El limbo de los periodistas (Meditaciones postoposición a Canal Sur)

Ahora que trabajo en un oficio que se extingue, descubro que existe el limbo de los periodistas. El limbo descrito en esa recopilación de relatos llamada Biblia, pero con una división por gremios. Supongo, pues, que existirá también el limbo de los taxistas. El limbo de las putas. Y el limbo de los políticos, los banqueros y los delincuentes, que pueden ser uno mismo por la afinidad entre las profesiones.

El limbo de los periodistas tiene una entrada en Bollullos de la Mitación, en un remodelado torreón, con lámparas con el diámetro del agujero de la capa de ozono y cespedcito sobre el que tumbarse al sol a hablar sobre el futuro del mundo con olor a marihuana, como en los años en que creíamos que nos preparábamos para un oficio que se extingue.

Del limbo de los periodistas, una veintena tiene permiso, previo examen “of course”, para acceder al cielo de los periodistas, al que algunos llaman Canal Sur. El resto, contados por miles, vuelve a la realidad, que no es que sea el infierno, que no es lo mismo, pero es igual.

Allí estábamos todos, de todas las promociones, de todos los años, rubios, morenos, con barba, afeitados, con sueños, sin sueños, angelados, desangelados. También alguna niña que confundí con un ángel. Y hasta alguna diosa. De todos los medios de comunicación habidos y por haber. Hasta el gran Perpetuo Fernández. Hasta la niña que sale con el micrófono en el programa de María del Monte, de la que a esta hora ya sólo recuerdo su no-falda. (Digresión: Está Eduardo Punset, el insigne filósofo y científico. Y a su derecha, María del Monte. Los dos en el cielo, de la comunicación).

A nosotros, los plumillas, que somos un poco la versión masoquista del barón de Coubertain, que no nos pone participar, sino el fracaso, sino caernos, sino ser explotados en virtud de esa palabra, cómo es… sí… ya… vocación … sodomía, no… vocación… a nosotros, como digo, nos quedan algunas certezas tras dejar el limbo de los periodistas. La alegría del reencuentro pretérito. Y, sabiendo que trabajamos en un oficio que se extingue y que se ha ido extinguiendo desde su nacimiento porque nuestro destino es luchar contra el tiempo – “brevedad, claridad y concisión”- la más grande verdad, a lo Jorge Oteiza, nacida del limbo en que sobrevivimos: no vamos “a ensuciar un gran currículo de fracasos con una victoria de mierda”.

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María del Monte. Imagen de Canal Sur.

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