Telémaco de las Cinco Llagas

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Maíllo regresa a las aulas. Imagen de su cuenta personal de Twitter.

“Yo sé de derrotas”, admitió Antonio Maíllo alguna vez en el Parlamento de Andalucía. Tampoco se le caían los anillos al reconocer que las moquetas de palacio –la primera línea de la política- producen adicción. “Claro que engancha. Aquí se vive muy bien”, venía a decir. El coordinador general de IULV-CA presenta la dimisión sin ambages ni tutelajes para el relevo. “Se puede luchar contra el sistema, pero no contra la biología”, proclamó.

La última intervención de Maíllo en la Cámara ya tuvo algo de despedida, cuando se cumplían 30 años y un día del estreno de “La última cruzada”. Fue en la sesión de control al presidente, el día después a que el Gobierno andaluz salvase una bola de partido con la enmienda a la totalidad de Vox. El propio Juanma Moreno y los portavoces de los grupos que componen el Ejecutivo le reconocieron la valía y la brillantez a Maíllo. El portavoz de Adelante Andalucía avisó: “Está banalizando el mal”, con el pacto con Vox. La última intervención de Maíllo resume y condensa al orador. Ácido, mordaz, culto e inteligente. “Sólo el penitente pasará”, le dice Sean Connery a Harrison Ford en busca del cáliz de la eternidad. “El penitente se arrodilla ante Dios”. Ese día, Maíllo llevaba la misma camisa, la misma chaqueta azul, el mismo pantalón marrón y el mismo cinturón. “Hoy es siempre todavía”, concluyó.

Rubalcaba, profesor de química, decía que veía el sistema periódico desde la tribuna de oradores. Las intervenciones de Maíllo, como Mágico González cuando jugaba en el Carranza, han sido destellos de genialidad pero sin intermitencias. Maíllo, como un delfín liso, una especie apenas avistada una docena de veces desde hace 40 años. Aupado aún más por la mediocridad lacerante y galopante de la política “deluxe”, Maíllo ha sido un gas noble en medio de una Cámara y una sociedad que dejó el elemento líquido esparcido en el pasado para desembocar en un mundo “slime”. La sociedad slime, ni líquida ni gaseosa sino todo lo contrario, una especie de mucosidad que todo lo impregna y que sobrepasada la teoría líquida de Zygmunt Bauman.

Maíllo, maestro de latín, citó en su despedida a “un autor inglés que no tengo registrado”: “Con el tiempo el sufrimiento se convierte en placer”. “Han sido años muy duros, sin tregua”, señaló. El ya ex coordinador de IU se definió “orgulloso de haber mantenido la organización cohesionada, sin desmantelamiento, desde la pluralidad, y del apoyo recibido”. También, o sobre todo, “de haber resistido en 2015 donde por poco desaparecemos”; y “de un proceso de confluencia más horizontal que en el resto de España”. También citó Maíllo “el trabajo en Doñana, símbolo de la perseverancia. La honestidad del proyecto colectivo”. Entre sus últimas satisfacciones, haber logrado cuatro diputados por Sevilla en las pasadas elecciones. “Ni con Anguita lo habíamos hecho”. “Y que no se haya roto la organización”. Con Maíllo, IU pasó de los “zorrocotrocos” y las cuentas tiritando al román paladino. Electoralmente, Maíllo cosechó más admiración que votos.

Maíllo apuntó a “momentos muy difíciles como la ruptura del cogobierno”. También en 2014: “El surgimiento de Podemos por nuestras propias torpezas”. Finalmente, entre los fracasos: “No ser determinante en clave electoral supone una profunda decepción”. En el “debe” le queda “una confluencia más desde la base, desde los espacios locales”, ya que el proceso de conformación de Adelante viene “marcado mucho por el ritmo electoral”. El pasado 5 de diciembre, tras las autonómicas, ya pensó en la dimisión “pero había que aguantar hasta las municipales”. Con el tiempo, se ha visto, asegura, que “los resultados de Andalucía no fueron ni mucho menos malos. Como se ha visto al final del ciclo”.

En clave nacional, Maíllo apuntó a Unidas Podemos que “el PSOE no es agente de cambio de transformaciones estructurales”. Se trata de un “análisis de la experiencia. Me merece toda la confianza los dirigentes nacionales”, dijo, reconociendo a Pablo Iglesias. “Mi opinión es que el PSOE no querrá gobernar con nosotros”. Si se equivocara, habría que “atar mucho” a los socialistas.

Antonio Maíllo se marcha “aliviado”. “Esto es tóxico, y lo primero es la desintoxicación y después puede que venga añoranza”. Espera que no. Deja “la primera línea”. Vuelve a sus clases en Aracena. Con 52 años, y “22 en la enseñanza”, tras seis al frente de IU y uno como director general (y se fue renunciando a las cesantías). Lo próximo: un curso de latín en la Complutense en agosto. Después estudiará portugués. Maíllo, entre otras cosas, se va de la política porque tiene dónde ir e inquietudes al margen de la cosa pública o además de ella. Sobre la confluencia en Andalucía, indicó que Teresa Rodríguez tendrá “el papel que ella quiera”.

Maíllo, que se confesó cansado de un ciclo electoral tan largo, se ponía en la caravana Los Aslándticos y a Rocío Jurado. Hijo de panadera y talabartero, de Lucena (Córdoba), licenciado en Filología Clásica, director de instituto en Aracena, domina latín, griego, italiano y alemán. Durante sus discursos apela a Machado. Le apasiona el arte. Lee a Thomas Mann y García Márquez, Homero, Virgilio, Tácito. Soñaba sin tapujos con poder mirar con dignidad a los ojos de la gente tras marcharse y siempre ha hablado sin esconderse de su orientación sexual –“¿Y qué?”-. Hasta los 16 jugó al fútbol federado en su pueblo. De niño, se recuerda en bicicleta siempre. Con 23 estaba dando clases en Sanlúcar de Barrameda. Ahí se hizo comunista. No por leer a Marx sino por los jornaleros del campo. Nacido un 2 de noviembre y una segunda vez tras un cáncer de estómago. “No huyo de nada”, explicó en su adiós. Su salida responde a “una reflexión profunda: el estrés permanente, este nivel de diapasón sólo se aguanta un tiempo. No es sano. El contenedor está saturado”. El “elemento de inflexión” es “un cáncer de estómago del que he salido vivo”. “Eso redimensiona mucho. Esto no es nada traumático”, dijo. Cuando el discurso de IU era como ir a recitar versos a los cementerios, apareció Maíllo, como llegado de Ítaca, Telémaco de las Cinco Llagas. Como antiguo delegado de alumnos de la Universidad de Sevilla no fue al entierro de la Pasionaria porque tenía que prepararse las oposiciones. “Me he dejado la piel y algo más en estos seis años. No se puede criticar la dedicación. Me conformo con que se hayan podido sentir orgullosos de mí”, concluyó Antonio Maíllo, que cita a Hobbes en la intimidad. “Homo homini lupus”. Los restos del Partido Comunista, de cuerpo presente y puño en alto. “El estrés de la política es incompatible con la calidad de vida. Se puede luchar contra el sistema, pero no contra la biología. No me la quiero jugar. No me lo perdonaría”, resume. “Ars longa, vita brevis”, reflexionó Séneca “Sobre la brevedad de la vida”. Telémaco regresa a casa. “La historia se ha terminado” fueron las últimas palabras de Augusto. “Acta est fabula”.

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