Ruibal (la frontera sur del paraíso)

Como el tabaco de liar, cala más hondo. Está hecho de hueso, verdad y gotitas de azúcar moreno de las plantaciones de caña de África y La Habana. Y sus palabras se te meten dentro, como el humo de un conjuro. Lleva toda una vida cantando a la justicia y la vida; y, como nos pasa a algunos, le puede la belleza. La religión de las cosas bonitas. Es tan grande, que es humilde. Humilde para pararse en la calle ante un desconocido -yo mismo- en pleno junio (2009) y decirle: quédate. Yo me quedé, me tomé una copa -con Paco Cifuentes y con él (soy un hombre con suerte)- y me atrapó para/siempre. Su música y su compleja sencillez.
Cuando dentro de una eternidad muera y habite en la frontera sur del paraíso, o en Isla Mujeres, dirán lo que todos sabemos: que es un maestro. Sabina dice que es un genio, y el madrileño de Úbeda no sabe mentir (menos cuando miente). En su voz está la luna (el agualuna). Es Cádiz con gotitas de azahar de Sevilla. Si fuera francés, sería Príncipe de Asturias. Pero es gaditano. Y emperador de la Caleta.

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