Un catarro invernal y 116 primaveras

La abuela del Vacie, cedida por Manuel Olmedo: http://manuelolmedofotografo.blogspot.com.es/

La abuela del Vacie, cedida por Manuel Olmedo: http://manuelolmedofotografo.blogspot.com.es/

María Díaz Cortés hace tiempo que no lleva los años, sino que los años la llevan a ella. Cuando nació en Granada el 4 de enero de 1892 no existían las cámaras que ahora la filman y la sacan en la televisión. Filipinas y Cuba ondeaban bandera española. «Más se perdió en Cuba», que el número diez de la calle A del asentamiento chabolista más antiguo de España –una casa prefabricada sin agua caliente – no tiene pérdida, aunque la administración no halle salida.

La Asociación Pro Derechos Humanos denunció ayer la «enorme insensibilidad» y la «falta de humanidad» del Consistorio ante la «grave situación de violación de los derechos fundamentales» de la familia de María, vecina del Vacie desde hace casi cuatro décadas. Entonces, llegó de Triana, entonando el himno oficioso de la raza calé, el Gelem Gelem: «Anduve, anduve por largos caminos. Encontré afortunados romaní. Ay, ¿de dónde venís con las tiendas y los niños hambrientos?».

La solución que Bienestar Social ofrece a la mujer más vieja del país –en otros tiempos gitanita «cestera», según reza su DNI; ahora, abuela, bisabuela y tatarabuela, con 300 euros de paga para sobrevivir– es el asilo, una opción considerada por la etnia gitana como poco menos que un sacrilegio. «El asilo es la muerte de la abuela», argumenta Dolores Martín Díaz, de 72 años, la quinta y última hija, que solicita «una vivienda digna» para el final de los días de María.

«Las casas del Vacie son como frigoríficos», cuenta Ángel Montoya, portavoz del asentamiento. Según Montoya, en el barrio habitan, al menos, cuatro o cinco personas que rondan los 100 años. «Cocoon» en el sur del sur de España. El secreto de la vida eterna en el poblado más pobre del octavo país más rico del mundo. Como si ese cúmulo de alternativas casuísticas al que algunos llaman destino otorgase a los más viejos del lugar el derecho a pedirle excedencia a la muerte, por vivir en un submundo escondido detrás de las paredes del cementerio de San Fernando. «En verano, el calor es insoportable. En invierno, el frío se mete en los huesos», narra Dolores. «Mona, Mona, tápame», dice María a Dolores cada noche. Así anda, resfriada.

El cuarto de la anciana tiene una grieta por donde entra el frío de la calle y la estancia apenas suma cuatro metros cuadrados. Desde la ventana, el único horizonte es la pobreza. Escasez en la calle A. Miseria en la B. Delincuencia y droga dos calles más allá. Y niños que creen que los Reyes vienen «de la basura», porque de ahí recogen los juguetes.

María Díaz Cortés celebró su centésimo decimosexto cumpleaños en compañía de María, Magdalena, Dolores, Juan y Diego. Su hija, dos nietas y dos bisnietos. Sus apóstoles cotidianos. Desayunó doble ración de galletas, aunque le trajeron dos tartas, además de la que motivaba la convocatoria-protesta de Pro Derechos.

La oposición del Ayuntamiento le trajo un juego de sábanas y un edredón. La delegada de Bienestar Social, Ana Gómez, dejó un mensaje a Efe: «A finales de noviembre, los técnicos presentaron un informe ante Otainsa para poder otorgar una vivienda». Stop. «La anciana tiene la posibilidad de acceder a una residencia, pero la familia se niega». Stop. «Las casas no se otorgan con una varita». Stop. «La familia llegó al Vacie en 1996, y se ha beneficiado de muchas ayudas». Calle sin salida.

Ajena a la política, María descansa en su cama. Comenta a su nieta que «claro», que se acuerda de las niñas de Amparo y riñe a Manolo Olmedo, el fotógrafo que apunta con un aparato que jamás imaginó de niña a unos ojos que han visto, con el de hoy, 42.370 soles y que parecen comprender por qué el reloj de la estancia que hace de comedor anda parado a las 15:40 horas y por qué sus zapatillas chocan contra una de sus cuatro paredes, como mostrando el «largo camino» al que ir «con las tiendas y los niños hambrientos» en busca de un lugar mejor, donde, al menos, haya agua caliente.

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