“First Dates”: Juan Marín

A Juan Marín le gustaría «recuperar la amistad» con Susana Díaz. Lo normal, después de un “matrimonio a primera vista”. A Juan, natural de Sanlúcar de Barrameda, 56 años, vicepresidente de la Junta, se le ha metido la ex presidenta dentro, como si fuera un horrocrux. Juan –a quien en la redacción bautizamos con todo el cariño que emana con el sobrenombre de “tito Marín” y en su partido con toda la mala leche del mundo le nombran como “Manzanilla”- se haya inmerso en su particular “Casablanca” con Susana Díaz. “Me desprecias, ¿verdad, Rick?”. “Si llegara a pensar en ti, probablemente sí”. Así, “tito Marín” revive cada semana la muerte de Chanquete en cada desprecio.

Susana Díaz sabe hacer sentir al prójimo –es una de sus cualidades- como el ser más querido del mundo o, si cambia de tercio, un mero insecto. Elías Bendodo es al PP andaluz lo que Susana Díaz al PSOE, con Garmin en la muñeca, más estudios pero menos calle. Controlan el cortisol a su antojo y esa mirada de Tiziano. Se lo dijo la portavoz del PSOE andaluz, Ángeles Ferriz, al consejero de la Presidencia en una comisión: “A mí me han dicho que quien parte el bacalao es usted”. En el primer debate ordinario en el Parlamento, cuando el portavoz socialista Mario Jiménez se echó al monte –a lo Talín Alexanko-, bajó el balón y  sacó el capote: “Me llevo muy bien con el vicepresidente Juan Marín. No estamos enamorados, pero, ¿quién sabe?”. Después se lo advirtió Mario Jiménez: “Cuidado con Marín, que también bebía los vientos por Chiqui (Jiménez Barrios) y mira ahora”. Del “Manzanilla Power” ya ha escrito Pedro Ingelmo. Juan Marín, con ese aire de Franco Battiato de Sanlúcar, es ese pase que parece sin querer de Henry a Reyes; parece que pasaba por allí, pero la realidad es que estaba allí. Y, aunque profesa un platónico amor político a Inés Arrimadas, si quiere “recuperar la amistad” con Susana Díaz, por algo será. Por lo que pueda pasar (con Vox, mayormente).  Juan Marín -de quien conviene recordar que ha pasado por varios partidos sin despeinarse (para eso gasta pelazo) y que, si se pone, hace relojes- en busca del “centro de gravedad permanente”. “First Dates” y segundas intenciones. Recuperar la amistad, y lo que surja.

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