Renacer, revivir, trasplantar

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Renacer: del latín ‘renasci’; volver a nacer. Dolores Barroso cuenta 44 años, ha nacido una vez y «renacido» dos, una por cada trasplante de riñón que ha recibido, el último en 2001, «una odisea en el quirófano». Su nombre se quedó corto para definir los síntomas que padeció por vez primera a los 17 años. Le pronosticaron un mes de vida. A los seis recibió un trasplante. Era un 1 de diciembre de 1980 y justo diez años antes de la inauguración del Canal de La Mancha un riñón de un donante hacía de puente para que a los dos años naciera Rocío, la primera hija de trasplantada de Andalucía, fruto del amor, de la casualidad, la «imprudencia», de «un milagro divino o de la naturaleza» y, sobre todo, «de la solidaridad».
Rocío recibió el nombre en honor de la nefróloga que atendió a Loli en el Virgen Macarena. «Cinco minutos antes le dijeron a mi marido –José– que las dos íbamos a morir». Hoy, 23 años después, sus ojos cantan «gracias a la vida, que me ha dado tanto», como Mercedes Sosa.
«El ADN de estos niños contiene información del donante», cuenta el coordinador sectorial, José Pérez Bernal. «Todos tenemos un ángel, y hasta que no averigüemos su nombre estaremos perdidos y viviremos sin sus favores», cuentan las fábulas. En la vida real, el nombre del «ángel» es lo que menos importa porque lo que da la vida es el órgano.

Interludio I: La alegría de sentir el aire. Maripaz guarda en su nombre toda una serie de elementos que por sí solos dan sentido a la vida: el mar, la paz y, en su apellido –Soler–, luz para alumbrar fotografías. Cada vez que respira, agradece a la vida, y a su donante, el aire que entra en sus dos nuevos pulmones. Aspira con rapidez, de tantos sueños que aún guarda después de muchos años atada a una bombona de oxígeno y mil fármacos. Uno de sus anhelos más grandes consiste en llevar «el milagro de la resurrección y la solidaridad» por todo el mundo. A ella la trasplantaron el 17 de marzo de 2005, tal día pero de 1935 nació Luis Goytisolo y años después su hermano José Agustín escribiría aquello de «tú no puedes volver atrás porque la vida ya te empuja como un aullido interminable». «Hay que concienciar. Hay vidas en juego», resume Maripaz, que tampoco puede volver atrás.

Esperanza: «Estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos». Adeli –23 años desde el 7 de marzo– y Cristina –que hará 27 el 15 de septiembre– tienen los mismos ojos y la misma esperanza. Son hermanas y también comparten la misma enfermedad: la fibrosis quística. Adeli Gago está en lista de espera para recibir «unos pulmones con los que respirar» desde el 9 de marzo, un día después del día de la mujer trabajadora, que conmemora la tragedia en una fábrica de Chicago en la que murieron abrasadas cientos de mujeres. Fuego en el cuerpo siente también Adeli cuando le falta el aire. Mientras llega el trasplante, guarda en bolsos preparados por su madre, María José, las bombonas de oxígeno que durante ocho horas le ofrecen un mínimo de autonomía. Sólo pensar que «vendrán tiempos mejores» y ver a personas trasplantadas que «han tirado hacia adelante» le hace saltar las lágrimas entre una sonrisa eterna, que reverbera en el tiempo. La vida a la espera de un trasplante se resume en un cuidado constante y meticuloso: fisioterapia, medicinas, dolores, oxígeno. El «vivir para contarla» de García Márquez convertido en un «un vivir para cuidarte». Pero sigue sonriendo, junto a Cristina, con los sentidos a flor de piel, que el sentimiento que no es intenso se queda en sucedáneo de latido.

Interludio II: Morir regalando vida. En 2006, se realizaron 60 donaciones –38 en el Virgen del Rocío, 12 en el Macarena, y 10 en Valme–. En lo que llevamos de 2007, se contabilizan 29 –21 en el Virgen del Rocío, seis en el Macarena, dos en Valme–. En lo que a trasplantes se refiere, el pasado año, se realizaron 125 intervenciones (55 de hígado; 22 de corazón; 89 de riñón; y 65 de córnea). En 2007, se han realizado 25 trasplantes de hígado; nueve cardíacos; 40 renales; y 19 de córnea. A pesar de las cifras, se estima que entre un siete y un 15 por ciento de pacientes fallecen esperando un órgano. El modelo español es un ejemplo mundial. No obstante, por no recibir un órgano a tiempo mueren, aproximadamente, unas 40 personas al año en Andalucía. Más de las que lo harían si cada fallecido donara sus órganos. La dicotomía entre el punto y final de no donar y el punto y seguido de morir regalando vida.

Revivir: del latín revivére, volver a nacer. Victoria Toledo tenía grabado en el nombre su triunfo vital. A los 10 años empezó a sufrir problemas de riñón. A los 14, fue trasplantada. Un donante le ofreció la posibilidad de cortar el cordón umbilical que la ataba a un hospital y desarrollar una vida «normal». Ahora cuenta 29 primaveras desde que vio la luz y 15 desde que «revivió» un 4 de septiembre de 1992 a las 13:00. En 2005, contactó con su nefrólogo. Lo tenía claro. Su proyecto vital incluía un niño. Entonces vinieron los cuidados para las múltiples complicaciones pendientes: la posibilidad de perder el órgano que te da la vida, riesgo de malformaciones en el bebé, herencia de la enfermedad. Además, los hijos de las mujeres trasplantadas suelen nacer de forma prematura y con bajo peso, explica el doctor Pérez Bernal. «Cada vez que una mujer se acerca a su médico y le dice que está embarazada, se echa a temblar. La gestación debe ser planificada científicamente», palabra de Pérez Bernal –bético, macareno, currista, de Los Negritos–, palabra de «ángel de la guarda», «puente entre personas».
El 20 de enero de 2007, el pequeño Moisés se abrió paso entre las vicisitudes mundanas y nació el mismo día que naciera Federico Fellini para hacer de la vida de sus papás, Vicky y Moisés, una «Dolce vita». Moisés, además de la vida del donante que posibilitó que su madre lo engendrara, guarda en su material genético reminiscencias béticas y en sus ojos puede leerse un nítido mensaje: «Viva la vida, manque duela».

Epílogo. Decía Borges, visionario en su ceguera, que «cada amanecer nos promete un comienzo». Cada trasplante solidario promete una vida. Hoy, día del donante, Rocío –primera hija de trasplantada– y Moisés –último bebé de la generosidad– rinden tributo a la solidaridad junto al monumento al donante, con la sonrisa esperanzada de Adeli y Cristina de fondo.

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Cristina y Adeli, por Maripaz Soler.

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