Los helados de Drácula

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Los helados de Drácula saben a infancia; las estaciones guardan trenes cíclicos que llevan no se sabe dónde entre el traqueteo (trac-trac-trac) de las vías, de la vida. Los recuerdos son trenes que vuelven. Los deseos, isla perdidas; botellas de náufrago encontradas. El futuro es un puerto sin final y sin amarres, donde apenas llega la marea, hacia donde siempre miran unos ojos. La muerte es una lágrima derramada que vela la mirada. Es de noche, y llueve. Llueve tiempo. Cierro los ojos.