Futurama (o el mañana)

Máquinas que piensan como hombres. Hombres que piensan y sienten como máquinas (como siempre, o sea). Teléfonos móviles que proyectan imágenes holográficas al hablar y que sirven de mando para la televisión, donde, de una u otra manera, siguen Matías Prats y Ana Blanco dando el telediario y, por supuesto, siguen Los Simpsons, temporada 358. Como toda la vida de dios.

Aparatos domésticos que lanzan un haz visual con la imagen de los seres queridos que ya se fueron, como si siguieran vivos y perduraran más allá de la memoria. Cadenas musicales con las que, al apretar un botón, U2 –el grupo clásico que dejaron los años de antes la colonización humana de varios satélites y pseudoplanetas- o los Beatles –que siguen siendo eternos- se aparecen en el salón de casa y dan un concierto. Juntos o por separado. Raphael, Rodolfo Chikilicuatre, Demiss Roussos y Michael Jackson son grandes mitos, por cierto.

Hombres casados con máquinas con apariencia humana: unos robots –se puede elegir rostro y medidas, incluso copias de personas si éstas han vendido sus derechos de imagen- que realizan el acto sexual mecánicamente -también está la opción del sexo virtual- sumisamente, sonríen, les gusta el fútbol, cocinan y durante las conversaciones asienten cada tres segundos. El producto más vendido durante más de medio siglo. La publicidad decía: “Lo que usted busca. Si se cansa, sólo tiene que darle al botón de ‘stand by’. Si se casa, se arruina”. Lo mismo que antes de la colonización humana de varios pseudoplanetas y satélites, pero con el ahorro de discusiones y divorcios. Lo mismo que antes, pero con la posibilidad de tener al lado a alguien con la cara de Sara Montiel en sus tiempos mozos, el trasero de Belén Esteban –que ha pasado a la historia como el paradigma del talento del ser humano-, la cintura de María Dolores de Cospedal o Shakira, y los pechos, por ejemplo, de Marujita Díaz –galardonada con varios premios Grammy póstumamente-.

Máquinas que niegan que son máquinas y aseguran ser hombres, igual que hay hombres que no lo son y creen serlo y máquinas que inventan máquinas y Juegos Olímpicos de hombres; de máquinas; y de hombres y máquinas. En natación, siempre gana Michael Phelps. Este año, Michael Phelps Jr., tataratarataranieto del nadador que ganó ocho oros en Pekín 2008. Al parecer, la marihuana,que se vende en los estancos desde el 2117, es el secreto. La mejor es la marihuana del águila.

Multinacionales textiles de la marca Camps, que adquirió la firma Zara tras el éxito de sus trajes. La gran sensación es el esmoquin Aznar, una prenda que resalta los abdominales y el bigote. Y el pantalón vaquero “Lady Gaga”. “Para marcar paquete”, dice el anuncio.

El mono es una especie protegida en Gibraltar, por lo que los llanitos temen que se cumpla la leyenda y el Peñón retome la titularidad española, el Estado más meridional de los Estados Unidos de Europa, que se anexionó a la antigua Portugal recuperando el nombre de Iberia tras el affaire a principios del siglo XXI entre José Luis Rodríguez Zapatero, que siempre se declaró afrancesado y con talante, y Carla Bruni, que siempre se confesó polígama. La titularidad de Mallorca la comparten la Little Bretaña (un país que ha menguado) y Alemania. En Estados Unidos, después de un siglo, un candidato blanco, la gran minoría étnica, opta a la Casa Blanca. Palestina existe. Geográficamente, está en lo que en el siglo XX se denominaba Groenlandia. El inglés, el francés, el español, el chino y el togolés son idiomas obligatorios en todo el mundo conocido. El tongolés es el lenguaje para los negocios poco lícitos. La Academia Rumsfeld es la mejor para aprenderlo.

Los desnudos de Scarlett Johannson compiten en precio de venta con los clásicos del siglo XX de Marilyn Monroe, María Teresa Fernández de la Vega, Nicolás Sarkozy, Isabel II de Inglaterra, Cayetana James-Stuart y Federico Trillo Figueroa. Los periódicos en papel existen. Son obligatorios en las escuelas, universidades, bibliotecas, taxis, autobuses, metros y bares. El consumidor medio, no obstante, se informa a través de los diarios electrónicos y los móviles. Con los libros ha pasado igual. “Los hombres que no amaban a las mujeres” se ha equiparado como clásico de la literatura a “El Quijote”. En Iberia, un nuevo premio literario ha irrumpido con poderío. Por supuesto, de la editorial Planeta, que se fusionó con Prisa justo antes del fin de la crisis de los medios de comunicación. El certamen, que ha mermado la popularidad del Premio Nadal, se denomina Premio Federer.

Los terremotos –que en el siglo XXI alcanzaron una frecuencia semanal- se controlan mediante la dinamo gravitacional. Con este método, también se disuelven las tormentas y los huracanes. Naciones Unidas tiene su titularidad, aunque la primacía de los países africanos se deja sentir en las decisiones. Los países ricos del siglo XXI aceptaron, por así decirlo, el poder de África por un periodo similar al que han vivido en la pobreza para mantener la riqueza de un tercio del mundo. Llevan un año así. Así que quedan, en principio, más de veinte siglos de capitalidad mundial en el hemisferio sur.

La energía atómica es, junto a la solar y la eólica, la gran fuente de energía mundial. En el 2006, se consiguió la energía de fisión a partir de una determinada masa crítica de elementos de núcleo inestable. Es más, los humanoides funcionan con una pequeña batería de energía nuclear. El agua es un producto totalmente diferente a lo que se conocía como H20. El agua natural es un producto de lujo. Las grandes masas de población subsisten con agua desalinizada y Casera blanca, aunque en la antigua dehesa rusa siguen prefiriendo el vodka. Coca-Cola, ahogada por las deudas, entre anexionarse a Pepsi o buscar otra salida, optó por “huir hacia adelante” y en 2054 compró la antigua Cruzcampo. Actualmente, la Cruzcampo fresquita es la bebida más consumida del mundo.

En las farmacias venden “virus saludables”, nacidos de la ingeniería genética. Se trata de virus que infectan selectivamente las células que se desea para destruirlas –como los tumores- o para introducir en ellas un código genético. Así se combate el envejecimiento –la esperanza de vida son 120 años y la jubilación se aplazó a los 80 años con la nueva Ley Fraga- o los resfriados -que no gripes- A, B o C. La medicina psicológica patentó los reguladores emocionales, unos principios farmacológicos que inhiben o estimulan las emociones. El válium del siglo XXII. La mayoría de la población es calva; y la mitad estéril, curiosamente, la que guarda mayor parecido con Obélix, es decir, los ciudadanos obesos. Existen cabinas de autosuicidio, que fueron muy usadas durante la gran crisis del año 2082, muy similar a la de 2009. En la actualidad, los periodistas son los principales usuarios de esta tecnología. Es lenta y dolorosa. Hay quien dice que les recuerda a su profesión. Ellos hablan de “muerte vocacional”.

En el 2111, se colonizó un satélite hallado en la Galaxia de Andrómeda. “Un pequeño paso para el hombre pero un gran paso para la humanidad”, dijo, tras hacer unas fotos, el astronauta chino que pisó la nueva luna. (Los chinos lo copian todo, sí). Cuando llegaron los norteamericanos, mucho más peliculeros, dijeron: “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”. Los chinos, que ya estaban allí, hicieron una foto y siguieron con lo suyo, aunque, tras varias películas, en la Tierra aún hay quien cree que los primeros pobladores del espacio fueron los americanos.

El satélite fue bautizado como 月亮, que se lee “Mulejos” y, en español quiere decir, “a tomar por culo de lejos”. Aquello es Benidorm en sus buenos tiempos, pero a lo bestia y con microclima. En sus inicios, todo el mundo se tumbaba en las costas de “Mulejos” con su traje de astronauta de neopreno. Posteriormente, se colonizaron más satélites y pseudoplanetas. Se exterminó toda forma humana de estos lugares que no tuviera pechos. Fue “en defensa propia”, según Naciones Unidas. Algunos “marineros de las estrellas” intentaron formalizar relaciones con las formas de vida exterior y con pechos. La Iglesia , ahora bajo el mandato de Benedicto LIII, sigue sin elecciones en el Vaticano, niega que los curas tengan erecciones y censura este tipo de uniones. Como desde que San Pablo, el autor intelectual, lanzara la empresa y como en el siglo XXI. Como toda la vida de dios, o sea.

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Sábado de Feria, bulla de Jueves Santo

Sevilla 13-04-08 Portada de Feria Apagandose Foto: Manuel Olmedo

La portada de la Feria. Todos los derechos (e incluso los zurdos) de Manuel Olmedo: http://manuelolmedofotografo.blogspot.com.es/

El flúor no mata a las bacterias, esos microorganismos capaces de romper la parte más dura del cuerpo humano, pero refuerza el esmalte. La Feria de Abril no mata la tristeza y el tedio de los días, pero refuerza las ganas de vivir. El sábado de Feria, día de San Constantino –el emperador romano que legalizó el cristianismo en el 313, capicúa– miles de personas recorrieron la avenida de Juan Pablo II camino del milagro pagano de la alegría, en la jornada, con diferencia, de más afluencia de público y con más carruajes por el Real este año.

A la misma hora en que Zacarías Mateos, «titulado en rayos x», recorría el puente del Generalísimo con paso militar para escribir su evangelio de cada año por sevillanas y acabar escuchando por la noche a alguna voz amiga decir «Zacarías, levántate y anda para casa», Francisco Javier Rodríguez, peluquero, barbero, para los más viejos del lugar, se percató de que estaba sin cuchillas de afeitar en casa mientras se limpiaba los dientes con un dentífrico blanqueador con flúor y se arreglaba para recoger a su novia, Sonia, que vive en Gelves y estrena –por fin el tiempo lo permite– el traje de flamenca que le ha hecho su madre inspirándose en el Simof.

Cuando Javi encontró a Mari, su suegra, ya iba con bulla porque había quedado sin éxito con un vecino, Rafael, para ir juntos al Real de Los Remedios, pero se pensó si decirle, otra vez –suegra no hay más que una–, lo bonito que es el traje de gitana que le ha hecho a su hija.

A esa hora, «bulla» ya resultaba un sustantivo inadecuado para describir la cantidad de personas que había en la Feria. A esa hora, 14:41, capicúa, los puentes de Sevilla eran ríos de gente y el recinto ferial quince calles Resolana el jueves de «Madrugá», pero con el nombre de toreros señeros.

A esa hora, Zacarías –que trabaja en una ortopedia en Córdoba, en la que no venden corazones de respuesto para cuando le duele la querencia de sus raíces–, Javi –que anda «de gestorías» arreglando papeles para regalar una oportunidad en el primer mundo y que una peluquera argentina cambie el Río de La Plata por lo que queda del oro del Guadalquivir– y su vecino Rafael –que procura sacar la cabeza por encima del manantial oscuro del euríbor para no ahogarse en los números rojos– ya parafraseaban en la Feria, conociéndose pero sin encontrarse, a Díaz-Cañabate en «Historia de una taberna»: «No entran las desgracias; entran los desgraciados».

Una panorámica aérea del Real de Los Remedios demostraría que ayer todo el mundo estaba allí. Este año, la Feria ganó a la playa. Eduardo Dávila Miura y familia tomando una tapa bajo la pañoleta de una caseta. Cientos de flamencas, con el blanco nuclear y el moreno uva como estampa más repetida de la temporada ferial primavera-Rocío 2008. Hasta Mickey Mouse, Goofy y Winnie the Pooh estaban en las esquinas de cada calle vendiendo flores y recuerdos.

También se veía a algún sevillanito que a las patillas a lo Curro Jiménez le sumó el tupé a lo Elvis Presley. El que no se sabe si viene o si va, no porque sea gallego, sino porque va «listo (de) fino». El sevillano que alaba las bondades de los zapatos Pikolinos en el itinerario de la avenida de Las Razas a la Feria, donde caben todas las etnias. Alguna mujer oriental, con menos suerte que los dibujos de Disney, a la que se le saltaban las lágrimas junto a los puestos de gofres de la calle del Infierno porque varios agentes nacionales, cumpliendo con su deber con la cabeza gacha y salvando a los ciudadanos de un gran peligro, requisaban su caja de cartón con flores de plástico, como algunas conciencias.

Hasta indios había en el Real. Tocando música, junto a la portada del Costurero de la Reina; y en plan «mimo» -«échale una moneda al Jerónimo y verás el salto que pega», advertía una señora– entre las calles Chicuelo y Bombita.

La Feria, después de la semiclausura por el tiempo, se doctoró en el arte de la bulla y la multiplicación del espacio de la caseta, el vino, los panes y el «pescaíto». Por fin, las únicas gabardinas las llevaban las gambas y el Real, todo el día, volvió a ser ese espectáculo vital intrascendente en el que trascienden las vivencias para que, en estos tiempos de ansiolíticos, antidepresivos y gente narcotizada, lo que tenga que doler, duela, y los ratos de alegría se recuerden todo el año.