Llover

El Fleur de Passion, en el Puerto de Sevilla. Foto: Autoridad Portuaria de Sevilla

«Pasa la vida», como la sevillana de Romero San Juan, y con ella, el rocío de la mañana, los colores velados, las sábanas, las gafas que se empañan tras la mascarilla, los calcetines sin pareja y los niños a la escuela. «Pasa la vida» y los atascos, las gentes con prisa, los despertadores y las obligaciones diarias de cada día que se enredan en la madrugada de mañana. Entonces, de puntillas, sorprende la primavera, las alergias, los almendros en flor, y a veces llueve y se escuchan las gotas en los tejados de esas madrugadas raptadas por tareas pendientes. «Pasa la vida», y al caer en la cuenta del tiempo pasado, de lo vivido y de lo soñado, no se sabe si reír o llorar mientras tiembla esa nostalgia de sentir algo sin nombre. Reír y llorar a un tiempo, mientras, afuera, a veces, caen las gotas. ¿Es eso «llorir»? ¿Acaso «rerar»? «Intelijencia dame el nombre esacto de las cosas», escribió Juan Ramón. Entretanto, la prensa obvia que «pasa la vida» y habla de elecciones en Madrid (el resto es provincias) y debates interruptus; carteles xenófobos, un bochorno como (un) Monasterio; amenazas con balas y caligrafía e indignación como (las) Iglesias; vacunas rusas, una dosis por segundo en los países ricos y la mayoría de los estados pobres sin jeringuillas; restricciones de movilidad, toques de queda; Superligas de futbolín y mercaderes de Venecia de origen Florentino, ricos con tan solo dinero y pobres con dignidad, memoria y una bufanda del abuelo. Habla la prensa de más de 1.000 mujeres maltratadas en Andalucía atendidas en 9 meses y de una condena de 23 años a un tipo por matar a una señora a hachazos; Rociito ante el santo tribunal inquisidor de las hienas mediáticas. El despido de 18.222 trabajadores de banca en España, casi Airbus, Navantia y Abengoa juntos, mientras se pagan los cacharritos de la calle del Infierno en la no-Feria de Sevilla con Bizum y el ministro Escrivá plantea el «problema cultural» de inculcar alargar la edad de jubilación en un futuro sin trabajo. La no-jubilación sin empleo de los «riders (on the storm)» y la protección social del gruista del Canal de Suez, esperando que le paguen las horas extra por tratar de desatascar el comercio mundial ante la inmensidad de un buque encallado. El invierno a veces se agarra a la primavera y también se tiembla y se tirita. En el Puerto de Sevilla un velero, Fleur de Passion, parte para salvar los corales del Mar Rojo, en el quinto centenario de la primera vuelta al mundo. Contaba Enric González que los barcos dejaron de crecer por la máquina de vapor, que trajo navíos lentos, insensibles al viento, con una tripulación menos exigente. Entonces, nació el clíper, «la más bella y esbelta nave». Un «beau geste», diría un francés. El clíper fue una forma elegante de morir –«Es la economía, estúpido», decía la campaña de Clinton; «Es el mercado, amigos», dijo Rato– y el vapor se acabó imponiendo. La vela dejó el comercio del té y se pasó a la lana australiana hasta dejar los mares. El Cutty Sark, «botado en 1869 por el naviero londinense John Willis, fue de los últimos en caer». En Barcelona, Xavier tiene 90 tacos y cada día, armado con un taburete, se asoma a la ventana de una residencia donde vive Carmen, su mujer, con alzheimer hace 14. Son 66 años y una pandemia juntos. Xavier le enseña fotos, le hace gestos, teatraliza que se cae. Para que sonría. «Cuando me acuesto, veo la cama vacía y me da pena. Tengo una foto en la habitación, pero no es lo mismo». Con el Covid, esa ventana en la calle es su asidero al mundo: «Como si fuera un cuadro, me trae recuerdos, suerte que la tengo», sonríe y llora. «Yo le pido a Dios que no se dé cuenta de nada, porque así es más feliz». «Que no se olvide de mí». Y que no llueva, para verla sonreír más allá de las palabras. El Cutty Sark que surcó los mares hoy es una marca de whisky escocés. «Que nos quiten lo ‘bailao’», se dice en Andalucía, con la sabiduría íntima de que reír y llorar a un tiempo, «beau geste», no es «llorir» ni «rerar» sino que también es llover.

Ella Baila Sola

El caracol de pie escamoso fue descubierto en 2001 asociado a chimeneas hidrotermales del Océano Índico. Según la biología, se trata del único animal que usa sulfuros de hierro para hacerse una armadura biometálica. La ciencia aún no ha estudiado la composición de Susana Díaz. Ya señalamos hace meses que era tiempo de verdeo y al final todo dependerá del «pecunio». Anda la todavía lideresa del PSOE andaluz de tourné; de nuevo en la carretera, «de Ayamonte a Pulpí», con el calambre de las calles, emulando a Ethan Hawke en «Gattaca»: «Sólo recuerda que fui tan bueno como cualquiera, y mejor que la mayoría». Aquello era un filme, de culto y ficción. El periplo susanista se halla a medio camino entre los trabajos de Ulises, la penitencia de Sísifo y la creación de una suerte de «Orden del Fénix» contra un adversario innombrable. Espadas –puñales mandan– ya no es «mi Juan», obviamente. La banda sonora corre a cargo de Ella Baila Sola (EBS), que además vuelven en un ejercicio de «vamos a llevarnos bien» con el precedente cercano de Ferraz y San Vicente. «Cómo repartimos los amigos» es la primera cuestión a dirimir de cara a las primarias y si no están convocadas ya y el candidato sigue en barbecho es que la cosa tan clara no está todavía. El PSOE, de Zapatero a esta parte, ya no es indivisible como un número primo. Dice Iván Redondo que lo admirable de la Real Sociedad es que «siempre juega para merecer ganar», lo cual no significa que sea la estrategia que el demiurgo de La Moncloa considere para Andalucía. Esta Real tirando a cuqui, de juego más bonito que efectivo, ha ganado la Copa del Rey cuando Pedro Sánchez resalta los valores de la II República. Disney quiere hacer sables láser de verdad y el presidente, tan jedi, igual se refiere a la República de «Star Wars». La Real de Xabi Alonso, De Pedro y el turco Nihat mereció una Liga que a falta de una jornada se llevaron «los Galácticos». Entonces, Casillas se doctoraba en milagros y Ronaldo (el bueno), con las rodillas deconstruidas como los principios socialistas, jamás perdonaba en el área. La caza del tejón está siendo la única alternativa ante el rechazo susanista a sillones como el de la presidencia del Senado. Lo que conduce a la «operación Vara» frente al «tío de la vara». Susana Díaz, al margen de lo orgánico, es una mujer a destiempo. Se dice roja, católica y sentimental (y también bética); pero sabe que la política, como el capitalismo, admite esfuerzo y azar. La existencia misma, y ella mismo lo ha sufrido. (Ay, los días en que los máximos consejeros susurraban al oído señales de semidivinidad. Ay, cuando no supo verse ante el espejo de la ambición de Pedro –Sánchez–. Ay, cuando, magnánima, por los viejos tiempos en Juventudes, accedió a que Alfonsito –Rodríguez Gómez de Celis– se fuera a los puertos, dejándole tiempo frente al mar y un teléfono para armar la rueca de Penélope). El capitalismo, como la política verdadera, es realista. El comunismo es onírico e idealista. Y los idealistas sólo se abren paso con la violencia, como un Boba Fett cazarrecompensas. Susana Díaz, Amidala de Triana, siempre prefirió la sutileza del sistema, como un buen botijo de barro poroso que en el mismo infierno mantiene el agua fría. Los demonios y los gatos le salen de adentro, pero ahora ensaya la mejor de sus sonrisas. «Cuando los sapos bailen flamenco» fue otro hit de EBS. La escalera interna en espiral de la Torre de Pisa cuenta con 294 escalones para siete plantas. Todos de mármol. Para las primarias socialistas faltan tantos escalones como le queden por subir a Ferraz y así asegurarse la victoria. En la política como en la física no existe el vacío. El problema de la fruta madura es que a veces cae ante la ley de la gravedad y otras veces directamente se pudre en el árbol. A Juanma Moreno ya lo confunden con Chaves en los hospitales y desde San Telmo contempla el atardecer de los dos soles que alumbraban el desierto de Tatooine.

Ecce Homo

Resulta más fácil hallar una ciudad egipcia de 3.500 años bajo el desierto de Luxor o vislumbrar un Caravaggio en una obra atribuida al círculo de Ribera que la «finezza» en Hispania. Después del oprobio de meses en que nuestros vecinos y, a pesar de ello, socios europeos miraban a la piel de toro por encima del hombro –como siempre, o sea– explicando la incidencia patria en supuestos hábitos antihigiénicos, ahora con menores restricciones que ellos, hay menos casos de covid que en Europa y las vacunas se ponen al ritmo del tiqui-taca con el que ganamos un Mundial y dos Eurocopas, precisamente, a Holanda y Alemania (e Italia). Para variar, deberíamos inhalar un mínimo de esperanza y exhalar algo de orgullo; principalmente porque el personal anda fatigado de pandemia y cansado del ayuno de casi todo aquello que el tiempo ha demostrado que hace que los días merezcan la pena: una cerveza a deshora, el abrazo del encuentro y la despedida, los arrebatos en las esquinas. Conviene decirles, de entrada, a nuestros colegas europeos que en la vieja Híspalis se levanta un bar para una reforma y aparece un baño árabe de cuando al Regnum Teutonicorum aún lo estaban peinando –le faltaban dos siglos–. Pero no. En España estamos ocupados en la enésima reposición guerracivilista con Vallecas como escenario. La falacia de las dos Españas y la verdad suprema de cuatro necios. Caín aparecerá un día en una fosa común con una confesión de Abel firmada por Conchita, la poligrafista de «La Máquina de la Verdad». En los ratos libres del revanchismo, se utilizan las vacunas de la esperanza como arma arrojadiza de la confrontación. El personal ya ha olvidado aquello de «vamos a salir mejores». El presidente de turno dice: «La cosa va a ir fenomenal». Y el político de la oposición, de medio ‘lao’ en el atril señala: «Todo es un despropósito; se ha perdido el tiempo; viene el fin del mundo». Alguna vez estaría bien escuchar un balance sincero, profundo, autocrítico. Conviene decir de vez en cuando algo así como que «hemos hecho esto y eso, pero –cago en la mar salada– hemos fallado en aquello». Y el político opositor, mano tendida: «No se preocupe, lo importante es seguir adelante». Y no. La cosa política desde hace tiempo viene a ser algo así como los hermanos Calatrava, que, por un lado, estaba el feo y, por otro, el más feo todavía, esto es, el horroroso. Ocurre que, al lado del segundo –el que se daba un aire a Mick Jagger–, el primero puede pasar, con dos copas y en un día bueno, por resultón. Pero no. La política Calatrava se construye a base de puentes resultones con escaso aguante y caros para la sociedad. El mercadeo de las vacunas deviene en la venta de motos averiadas. Pedro Sánchez «racanea» vacunas a Andalucía, reitera el portavoz andaluz, porque el criterio de la UE es que debe llegar «el mismo porcentaje de vacunas que de población». A renglón seguido, el titular de Salud –el señor que gestiona los pinchazos y al que cualquiera compraría un coche de segunda mano– explica que en las provincias andaluzas el reparto es como en España, por edad y riesgo, y que la responsabilidad del retraso es de «las farmacéuticas». No chirría imaginarle mercadeando investiduras pero a la especie de que el inquilino de La Moncloa sisa dosis en plan Gollum – «Es mi AstraZeneca»– igual habría que darle una vuelta. «Salir mejores» es vacunar antes a un jubilado con EPOC, de Cuenca o Setenil, que al Rey. Vacunas hay las que llegan y hacen bien Bendodo, Ximo Puig, Agamenón y su porquero en pedir más. «Quien no llora no mama» es de lo primero que enseñan en el Carranza. Pero el decoro del relato hay que salvarlo de la licantropía electoral porque no votan sólo los militantes y, así como detrás de algunos cuadros tenebristas se esconde un «Ecce Homo» de Caravaggio, después de algunas restauraciones sólo queda el trampantojo homónimo de Borja.

Paideia

Alejandro III de Macedonia comenzó sus estudios con Leónidas, un estricto maestro macedonio. Le siguió Lisímaco, que le enseñaba Letras y le llamaba Aquiles. Lo que ahora se denominaría «empoderar» al alumno. Alejandro aprendió de memoria –lo que hoy sería un sacrilegio– los poemas homéricos y dormía con «La Ilíada» bajo la cama. A los 13 años, fue puesto bajo la tutela de Aristóteles, antiguo compañero de juegos de su padre, que durante cinco años se encargó de su educación. Aristóteles, que a su vez fue discípulo de Platón y éste de Sócrates, instruyó a Alejandro en gramática, filosofía, lógica, retórica, metafísica, estética, ética, política, biología, ciencias políticas y naturales, medicina, astronomía, geometría y música. La mayoría de estas materias son repudiadas en el currículo contemporáneo. Las clases eran al aire libre, sobre bancos de piedra, a la sombra de los árboles. Por la mañana, se trataban los temas complejos. Por la tarde, los livianos. Cuesta imaginarse a Filipo dejando a Alejandro en la puerta del colegio con un «pásatelo bien», que es la coletilla en las escuelas de ahora, antes y después de las mascarillas. El «cuquismo- bien» que se viene instaurando desde el fin de la EGB alcanzó su máxima expresión con las bonificaciones por aprobados para los profesores y con la superación de cursos con asignaturas pendientes para los alumnos. La figura legendaria del «tripitidor» se ha perdido en España como se perdieron Cuba o Filipinas. Cuenta la leyenda que Johan Cruyff decía como última instrucción al «Dream Team» aquello de «salid y disfrutad». Los padres de hoy sueltan el alegato cruyffista cada mañana sin considerar lo poco que tiene que ver con negociar el esfuerzo. De hecho, el método Cruyff –que era un genio– lindaba con el maltrato psicológico en no pocas ocasiones, y ahí estaba Guardiola subiendo o bajando de categoría al antojo del holandés o los banquillazos a Laudrup. La belleza, y el genio como su exponente, siempre conlleva dosis de crueldad. Necesariamente, todo en la vida no puede ser divertido. Sin la mezcla de aburrimiento y curiosidad, y también azar, probablemente, el hombre seguiría en Altamira. El aburrimiento es lúcido. Sólo desde el «buenismo-bien» se explica la queja de Iñaki Gabilondo: «Me sorprende que esta sea la primera generación que pide explicaciones a las anteriores. Dicen: “Vaya mierda de democracia que nos dejasteis”. Nosotros nunca le dijimos a nuestros padres que nos habían dejado un país de mierda». Dejamos a los niños con un «pásatelo bien» en la puerta del cole y luego la vida se pone seria y pide explicaciones. Se lee en prensa estos días que «un padre paga a sicarios virtuales para matar a los personajes de su hijo». El muchacho, adicto a los videojuegos, pasaba de los estudios y no tenía trabajo. Tiene 23 años. Con esa edad, la generación maltratada ahora por el coronavirus levantaba una democracia y criaba a tres hijos como mínimo. De la escuela cuqui salen ahora los radicales orgullosos que hasta no hace mucho formaban un reducto localizado como hooligans del fútbol. “Un país no es rico porque tenga diamantes o petróleo. Un país es rico porque tiene educación. Educación significa que, aunque puedas robar, no robas. Educación significa que tú vas paseando por la calle, la acera es estrecha, y tú te bajas y dices: ‘disculpe’. Educación es que, aunque vas a pagar la factura de una tienda o un restaurante, dices ‘gracias’ cuando te la traen, das propina, y cuando te devuelven lo último que te devuelvan, vuelves a decir gracias. Cuando un pueblo tiene eso, cuando un pueblo tiene educación, un pueblo es rico», expuso Escohotado. «Sólo hay felicidad donde hay virtud y esfuerzo serio, pues la vida no es un juego», sostenía el maestro de Alejandro Magno. «Dame seis meses de tu vida y yo te doy un Mundial», le dijo Carlos Salvador Bilardo a Jorge Valdano antes de Italia’90. Y después lo dejó fuera de la convocatoria.