A propósito de los Perla

MO Juicio al clan de Los Perlas, por un delito de homicidio 042

El Coleta, durante la única sesión del juicio oral. Foto de Manuel Olmedo.

La noche del 20 de agosto de 2013, Antonio Girón, alias el Coleta, y su hijo José Antonio se reunieron en su casa y decidieron “vengarse” de Rafael G. J., alias Faíto, quien, según la Fiscalía, adquiría cocaína habitualmente del clan de los Perla. Faíto pagaba mensualmente a sus proveedores hasta que “comenzó a retrasarse en los pagos, originándose una deuda a favor de los Perla”. El Coleta y su hijo, armados, se dirigieron al piso del hermano de Faíto, conocedores de que el cliente moroso estaba allí refugiado con su familia. Los Perla abrieron fuego contra la vivienda. “Sí, queríamos matar a Faíto”. Palabras textuales de Antonio Girón. Según el Coleta y su hijo, la matriarca del clan se quedó en su casa. Estos son hechos reconocidos por los acusados.

Según el sumario, el Faíto adeudaba a los Perla 6.000 euros, ya que le vendían “fiado” y estaba enganchado al “rebujao'” (caballo y cocaína). A cuenta de la deuda, la familia del Faíto se exilió de las Tres Mil. Pero regresaron a casa de su hermano porque “estaban pelados” y al enterarse los Perla, al tercer día, quisieron ajustar cuentas. 

Según la fiscal, el Coleta llevaba una pistola Glock modelo 17. Su hijo, una escopeta Fabarm. No especifica si corredera o superpuesta. Al grito de “Faíto, sal aquí”, el Coleta realizó  dos series de disparos. Sobre la ventana del Bajo B, se contabilizaron once impactos. Dos atravesaron la vivienda y nueve impactaron en la fachada. La familia de Faíto se ocultaba en el Bajo A de la calle Orfebre Cayetano González.

El hijo del Coleta, continuando el relato del Ministerio Público, vació el cargador y la recámara de la escopeta, siete disparos. Dos penetraron en una vivienda en la que residía una menor, Encarnación;sus dos hermanos, Teodoro, de 10, y Jorge, de dos; y sus padres, Jorge y Dolores. 

Un testigo protegido ratificó durante la instrucción del caso su testimonio, en el que aseguraba que María del Carmen Barrera, alias la Perla, estaba en el escenario del crimen y participó en los hechos. “Matad al Faíto. Chata, sal. Me cago en tus muertos. Yoni, sal, maricona”, aseguró el testigo protegido que oyó a la Perla, que llevaba un arma de pequeño calibre. Al testigo protegido se le quedó grabado cómo la Perla disparaba a discreción, moviendo la mano de izquierda a derecha, y acertando sobre toda la fachada del edificio. Durante una de las ráfagas de fuego, según este testigo, el hijo de la Perla se acercó y le dijo: “Mamá, ya está bien; que vas a matar a las personas de arriba”.

La menor, Encarnación Silva Salguero, que estaba en el sofá de su casa, murió a consecuencia de los disparos. Nueve postas alcanzaron en el brazo de su padre “cuando intentaba poner a salvo a su hija”. Otra posta acabó en el brazo de la madre, que protegía a otro hijo. El disparo que alcanzó a la niña Encarnación impactó en la región torácica y le provocó un shock hipovolémico secundario a herida perforante en cavidad torácica. Varios minutos después falleció. En presencia de sus padres y ante el pánico de sus hermanos. Tenía seis años. Si en lugar de en las Tres Mil Viviendas, hubiera residido en (casi) cualquier otro barrio de Sevilla, probablemente, estaría viva o, como poco, no habría recibido el impacto de una bala perdida. No es el primer caso.

Al juicio en la Sección Cuarta de la Audiencia Provincial de Sevilla no acudió ningún familiar de la niña muerta hace tres años. Según fuentes del caso, prefirieron no presentarse para evitar “altercados” y posibles “represalias”. Muchos testigos tampoco acudieron, también por miedo.

Los acusados, siguiendo el relato de la fiscal, se subieron en tres vehículos y se dieron a la fuga, con la tranquilidad de haber logrado el propósito de “matar a Faíto” o, como poco, demostrar que con los Perla y las deudas no se juega. Cuando conocieron que durante el tiroteo habían matado a una niña, huyeron “para evitar represalias” de la familia de la víctima. La llamada ley gitana. Pasaron la noche en una finca de su propiedad en Hinojos. De ahí, pasaron a un apartamento en Mijas. Se les detuvo en la localidad malagueña la noche del 23 de agosto. En la finca de Hinojos se intervinieron tres réplicas de armas largas, una escopeta de cañones recortados y la escopeta Fabarm; y en Mijas, la pistola Glock , dos cargadores de 17 cartuchos, otro de 30, 103 semiblindados de 9 milímetros, una pistola Llama, 87,14 gramos de hachís, 17 fajos de billetes por valor de 510.439 euros y ocho kilos de joyas de oro que en el mercado, en la fecha de los hechos, alcanzaba un valor de unos 300.000 euros.

El Ministerio Público, que pedía 552 años para los acusados, rebajó su petición el día del juicio -que también se redujo de las 14 jornadas previstas a una, con un interrogatorio pactado- a 41 años. Diez de los 14 acusados reconocieron los hechos. Cuatro investigados (imputados en la anterior terminología), serán absueltos, entre ellos el hermano de la Perla. Los padres de la menor fallecida aceptaron una indemnización de 400.000 euros, tres o cuatro veces más que la establecida legalmente, y la reducción de penas, como consecuencia del acuerdo entre la Fiscalía, la acusación  particular y las defensas. El Coleta (pasa de una petición de 80 años a 14, considerando también la drogadicción como atenuante) y su hijo  José Antonio (de 78 años, queda en 11) se declaran culpables a cambio de la exculpación de la matriarca, sobre la que pesan dos años de prisión por “conspiración” para matar cuando la petición inicial era de 54. La fiscal valoró como atenuante “muy cualificada” el pago a la familia de la víctima. Del más de medio millón de euros incautado, calificado en principio por el Ministerio Fiscal como procedente del “tráfico ilícito” de drogas, ya no constan su “procedencia ilícita”. Según la fiscal, ahora los 400.000 euros “son los ahorros” de los Perla.

Ahora por favor, dejen de leer. Principalmente los amantes de lo políticamente correcto, los mundos de Yupi y demás florituras. Se lo ruego. Los Perla son un conocido, y fichado policialmente, clan de narcotraficantes radicado en las Tres Mil Viviendas de Sevilla. En base a la ley gitana y la ley de la jungla, en base a sus cojones y el desprecio máximo por el prójimo, decidieron arreglar a tiros, con munición que, según fuentes policiales,”atraviesan los patrulleros como si fuera pan Bimbo”, una cuestión pecuniaria convertida en un tema de honor y en una estrategia de negocio.Asesinaron a una niña de seis años. La madre de la pequeña es de los Mariano,otro clan venido a menos que vio la oportunidad de posicionarse mejor en el barrio.Con el cuerpo de la pequeña aún caliente mercadearon con los pisos de los Perla (pisos de VPO construidos con dinero público). Estas son las personas que cerraron el trato. La protección de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado evitó una guerra entre clanes. La pericia de las defensas y el dinero manchado de sangre y droga han logrado un acuerdo. Aquella noche, el Estado de Derecho alteró el orden natural de las cosas,  al amparo de la sobreprotección a una minoría que actúa como mafia, todo ello tras años de dopar al barrio con millones de euros que han acabado por arreglar las fachadas pero no han conseguido educar a buena parte de quienes viven tras esos muros. Ya se sabe: es más fácil sacar al hombre del gueto que sacar el gueto del hombre. No es un tema de que algunas de las familias metieran hasta burros y gallinas en los edificios. Eso podría resultar anecdótico. En los tristemente famosos trasteros de Las Vegas, hay munición albanokosovar y se han llegado a confiscar hasta armas kalashnikov. Aquella noche nunca debió ocurrir. La niña Encarnación es ya para siempre una víctima y el símbolo enterrado de un arrabal en el que permanecen espacios en los que no es conveniente entrar. Nadie pone en duda la labor y la fe del Comisionado para el Polígono Sur y de sus profesionales. El santo Job no les gana en paciencia ni Santa Teresa en bondad y buenas intenciones. Esto no va con la mayoría de los vecinos de bien del Polígono Sur, tan bien representados por colectivos como Nosotros También Somos Sevilla, ni con el incansable trabajo de la Parroquia de San Sebastián. Visto el acuerdo judicial, con una familia que acepta la semi impunidad quizás no por 400.000 euros sino por el derecho a vivir sin miedo a represalias en su afán de justicia y reparación, la Policía no debió actuar aquella noche. Faíto está bien donde está, al abrigo del “rebujao” o en Proyecto Hombre.Donde quiera que esté. La niña Encarnación, por desgracia, para vergüenza y dolor social, ocupa el sitio que por derecho les corresponde a pulso a, como poco, aquellos de los Perla que vomitaron a fuego su incapacidad para convivir con y entre personas, amparados en un Estado de Derecho al que desprecian con “sus ahorros” de 400.000 euros y al que, inocente y desarmado como una niña de seis años en el sofá de su casa, disparan a bocajarro y sin posibilidad de huir o defenderse. Los crímenes prescriben antes que las heridas.

 

 

 

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