Dos alcaldables en Varsovia y segunda vuelta de chaqué en la ciudad de la ojana

Sevilla 07-06-2012 Procesion del Corpus Christi  Foto: Manuel Olmedo

Espadas y Zoido en el Corpus. Fotografía del inefable Manuel Olmedo.

Con los dos alcaldables en Varsovia para apoyar al Sevilla FC en la Europa League –Zoido, en calidad de alcalde en funciones y sevillista; y Espadas, como jefe de la oposición, bético y «manque pierda» los comicios favorito para el bastón de mando–, los movimientos en la capital hispalense se circunscribieron al cierre del recuento por parte de la Junta Electoral con «discrepancias mínimas» y a recomendaciones con membrete oficial del Ayuntamiento, y la frialdad del clima polaco, a los posibles actores del pacto contra el PP. «A IU su relación con el PSOE en Ayuntamiento y Junta le ha costado 4.000 votos y estar a punto de desaparecer», señaló vía comunicado del Consistorio el portavoz municipal Curro Pérez. Sigue leyendo

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La púrpura mortal del César

Sevilla (Andalucía)-Zoido presenta sus propuestas para que las administraciones cumplan su compromiso con Sevilla.18-5-2011.Foto cortesía del PP de Sevilla.

Zoido presentando sus propuestas para que las administraciones cumplan su compromiso con Sevilla. Mayo de 2011, foto cortesía del PP de Sevilla.

El color púrpura fue descubierto por los fenicios y cargado de connotaciones por los romanos. En tiempos de César, un pañuelo de ésos que gasta el director de Fibes, Felipe Luis Maestro –presente en la sala, como José Joaquín Gallardo, Santiago Herrero, María José Segarra y otros representantes sociales–, teñido de púrpura podía costar el sueldo de un mes de un funcionario y, en el siglo III a. C., un kilo de la púrpura de Tiro costaba tres veces el salario de un panadero del corte de Juan Gallardo, el tendero de Su Eminencia, también presente, protagonista de la campaña de Zoido. Sigue leyendo

Resaca electoral y rociera en lunes de Pentecostés

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Susana Díaz, tras la reunión de la Comisión Ejecutiva Regional. Foto del PSOE-A.

Coincidiendo con la procesión de la Virgen del Rocío, Susana Díaz, devota de la Blanca Paloma, mostró su predisposición al salto de la reja de los pactos postelectorales por más que se defina ortodoxa de los «gobiernos sólidos» y que «lo ideal es que el PSOE pueda aplicar íntegramente su programa». Con Díaz, el diálogo confluye, comienza y acaba en ella;y su frustrada investidura resulta una muestra y su consecuencia. A las 12:21 de ayer, la Señora de las Marismas alcanzó la Concha Peregrina que corona su Santuario y puso punto y final a una procesión de casi nueve horas y media por las calles de la aldea almonteña. Algo más de media hora después, Susana Díaz, presidenta en funciones de la Junta, cuya investidura ha sido rechazada en tres ocasiones por la oposición, escenificó el nuevo reparto de cartas en las negociaciones tras reunirse con la Comisión Ejecutiva Regional del PSOE-A y los secretarios generales de las ocho provincias. Baraja nueva. Hagan juego. «Asumimos con responsabilidad la tercera victoria electoral consecutiva del PSOE en Andalucía», aseguró, añadiendo que los socialistas «defenderán la mejor alternativa para la gente» en cada municipio e institución sin una única orientación a la hora de formar gobiernos, analizando caso por caso la conveniencia de alianzas con las «marcas blancas» de Podemos, con Ciudadanos y con IU. Sigue leyendo

Del abuelo o el milagro de la cafeína

El abuelo camina camino de los noventa años. Ochenta y ocho, creo que tiene. Quizás ochenta y nueve. Se enfrenta a los días con la certeza de que cualquiera de ellos se le puede acabar la vida; con la certeza del fin de los días; sabiendo que el momento ya, más que amigo, es traicionero. Pero no tiene miedo. Es natural, dice. Sólo le teme a una cosa, dicen sus ojos bañados en lágrimas. (Él, que nunca ha llorado). Que se le muera la abuela.
Últimamente, las madrugadas traen al abuelo pesadillas reales. Se despierta y los miedos le traicionan. A él, que no teme a la muerte, que ya le vio la cara en la guerra y la imaginó con el hambre de después del 39. La querencia o la conciencia de que cada minuto es otro epílogo -porque el libro ya está escrito hace tiempo- le hace pensar que la abuela, dormida, está muerta. La última noche, con el susto en el cuerpo, corrió a por un vaso de cocacola para que la abuela despertara de la muerte en que dormía. Milagrosa cafeína.
A la mañana siguiente me lo contó llorando. “Creía que se me moría”. Alguno de los dos tiene que ser el primero, le cuentan sus hijos, que son mis tíos. Y, otra vez, el hombre más fuerte del mundo demuestra que, en realidad, todo este tiempo no ha sido sino el más frágil del universo. Con los ojos bañados por el rocío de la madrugada, contesta: “Y qué voy a hacer yo sin ella?”.

PD: el abuelo tiene ochenta y nueve años, algunos meses menos que la abuela. Llevan juntos desde que tenían poco más de veinte y el siglo XX no más nacía.

En ocasiones, veo socavones (una historia del metro de Sevilla)

La historia de las ciudades se esconde, fugitiva, en las cloacas. Quizás por eso, esta Sevilla milenaria y sin metro tiene hasta su calle de la Virgen del Subterráneo, caminito, cómo no, de la Alameda de Hércules, que es como el reflejo de la cloaca misma atrapado en un cubo de hielo que flota dentro de una copa de ron –con su poquito de limón, ese gran olvidado de la literatura- en el barrio más canalla de la capital del sur de las Españas. Hermosa y viciosa, como la historia de la humanidad, la Alameda condensa la naturaleza humana, como si fuera el decimotercer trabajo que le encargaron a Heráclito, Hércules para los amigos, no sé si antes o después de separar Cádiz y Gibraltar, llanitos y gaditanos, gentilicio de Gadix, y aquí hay que mamar. Quién le iba a decir a Heráclito que con aquel apretón que le dio en lo que creía el fin del mundo hace miles de años estaba poniendo la primera piedra –el primer peñón, perdón- del tráfico de sustancias de un lao’ pa otro de la frontera, que el Winston, el whisky y la gasolina de Gibraltar (español) son más baratos, y la cosa está mu’ mala, como dijo Napoleón a Bernadotte, cuando fue a mear con ese frío que hacía en Waterloo, aquella batalla que muchos años después ganaron las rubias de Abba. Fue llegar a la Alameda el hijo de los dioses y de los hombres y hacerse maricón, fijo. Esta historia también está en las cloacas. Sólo hay que asomarse a los socavones. Sigue leyendo

Los helados de Drácula

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Los helados de Drácula saben a infancia; las estaciones guardan trenes cíclicos que llevan no se sabe dónde entre el traqueteo (trac-trac-trac) de las vías, de la vida. Los recuerdos son trenes que vuelven. Los deseos, isla perdidas; botellas de náufrago encontradas. El futuro es un puerto sin final y sin amarres, donde apenas llega la marea, hacia donde siempre miran unos ojos. La muerte es una lágrima derramada que vela la mirada. Es de noche, y llueve. Llueve tiempo. Cierro los ojos.

El último alfarero

Por la maqana. Fotos del taller de Antonio Campos. Fotos tambi}n del propio artesano con las manos en el barro, haciendo vasijas y tal. Calle Alfarerka, 22. (Llamar antes al 954 34 33 04 para concertar cita). Y aprovechando que pasais con Alfarerra, fotos de la fachada de alguna de las tiendas de ceremica de esa calle. (Pide Miguel)

Antonio Campos, en su taller de la calle Alfarería, 22. Fotografía de Aníbal González

Decía Rodin que «el modelado es la emoción que la mano experimenta en la caricia». Triana ha sido tierra de caricias fugitivas tras los callejones, y de artesanía. Caricias aún quedan, a cualquier hora, a plena luz del sol. La artesanía, ahora fugitiva, está en vías de extinción. El Ayuntamiento lleva años anunciando un museo de la cerámica que no llega, igual que tampoco se concluye la restauración del Castillo de San Jorge, que acogió la sede tormentosa de la Inquisición y cuyas ruinas sin levantar atormentan ahora a los trianeros. Sigue leyendo

Futurama (o el mañana)

Máquinas que piensan como hombres. Hombres que piensan y sienten como máquinas (como siempre, o sea). Teléfonos móviles que proyectan imágenes holográficas al hablar y que sirven de mando para la televisión, donde, de una u otra manera, siguen Matías Prats y Ana Blanco dando el telediario y, por supuesto, siguen Los Simpsons, temporada 358. Como toda la vida de dios. Sigue leyendo

Millennium (III): El periodista(aprendiz) en el palacio de las corrientes de aire

Yo conozco el olor a guerra y sal de las trincheras; el veneno y la adrenalina del dolor propio y ajeno hecho propio; yo conozco la cara de la muerte, su rostro desdentado y drogado; las miserias de los sin-nombre, la soledad de los desheredados; yo he escrito frases en el agua; y adjetivos en el cielo; he renacido en el mar Muerto, me he bañado desnudo en las aguas que están entre las dos tierras –Mediumterrarium- y he sido Apolo sintiendo morir el sol en San Vicente, junto al cabo del fin del mundo; yo me he sentido inmenso ante un rey y pequeño ante un vagabundo; he escupido a los generales, a los que dictan órdenes sin jugarse la boca, a los que torean de salón; y me he humillado ante un becario con luz y hambre. Yo he escrito mi obituario sin intención de ir a mi entierro y siquiera ser enterrado. Cada vez que hablan de “talento”, respondo: “más trabajo”. Yo soy periodista, aprendiz de ‘contable incontable’. Qué sois vos.

Millennium (II): El plumilla que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina

La esencia de la vida consiste en ir hacia delante. Dar marcha atrás no es viable. El pasado, como decía Soledad Villamil en “El secreto de sus ojos”, no es mi jurisdicción. “Me declaro incompetente”. Adelante, siempre. De derrota en derrota, hasta la victoria final, como dijo Ho Chi Minh o el Che o vaya usted a saber. (La frase le pega a Silvio, el rockero). A trompicones. Como sea. Por inercia. Adelante, siempre.

El periodismo –mayormente el impreso- anda estancado en un bucle melancólico. Las historias que alguien, siempre, todavía, toda/la/vida, ha intentado mantener ocultas permanecen ocultas. No hay medios, ni motivación, para llegar más allá de la convocatoria de rigor, del periodismo de agenda, del canutazo o de la rueda sin preguntas. El perro guardián de la democracia apenas es un yorkshire, con su lacito y todo. Un “lamechichi”, que le llaman las malas lenguas. Bastante tuvimos con sobrevivir, podremos escribir en nuestra lápida.

El producto informativo ya siquiera es producto. Se regala en internet. Se copia y pega de un medio a otro, de una agencia a otra. Sea verdad o mentira. El sindicalista Marcelino Camacho, al parecer, se murió la otra noche y resucitó varios minutos después. Muerte súbita, no. Muerte mediática, se llama la película. (Un purista del plumillaje, en otro tiempo, habría contratado a un par de sicarios para cargarse al menda. Todo menos que la veracidad del medio quede en entredicho) Sigue leyendo