El Real se hace mito borgiano (o Vitruvio en la Feria de Abril y Mayo)

vitruvio1El presente es tan poderoso en el recinto ferial que el pasado se ha perdido y, a veces, hasta se prende en una hoguera con las reputaciones. «La hoguera de las vanidades» reinventada. La portada de la Feria encendida.

Recorrer y sobrepasar el ecuador de la fiesta es hablar de excesos, del millón de visitantes, de calles con nombre de torero señero repletas de gente y casetas desbordadas de personas. El jueves de Feria -este año más aún por la celebración adelantada-se encuentran el que va y el que viene. El sevillano y el de fuera. Feriantes todos que hoy celebran su particular resaca en «la festividad del paro» -la jornada en rojo «robada» al calendario- y se toman «el trabajo» de volver al Real el 1º de Mayo, «que es fiesta».

El Ayuntamiento habla de que se están superando todas las cifras desde hace nueve años. Estas jornadas, el Real de Los Remedios se confunde con «el Aleph», el mito borgiano donde todos los acontecimientos del universo suceden en el mismo punto. Una Feria con atributos divinos, unicidad y omnipresencia, porque está presente en toda la ciudad. El centro está vacío. En Santo Domingo de la Calzada, no hay «señoras de la noche». Y no cabe más gente en las bocas del metro, que vomitan volantes cada cuatro minutos mal contados. Hay, incluso, quien habla del «mediometro», porque «el cacharrito no da la talla». O «del paraíto», no porque sea una infraestructura tímida, sino porque no hay semana que no eche «un ratito estropeado». El metro y «el gañote», figuras indiscutibles de la Feria de la crisis, en la que por olvido de la histeria de la Memoria Histórica, «El Bombita», con nombre tan bélico, aún conserva su calle en el Real. Rezan los taurinos para que ningún Bardem se haga torero.

Una caseta necesita 300 metros de estructura tubular y 250.000 acopladores para fijar los elementos. Aparte están otros tantos «acopladores». En este caso, los que cantan copla, que en la Feria se llaman sevillanas y tienen cuatro partes. La efímera sinfonía de la que sólo queda el eco de unas palmas, la guitarras, el taconeo. Cruce y vuelta. El vuelo de los volantes. Unos ojos negros. Porque es más sensual un escote de lunares que el semidesnudo de la samba brasileña. «Pero también me vale», que diría Silvio, el rockero. (Y el articulista, amén).

El origen de la salida de las cofradías está en Milán, en 1576. Una peste hizo al Papa sacar los santos a la calle. El génesis de la Feria de Abril está en 1847, en la feria del ganado. Con la peste de estos días, la nueva gripe, andan en el mexicano de Asunción «pelín mosca» y, con tanta bulla, al que ambienta no le sale la voz para su habitual cantar de Rolando, que así se llama el hombre.

En Pascual Márquez, 109, se arranca José Manuel Soto, náufrago de la Feria, mientras Sara Arguijo, con su traje de flamenca rosa, se echa un rebujito entre el bullicio de la caseta de «Los del 907», disimuladamente. La pantera rosa por sevillanas. Igual que los zahoríes saben encontrar el agua, el feriante sabe encontrar el fino.

En Sánchez Mejías, 50, en «Los Palillos», Patricia Godino estrena traje con el afán de sorprender a Juanito de la Huerga, aficionado a, «en llegando a cierto punto de la noche», hacerse con algún artilugio de ésos -flores o espadas luminiscentes- que venden los chinos, inventores de la brújula, la pólvora y la imprenta.

En la caseta de la Asociación de la Prensa, heredera de Gutemberg y «el chinaje», se hunde el tablao mientras bailan sevillanas. Metáfora de «la que está cayendo» en el sector y en el país y «lo que te rondaré morena».

En el Renacimiento, hoy sería la fiesta del «tripalium», que así se llamaba el trabajo y también un instrumento de tortura. El sevillano, que sabe latín, en Feria muta en hombre vitruviano, capaz de la cuadratura del círculo; de multiplicar el tiempo y las fuerzas para la fiesta y el trabajo. Ocio y negocio (nec-otium) unidos. El Renacimiento en Los Remedios. El feriante no acaba de morir y renace de los alberos de la Feria. Hoy y mañana y pasado sigue la fiesta. Renacer ferial. El domingo, fuegos. Y cenizas.

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