“La vida aparte”

Es un tipo de ley, aunque permanezca eternamente a tres asignaturas de ser abogado. Posee el alma ingrávida de las mariposas y conoce la quietud que soporta la locura. Vive rodeado de seres mágicos y cada rato con él es una aventura vital. Inquilino del claroscuro. Lo mismo se te aparece Javier Ruibal, con una legión de musas en las entrañas; que Juanjo Téllez, con esa calma de jedi de La Caleta, de Buda blanco; que Eli Ramos, con una antigua cámara para sacarle nuevos enfoques al mundo viejo. Un vodka con limón. Y a vivir la vida aparte, que, aunque así se llame su segundo álbum de estudio, es una filosofía vital y una manera de mirar la vida, que no es lo mismo, pero es igual.

No es de multitudes, es de instantes. “Las necesidades básicas son comer, beber, amar”, dice. Eso es “La Vida Aparte”. Formó parte del proyecto de los Cinco Tristes Tigres -a ver “si hay ´güevos´ de decirlo-; es una institución, por ejemplo, del Búho Real y del Libertad 8. En Madrid se tiró ocho años “a lo que salga”, currando hasta de teleoperador para compañías bancarias, negándose a estafar a las abuelitas. Hasta que saltó a “la vida aparte”.

Nadie es profeta en su tierra”, dice, sin prisas ni “hambre de éxito”, en lucha contra “la cultura del pelotazo”, del “éxito fácil”, lo que trasladado fuera de la música explica “la situación que vivimos”. El todo vale. La comida basura. Los contratos basura. Los valores tirados a la basura. “¿Para qué quiero yo un pelotazo?”, plantea con temple torero. “Yo quiero cantar mis canciones”. El precio de la libertad. Palabra de un sobreviviente de las mentiras de la sociedad, digeridas con unas pupilas tras las que esconde esquirlas de la región más profunda del infierno, del averno, que, aunque nadie lo sepa, queda justo al ladito del cielo; porque, que nadie lo olvide, al tal Lucifer –el que porta la luz- lo echaron por ser el ángel más bello de la creación. Que la envidia es mu’ mala, carajo.

Tras la participación en “Adicto” de Lara Moreno –las letras andan vestidas de su desnudez-, se ha dedicado a “vestir los temas con lo que pedía cada texto”. Del flamenco al rock. Con una soleá –o algo surgido de ella- que eriza los vellos con el único acompañamiento de unas palmas sordas. También colaboran Javier Ruibal y Leo Minax. Nuevamente, Joaquín Calderón anda tras “La vida aparte”. No es mal Caronte para que te lleve al infierno; o donde sea.

Yo lo conocí un día en que las gafas de sol le escondían mal los ojos y le dibujaban bien el rostro. Tiene perfil de navaja buena. Por dentro es hueso y talento. Le saca a las cuerdas de la guitarra cataratas de sensaciones. Bebe de Ruibal, de Antonio Vega, de Damien Rice, de Lole y Manuel, de El Cabrero, de Carlos Cano…Ambidiestro. Diapasón de auténtico. Fronterizo. “El erotismo entre blanquecino y color carne de un eucalipto de veinte años. Liso, húmedo y cuajado de lunares”. La “lateralidad” hecha música. Se le recordará, y él lo sabe, por el disco que aún no ha hecho. Su vida es “como un collage en un acantilado de cómic”, “pasa por el animal cobarde que toma el mando a ratos”, “con la de trenes que tienen la culpa del sur contigo”; “buscando siempre, pero desde ti es algo insano; viviendo siempre pero desde ti con cierto desencanto”. “Ojo que todo lo ve”, “con el cinismo de la Gioconda. Haciendo de nosotros una broma”; “descarado, adolescente, incandescente, medio dedo de frente y encima va y me dice que no se arrepiente”. Porque “sabe que el mundo está podrido” y que somos “lo peorcito de la flora y la fauna”. Condenados a añorar “obtusamente, profundamente” –ahora que “en agosto las bocas la carga el diablo”- “el sabor de la sandía” para “desafiar con las pestañas la gravedad” y “usar las manijas para meter las pulsaciones en horas suicidas”. Con la conciencia de que “ningún lugar va a ser nunca el paraíso” y de que “hay noches en el fango con mañana de regalo”. Al final de la partida, sólo quedan “nueve velas como nueve puertas abiertas” y la certeza de que nadie “quiere estar solo”. “Tu vida adentro de la mía”. “Tu boca que viene como de la selva”. Por eso: “Salud” y “que tu vida no pierda nunca tu peso ni te olvides del verbo ‘echarme de menos’” en esta “frontera marítima enlutada”, porque “me sobra espacio y falta tiempo”, “viviendo la vida aparte”. Se llama Paco y se apellida Cifuentes. Escuchen y sientan. Próxima estación: “La vida aparte”.

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