Donde habite la investidura (“La Realidad y el Deseo”)

El presidente del Parlamento, Juan Pablo Duran, se reune con el

El reflejo de Carlos Rojas, Juanma Moreno y Loles López en el Parlamento de Andalucía. Todos los derechos de Manuel Olmedo: http://manuelolmedofotografo.blogspot.com.es/

Las primeras impresiones carecen de segundas oportunidades. El presidente del PP-A, Juanma Moreno, defendió ayer «otras recetas económicas para que Andalucía deje de ser líder de paro» y aseguró que quiere llevar una parte del programa electoral del PP al Gobierno andaluz, «porque puede ayudar a crear empleo y riqueza, y ha sido apoyado por más de un millón de andaluces». «Una parte de ese programa debería plasmarse en distintas iniciativas», señaló Moreno, que indicó que «no ha habido ningún cambio ni propuesta del PSOE que posibilite un cambio de la posición del PP» en relación con la investidura. Sigue leyendo

Partida de póker y “Coplas a la muerte de su padre”

Günter Grass contaba que en su niñez en Danzig veía pescar las anguilas con cabezas de caballo. Los campesinos sacaban del agua la mollera equina mientras las anguilas devoraban el cerebro. El PSOE-A ya dispone de la palabra de dos cabezas principales de la llamada «vieja política» para comenzar a negociar con los novísimos y no tan nuevos partidos la investidura de Susana Díaz. El objetivo es que haya fumata blanca para la sesión plenaria de la primera semana de mayo.

El PSOE-A, que confía en la investidura, retoma los contactos con el PP a las 10:00. El encuentro se desarrolla una hora antes de la reunión del presidente del Parlamento, Juan Pablo Durán, con los cinco portavoces parlamentarios, comenzando con el PSOE, previo a la propuesta de candidatura para la Presidencia de la Junta. Sólo una, la de Susana Díaz. A las 12:00, Durán recibirá al portavoz popular Carlos Rojas. Mañana recibe a Podemos, Ciudadanos e IU. «Si el PP no favorece la legislatura estará desvirtuando el Estatuto de Autonomía», señaló el PSOE. El presidente del PP de Córdoba, José Antonio Nieto, recordó que la marcha de Chaves y Griñán no garantiza saber a dónde ha ido el dinero de los ERE. Apoyar a Díaz con esta «excusa», señaló, es «apoyar al partido que no quiere que sepamos por qué se perdieron los fondos para los más necesitados».

El PSOE pide «altura de miras» porque Andalucía «tiene que tener un Gobierno dentro de su agenda propia». El tiempo apremia, las municipales ya se ven en el calendario y la Junta sigue con una presidenta en funciones. El riesgo de las situaciones de interinidad es que, como le pasó a Del Bosque en el Madrid, la afición se dé cuenta de que las competiciones -la batalla- prosiguen sin un liderazgo marcado al mando y hasta se ganan Copas de Europa. Como decía Umbral, en verano, con los políticos de vacaciones, el mundo sigue girando y las administraciones, mal que bien, como siempre, funcionando. El coordinador de la Interparlamentaria del PSOE-A, Miguel Ángel Heredia, señaló que sería «un error de los partidos minoritarios» entender el resultado electoral «como un derecho a vetar e impedir que haya un Gobierno» o «como una carta blanca para boicotear el momento constituyende de la legislatura».

Durante la semana pasada y tras la bronca en la elección de la Mesa del Parlamento, el PSOE sólo ha contactado con el resto de grupos por vía telefónica para concretar las reuniones. Hasta ahora los contactos han tenido la relevancia de la gaseosa. Los socialistas ya tienen un cebo para empezar a hablar. Una pareja de ases –Chaves y Griñán– pasa por la mejor mano que se puede tener en el Texas Hold´em, la versión más popular del póker. La estadística señala que un jugador posee una pareja de ases una vez cada 220 manos. En la mayoría de casos, con ases en la manga suele ocurrir dos cosas: se gana fácilmente o se crea un bote enorme. Dos ases, en cualquier caso, aunque ayudan, no garantizan la victoria. Un error típico es no subir o subir muy poco, para que paguen varios rivales. Cuando en la partida o la negociación hay varios rivales, como sucede en el Parlamento, bajan drásticamente las probabilidades de victoria.

Desde C’s, su líder, Albert Rivera, reclama a Susana Díaz la renuncia «por escrito» de los ex presidentes como si fuera las «Coplas a la muerte de su padre» de Manrique. Para la negociación con el PSOE, C’s cuenta en Andalucía con Juan Marín, con semblante de póker de serie y a quien durante la recepción en la Feria la presidenta en funciones le puso «ojitos». El PSOE busca en C’s un socio estable, que es el estado previo de los partidos que pactan en la Junta (PA, IU)  hasta convertirse en víctimas propiciatorias.

La líder andaluza de Podemos, Teresa Rodríguez, tiró ayer de Twitter para recordar que la renuncia (diferida) de Chaves y Griñán no es la inicio de la negociación sino la simiente para el principio del principio. «Chaves se va refunfuñando y dice que no es para facilitar la investidura. Efectivamente, esa actitud no la facilita», señaló Rodríguez. «No se puede estar a la vez con los desahuciados y con los que desahucian», tuiteaba poco después de que Pablo Iglesias deslizara ya la posibilidad de una abstención en segunda ronda y dejar gobernar a Susana Díaz. Los podemitas andaluces recordaban, tras ello, que el pacto es «con la ciudadanía». «Paremos los desahucios. Los bancos violan los Derechos Humanos y la Junta es cómplice de sus convenios. Por eso votaremos que no a la investidura. Nos tomamos muy en serio nuestros sueños», fueron los últimos 140 caracteres de Teresa Rodríguez. «Hagan juego». Si no hay fumata blanca, el PSOE pretende forzar a la oposición a retratarse ante la ciudadanía con votaciones cada 48 horas en plena campaña de las municipales.

“Hasta que la política nos abandone” (una canción de Perales)

«Aunque haya ganado las elecciones, jamás olvide que al final va a perder el poder. Prepárese usted. La victoria de ser presidente desemboca fatalmente en la derrota de ser ex presidente. Prepárese usted. Hay que tener más imaginación para ser ex presidente que para ser presidente. Porque fatalmente dejará detrás de sí un problema con nombre: el suyo». Lo escribió Carlos Fuentes en «La silla del águila» como si tuviera presente la situación de Chaves y Griñán; no hace tanto, amigos, compañeros de cineclub y residentes en Sevilla.

Manolo (Chaves) y Pepe (Griñán) son ya un retrato abocado al sepia, historia de cuerpo presente de la Junta y del PSOE andaluz, que no es lo mismo aunque desde hace tres décadas parezca que es igual. La de Chaves y Griñán es una renuncia en diferido, como la indemnización por el despido de Bárcenas. «Las mayores mentiras se dicen siempre en silencio» (Robert L. Stevenson). Chaves y Griñán se marchan motu proprio. «Por motivos personales» pero empujados por el partido, la situación y el bloqueo del Parlamento. La salida menos honrosa (y “virgencita, que me quede como estoy”) tras una vida en la política. El fin del trayecto, en diferido, con la certeza, aunque en voz alta se niegue, de que, salvo excepciones, en España nadie deja la política sino que es la política la que abandona al político.

Tras el titubeo característico de su oratoria y la imposición consecuente del paso dado por Griñán anunciando su salida «para evitar presión al partido», Chaves comunicó a Ferraz que no se presentará de nuevo como diputado por Cádiz. Chaves no ha podido manejar los tiempos tras ponerlo su otrora amigo Griñán a los pies de los caballos, (los) Podemos y (los) Ciudadanos. En Ferraz, si no directamente sí con indirectas, como en un monólogo de Gila, le señalaron la salida a Chaves, que cumplirá 70 años en julio y fue diputado en las primeras elecciones democráticas (1977), presidente de la Junta 16 años y vicepresidente del Gobierno. Desde San Telmo, la respuesta de Susana Díaz al correo de Griñán con asunto «por mí que no quede, que no se diga, ahí os quedáis» fue un lacónico: «Déjame a mí que yo gobierne esto».

Aunque animales políticos ambos, la naturaleza de Chaves y Griñán es muy diferente. Chaves sólo aceptó, cuando se escuchaba el tantán de guerra de los ERE, una escapada «hacia arriba», de la mano de Zapatero, en la Semana Santa de 2009. Se trata de dos personalidades complementarias si se quiere pero antitéticas. Uno, listo y experto en el arte del status quo; inteligente, culto y no exento de soberbia, el otro. Ambos, tan cercanos antes y alejados desde que Chaves eligiera por democracia dactilar como sucesor a Griñán, se exponen ahora, con el fin de su aforamiento, a formar parte de la instrucción de la jueza Alaya. La renuncia de los ex presidentes, de facto, al margen del valor simbólico, sólo les afecta a ellos mismos en tanto el burladero aforado del Congreso y el Senado se derrumba. Los ex presidentes no han podido salir por la Puerta del Príncipe. Del desarrollo del proceso judicial dependerá que haya puerta de enfermería. La situación procesal de Griñán, como ex consejero que desoyó los informes de la Intervención, se antoja más complicada que la de Chaves. También difiere la aceptación de la realidad procesal, una vez desterrada la teoría de «los cuatro golfos» (Chaves y después asumió la tesis Griñán) y el «es imposible que la jueza me impute» (Griñán dixit). «No hubo un gran plan pero hubo un gran fraude», mantuvo Griñán en el Supremo. «He renunciado a todo, qué más quieren que haga», señaló tras su renuncia. «Yo no renuncio a nada», indicó Chaves, que en el Supremo se limitó a señalar que no sabía nada o que le era imposible conocer a los 200 directores generales de las consejerías, entre ellos, Guerrero. «No soy ningún Superman», indicó en la SER, con el pensamiento de reojo en el orgullo de su antiguo amigo Pepe. Griñán trató de manejar la situación heredada tras Chaves, de crear (leves) cortafuegos con las ayudas, de separar el PSOE de la Junta, algo que pronto vio que era como extirpar un parásito del órgano anfitrión y a lo que acabó renunciando en nombre de un bien mayor: conservar el poder. Retrasó las elecciones en 2012, consiguió una dulce derrota para gobernar y en 2013 se marchó por «motivos personales». Como ahora Chaves. Esta vez Griñán sí ha admitido la erosión por los ERE. En un comité director, Griñán alzó la voz y echó en cara a los presentes la situación. «Todos sabéis de dónde vengo y cómo me iré. No todos podéis decir lo mismo». Los presentes agacharon la cabeza. Después siguieron conspirando.

«Cuando el tiempo nos alcanza»
En la primera parte de su biografía, Alfonso Guerra citaba a Percy Shelley: «Nadie apedrea un árbol que no esté cargado de frutos». Los nuevos partidos han puesto en el punto de mira a los ex presidentes, igual que el cazador buscar cobrarse una pieza de caza mayor, en el nombre de la regeneración democrática. Se trata más de un gesto simbólico que del fin de una era. A los ex consejeros imputados en los ERE nadie les ha pedido su dimisión. A Alfonso Guerra, en la infancia, le llamaron el «resucitado» porque sobrevivió a una enfermedad de las que se te llevaba por delante. Ni Chaves ni Griñán han sobrevivido a los ERE, por más que hayan tratado de alargar la agonía. Cuenta también el Guerra en sus memorias que un día le cogió Felipe y le dijo: «Alfonso, si tú ves que yo algún día pierdo el sentido de la realidad, me desvío de la senda acertada, adviértemelo para corregir inmediatamente. Y si te ocurre a ti, yo te llamaré la atención». El auriga que susurra al oído «recuerda que eres mortal». Memento mori, que en el caso de Chaves y Griñán suena al “Frente a frente” de Jeanette con unos ojos cargados de mirada y la postdata: «Que Alaya nos coja confesados. Hasta aquí hemos llegado».

Sábado de Feria, bulla de Jueves Santo

Sevilla 13-04-08 Portada de Feria Apagandose Foto: Manuel Olmedo

La portada de la Feria. Todos los derechos (e incluso los zurdos) de Manuel Olmedo: http://manuelolmedofotografo.blogspot.com.es/

El flúor no mata a las bacterias, esos microorganismos capaces de romper la parte más dura del cuerpo humano, pero refuerza el esmalte. La Feria de Abril no mata la tristeza y el tedio de los días, pero refuerza las ganas de vivir. El sábado de Feria, día de San Constantino –el emperador romano que legalizó el cristianismo en el 313, capicúa– miles de personas recorrieron la avenida de Juan Pablo II camino del milagro pagano de la alegría, en la jornada, con diferencia, de más afluencia de público y con más carruajes por el Real este año.

A la misma hora en que Zacarías Mateos, «titulado en rayos x», recorría el puente del Generalísimo con paso militar para escribir su evangelio de cada año por sevillanas y acabar escuchando por la noche a alguna voz amiga decir «Zacarías, levántate y anda para casa», Francisco Javier Rodríguez, peluquero, barbero, para los más viejos del lugar, se percató de que estaba sin cuchillas de afeitar en casa mientras se limpiaba los dientes con un dentífrico blanqueador con flúor y se arreglaba para recoger a su novia, Sonia, que vive en Gelves y estrena –por fin el tiempo lo permite– el traje de flamenca que le ha hecho su madre inspirándose en el Simof.

Cuando Javi encontró a Mari, su suegra, ya iba con bulla porque había quedado sin éxito con un vecino, Rafael, para ir juntos al Real de Los Remedios, pero se pensó si decirle, otra vez –suegra no hay más que una–, lo bonito que es el traje de gitana que le ha hecho a su hija.

A esa hora, «bulla» ya resultaba un sustantivo inadecuado para describir la cantidad de personas que había en la Feria. A esa hora, 14:41, capicúa, los puentes de Sevilla eran ríos de gente y el recinto ferial quince calles Resolana el jueves de «Madrugá», pero con el nombre de toreros señeros.

A esa hora, Zacarías –que trabaja en una ortopedia en Córdoba, en la que no venden corazones de respuesto para cuando le duele la querencia de sus raíces–, Javi –que anda «de gestorías» arreglando papeles para regalar una oportunidad en el primer mundo y que una peluquera argentina cambie el Río de La Plata por lo que queda del oro del Guadalquivir– y su vecino Rafael –que procura sacar la cabeza por encima del manantial oscuro del euríbor para no ahogarse en los números rojos– ya parafraseaban en la Feria, conociéndose pero sin encontrarse, a Díaz-Cañabate en «Historia de una taberna»: «No entran las desgracias; entran los desgraciados».

Una panorámica aérea del Real de Los Remedios demostraría que ayer todo el mundo estaba allí. Este año, la Feria ganó a la playa. Eduardo Dávila Miura y familia tomando una tapa bajo la pañoleta de una caseta. Cientos de flamencas, con el blanco nuclear y el moreno uva como estampa más repetida de la temporada ferial primavera-Rocío 2008. Hasta Mickey Mouse, Goofy y Winnie the Pooh estaban en las esquinas de cada calle vendiendo flores y recuerdos.

También se veía a algún sevillanito que a las patillas a lo Curro Jiménez le sumó el tupé a lo Elvis Presley. El que no se sabe si viene o si va, no porque sea gallego, sino porque va «listo (de) fino». El sevillano que alaba las bondades de los zapatos Pikolinos en el itinerario de la avenida de Las Razas a la Feria, donde caben todas las etnias. Alguna mujer oriental, con menos suerte que los dibujos de Disney, a la que se le saltaban las lágrimas junto a los puestos de gofres de la calle del Infierno porque varios agentes nacionales, cumpliendo con su deber con la cabeza gacha y salvando a los ciudadanos de un gran peligro, requisaban su caja de cartón con flores de plástico, como algunas conciencias.

Hasta indios había en el Real. Tocando música, junto a la portada del Costurero de la Reina; y en plan «mimo» -«échale una moneda al Jerónimo y verás el salto que pega», advertía una señora– entre las calles Chicuelo y Bombita.

La Feria, después de la semiclausura por el tiempo, se doctoró en el arte de la bulla y la multiplicación del espacio de la caseta, el vino, los panes y el «pescaíto». Por fin, las únicas gabardinas las llevaban las gambas y el Real, todo el día, volvió a ser ese espectáculo vital intrascendente en el que trascienden las vivencias para que, en estos tiempos de ansiolíticos, antidepresivos y gente narcotizada, lo que tenga que doler, duela, y los ratos de alegría se recuerden todo el año.

Alumbrao’ tardío

10 de Abril de 2008. RAUL CARO. ambiente feria

Fotografía de Raúl Caro: http://www.raulcaro.com/

La Feria de Abril conoce «el principio de la espera», el mismo que aplicaba con esmero Norma Jean a la vida. A Marilyn le gustaba llegar tarde para sentirse querida y deseada. La fiesta este año ha comenzado, pero no ha llegado. Empezó a llegar ayer, con los primeros resquicios de luz entre las nubes y el paso de la alerta naranja a la alerta amarilla. Los colores de la portada del Costurero de la Reina. Y, por fin, llega hoy, con la disminución del porcentaje de probabilidades de precipitaciones a un 15 por ciento y la ausencia de avisos.

El epicentro efímero de Sevilla, el Real de Los Remedios, recibió ayer tarde a miles de personas expectantes y esperanzadas en relegar a un rincón sombrío al que hasta ahora ha sido el acompañante más repetido de los visitantes: el paraguas. El cochero de caballo con impermeable y la gitana resguardada con las enaguas en mano son las estampas más repetidas de la primera mitad de la celebración de 2008. Los percances en La Real Maestranza pugnaron con la climatología como tema principal de conversación.

Este fin de semana, final de fiesta, principio pragmático de Feria, se espera que el sol se cuele entre las calles con nombre de torero. Entonces, el chubasquero dejará paso a las gafas de sol y, después, la alegría exultante a la resaca y la melancolía, que son la misma cosa aplicada a lo físico y a lo psicológico, es decir, según la RAE, una «tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada». Menos en la certeza de que el año que viene hay otra Feria de Abril.

Entretanto, la diversión se guarda en las casetas, al tiempo que los feriantes se resguardan del mal tiempo en ellas. Dentro de los módulos -una vez salvado el barro contra el que los retenes de Emasesa y Lipasam trabajan de forma coordinada para evitar grandes acumulaciones de agua–, se mantiene el baile, las sevillanas, el vino fino, la manzanilla, el rebujito. Con los pies, en principio, algo mojados, pero igual. Y la gente se acerca al Real de forma intermitente, aprovechando las treguas que ofrecen los nubarrones entre chaparrón y chaparrón.

La reducción de la afluencia de público está repercutiendo también en el número de incidentes registrados. Según el director de Área de la Delegación de Fiestas Mayores, Carlos García Lara, las incidencias en el recinto ferial son «mínimas» pasado el meridiano de la celebración.

Los datos de la jornada del miércoles de Feria se resumen en un importante incremento en el número de carruajes por la leve mejora del tiempo; once detenidos, entre la Policía Local y el Cuerpo Nacional; y la intervención policial en 29 reyertas, según la información facilitada por el Centro de Coordinación Operativa (Cecop).

La Guardia Civil de Tráfico, por otra parte, intervino en un accidente de un camión en la SE-30 a primera hora del día que tuvo como consecuencia un herido leve y retenciones en el tráfico. En el entorno de la Feria, se realizaron un total de 118 asistencias de la Benemérita.

Más cifras
El Servicio de Emergencias Sanitarias 061 y la Cruz Roja protagonizaron un total de 114 intervenciones, el 40 por ciento por intoxicaciones etílicas. Emergencias 112 atendió, por su parte, otras 114 llamadas en el área del recinto ferial. Lipasam recogió 131.480 kilogramos de residuos y 3.400 litros de aceite usado en el Real de Los Remedios. Tussam transportó a la Feria a 82.235 personas. Desde el «alumbrao», Transportes Urbanos de Sevilla ha contabilizado 204.723 viajeros. La intervención del servicio de Bomberos impidió que los toldos de las estructuras metálicas de varias casetas se desprendieran. En síntesis, tan sólo un par de los módulos han sufrido daños «por el viento que sopla del Suroeste», que, visto así, con el balance de la Feria y tres corridas suspendidas en La Maestranza, parece cosa de la Bruja Mala del Este del Mago de Oz. Hoy el viento vendrá del Sur y del Noroeste. Mañana, del norte. Calma chicha.

Más allá de las coordenadas espaciales, la pasión siempre ha sido la brújula más sensata de los sevillanos, la que los orienta hasta el Real, independientemente del agua que cae del cielo. «Quien me frene, no me quiere», parece decir el personal a las inclemencias meteorológicas en esta Feria de Abril, bautizada ya por algunos como la de las ganas de… más Feria, pero sin paraguas y con más gitanas por las calles. Por eso, los feriantes repiten la letanía de «al mal tiempo, buena cara» y de «a partir del viernes, algo de sol». «Alumbrao» tardío.

Joyce brinda con Murphy en el Real

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La Feria de los 18 años de la Expo -en la que Curro, el pájaro-mascota, se hizo mayor de edad- sobrepasó su ecuador en pleno alegato a la ley de Murphy y homenaje al factor 15%, que eran las probabilidades de lluvia. Como en el Real casi nada es lo que parece, si hay alerta amarilla, caen cuatro gotas. Si se anuncia sol, amanece con chuzos de punta y el sol juega al escondite entre las nubes, pero deja 25 grados a la sombra dando razón a quien reivindica la apócrifa calle de Morenito de Maracay.

Del día de la Tierra se pasó al día del libro. Y como aquí casi nada es lo que parece, en el Real la tierra es albero de Alcalá de Guadaíra y se sabe que llamar Tierra a un planeta con tres cuartas partes de agua es como ascender a vino al rebujito, con tres cuartas partes de refresco. Por la misma regla de tres o sevillana de cuatro partes, la fiesta del libro se vivió como el día del «como libro mañana, hoy también me he pasado por la caseta». El autor más citado fue James Joyce: «¿Eres abstemio total? No tomo nada entre bebidas». Viaje lisérgico en el Real.

Desde hoy, las gentes de allende la capital toman la Feria y el AVE –que también cumple años y 50 millones de viajeros– se convierte en una avenida de Madrid que desemboca en Los Remedios, previa parada en Santa Justa. Castellana, bocacalle de Asunción.

Murphy, más allá del axioma de la tostada que cae por el lado del jamón y el aceite –note la Junta de Andalucía la defensa de los productos autóctonos; para la publicidad, contactar con Mario Duvisón–, podría empadronarse en Sevilla. Habrá quien hable de ombliguismo, pero que explique, si no, cómo es posible que el año en que una réplica del monoplano de Louis Bériot que hace un siglo salió de Tablada preside la portada, una gran nube negra cierre los cielos; al punto que en Ignacio Sánchez Mejías 101, «a las cinco de la tarde», recordaban cómo –en palabras de Pablo Cao, cuatros años, de corto y armado con un Magnum de chocolate blanco en una mano y un pompero en la otra– la noche de «la fiesta del ‘pescao’» una islandesa salió bautizada como «la niña del volcán». La susodicha tiene más de 60 primaveras y su marido se llama algo así como Marrinson, pero allí –una de guasa sevillana; marchando– le llaman «Mariconson». El tipo, como ni entiende nada ni falta que le hace, sonríe.

La caseta del «Centroban» se compone de empleados del antiguo Central, del Hispano y el Santander. Preludio ferial de las fusiones. Cuando Manolo Cao entró en el banco «en el 63, la caseta ya existía» y la montaban ellos mismos. De ahí proceden letristas como Manolo Garrido – «Las sevillanas del adiós»– y Manuel García Gutiérrez, que enseñó a la mamá de Pablo, Sale, a bailar sevillanas y componía a «Los Giraldillos». Dori Barrantes, la abuela de Pablo, compone con maestría los trajes a sus hijas: Rocío y María Ángeles; y a María del Mar, la novia de su hijo José María. Falta Manuel, pero está Dani, que viene de Oviedo cada año para la Feria, aunque sus amigos asturianos, cuando se acercan a las mujeres, se queden mirando la flor y se pierdan lo mejor de la gitana. La sensualidad hecha lunar. «Se ve que en Oviedo no hay Feria». En Córdoba sí, por eso Inma Guil Luna recuerda por teléfono, desde el trabajo: «Ponte guapetona y no vayas a olvidar la flor». «Sombra aquí, sombra allá» ante el espejo, y a la Feria.

Dice la ciencia que los elefantes pueden reconocerse a sí mismos ante el espejo. Los sevillanos no saben reconocerse fuera del espejo de las Fiestas de la Primavera. Ombliguismo. Nepotismo. «Sevilla tiene un color especial». Narciso ante su reflejo en el río. El tiempo detenido en esta ciudad vieja y cínica, arrogante, intacta, etérea. Igual que una pompa de jabón que permanece en la memoria como una niñez perdida y mañana estalla.

El Real se hace mito borgiano (o Vitruvio en la Feria de Abril y Mayo)

vitruvio1El presente es tan poderoso en el recinto ferial que el pasado se ha perdido y, a veces, hasta se prende en una hoguera con las reputaciones. «La hoguera de las vanidades» reinventada. La portada de la Feria encendida.

Recorrer y sobrepasar el ecuador de la fiesta es hablar de excesos, del millón de visitantes, de calles con nombre de torero señero repletas de gente y casetas desbordadas de personas. El jueves de Feria -este año más aún por la celebración adelantada-se encuentran el que va y el que viene. El sevillano y el de fuera. Feriantes todos que hoy celebran su particular resaca en «la festividad del paro» -la jornada en rojo «robada» al calendario- y se toman «el trabajo» de volver al Real el 1º de Mayo, «que es fiesta».

El Ayuntamiento habla de que se están superando todas las cifras desde hace nueve años. Estas jornadas, el Real de Los Remedios se confunde con «el Aleph», el mito borgiano donde todos los acontecimientos del universo suceden en el mismo punto. Una Feria con atributos divinos, unicidad y omnipresencia, porque está presente en toda la ciudad. El centro está vacío. En Santo Domingo de la Calzada, no hay «señoras de la noche». Y no cabe más gente en las bocas del metro, que vomitan volantes cada cuatro minutos mal contados. Hay, incluso, quien habla del «mediometro», porque «el cacharrito no da la talla». O «del paraíto», no porque sea una infraestructura tímida, sino porque no hay semana que no eche «un ratito estropeado». El metro y «el gañote», figuras indiscutibles de la Feria de la crisis, en la que por olvido de la histeria de la Memoria Histórica, «El Bombita», con nombre tan bélico, aún conserva su calle en el Real. Rezan los taurinos para que ningún Bardem se haga torero.

Una caseta necesita 300 metros de estructura tubular y 250.000 acopladores para fijar los elementos. Aparte están otros tantos «acopladores». En este caso, los que cantan copla, que en la Feria se llaman sevillanas y tienen cuatro partes. La efímera sinfonía de la que sólo queda el eco de unas palmas, la guitarras, el taconeo. Cruce y vuelta. El vuelo de los volantes. Unos ojos negros. Porque es más sensual un escote de lunares que el semidesnudo de la samba brasileña. «Pero también me vale», que diría Silvio, el rockero. (Y el articulista, amén).

El origen de la salida de las cofradías está en Milán, en 1576. Una peste hizo al Papa sacar los santos a la calle. El génesis de la Feria de Abril está en 1847, en la feria del ganado. Con la peste de estos días, la nueva gripe, andan en el mexicano de Asunción «pelín mosca» y, con tanta bulla, al que ambienta no le sale la voz para su habitual cantar de Rolando, que así se llama el hombre.

En Pascual Márquez, 109, se arranca José Manuel Soto, náufrago de la Feria, mientras Sara Arguijo, con su traje de flamenca rosa, se echa un rebujito entre el bullicio de la caseta de «Los del 907», disimuladamente. La pantera rosa por sevillanas. Igual que los zahoríes saben encontrar el agua, el feriante sabe encontrar el fino.

En Sánchez Mejías, 50, en «Los Palillos», Patricia Godino estrena traje con el afán de sorprender a Juanito de la Huerga, aficionado a, «en llegando a cierto punto de la noche», hacerse con algún artilugio de ésos -flores o espadas luminiscentes- que venden los chinos, inventores de la brújula, la pólvora y la imprenta.

En la caseta de la Asociación de la Prensa, heredera de Gutemberg y «el chinaje», se hunde el tablao mientras bailan sevillanas. Metáfora de «la que está cayendo» en el sector y en el país y «lo que te rondaré morena».

En el Renacimiento, hoy sería la fiesta del «tripalium», que así se llamaba el trabajo y también un instrumento de tortura. El sevillano, que sabe latín, en Feria muta en hombre vitruviano, capaz de la cuadratura del círculo; de multiplicar el tiempo y las fuerzas para la fiesta y el trabajo. Ocio y negocio (nec-otium) unidos. El Renacimiento en Los Remedios. El feriante no acaba de morir y renace de los alberos de la Feria. Hoy y mañana y pasado sigue la fiesta. Renacer ferial. El domingo, fuegos. Y cenizas.

El “Mineralismo” ha llegado (y Cospedal es su profeta)

Bajo la locución latina españolizada “lapsus línguae” se define el “error lingüístico o tropiezo al hablar”. El subconsciente pasa por “un antiguo término utilizado en psicología y psicoanálisis para referirse a lo inconsciente, a lo débilmente consciente o a lo que se encuentra “por debajo del umbral de la conciencia”. Según ese señor obsesionado con el sexo llamado Sigmund Freud, los lapsus línguae responden a malas jugadas del inconsciente y los relaciona con la ciencia mental.

La ciencia mental es una “reacción del inconsciente ante la manifestación consciente”. Lo que significa que el sujeto sufre un conflicto interno que provoca que no se diga lo que la conciencia pretendía sino lo que en realidad íntimamente se estaba interesado en decir. Presuntamente, como la mayoría de las teorías de Freud; los sobres en B del Partido Popular; o la evasión fiscal de Rodrigo Rato.

Freud -que pasa por un señor muy serio y con barba, igual que Rajoy- apuntaba al afloramiento de lo reprimido a causa, generalmente, del estrés o la angustia. De haber estudiado la España del siglo XXI, igual don Sigmund hubiera añadido el desahogo y la poca vergüenza. Presuntamente.

En ocasiones, lo reprimido no tiene que ser verdad por más que case con la teoría de quien en la actualidad sería considerado un gran pensador español: Paco Gandía y la teoría de lo verídico. En otros casos, lo reprimido emana de un deseo que ha sido reprimido por el inconsciente a causa de imperativos morales. Si la represión es contínua y férrea -como el rostro de algunos representantes públicos- y se produce una relajación por cansancio o fatiga, emana el lapsus línguae.

La RAE habla de “error involuntario que se comete al hablar”. Literalmente, “error de la lengua”. Un “lapsus línguae”, por ejemplo, sería decir que Sigmund Freud era político; Paco Gandía, filósofo; y María Dolores de Cospedal, humorista. Presuntamente. Lo que sí parece verídico es que el PP, en dura competencia con el PSOE, se ha convertido en la mayor cantera de “saqueadores” de España y, en férrea pugna también con los socialistas -sobre todo, Pedro Sánchez, con tantas opciones de ser presidente del Gobierno como de ocupar un sillón de la Real Academia de la Lengua (que Machado lo perdone en su tumba de Colliure)-, en la mayor cantera de humoristas de España. Mucho más graciosos los vídeos a coro con piel del PP o los monólogos de Carlos Floriano -que viene ocupando el hueco dejado por Eugenio en el panorama humorístico español-, que “La alfombra roja” o el “Sopa de Ganso” de Flo. El sindicato de humoristas está encantado con el bipartidismo. Les dan los chistes hechos. José María Aznar, que ha despuntado como feriante y cuenta en casa con una alumna aventajada de Ionesco, en una interpretación digna del mejor Fernando Arrabal, ya lo avisó en su día: “Estamos trabajando en ello”. Presuntamente. La “minoría silenciosa” ya es consciente y Cospedal es su profeta. El “Mineralismo”, “esa maravillosa ideología apocalíptica”, era esto.

 

Postales desde el Bar Giralda

Tras las puertas del Bar Giralda, más de 70 años de historia nos contemplan y otros tantos de pequeñas historias. Cotidianas, las que suceden todos los días al abrazo de una tapa y una caña. Las que conforman la intrahistoria, que decía Unamuno, que es eso que ocurre –parafraseando a Lennon– mientras los grandes nombres del mundo se empeñan en hacer otras cosas.

A partir de mañana, en el Bar Giralda también se van a hacer otras cosas. Al echar el candado, tras la puerta quedarán guardados innumerables recuerdos, ilimitados momentos y un puñado de mesas y sillas. «Hasta el infinito y más allá», pensó Francisco Sánchez González, Paco, cuando se decidió a regentar el establecimiento vinculado a su familia desde los años 30. El calendario marcaba «15 de febrero del 84». Su Documento Nacional de Identidad hablaba de 37 años. Hoy, 15 de mayo de 2007, 60 años de edad, en todos los letreros se lee «fin de trayecto».

Como los capitanes de barco, Paco, tiza blanca en la oreja, será el último en abandonar la nave, en pasar el trapo al mostrador, escoltado por las columnas dóricas de la barra y la pátina del antiguo baño árabe que albergaba el lugar.

Los clientes de toda la vida no se pueden creer la noticia. «¿Que va a cerrar?» Cara de sorpresa. «¿Es broma, no?» Cara de póker. «Mira el cartel». «Touché». El futuro del Bar Giralda, de momento, es como una película de Hitchcock: todo suspense. Está en manos de la propietaria del local. ¿Una sucursal de banco, un restaurante, un bar, una tienda? De momento, dieciséis empleados a la calle y se habla «sotto voce» de grandes cantidades por un supuesto traspaso. En cualquier caso, las pequeñas historias siguen.

Tapa y caña, «a dos con diez»
Javier Aguado, 54 años, rememora sus años de universitario, «cuando la caña y la tapa salían a ‘dos con diez’ y venía a pelar la pava». Hasta toma fotografías a los arcos de las entradas, a los bodegones de las paredes, a la antigua máquina de café expreso del rincón, rebelándose contra el rapto de su memoria sentimental. «Me da mucha pena». La última consumición: «Pastel de cabracho con mayonesa», acompañado de un zumo de tomate que, sólo aparentemente, tiene el aspecto de una cerveza rubia, «que después mi mujer me riñe».

«Habrá que conformarse con la Estrella (el otro bar de Paco)», se consuela otro cliente habitual, natural de Malta, como la cerveza y la estatuilla con forma de halcón de la novela de Dashiell Hammet. «No tengo ni que pedir», dice. «Llego y ya saben perfectamente qué quiero. Son 23 años viniendo». Solomillo al whisky es la penúltima tapa del cliente maltés.

«Es como un hijo que se casa y se va», comenta Paco. «Prefiero no pensar. El Bar Giralda es un clásico en el mundo», cuenta. Entonces, Paco, el hijo, sobrino, nieto y ahijado de hosteleros asturianos, desgrana los secretos de un establecimiento que es «una mina». Por su enclave, a la sombra de la Giralda; por su pasado como baño árabe y su decoración; y por sus historias: el Giralda alberga un poso de encuentros culturales y políticos, de veladas hasta altas horas, perennes en el imaginario sevillano. «Los ‘felipesgonzález’, ‘alfonsosguerras’, ‘antoniosburgos’ siempre han sido unos clásicos del lugar». «Y en esa mesita se sentaba habitualmente Carlos Cano», explica el todavía regente del establecimiento con el «clic» de las fotos de los clientes de fondo. «Es el día de la postal», da cuartel Pepe a la broma en medio de su cordial profesionalidad y de su rictus de kurós.

Jane Fonda, Pedro Almodóvar o Chavela Vargas también han probado alguna de las tapas de la pizarra de Paco. «Un día llegaron dos tíos muy fuertes exigiendo mesa. Eran los guardaespaldas de la reina Noor de Jordania», ante la cual corrió a besarle los pies un camarero iraní contratado en esa época, tira Paco de anecdotario. «Podría contar mil historias y no parar».

Algo tendría que contar también la Giralda, los lugares que motivan el tópico de la Sevilla especial, los bares donde tu chica –como canta Quique González– te decía «nunca más». Algo tendrían que contar las calles del barrio de Santa Cruz y los ceniceros llenos de colillas. «La suerte es una ramera de primera». «Jefe, póngame la última».