Susana Díaz y el mito del pebetero olímpico (“¿Velaske, yo soy guapa?”)

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Antonio  Rebollo, retratado por Efe, grabado en la memoria de una generación. Foto de Efe.

La luna, según los astronautas que estuvieron allí, huele a pólvora quemada. Igual que la sede de la calle San Vicente la noche del 2D o la de Génova y San Fernando a la caída del sol este 28A. El clásico bipartidismo cae al 51,4% en Andalucía –13,3 puntos menos que en junio de 2016, con una pérdida de casi 405.000 votos– y queda bajo la lupa demoscópica, por diversos motivos. Unos por el fracaso sin paliativos y sobrepasado de lamentaciones, caso de Génova; otros por un éxito sobrevenido que plantea cuestiones con mar de fondo. El Gobierno andaluz cierra filas a pesar del «sorpasso» de Cs en la comunidad -aunque en lontananza se oye el galope de Abascal amenazando con no apoyar los presupuestos- y Ferraz mira de reojo a Susana Díaz, todavía «enemiga» necesaria al menos hasta que las próximas elecciones municipales y europeas confirmen la ruta de las especias que emprendió Pedro Sánchez, al que en Alemania llamen “el guapo”, siguiendo los cantos de sirena de Pablo Iglesias, cual Magallanes y Elcano. La ex presidenta de la Junta se aferra al mito del pebetero olímpico. La noche del 25 de julio de 1992 pasadas las 22:38 horas, un arquero paralímpico,  Antonio Rebollo, lanzó una flecha en llamas en el Estadio de Montjüic. Milésimas de segundo después, el pebetero ardió en llamas. El mito y la inocencia defienden que efectivamente Rebollo alcanzó a acertar, con su flecha en el momento y el lugar exactos, su objetivo. La razón, prima hermana de la malicia, atribuye a la técnica mecánica aquella proeza. Se pulsó un botón y el pebetero ardió mientras la flecha, en expresión de la abuela de Sara Arguijo, “sabe Dios dónde andará” y unos operarios la buscaban allende la montaña mágica de Montjüic. De hecho, por aquella época, “Quién sabe dónde” era un programa de gran éxito. El botón estas elecciones ha sido la fábula de Pedro y/o el lobo. Al final, pudo más que el “efecto Vox” su contraefecto. “El defecto Vox”. Susana Díaz defenderá que en Andalucía ella lanzó la flecha en llamas y ardió el pebetero. 

El espejo valenciano

Ximo Puig se hizo un Griñán a la inversa en la Comunidad Valenciana –el presidente andaluz rehusó hacer coincidir los comicios con las generales del cataclismo posterior a Zapatero y atrasó la cita; el valenciano ha optado por el adelanto para la coincidencia– y ha ganado las elecciones. En Ferraz se cuestiona, ahora con el peso de las cifras, qué hubiera pasado si Susana Díaz hubiera optado por elecciones conjuntas. En apenas cinco meses, el PSOE ha logrado medio millón más de votos en Andalucía. En el Federal, directamente, se plantea que Susana Díaz resta como candidata. Los socialistas andaluces niegan la mayor. «A mí nadie me está planteando esto. La campaña en Andalucía la ha liderado Susana Díaz», señaló el secretario de Organización andaluz Juan Cornejo. «De no haberse producido la pérdida de la Junta y la llegada del Gobierno de PP y Cs con Vox, no se habría producido la gran movilización del 28A. Hemos contribuido para que no ocurriera lo mismo, como Pedro Sánchez no se ha cansado de repetir», añadió Cornejo. El “entrista”, que no intruso, Celis dice en público que ahora no toca el debate orgánico. Susana Díaz aseguró que lograría medio millón más de votos y que doblaría al PP y su vaticinio se ha cumplido, ayudada por la campaña de «Pedro (Sánchez) o el lobo» de Vox. Enfocada como una reválida de las andaluzas, el PSOE pasó de 1.010.899 votos (27,94%) a 1.563.828 sufragios (34,23%). En total, una diferencia de casi 553.000 votos, un incremento del 54,69%. El PP ha perdido unos 35.000 votos y más de puntos porcentuales (del 20,75 al 17,19%); Cs ha ganado 147.000 votos, aunque en porcentaje pasa del 18,28 al 17,70%. La coalición que forma Adelante Andalucía gana 66.000 votos, aunque en porcentaje baja del 16,19% al 14,25%; y Vox tiene 214.000 votos más, hasta los 611.000 y sube del 10,96 al 13,38%. El temor a la ultraderecha movilizó más al electorado que el rechazo a los pactos del presidente del Gobierno con independentistas y batasunos. El PSOE ha barrido en Andalucía: primera fuerza en el 93,3% de los municipios y primera fuerza en las ocho capitales y en 28 de los 29 municipios de más de 50.000 habitantes, con El Ejido como única excepción, en manos de Vox. Tras la debacle de las andaluzas, Susana Díaz atribuyó el fracaso a la respuesta del electorado, como castigo, por las decisiones de Pedro Sánchez en relación con el conflicto catalán. Los pedristas ironizan: «El electorado castigó a Susana Díaz por las políticas de Sánchez y sin embargo no castiga al presidente del Gobierno por sus propias decisiones». La contralectura del mito del pebetero olímpico es que habría sido suficiente con que la flecha pasase por encima para que la llama prendiese (y se conservara la Junta). La pregunta que subyace sobre la próxima cita electoral de las municipales y europeas en Andalucía será, pues, al modo de Las Meninas en trap: “Espejito, espejito mágico o Velaske de mis entretelas, dime, canijo,¿entonses’ yo soy guapa?”.

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