Ruido (cuñados)

Spiderman tenía a los seis siniestros. Octopus, Electro, El Buitre, el Hombre de Arena, Mysterio y Kraven. España tiene a sus «cuñados». Echenique, Rufián, Girauta, Olona, Hernando o Calvo son punto y aparte en lo suyo, que no está muy claro qué es, porque abarca todo, y ni siquiera importaría si no afectara a tantos. Así se llamen Monedero, el crédito es limitado. En la distancia corta, migan la galleta en el café y hasta le piden una foto al camarero. Son entrañables fuera del personaje. Primus inter pares de una legión de opinadores de lo humano y lo divino. Alguno hasta tiene sobrenombre, como «Spiriman». A veces se juntan varios en tertulias televisivas y se descubren galaxias. Los medios somos responsables, en algún momento, de convertir en posibles superhéroes a presuntos supervillanos, como avisó J. J. Jameson. La contrapartida y trastienda de una de las máximas de Gómez y Méndez: «Manchar, manchar», que en el argot plumilla se traduce en que hay que rellenar páginas, aun haciendo equilibrismos sobre el primer mandamiento de Ben Parker. «Todo gran poder conlleva una gran responsabilidad». Poner el foco en determinados personajes es como darle a un mono de Gibraltar dos pistolas. O como poner a Amparo Rubiales al frente de las redes sociales de Amnistía Internacional. La ciudadanía siempre es inocente, acostumbrada al trato como menor de edad y con tendencia a la compra de crecepelos baratos. Belén Esteban tiene más predicamento que Escohotado, Savater, Marina y Lledó juntos. Los 4 fantásticos. «Vivir sin leer es peligroso, te obliga a creer en lo que te digan», decía Mafalda a Felipe. «Tu inmadurez es superlativa para tu edad», sentenciaba Inma Cuesta a Quim Gutiérrez en el filme de Sánchez Arévalo. Entre «Primos» (que se llamaba la película) y cuñados se gangrena la concordia patria. Lo dijo Azaña: si en España se dedicara un segundo a hablar de lo que cada uno sabe, se haría un gran silencio que permitiría pensar. Nuestros antitéticos vecinos de Portugal, que falan tan callado, han decretado el «estado de calamidad». En España viene de serie. Avisan Krastev y Przeworski: hay caminos sin retorno y con peaje. Europa viene diciendo lo que Sabina al introducir el tema que compuso con Pedro Guerra. Si viviéramos encima de una discoteca, los dueños ya habrían llamado a la Policía. Entre cuñados y primos, demasiado ruido (para tan poquitas nueces). El oído es el último sentido que se pierde antes de morir.

“El sitio de mi recreo”

Maradona, Sabrina, la Guerra Fría, esa sensación de que todo se podía ir al carajo en cualquier momento. Ese vivir como un semáforo en ámbar que dio paso a la modorra del verde y al rojo de ahora con (casi) todo prohibido. Hasta abrazarse. Es probable que el mejor momento de la historia de la humanidad -que me perdonen Da Vinci y Miguel Ángel- sea la década de los 80. A mí me pilló con chupete, y hasta los cuatro o cinco años me resistía a dejarlo. Mamón de serie que era uno. Con chupete y casi pañales pero con la vista siete años más allá por la influencia de mis hermanos. Así que era como un bebé de 15 años, en lugar de cinco. Cabrón e inocente -hacía que les echaran la culpa de todo a ellos y prevalecía mi presunción de inocencia- a un tiempo. Del barrilete cósmico a los pechos con querencia de Houdini de Salerno una Nochevieja eterna. Las empanadillas de Móstoles y Roxette. “Seré tu amante, bandido“. Pasando por “La vuelta al mundo en 80 días”, “Érase una vez la vida”, la Quinta del Buitre, Gordillo, Platini, Van Basten, Gullit, Rijkaard (que increíblemente lo he escrito bien sin mirarlo) y Baresi. Las faltas de Koeman y los pases de Laudrup hasta llegar a Romario y descubrir la noche. Desde 2020 con su giros de guión (con tilde, como en aquella década) y el corazón encogido en plan “Lost”, los 80 se antojan el culmen crepuscular de la humanidad. No por “la Movida” -que fue un invento de niños bien de Madrid-, aunque dejó un puñado de grupos espectaculares. “Me asomo a la ventana” y es la memoria de ayer, “jugando con las flores de mi jardín”. El primer casette de “Hombres G” y el cine de verano de la calle Lepanto poniendo “Sufre, mamón” después de alguna de Astérix. En los 80 confluyeron todos los factores para que -y perdón a Velázquez, Murillo, Cervantes, Lope, Quevedo y Góngora- el mundo fuera un lugar maravilloso (al menos por estos lares que nos tocaron vivir en suerte) en tanto -y quizás sobre todo por eso- estaba cargado de esperanza y milagros por descubrir. La magia de la primera vez. La primera vez de verdad, sin haberlo visto antes por internet, sin Wikipedia ni YouTube. El discurrir del mundo mientras se cargaba una cinta del Amstrad o el Spectrum. En mi casa había una réplica de Atari, una ventana a un universo de píxeles muertos. El VHS y los vinilos sin postureo. “El Equipo A”, “El Coche Fantástico”, “El Halcón Callejero”, “MacGyver“, “El gran héroe americano“, “MASH”, “Los Goonies”, “ET”, “Indiana Jones”, “Regreso al Futuro”, “El chip Prodigioso”. David Bowie. “El Pájaro Espino”, “Autopista hacia el Cielo” y “Falcon Crest”. Los Tente y los Airgam Boys . Los muñecos de He-Man con las piernas de Rivaldo, “Por el poder de Kreyskull”. El juego de la lima y el palodú. Arconada, Zubizarreta, Buyo, Pumpido y el coche de Dasáyev en la fosa del Rectorado. Camarón y Silvio el rockero gritando “Viva la Benemérita”. La canción que nunca más podrá tocar Sam, entre otras cosas porque la cita de “Casablanca” es apócrifa -«Play it once» y «Play it, Sam»– y porque desde Heráclito se sabe que no te puedes bañar dos veces en el mismo río y que por más que tumbes la bombona para apurarla, el agua al final va a salir fría. “El sitio de mi recreo”.

Rotondas (resiliencia)

No estábamos preparados, en nuestro cómodo mirador con estrés y vistas al spleen, para 2020. Cuando el septiembre previo cogimos piojos y nos vimos con un gorro de papel Albal, como Joaquin Phoenix en «Señales», no identificamos el peligro. Nunca imaginaste tanta impotencia y fracaso como cuando la abuela, de la mano, con dolor más allá de la morfina, te miró a los ojos y eras incapaz de mentir un «todo va a salir bien». Nunca creíste nada más difícil que contar al abuelo en los retornos del alzhéimer que la abuela había muerto. «Qué buena era. Ya descansó». Una primera vez en bucle y sin anestesia. Sísifo, protagonista de «Up». Tampoco estabas listo, un par de años después, para soportar la frustración de elegir entre aparcar tu vida o aparcar al abuelo en una residencia. Ni para cerrar sus ojos en un lecho de muerte y sábanas blancas sin monedas para la laguna Estigia. No estábamos preparados para el recorte de abrazos y la muerte sin velatorio. Las dos Españas, esquizofrenia del alma patria, entre el pecho lobo de Simón y las mechas de Aznar. Las fiestas Covid y los sepelios asintomáticos. Antigénos, obra apócrifa de Jenofonte. Nadie te prepara en este mundo cuqui, trasunto de la felicidad, para explicar a un niño que mamá y papá ya no se quieren, repartir los gatos, exiliarte del tiempo, ser apátrida y emérito. La vida sin puntos suspensivos. Salir de un confinamiento matando un ruiseñor. Ahí comprendes de golpe la cara de tu padre cuando con acné y sin barba decías que la vida en realidad es sencilla. El tiempo del tango de Gardel para descifrar un rostro como una aparición en Bélmez. Aquel silencio era el poema de Gil de Biedma y la vida, al fin, «iba en serio». Lo escuchaste en una venta en La Puebla del Río, frente a un arroz con pato, mucho antes del coronavirus y del mosquito del Nilo. «Ahora estás en una rotonda, aún puedes elegir hacia dónde tirar», le decía un padre a su hijo, de la vida. La UE anuncia planes Marshall y de súbito volveremos a ser la Silicon Valley de Europa, la California del Viejo Mundo, por más que no llegáramos ni a Las Vegas o Disneylworld. La vida de nuevo ante una gran rotonda para elegir destino, y ni tenemos claro el carril o el intermitente. Ya mismo van a estar los ayuntamientos levantando aceras y poniendo glorietas a este valle de lágrimas en los párpados y silicona en los pómulos. Joaquin Phoenix ahora tiene un Oscar con cara de Jóker. Mafalda viste luto y Enrique Ponce saca disco enamorado. Ya si eso, vamos a salir mejor.

La revolución de los Cayetanos: entre “Paseando a Miss Daisy” y “la disyuntiva Tony Leblanc”

Del barrio de Salamanca a la Plaza de España de Sevilla hay 535,4 kilómetros. Más de un centenar de personas -la jornada anterior fue más de medio millar, de la Palmera a San Telmo y también en Nervión- volvió a salir en Sevilla a las calles, guardando la distancia en la medida de las posibilidades, con mascarilla y cacerolas algunos, como signos identificativos, y banderas de España, para protestar por la gestión de la crisis del coronavirus por parte del Gobierno de Pedro Sánchez y por la prolongación del Estado de Alarma. En la zona de Santa Justa San Pablo se oyó el grito, al ritmo de las cacerolas, de “Sánchez, vete ya”. También se cantó “Libertad” y “Gobierno, dimisión”.

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“Otros tiempos”: Felipe, Guerra, Griñán y Chaves

«Es usted un gran fotógrafo pero también un gran hijo de puta», le espetó Fraga a Pablo Juliá tras retratar al líder de Alianza Popular con un cartel que rezaba «Vota PSOE». El histórico reportero gráfico, potenciado al abrigo del socialismo, expone en la Casa de la Provincia de Sevilla la memoria fotográfica y sentimental de una época. Juliá fue testigo directo de la historia de España y Andalucía durante la Transición. De hecho, el gaditano formaba parte del clan de la histórica foto de la tortilla –de la que se confiesa «harto» ante la maestría de Luis Sánchez-Moliní– que él mismo preparó – «Hacer una foto no es darle a un botón»– y disparó Manuel del Valle. El ex presidente del Gobierno de España, Felipe González –y el presidente de la Diputación de Sevilla, Fernando Rodríguez Villalobos, con el propio Juliá–, acudió al enclave donde se expone la muestra «Otros tiempos» para la presentación de su Fundación, rodeado de lo más granado del socialismo añejo. Reaparecieron Chaves y Griñán, también Magdalena Álvarez, desaparecidos de la vida pública, sobre todo el segundo, tras la sentencia de los ERE. Una hora antes, en la Facultad de Filología, el ex vicepresidente Alfonso Guerra participó en el acto «Al pie de la letra». Felipismo y Guerrismo en bucle y la historia del socialismo andaluz se mezclaron en torno a la muestra de Juliá con instantáneas de un tiempo y una época en la que la democracia y el estado de bienestar estaban por nacer. De la mencionada foto de la tortilla a los niños fumando en la calle o las prostitutas de la Alameda de Hércules. Según Juliá, Felipe González y Alfonso Guerra estaban unidos por la lucha contra la dictadura pero «personalmente no se entendían». Ni para elegir una película. Chaves y Griñán en otro tiempo sí fueron de compartir veladas en el cine. La sucesión en la Junta de Andalucía y en el PSOE-A los distanció pero durante el juicio en el que resultaron condenados se produjo cierto acercamiento. Ambos esperan el recurso ante el Tribunal Supremo.

Después del “Terexit”

El «Terexit», la escisión de los Anticapitalistas de Podemos, por más que esperado, dibuja un escenario incierto. Teresa Rodríguez explicó las razones de la separación, apuntando al objetivo de construir «un sujeto político propio andaluz» mirándose en el espejo de En Comú Podem de Ada Colau. «Alguien tiene que coger la bandera de Andalucía» porque «los andaluces estamos haciendo el tonto». La todavía líder de Podemos Andalucía anunció el objetivo de crear un partido nacionalista andaluz en la estela de las organizaciones vascas, gallegas, catalanas «y hasta de Teruel», que tienen representación en el Congreso y «consiguen poner sus legítimos intereses en el centro del debate político». La segunda causa de disolución, la gota que colmó el vaso, ha sido el pacto con el PSOE para formar Gobierno. Ahora, según el acuerdo con Pablo Iglesias, Teresa Rodríguez y los 10 diputados de su cuerda continuarán en Adelante en el Parlamento, pese a la separación, y el objetivo de Rodríguez es potenciar esta marca común aunque todavía –dijo– no ha hablado con IU, también socio de Gobierno con Pedro Sánchez. Rodríguez tenía una perfecta sintonía con el ex coordinador de la coalición Antonio Maíllo, aunque desde su entorno se criticó el «chiringuito» montado por no estar de acuerdo con la mayoría. Su sucesor, Toni Valero, anunció que no renunciará a su espacio en Adelante y señaló que Podemos es su socio prioritario, más aún cuando ahora gobiernan juntos, aunque tendiendo la mano a la incorporación de «otras fuerzas» a la izquierda del PSOE. Entre el sector anticapitalista y el de IU hay tensión en la Cámara.

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“¿Qué socio?”: Susana Díaz al modo del comisario Renault

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Susana Díaz, durante el balance del primer año de Gobierno de PP y Cs. Foto del PSOE-A

Se atribuye al canciller alemán Gerhard Schröder el aforismo: «Tengo pocos principios, pero, eso sí, flexibles». Unai Emery, en la cuerda floja antes de conseguir tres títulos europeos, lo condensó: «Yo no voy a morir con mis ideas». La secretaría general del PSOE-A, Susana Díaz, hizo balance del primer año de Gobierno de PP y Cs en la Junta, en lo que se mostró muy crítica sobre todo con la Sanidad; reiteró con convicción que se ve con fuerzas sobradas «y todas las ganas del mundo» para seguir liderando el partido en Andalucía; y valoró, displicente y por momentos complaciente, las últimas decisiones del nuevo Ejecutivo de Pedro Sánchez, sus pactos de gobernabilidad y las relaciones con Podemos a escala nacional. Susana Díaz ha pasado de encabezar la revuelta de los barones contra Pedro Sánchez en el infausto septiembre de 2016 a apoyar a su entonces enemigo junto al primer secretario del PSC, Miquel Iceta, en el Congreso durante la investidura. Sobre la designación de la ex ministra Dolores Delgado como Fiscal General, Susana Díaz destacó «su valía y trayectoria notoria», sin dudar de su «entrega y compromiso» como «anteriormente» en otros cargos. De lleno en el acuerdo de Pedro Sánchez con las fuerzas separatistas, Susana Díaz, al modo del comisario Renault en “Casablanca”, negó la mayor: «¿Qué socio? Se abstuvieron», dijo.

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“El dolor vendrá después”

MO Susana Diaz, ante la Interparlamentaria del PSOE-A 055

Susana Díaz, en el Parlamento de Andalucía. Foto de Manuel Olmedo

A pesar de contar con cuatro (más uno de Unidas Podemos, Alberto Garzón) ministros andaluces (la vicepresidenta Carmen Calvo; María Jesús Montero en Hacienda y la portavocía; Luis Planas en Agricultura; y el sevillano Juan Carlos Campo en Justicia), cerca del 25% del Ejecutivo (sin contar a los socios comunistas), el predicamento del PSOE-A en el nuevo Ejecutivo de Pedro Sánchez es nulo. Lo citó Aitor Esteban en su cinéfila alocución –a la que le faltó recurrir a «El golpe»– durante la investidura: «No estamos en el fin del mundo pero desde aquí se ve» («Thelma & Louise»). El axioma colindante con la sucesión en Andalucía se completa con la cita del Rey a Pedro Sánchez tras la promesa del cargo: «El dolor vendrá después». El debate de investidura transcurrió con la presencia de Susana Díaz –presa de batallas pretéritas y de sus palabras: «Los votos de los andaluces no servirán para pagar privilegios a Colau», por ejemplo– en la grada junto a Iceta mientras su «enemigo íntimo», Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, vicepresidente del Congreso, por «el azar y el apoyo» de sus compañeros» se convertía «casualmente» en «el diputado 166 del desempate» para hacer a Pedro Sánchez presidente. Una vez conformado el Gobierno, Ferraz ya no tiene excusas para abordar el cambio de ciclo en la comunidad, con los sectores críticos pujantes en provincias como Sevilla, Málaga, Huelva y Jaén. El nombramiento de María Jesús Montero como portavoz se interpreta en los mentideros como un paso casi definitivo para que sea candidata a la Presidencia de la Junta –de hecho, PP y Cs en Andalucía llevan meses haciendo oposición a esta opción, con su reprobación en el Parlamento, primero, y las críticas al ajuste en las cuentas por el déficit heredado de su etapa después–. No obstante, fuentes socialistas apuntan que esta opción no está cerrada. Desde Ferraz se deslizó a modo de liebre el nombre del diputado jiennense Felipe Sicilia como posibilidad. El alcalde de Sevilla, que no repetirá como candidato en la capital al sumar dos mandatos al término del actual, puede ser el tapado. La investidura coincidió con los 38 años –casi el tiempo que el PSOE gobernó Andalucía– del estreno de la mítica serie «Fame», cuyo cita más célebre era «la fama cuesta». El tiempo de la tregua toca a su fin y las partes tienen claro que la sucesión andaluza, tras deslizarse la salida de Díaz mediante la vía de un nombramiento y descartarlo el PSOE-A confirmando que irá a las primarias, también costará y se venderá cara.

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“No digas que fue un sueño”

La “spanish revolution» cumplió hace diez días ocho años. Dos legislaturas han pasado del hito del 15M, con sus acampadas, y de la masiva manifestación el 29 de mayo de 2011 que supuso un punto de inflexión en la política y las calles. Entonces, se gritaba «No somos antisistema, el sistema es antinosotros». Y algo de cierto debía ser porque el gentío, en aquellas protestas, respetaba hasta el sentido de la circulación al tomar las rotondas a pie con las calles cortadas al tráfico. El escenario de mucho de los actores que participaron en aquellas marchas ha cambiado. Teresa Rodríguez, entonces en las plazas pero ya con carrera previa como anticapitalista en IU, ahora es la líder de la confluencia de izquierdas en Andalucía y la mínima piedra en el zapato del devenir de Podemos a escala nacional. De los fundadores del partido apenas queda Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero. Jesús Maeztu, que también participó en esa marcha a título particular, en 2011 era el Comisionado para el Polígono Sur. Este año repetirá como Defensor del Pueblo andaluz, con un Gobierno de diferente signo político en la Junta por primera vez en 37 años. Paradójicamente, lo que se suponía un movimiento transversal pero con origen en la izquierda ha dado lugar a un Ejecutivo en la Junta con dos partidos de centro-derecha (respetando la definición propia que hace cada formación, en la que caben múltiples matices) y el apoyo parlamentario externo de un grupo de derecha radical. “Verdadera”, se proclama Vox. La revolución del 15M emparentó, como símbolo, con las tiendas de campaña Quechua que llenaron las plazas. La gran virtud de este elemento es su bajo coste y su facilidad para el montaje. Lo complicado es el desmontaje. En el caso de la “spanish revolution”, como el azucarillo, se ha deshecho aparentemente solo y el nutrido grupo de descontentos –entre los 400.000 y los 600.000 votos- ha virado a Vox. La transversalidad, literalmente, resulta innegable. Sigue leyendo

El Gobierno del cambio, la bandera de Mozambique y el cortisol

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El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, desde la barrera. Foto de su cuenta personal de Twitter.

Sólo hay una bandera en el mundo –Mozambique– que incluye entre sus símbolos un kalashnikov. El Gobierno «del cambio» ha gozado de los 100 días de gracia y el fin de la tregua política coincide con el varapalo electoral al PP del pasado 28A. El cortisol es una hormona clave para la supervivencia. El homo sapiens 3.0 vive en un estado de alerta permanente. El organismo, para sobrevivir, sobresaltado, manda señales al hipotálamo y activa otras zonas cerebrales. Así comienza una respuesta involuntaria del organismo a través de señales hormonales y nerviosas. Es lo que se conoce como estrés. Tras ello, las glándulas suprarrenales liberan adrenalina y el cortisol, que no es malo pero en exceso es contraproducente. Las elecciones del 28A han supuesto el principal test de estrés para el Gobierno del cambio. Sigue leyendo