El mirlo blanco de la sucesión frustrada

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María Jesús Montero. Fotografía de Manuel Olmedo.

Cuando Ana Oramas tiró de «las Tres Mil Viviendas» despertó la ira de Capuleto que habita en Montero, política de corte siciliano, como traída de una película de Visconti. La respuesta de la ministra fue impecable: «Su discurso divide, estigmatiza y enfrenta, parece que se ha contagiado de las derechas». El PSOE perdió la posibilidad de aprobar el Presupuesto pero ganó el debate. Y Madrid puso el foco en Montero, una política tan de los detalles, donde dice la sabiduría popular que mora el diablo.

Cuando Twitter apenas echaba los dientes, al móvil de la entonces consejera de Salud de la Junta de Andalucía le llegó una alerta. Un paciente acudió a un centro de salud con una muela colgando y la recepcionista le decía que aquello no era una urgencia y que volviera el lunes. «Dígame por favor el centro de salud para ponerle solución», vino a contestar la consejera. La recepción en el Nuestra Señora de la Paz de San Juan de Aznalfarache mejoró exponencialmente.

Cada vez que el presidente de la Junta de Andalucía, donde hasta el pasado 2D se tenía ya por costumbre que fuera socialista, nombraba gabinete, había una parte de la ecuación resuelta. «Y como siempre, el Gobierno andaluz está formado por doce consejeros y María Jesús Montero». El líder de IU, Antonio Maíllo, resumía la evidencia tras conocer el organigrama de Susana Díaz tras el frustrado intento de liderar Ferraz. María Jesús Montero (Sevilla, 1966), con 14 años de bagaje, es la tercera consejera más longeva de la historia de la Junta de Andalucía, tras Paulino Plata (15 años) y Gaspar Zarrías (17 años como consejero). Tras la titular de Hacienda van Concha Gutiérrez e Isaías Pérez Saldaña (12 años); Vallejo y Montaner (11); García de Arboleya, Carmeli Hermosín y Magdalena Álvarez, por su parte, suman una década de gestión en la Junta. Montero sola acumulaba más experiencia de Gobierno que todos los consejeros del decimoséptimo Ejecutivo andaluz juntos (sin contar a la presidenta y al vicepresidente en el cómputo).

El comentario de Maíllo se realizaba desde el cariño, la complicidad y el reconocimiento. Montero fue la primera persona que abrazó a Maíllo tras su regreso al Parlamento, en plena terapia de recuperación de un cáncer de estómago. El líder de IU, incluso, agradeció públicamente el aliento y el apoyo de la consejera, que es médica de profesión (licenciada en Medicina y Cirugía y máster en Gestión Hospitalaria), en los momentos más duros de la enfermedad. Montero también fue la primera que atendió al fotógrafo de LA RAZÓN, Manuel Olmedo, tras sufrir un vahído en la Cámara. La titular de Hacienda, destacan quienes la han tratado, es humana y meticulosa; dura sin que por ello pierda sensibilidad hacia las personas y hacia los problemas sociales. Posee «una capacidad de manejar datos que impresiona». «Una curranta muy capaz», resumen. De su «dureza» como negociadora puede dar fe el propio Maíllo –que tuvo que tratar con ella, por ejemplo, la crisis de la Corrala Utopía que acabó desembocando en la ruptura del pacto de Gobierno de la legislatura el pacto con IU– o el líder de Ciudadanos, Juan Marín, que en pleno debate sucesorio de Susana Díaz mostraba su preferencia por el vicepresidente Jiménez Barrios debido a que «Montero es muy dura, y Susana ni te digo».

La ahora ministra fue la única consejera que ha ejercido bajo tres presidentes: Manuel Chaves, José Antonio Griñán y Susana Díaz. Es madre de dos hijas y estuvo vinculada a movimientos católicos de base, formando parte del Consejo de la Juventud de Andalucía hasta que se licenció en 1990. En más de una intervención ha confesado sus inicios marxistas, moderados con el tiempo. La «muy vitalista» o «incansable» Chusa –para los cercanos– Montero es trianera, como Susana Díaz. Llegó al Gobierno andaluz como viceconsejera en 2002, en el equipo de Francisco Vallejo. En 2004 pasó a ser la primera mujer que ocupaba la máxima responsabilidad en la consejería con más presupuesto de la Junta. En 2012 asumió también Bienestar Social. Desde 2013 fue consejera de Hacienda y Administración Pública, hasta que tiró de ella Pedro Sánchez.

Montero ha sonado en las quinielas para sustituir a Susana Díaz o para ser candidata a la Alcaldía de Sevilla, es militante socialista relativamente reciente, a pesar de ser parlamentaria por el Grupo Socialista desde 2008. Montero une perfil político y técnico. Llegó a Hacienda «sin conocer el paño» y en poco tiempo tomó el pulso de la consejería, cerrando los ejercicios salvando el tope de déficit. Su mayor caballo de batalla fue el impuesto de sucesiones y donaciones. Montero defiende que es un impuesto de ricos e, incluso, ha «bajado a la arena» de debatirlo con afectados en directo en programas de la mañana, con mayor o menor fortuna en lo que a comunicación no verbal respecta.

Madrid la ha descubierto ahora. «Hizo el discurso de una presidenta». Lleva con el mismo equipo desde los inicios. Le repelen las luchas intestinas y el adoctrinamiento de cuna de partido. «Sea lo que sea, me cogerá trabajando», siempre responde. Con Susana Díaz, se miraban de reojo, como los líderes natos cuando reconocen a otro. Díaz es más de que no le hagan sombra. Montero, que carece de apoyos orgánicos, no teme al talento. Todo ello convierte a María Jesús Montero, aún más, en rara avis en el organigrama andaluz y la convertía, en cuanto a capacidad reconocida, en el posible mirlo blanco de la sucesión frustrada. «¿Qué tiene usted con las Tres Mil Viviendas de Sevilla? Es un barrio, como cualquier otro de este país». «La Caída de los Dioses», donde se retrata el populismo nazi, fue otra de las grandes obras de Luchino Visconti, padrino de Miguel (Luchino Dominguín) Bosé, uno de los últimos señalados por el Ministerio de Hacienda que aún dirige Montero.

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Carcaño al padre de Marta: «No sé dónde está el cuerpo. Pregúntale a mi hermano»

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Antonio del Castillo. Foto: Manuel Olmedo

Pandora dijo a Prometeo que lo último que había en la caja y, por tanto, lo último que se podría perder, era «la Esperanza». La caja de Pandora, entre todos los males del mundo, albergaba un hálito de misericordia que Miguel Carcaño, ocho años después del crimen, no concede a la familia de Marta del Castillo. Ayer concluyó la nueva  búsqueda en el Guadalquivir sin resultados. Prácticamente al tiempo que la Policía Nacional, con el apoyo de la Armada, finalizaba las labores de rastreo, el padre de la víctima mantenía un encuentro con el asesino confeso en la cárcel de Herrera de la Mancha para tratar de esclarecer el paradero de su hija. Carcaño, según pudo saber LA RAZÓN, aseguró que «no sabe nada». «Pregúntale a mi hermano», señaló, en referencia a Francisco Javier Delgado, que ya fue juzgado por encubrimiento y absuelto por la Audiencia de Sevilla y luego por el Supremo. El asesino confeso mantiene que fue Delgado «quien se deshizo del cuerpo».

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“A nosotros sí nos han condenado a una pena perpetua”

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Antonio del Castillo. Foto: Manuel Olmedo

El padre de Marta del Castillo es «un vencido», que no un derrotado. Vencido porque lleva dos meses –desde que desapareció su hija de 17 años– de «calvario» interior, pero sigue «luchando». Los trazos de su encefalograma podrían ser algo así como «el Guernica» de Picasso, pero pintado por el más burdo de los destripadores. Antonio del Castillo habla el idioma de la herida. Siquiera llora, al menos en público, como si no le quedaran lágrimas al hombre que perdió a su hija el 24 de enero y que a cada momento estallaba en llanto cuando pedía «más medios» para buscar a «su niña», mientras apostaba «los dos brazos» defendiendo que «no se había marchado voluntariamente». Entonces sí estaba derrotado, y perdido.

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Marta, año I: el dolor que no cesa

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Foto: Manuel Olmedo

La vida sin Marta del Castillo, un año después, no es lo mismo. Sobre todo para su familia. También para los implicados en el crimen.Y para una sociedad que, salvo catástrofes siderales, asume las tragedias como quien pasa las hojas de un periódico y se baja del dolor y de la esperanza igual que quien se baja de un caballo cansado. Cuando una persona se va, debería importar. Esta vez importa. Cicatrices en el alma, en el mejor de los casos. Heridas abiertas, en otros muchos. Y lo que te rondaré, morena.

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«Maracaibo tal vez», democracia quizás

“La sangre de Carlos José Moreno (17 años) está en tus manos Maduro. Cobarde”. El tuit es de Alejandro Sanz, la referencia temporal es ahora y el contexto espacial, Venezuela. La historia de «Maracaibo tal vez» (Samarcanda) arranca con un robo en el aeropuerto de Caracas. El protagonista es el editor Juan Galván, que viaja hacia el Festival de Poesía de la ciudad. De pronto #todossomosjuangalvan se convierte en trending topic en Venezuela en plena escalada de violencia entre Gobierno y oposición. La batalla se traslada a las redes, ante el vacío informativo. La novela une varias voces, arrancando con la del propio Galván y acompañado en la narración por la periodista Nadezka Álvarez y Perozo, miembro de los servicios de inteligencia. El muro de Twitter se convierte en el cuarto personaje. ¿Quién es Juan Galván? ¿Existe en realidad? ¿Qué ha venido a hacer? Tras estas preguntas, Miguel Ruiz Poó se adentra en la comprensión de lo que realmente está sucediendo en Venezuela.

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Cuatro bodas y un funeral

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Expectación máxima en el Salón de los Espejos del Palacio de San Telmo durante la toma de posesión de los nuevos consejeros. Foto de Manuel Olmedo

Los universos son cíclicos. Se crean o nacen; se expanden, frenan en seco, se contraen; colapsan y, eterno retorno, vuelta a empezar. El trajín de San Telmo, con la puesta de largo de los consejeros de Juanma Moreno en el Salón de los Espejos escondía tras las bambalinas el adiós de los que se van. El engranaje del poder. «He dejado todo recogido y he pasado la fregona», bromeaba más allá del arco de seguridad una asesora de comunicación. La política se rige por los principios de la vida. Unos llegan, otros marchan; en el marco de lo que supone la cuarta celebración institucional por parte del Gobierno PP-Cs, tras las dos jornadas de investidura y la toma de posesión del máximo dirigente popular en el Parlamento andaluz. Bajo la luz cenital de la antigua Escuela de Mareantes –con la venia de Vázquez Consuegra–, el día después del «Blue Monday», «cuatro bodas y un funeral».

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El “código Rancio”, un universo “a la diestra del cielo”

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Julio Muñoz Gijón, gato entre los tres palos, modernito runner (se lo perdonamos), respetuoso cofrade en silencio (también se lo perdonamos), ex delegado de clase de Periodismo en la promoción 99-03, padre de Silvio, insigne organizador de parrandas, bético, comunicador de talento y sevillano con ange’ (que es lo contrario al malaje). Foto de Pepe Lugo

“La’vangelio” es como se dice en Sevilla a los axiomas kantianos, las verdades evidentes. También es una expresión muy de la periodista Inma Carretero, natural de Cumbres Mayores, de donde procedían las chacinas de Hermanos Gómez, que linda con la casa de Lopera. En Sevilla, el que no se encuentra es porque no sabe que anda perdido. Julio Muñoz Gijón (Sevilla, 1981), que no es el alter ego del Rancio Sevillano porque no hay dos personas sino una dualidad en un ser –ying y yang, Sevilla y Triana- se adentra en el origen insospechado de la misteriosa expresión hispalense.  Los inspectores Jiménez y Villanueva se enfrentan en la sexta edición de la saga –“El enigma del evangelio Triana” (El Paseo)- que arrancó con “El Asesino de la Regañá” –y que ha sido adaptada a TV y teatro- “a un secreto que ni el del Código Da Vinci”. Julio Muñoz desentraña los secretos de la hermandad Serva la Bari, guardiana de las esencias de la sevillanía, en la búsqueda de un documento apócrifo que develaría los verdaderos hechos y lugares de la vida de Cristo y las ocultas razones por los que la Gracia se ha mantenido firme en Sevilla.

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“Tengan cuidado ahí fuera”

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Juanma Moreno, séptimo presidente de la Junta de Andalucía, sexto sin contar el período preautonómico. Foto de la cuenta personal del Twitter de @JuanMa_Moreno

En el intervalo de tiempo que arquea dos veces la ceja izquierda, Arenas -al que le dan la enhorabuena a la entrada, como a los suegros en las bodas- ya ha ubicado a todo el espectro parlamentario, ujieres incluidos y hasta a Sor Úrsula, el fantasma del antiguo Hospital de las Cinco Llagas. También a los periodistas. “Te había visto fuera y no nos hemos saludado”, señala, entre la advertencia y el halago. Arenas, de hecho, es un maestro en el arte del mantener el equilibrio entre el palo y la zanahoria. “También te he visto a ti, ni lo dudes, y también sé quién eres tú (o como poco, tiene que parecer que sé quién eres tú porque aunque tú no te creas importante, o sí, para mí todo detalle es importante y, en el peor de los casos, por si acaso)”, sería la traducción libre a las freudianas maneras. Arenas, que por momentos mira al infinito de sus adentros como un matemático buscando el origen del cero, se sienta al lado de José Caballos, con trienios en el Parlamento como para llamarle John Horses y encargarle una banda sonora a Ennio Morricone. Dos cabezas privilegiadas al lado. Caballos fue quien mandó al destierro de Madrid a Susana Díaz cuando ésta todavía no tenía consejeros áulicos, áureos ni máximos que alimentaran su mesianismo. Del combate federal con Pedro Sánchez a esta parte, a Susana le pasó lo que a Cuéllar en el Betis. Se fueron o se quisieron ir -que no es lo mismo, pero es igual- y a la vuelta ya no eran los mismos a ojos de la gente porque, de hecho, no eran los mismos. Lo escribió Sabina y lo cantó mejor que nadie Ana Belén: “En Macondo comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”. Susana Díaz, acebrada y hermosa como una Dolorosa, entró por un lateral del Parlamento, en un principio desapercibida, a las 12 horas y 27 minutos, hablando de “responsabilidad” y presentándose como “la garantía de la defensa de la igualdad”. Dos minutos antes, a las 12:25 horas, Juanma Moreno apareció en escena, arrullado por un enjambre de medios, mostrándose “muy ilusionado” en “un día para la esperanza y la ilusión”. Cientos de personas, mujeres en su mayoría, alentadas por el PSOE, Podemos, IU, los sindicatos y colectivos sociales y hasta por el Gobierno en funciones, ya protestaban a las puertas del Parlamento contra la “dictadura patriarcal”. “No era el momento”,  señaló Moreno.

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“Boxeo”. “Más boxeo”. “Hoy nos ha dado por el boxeo”: doble homenaje a El Correo en el Parlamento

“Boxeo”. «Más boxeo». «Hoy nos ha dado por el boxeo». El Parlamento aprobó una declaración institucional en apoyo a los trabajadores de El Correo de Andalucía –el tercer periódico más antiguo de España tras el Faro de Vigo y el Diario de Cádiz– ante un ERE que supondría su desaparición y, en el desarrollo del debate, rememoró los históricos cintillos de Pepe Guzmán en las páginas de Deportes. «Mi idea de la vida es la siguiente página, el siguiente párrafo, la siguiente oración», decía Bukowski. Lo que aplicado al político supone «el siguiente Pleno» o, en su defecto, «el siguiente mitin». En épocas preelectorales, ambos escenarios se confunden. Aparte del intercambio de golpes entre políticos, la jornada dejó un anunció: la reunión entre la ministra Montero y el consejero Arellano para abordar la financiación prometida por Pedro Sánchez será el 8 de octubre.

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Entre la mitología y la demagogia

La reforma del sistema de financiación se ha convertido en el principal argumento del PSOE de cara a unas hipotéticas elecciones. La Junta, que abrió un frente común con todos los agentes sociales tras la derrota de Susana Díaz en las primarias socialistas, urge a la reforma. Los tiempos, no obstante, no coinciden con los argumentos que van esgrimiendo los diferentes expertos que se citan desde el 13 de septiembre en el grupo de trabajo abierto en el Parlamento. Mientras los políticos hablan de puertas para afuera de la urgencia de la reforma, de puertas para adentro, los técnicos describen la anatomía del hipotético cambio del sistema de financiación con los rasgos de un animal mitológico.

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