Elogio de la mancha de tinta en los dedos

Reniegan del polvo y el barro del que nacieron. Dan la espalda a su pretérito imperfecto. Niegan una vez y dos y hasta tres; como dicen que hizo San Pedro. Aprendieron a amar la palabra -la verdad última- manchándose los dedos con la tinta negra de las hojas de periódico con que el mundo envuelve el pescado y las castañas, y nosotros los regalos y los sueños.

Des-soñados, des-memoriados, des-amados. Desagradecidos. Desamparados. Y todo, con razón, la puta que mezclada con sueños -reputa- produce monstruos. Que se enteró don Francisco de Goya y Lucientes, sordo pero lúcido. “El sueño de la razón produce monstruos”.

Somos especie en extinción, que dice el maestro Del Pozo; animal herido; vista cansada; ilusión quebrada; querencia desquebrajada. Somos sudor y lágrimas; soldado de trinchera; cronista de sucesos; analista político; editorialista; el que mete el horóscopo y el tiempo. Adictos al café; escondidos tras el alcohol. “Cuchillo sin filo”; náufragos (en un castillo de naipes y) de arena. Denunciamos que denuncian; recogemos la queja, la verdad, la mentira; manipulamos; engañamos; nos vendemos; nos compramos. Como todo el puto mundo, pero por vocación. Pero con vocación.

Aquellos, los de entonces, no son los mismos y -prosa aparte- dan la espalda a su antigua condición de canalla, de plumilla, de periodista. Como el señor Burgos y su ombligo “recuadrado”, su agrio envejecer, su chiste forzado diario. “¿Periodista? Yo soy escritor”. De libros de gatos. O mi admirado y comprendido Pérez Reverte, con su rabia del 2 de mayo. “¿Periodista?”, le dices. “No, nunca; si acaso reportero”, contesta. “¿Estilo periodístico, pisha cartagenero?”. “No, monsieur. Documental”. Reniegan. ¿Por alzheimer en el alma? Por vergüenza torera.

Por los ‘hijosdelagranputa’ que nos miran desde arriba y se llevan el taco calentito cada mes, amparados en el apellido de papá y los ascensores exclusivos para el personal ejecutivo que apesta a sus muertos más frescos, aunque gasten Chanel número 5. Por los acomplejados de la vida preocupados y ocupados en marcar el terreno de su incompetencia. Por la politización exacerbada de los medios; el abuso en el manchar -“manchar, manchar”, la gran verdad de Gómez y Méndez-; por los seres sin oficio y con todo el beneficio; sin criterio profesional, educación ni humanidad. Por los palmeros y los que ponen el culo tan barato.

Decía el Gabo, desde Macondo, que el periodismo es el mejor oficio del mundo. Hemingway decía que esta profesión que nos mata, este oficio -el oficio es algo que marca de por vida; así como el minero muere minero, el plumilla muere plumilla-, el arte de juntar letras en los diarios, decía, de contar la vida, es la más bonita del mundo… si se deja a tiempo. Cabe preguntarse si el periódico se deja o te deja, pero, en cualquier caso, considerando que el placer no muere hasta que no se cuenta, un punto hedonista tenemos; y sádico, becados como estuvimos entre Sodoma y Gomorra como reporteros de guerra.

Así las cosas, yo, con mis heridas y mis pupilas cada vez más cansadas, con mi nómina huérfana de ceros y repleta de dignidad y respeto, quisiera tener de nombre y de apellido Carolina y García; Vita y Lirola; Rocío y Vázquez; Claudio J. y Castillo; Ana S. y Ameneiro; Julia y Jiménez; Fátima y Rojas; Fernando y Pérez y Ávila; Jorge y Muñoz; Felipe y Villegas; Manolo y Barea; Daniel y Cela; Isabel y Morillo;Lasida y Miguel; Carmen y Rengel; Patricia y Godino; Paco y Camero; Lucas y Haurie; Juan de la Huerga; Comesaña e Iria; Fernando de Matres; Inmaculada y Carretero; Francisco Correal; Isabel y Morillo; Cela y Daniel; Lourdes Lucio; Luz Sánchez y Mellado; José Antonio García Lorca y Sola… Ni los Pérez ni los Revertes me interesan fuera de sus libros y espadas; ni los Burgos desde el tendido nos van a decir qué es un toro, por muchos cuernos que tengan y mala baba babeen, a nosotros que ejercemos de forcados. Nosotros sabemos qué es la pasión, más allá de la Semana Santa.

Estamos en vías de extinción, sí, somos mala calaña; hierba mala que nunca muere; mas no hemos perdido la memoria y el honor y los textos -dos fuentes como mínimo-; y con las hojas de periódico con las que ellos cubren el olor a pescado de sus vísceras, nosotros los periodistas -pobres, humildes, cabrones, caines y mercurios- envolvemos la mentira de la vida para con su verdad mancharnos los dedos y rozar con nuestras yemas los sueños.

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“Por una Andalucía libre de transgénicos” (Carlos Rojas rompe a cantar por Nino Bravo)

Las paradojas vitales llevan a que en la plaza donde se ubicaba el antiguo estadio de Atocha esté prohibido jugar al fútbol y que en el Parlamento, el órgano de representación de los andaluces, no haya consenso ni al darse los buenos días. La materia oscura, según la ciencia, se repele a si misma. Ayer se cumplían 42 años de la muerte de Nino Bravo y Carlos Rojas, el diputado con hechuras de romper a cantar «Noelia» o «Libre» , le cantó las 40 a Luis Pizarro, tío carnal de Alejandro Sánchez Pizarro, Alejandro Sanz para las masas, Medalla de Andalucía y autor del single «Un zombie a la interperie». Un tema sin relación, que se sepa, con el único miembro del PP en la Mesa de un Parlamento al que llegaron, como savia nueva, 64 diputados por primera vez.

Teresa Rodríguez tiene en la Cámara un sitio privilegiado, frente al presidente del Parlamento, controlando todo, con IU y Ciudadanos más PSOE a la diestra; y PP y Juan Marín, en un islote de tranquilidad, a siniestra. Como en la fila 11 del cine, reservada para imprevistos y personas con movilidad reducida. Rodríguez se acercó a las manifestaciones de la puerta. A saber, ALPE, corralas y los Delphi instalados en la protesta hace una década, a punto de salir en «Cuéntame». «Quienes quieren seguir permitiendo el sufrimiento de la gente nos tendrán aquí. Enfrente. Éste es mi sitio», señaló en Twitter.

El presidente de la Cámara prometió el cargo. La vicepresidenta primera, igual. Oña juró y repitió, tras la bronca, «Acatar la Constitución y el Estatuto». El resto de la Mesa prometió. Castro, «por imperativo legal», y repitió, en respuesta a Oña: «Acatar, acatar». El diputado de Podemos por Cádiz Jesús Rodríguez, fue el primero del año con camiseta reivindicativa. Por la educación pública. Competencia seria para Castro. Maldonado acudió sin fular. Los de Podemos vinieron con bebé y carrito. José Antonio Castro le subió la silla al podemita Juan Antonio Gil. La veteranía es un grado. Que le pregunten al PSOE y a Pizarro.

Arenas, al jurar el cargo, se paró a ponerse las gafas antes de leer. Podemos expuso una amalgama de intenciones: «Recuperar la conciencia del pueblo andaluz», «servir siempre a la gente»; «por cambios legislativos y estatutarios»; «por que las paredes del Parlamento sean de cristal y al servicio de los andaluces» (Begoña Gutiérrez), «como garantía de los derechos humanos en lugar del pago a la banca», «no servir al interés de los propios partidos»; «por una Andalucía libre de paro, desahucios y transgénicos». «Prometo la Constitución hasta que la cambiemos para que obedezca a la gente y no a los bancos», Teresa Rodríguez. Elena Cortés prometió también por exigencia legal, como sus compañeros de IU y muchos de Podemos. Susana Díaz juró, igual que Juanma Moreno y Juan Marín, que salió del islote. Ciudadanos no vio» bronca» y celebró una jornada histórica. Marín, el hombre tranquilo, lo vio todo desde la «normalidad». Podemos señaló que «esta violencia dialéctica es símbolo del declive del bipartidismo». A Juanma Moreno no le aplaudieron durante su toma de posesión. A Susana Díaz, que no pestañeó durante la bronca, los suyos sí. Maíllo calificó la trifulca como «una pataleta un poco heavy». Susana Díaz apuntó que el PP «no quería que IU estuviese en la Mesa». Todos los ex presidentes del Parlamento acudieron, salvo Mar Moreno, que declara el martes por los ERE. Chaves, quizás, y Griñán, seguro, vieron por la tele el nuevo y a la vez tan viejo Parlamento.

Golpe en la Mesa (del Parlamento)

Blindaje socialista, con tres secretarios provinciales con máxima afinidad a Susana Díaz, y mínima representación para el PP, que anuncia un recurso ante el Constitucional. Los socialistas, en nombre de la «pluralidad» y el reglamento, quitan un miembro en la Mesa al PP. En el año 73 los judíos para defender la fortaleza de Masada se suicidaron por no entregársela a Roma. En la conformación de la Mesa del Parlamento, X Legislatura, el consenso murió antes de nacer. El 22M dejó un reparto de escaños que convertía la Cámara en un polvorín en el que, parafraseando a «House of Cards», (casi) todos portan una cerilla. En el minuto cero, el consenso estalló por los aires. A las 10:00, el portavoz socialista Mario Jiménez se reunía con los populares Loles López y Carlos Rojas en una representación pública del intento de alcanzar un acuerdo para conformar la Mesa. Pese a los amagos de reeditar una pinza hasta la noche anterior, PP, Podemos, Ciudadanos e IU, por acción u omisión, facilitaron, una vez más, que el PSOE impusiera su criterio, y su mayoría. Ayer, todas las formaciones negaron los movimientos. Lo demás quedó en ruido. De sables, pero ruido al fin y al cabo. El PSOE impone tres miembros en la Mesa y el PP, con 33 diputados, obtiene la misma representación que IU con cinco escaños.

La Mesa del Parlamento cuenta con tres secretarios provinciales del PSOE: Juan Pedro Durán, de Córdoba, como presidente; Teresa Jiménez, de Granada, como vicepresidenta; y Verónica Pérez, de Sevilla, como secretaria. Completan el órgano, la popular Esperanza Oña, como vicepresidenta segunda; Juan Moreno Yagüe, de Podemos, como vicepresidente tercero; y José Antonio Castro (IU) y Julio Díaz Robledo (C’s), como secretarios. A las 12:05 arrancó la sesión. Ampliar la mesa manteniendo la misma retribución a repartir entre un miembro más, lo que podría dictar el sentido común, aseguraron que no es compatible con el Reglamento. Cuando en México’86 Butragueño marcó cuatro goles a Bélgica, Luis Pizarro ya era diputado en la Cámara. Entonces, dijo, «no soñaba ser presidente de edad en la X Legislatura». Pizarro, en un discurso inusual por su corte político que anticipaba lo que se avecinaba, «habló de un Parlamento más plural pero con igual legitimidad». Pizarro dibujó «un horizonte claro: el interés general», que en Andalucía tiende a confundirse con el interés del PSOE. El Parlamento, dijo, «es la garantía de la centralidad política». 33 años después, siguen los mismos retos y desafíos que otras comunidades autónomas que estaban por encima también tienen». «Históricamente ha habido grandes controversias en el Parlamento, diferentes enfoques», para acabar con «tres palabras: diálogo, negociación, acuerdo», que «serán claves».

Toda las elecciones se produjeron en segunda vuelta. El PSOE propuso a Durán como presidente de la Cámara y el PP a Manuel Andrés González. El resto de grupos, a nadie. Cada formación votó a los suyos y el resto en blanco. Para la vicepresidencia, el PSOE presentó a Teresa Jiménez; PP, a Oña y Podemos a Juan Moreno Yagüe. C’s e IU no presentaron a nadie y se abstuvieron. Cada formación volvió a votar a los suyos. La endogamia, versión parlamentaria.

La necesidad de paridad hizo que los grupos presentaran como secretarios a Verónica Pérez (PSOE), Patricia del Pozo (PP), Julio Díaz Robledo por C’s y José Antonio Castro por IU. Cada formación se votó a sí misma, pero la obligatoriedad de que todos los grupos tengan miembro en la mesa dejó fuera a Del Pozo, del PP, con 33 votos, a favor de Castro, de IU, con 5 votos. Entonces, el portavoz popular Carlos Rojas rompió: «Ha pedido diálogo en su discurso», recordó a Pizarro. «Deje que termine. Vamos a terminar bien. Señoría, cumplan el Reglamento que votaron en diciembre. A cuenta de qué pide la palabra», contestó el presidente de la Mesa de Edad. Rojas apeló al artículo 78.3.2.4.1. y al 29.2. «Pido la palabra». El consiguiente lapsus de Pizarro resultó significativo, dada la inestabilidad tras el adelanto electoral: «Nos queda poco tiempo para terminar esta legislatura. Sesión, perdón». «Hemos quedado segundos», recordó Rojas. «¿Por qué los votos no valen? Usted no tiene competencia para interpretar el reglamento. Preside esta sesión, no es el presidente de la Cámara», dijo Rojas citando el artículo 29.2. «¿En base a qué dejan fuera a más de un millón de andaluces? Desalojan al PP. Es un ilícito perseguible. Usted no representa al PSOE, representa a todo el Parlamento, no manche esta institución, señor Pizarro. Apelo al artículo 34 y 35. A la proporción: ¿33 diputados es lo mismo que cinco? Nadie lo va a entender. Si lo censuran, iremos la Tribunal Constitucional por este despropósito, este atropello. Es un ataque a la Constitución. No negamos la representación de todos los grupos pero sin hurtar a otro grupo. Deponga su actitud, no acabe de esta menara su carrera», instó Rojas a Pizarro, acusándole de «robar los votos de las urnas». «En nombre de la democracia, convoque al diálogo».

Pizarro aseguró que es un presidente de edad «flexible», permietiendo «que cite artículos que no se corresponden». El diputado socialista recordó que «el Reglamento no establece proporcionalidad en la Mesa sino que todos los grupos tengan un miembro. Se trata, además, del único Parlamento de España que garantiza esta pluralidad. El PP está representando y todos los grupos, la paridad también. Tienen derecho a sus recursos, pero la propuesta es la referida», contestó Pizarro. Rojas invocó al artículo 78.2. Pizarro recordó: «Yo presido el Parlamento El único desorden de la Cámara lo plantea usted». «Invoco al letrado del Parlamento», señaló Rojas. «No le voy a dar la palabra», dijo Pizarro, como tampoco se la dio a la diputada afectada, Patricia del Pozo. «La voy a llamar al orden». A las 14:02 estaba constituida la mesa. Los nuevos grupos ya conocen que la Mesa no es un sistema como el SIRI, que contesta preguntas, sino que puede ejecutar órdenes. «Quien siembra vientos recoge tempestades», se barruntaba en el ambiente. El PSOE, después de tres décadas gobernando, conoce los entresijos del vendaval para crear una central eólica. El Legislativo quedó constituido con la dialéctica de los cañones, falta el Ejecutivo, para el que tampoco hay consenso; por más que en los últimos tiempos el poder con más presencia en Andalucía sea el Judicial.