“La historia de Marco Polo al revés”

japón recorteEn Japón, con la llegada de la primavera, celebran la fiesta del «hanami» y se vive el nacimiento del cerezo en flor como un acontecimiento espiritual. Su belleza y brevedad constituyen el símbolo de los días más felices de la vida. Al tiempo que la primavera estalla en Coria del Río (Sevilla) se celebra el Día del Albur, un pez plateado de cabeza picuda y aplastada que frecuenta las desembocaduras del Guadiana y el Guadalquivir. A este último llegó en 1614 la expedición Keicho, con el objetivo comercial (y religioso) de alcanzar Madrid y Roma. La expedición arribó en Coria del Río y el legado japonés germinó en Sevilla. Los albures, con el tiempo, se impusieron al sushi. De hecho, en Coria del Río no hay ningún restaurante japonés.

De aquella expedición procede el apellido Japón y la leyenda de que todos sus descendientes tienen una marca genética, una mancha o decoloración en una de las nalgas. De 1642 data en el registro bautismal el primer «Japón», de nombre Catalina. El párroco decidió que los apellidos orientales eran impronunciables y tiró del nombre de la patria ancestral. «De Sendai a Coria del Río» se titula uno de los libros de Juan Manuel Suárez Japón –ojos rasgados aunque tez morena–, uno de los descendientes de los japones primigenios, ex consejero de Cultura de la Junta de Andalucía y ex rector de la UNIA. Virginio Carvajal Japón, primo del autor del libro y presidente de la Asociación Hispano Japonesa Hasekura, es el precursor de los lazos de Coria con Sendai. Virginio contaba que su abuelo le dijo que su apellido procedía de «unos viajeros de muy lejos que llegaron por el río. Era cultísimo, aunque fue un tendero de repuestos de automóviles porque se hizo cargo del negocio, y guardaba cientos de mapas y tarjetas». Su vínculo con el país del sol naciente llegó a tal punto que cuando preguntaron en Nagoya qué esperaban del Pabellón de España, «los japoneses señalaron: paella, toros, Picasso y los Japón de Coria del Río». Virginio Carvajal Japón estuvo incluso en la llegada de la Nao Victoria a la Expo 92 «junto al Príncipe Felipe». En España, «hay unos 1.300 ”japones”. De ellos, 700 son de Coria del Río (donde residen 30.000 habitantes) y 200 de la Puebla». «Coria es el único sitio del mundo donde se asentaron» y queda un apellido como legado; aunque hubo otras expediciones, como Tensho, que llegó a Vilaviçosa, en Portugal, con quien Coria también se va a hermanar en estas fechas. En abril, se inaugurá en Coria la remodelación del paseo fluvial, financiada por el músico japonés residente en Nueva York Mike Shirota. Tras el tsunami de 2011, el río se llenaba de velas navegando «in memoriam», siguiendo los ritos japones, junto al «Toro nagashi», una escultura de Tashiro, que significa «linternas en el río». Carlos y Julio –«soy Japón de cintura para arriba y musulmán de cintura para abajo», bromea–, hermano y primo de Juan Manuel Suárez Japón, describen en el paseo fluvial coriano las plantaciones realizadas por insignes japoneses. «Ésta es de Kenzo», un famoso diseñador. «Este monolito, de Yoko Maeda, “tejedora de grullas”». A los pies del Guadalquivir, se encuentra la estatua de Hasekura, con kimono y katana. De los samuráis también proceden prestigiosos ingenieros como José Luis Manzanares Japón; árbitros como José Japón Sevilla; y hasta una Miss España, como María José Suárez. «Es la historia de Marco Polo pero al revés», dicen. En España, Hasekura se convirtió al cristianismo y se bautizó como Felipe Francisco Fajikura. El fracaso de aquella misión comercial supuso un éxito humano. Los lazos llegan al punto de que el equipo local luce un sol naciente y el símbolo de la asociación en la camiseta y en lateral la estatua de Hasekura. En Coria del Río «no hace suficiente frío» para los cerezos. El calor de los corianos albergó la semilla japonesa, cuyo árbol genealógico ha crecido durante siglos. «Primavera en el hogar /No hay nada/ y sin embargo hay de todo», reza un haiku japonés. Hasta el príncipe Naruhito ha pasado por Coria.

A Date Masamune, el samurái que fundó la ciudad de Sendai, se le conoció como «Dragón de un solo ojo». Cuentan que se convirtió en secreto al Cristianismo, aunque los especialistas lo niegan. «Entre la realidad y la leyenda, impriman la leyenda», defendía John Ford, director de Western, el género que después Tarantino mezcló con samuráis. Date Masamune fundó un comité para entablar relaciones con la Iglesia Católica y envió la expedición de Hasekura Tsunenaga que pasó y se quedó en Coria del Río (Sevilla) hace más de 400 años. El fracaso de una misión comercial desembocó en un éxito humano. Virginio Carvajal Japón, precursor de la Asociación Hispano Japonesa Hasekura, se encargó de conservar la semilla de la memoria. Más de cuatro siglos después, la descendiente de Masamune, Yoko Ikeda, directora de la Fundación Date, se bautizó en la Iglesia del Sagrario de la Catedral de Sevilla, pasando a llamarse Julia Ikeda, apadrinada por Juan Manuel Suárez Japón, ex consejero de Cultura de la Junta, ex rector de la UNIA, maestro con vocación de sensei, y otra descendiente de la Misión Keicho de la localidad coriana, cerrando el círculo de Hasekura.

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