Apadrina un político

Igual que ya mismo es primavera en El Corte Inglés, de un tiempo a esta parte se observa al político de turno pancarta en mano con lemas similares al del anuncio ese que echan por la tele: “regalo abrazos”, “quiéreme”. Ha pasado la época de rebajas y ha llegado la temporada de elecciones en la piel de toro. Por la pasarela del escenario mediático desfilan los políticos de turno, uno a uno, tras la criba previa del aparato (con perdón) del partido para ver si el personal tiene las espaldas lo suficientemente anchas y la cara lo bastante dura para el oficio. Cualquiera no vale pa’ político. Igual que en Cibeles se cuidan de que ninguna niña modelo esté más delgada de la cuenta, en la cosa política se mira y remira que el munícipe tenga vocación de servicio… de servicio al partido y al interés particular, se entiende.

Así las cosas, a las campañas electorales sólo les falta proponer, con letras grandotas, “apadrina un político”. Puestos a elegir, puestos a entrar en el simulacro -que diría José Antonio Marina-  de caridad de los telemaratones el catálogo de sofistas es amplio. A saber:

-Manuel Chaves. Experiencia demostrada. Experto en que parezca que no se da cuenta de las cosas y en proponer pactos a dirigentes de equipos de fútbol. ‘Apadrinable’ solo o formando lote con sus hermanos. Cum laude en mantenimiento del status quo. Deportista. Precisa logopeda.

-Javier Arenas. Experiencia demostrada. Centrista. Experto en medias verdades, cuarto y mitad de mentiras y turismo rural. Incansable. No ha ganado ningunas elecciones, pero le llaman “el campeón”.

-Gaspar Zarrías. Gran estratega (jugando al Risk). Irascible. Promesa (política) del Atlético de Madrid. Nota en letra pequeña: las promesas políticas sólo valen durante el periodo electoral.

-Antonio Sanz. . Inexperiencia en la gestión demostrada. Hombre responsable y de frases memorables del corte “la política de la Junta es como la franquista” o superándose, ocho años y medio despúes de estas palabras: “Yo no quiero y no me gusta que a Andalucía se la mande desde Cataluña ni que su futuro lo decida un político que se llama Albert”.

-Rodrigo Rato: añadido por su especial situación de vulnerabilidad y ante las críticas al ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, por recibirlo en el Ministerio para velar por su seguridad dadas las amenazas que sufre a través de la cuenta de Twitter que no posee. Aquí, una recreación de los hechos. Como hubiera hecho con cualquier ciudadano. De regalo, y en oferta, si se apadrina un Rodrigo Rato, en otros tiempos amigo del Gran Poder, se puede adquirir también la custodia compartida del ministro. Sólo por tiempo limitado. Por tiempo limitado también, el lote incluye visitas un fin de semana sí y otro no de María Dolores de Cospedal, como insigne profeta del Mineralismo, en cuya doctrina han escrito una página de pan de oro tanto don Rodrigo como el ministro Fernández Díaz.

Nota: una vez “apadrinado” el político sólo puede devolverse cuatro años después. Entre un periodo de tiempo y otro es probable que olviden todos sus compromisos y hagan nada o muy poco. Ninguno de ellos conoce el significado del término “dimisión”, así que, si no queda satisfecho, tendrán que esperar hasta el próximo “telemaratón” electoral.

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Imagen de Ácido en la Red.

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