El Gobierno del cambio, la bandera de Mozambique y el cortisol

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El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, desde la barrera. Foto de su cuenta personal de Twitter.

Sólo hay una bandera en el mundo –Mozambique– que incluye entre sus símbolos un kalashnikov. El Gobierno «del cambio» ha gozado de los 100 días de gracia y el fin de la tregua política coincide con el varapalo electoral al PP del pasado 28A. El cortisol es una hormona clave para la supervivencia. El homo sapiens 3.0 vive en un estado de alerta permanente. El organismo, para sobrevivir, sobresaltado, manda señales al hipotálamo y activa otras zonas cerebrales. Así comienza una respuesta involuntaria del organismo a través de señales hormonales y nerviosas. Es lo que se conoce como estrés. Tras ello, las glándulas suprarrenales liberan adrenalina y el cortisol, que no es malo pero en exceso es contraproducente. Las elecciones del 28A han supuesto el principal test de estrés para el Gobierno del cambio.

El escenario de partida era un frente con tres derechas –denominado despectivamente por Susana Díaz como «trifachito»– en mayoría y el nuevo tablero es el de un PSOE fortalecido a escala nacional, Cs con mayor porcentaje de votos aunque igual número de escaños que el PP en Andalucía, Podemos –Adelante en las andaluzas– estancado y Vox sumando 200.000 votos a los 400.000 que ya cosechó el pasado 2D. El Ejecutivo de Juanma Moreno y Juan Marín adelantó su balance de los 100 días una semana de cara a los comicios, lo que no frenó la sangría de votos. Este tiempo, de hecho, se ha caracterizado más que por la oposición que ha recibido el nuevo Gobierno, más allá de las protestas –«preventivas» las llamaron– alentadas por PSOE y Podemos a las puertas del Parlamento durante los debates de investidura, por «la oposición de la oposición», esto es, las críticas del propio Ejecutivo a «la herencia recibida». La supuesta ocultación de las listas de espera o los compromisos pendientes de pago por parte del Gobierno socialista, por la gestión en sí o por sentencias judiciales, han marcado la agenda de los tres meses, junto a la creación de la comisión de la Faffe y la aprobación de una bajada de impuesto en diferido y la eliminación de entes y auditorías. La mayor dificultad de la nueva Junta, de puertas para afuera al menos, ha radicado en embridar las propuestas y líneas rojas del socio parlamentario popular Vox. El presidente del Grupo Parlamentario de Vox en el Parlamento, Francisco Serrano, ya avisa al PP de que «corre el riesgo de que no haya siquiera posibilidad de iniciar contactos» para el Presupuesto. «Si hay que sentarse para negociar, no es correcto pegarle una patada a la silla e insultar al que se tiene que sentar contigo para aprobarlos», señaló el hombre del partido de Abascal en Andalucía. Susana Díaz se subió a este carro: «Si Pablo Casado de verdad cree que es un partido de extrema derecha, mucho está tardando en romper con ellos en Andalucía».

La memoria histórica, la inmigración y la violencia de género han sido los principales caballos de batalla de Vox. La Junta, en todo momento, ha bajado el balón al terreno del sentido común y no se ha movido de la certeza de no dar «ni un paso atrás», sobre todo en la lucha contra la violencia contra las mujeres. Cuando Vox solicitó datos de los trabajadores de las unidades de violencia de género, se remitió a la Ley de Protección de Datos, rechazando «las listas negras» que apuntan PSOE y Adelante pero aprovechando para aclarar situaciones irregulares en las que, en determinados casos, personas sin cualificación suficiente venían prestando estos servicios.

El PP y Cs, de entrada, han tenido que hacer frente a su propia propaganda, caso de las críticas por las ayudas para el alquiler de los altos cargos que, una vez en el Gobierno, señalaron que no plantean eliminar. Los sueldos públicos provocaron dificultades, sobre todo en Cs, para atraer «talento» del sector privado. Los socios de Gobierno, de momento, pese al vuelco electoral, siguen bien avenidos. Cs no quiere más focos ni quemarse con la gestión. El PP mira de reojo. Bendodo señaló que si las generales fueran hoy el resultado «sería distinto». Filosófico, apuntó: «A veces eres, y pese a las tempestades, nos movemos pero siempre estamos en el sitio en que estuvimos». Susana Díaz apeló a «una moción de censura en las urnas 100 días después». «Unos están en la calle mientras otros creamos empleo», dijo el portavoz del Gobierno y del PP-A. El cortisol actúa como un antiflamatorio muy potente. Cuando vivimos en un estado de amenaza, puede llegar a producir intoxicación. El organismo enferma y el sistema inmunitario comienza a detectar el cortisol no como algo bueno, sino malo. El cuerpo comienza a inflamarse. El Gobierno del cambio, de aquí a las municipales, no va a parar de generar cortisol.

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