieran en los futuros proyectos ni hubieran salido del bolsillo del contribuyente.

Monteseirín también defendió que las «setas» en «sólo un año cubrirán la inversión acometida» –123 millones, que se sepa, nos contemplan–, repercutiendo en el turismo, los hoteles, la hostelería y la imagen y proyección de la ciudad. «El proyecto se comenzó en una época de bonanza económica. Ahora estamos en crisis y es cuando más se necesita para crear empleo», aseveró, ofreciendo una receta –él, que es médico– para la recuperación económica con aires a la prescripción de los galenos del siglo XIX, que usaban la sangría y las sanguijuelas para sanar, cuando muchos –se decía– «morían de médico».

El alcalde defendió que la «arriesgada obra» no es «un capricho» suyo. A los que le preguntan «por qué», se limitó a responder «y por qué no» y recurrió al discurso de que «el pasado y el inmovilismo no traen bienestar», citando a Felipe Benjumea tras recibir el Premio Sevilla Nodo Entre Culturas. «Hubo un concurso, con un prestigioso jurado, y ganó la increíble idea de Jürgen Mayer –‘un macareno nacido en Berlín’–», defendió; obviando que el Parasol nació sin proyecto ejecutivo y que durante casi tres años la corporación ocultó que no sabía cómo abordarlo, algo que sólo logró saltándose las indicaciones del Consejo Consultivo y reduciendo su escala.

El alcalde agradeció «a los que han creído» y «a los que han mantenido una distancia» hasta ver los resultados. Sobre lo que llamó «sevillanía rancia» no dudó de que «hará este espacio suyo, como las peatonalizaciones, el carril bici o la Plaza de España» y pidió que «no tengan miedo a cambiar de opinión». «Será uno de los lugares más sevillanos de Sevilla, símbolo secular de la Sevilla eterna», que abre otra era. Algo así dijeron un día del Titanic. También pidió «disculpas» por «las obras y los retrasos».

Monteseirín dijo adiós con una obra colosal, «la catedral del siglo XXI», en un día como de boda pero con iluminación de entierro. Decía Bergamín que «sólo el toro puede juzgar al torero». El tiempo juzga a los dirigentes y dirá si el alcalde más longevo de Sevilla, como el obispo Waleran de «Los pilares de la tierra», subió a las alturas sólo para caer o de verdad inauguró una nueva era.

«A la sombra» que proyecta la Encarnación

El Metropol, que algo tiene de panal, se inauguró el mismo día que en 1987 Cela recibió el Príncipe de Asturias por obras como «La colmena». El del 27 de marzo de 2011 no fue el del discurso del 13 de mayo de 1940 en el estreno de Churchill en Gran Bretaña; ni el del 19 de noviembre de 1862 de Lincoln en Gettysburg; ni el de febrero del año 4 a. C. de César tras cruzar el Rubicón; pero algo tuvo del de Marco Aurelio ante el cadáver de Julio César -este alcalde ya huele a muerto (político) o, quizás, era el olor a pescado en el Antiquarium, procedente del mercado- y del de Napoleón a la sombra de las pirámides, de las «setas» de la Encarnación en este caso. Tantas críticas como visitantes recibió el Metropol en su apertura, con pintura aún fresca. Así es Sevilla. También un 27 de marzo «Forrest Gump» se alzó con seis Oscar. Un tonto o un ejemplo. Según. Monteseirín se despidió en la obra que tantas dificultades le ocasionó. Su legado. «El mayor riesgo es no asumir ninguno», dijo, solemne, citando a Juan Ramón: «Tira la piedra de hoy, olvida y duerme. Si es luz, mañana la encontrarás, ante la aurora, hecha sol».

Juan Arza, que estás en los cielos del fútbol

Juan_arzaIgual que los zahoríes saben encontrar el agua, Juanito Arza sabía encontrar el gol. El Sevilla Fútbol Club, donde es leyenda, anunció ayer su fallecimiento a los 88 años, tras una larga enfermedad. Él, que siempre jugó con el 8. Arza nació en Estella (Navarra) y está considerado uno de los mejores jugadores de todos los tiempos del equipo de Nervión. El único que ha ganado el trofeo Pichichi, como máximo goleador, vistiendo la elástica blanquirroja. Y el que más goles ha marcado en Primera en la historia del club: 182 dianas en 31.384 minutos en Liga. Sigue leyendo