Teresa y Susana, diferentemente iguales: la muñeca rusa, un concurso de dibujos para el 28F y un Gobierno sin oposición

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Juanma Moreno y Luis Rubiales con la Copa del Rey. Imagen de la cuenta de Twitter del presidente andaluz

«El antílope no necesita ser más rápido que el depredador para sobrevivir. Le basta con correr más que los otros antílopes», reza un proverbio africano. Juanma Moreno encara el 40 aniversario del 28F con la bandera del andalucismo en una mano y en la otra el sable de la confrontación a cuenta de la financiación –la política del Ministerio de Hacienda es terreno abonado al agravio– y de la igualdad entre los territorios de España. Juanma Moreno ha pasado en poco más de un año de estar a las puertas de una gestora para el partido a gobernar sin oposición por parte de las formaciones de izquierda –con los de la derecha mantiene un pacto parlamentario, en un caso, y de gobierno, en otro– por incomparecencia. Del «Andaluz, éste no es tu referéndum» que lastró a la derecha durante cuatro décadas se ha pasado a un presidente popular con imagen moderada y centrista, pese al acuerdo con Vox, y lazo doblemente verde –por Andalucía y por el ecologismo– en la solapa defendiendo los intereses de la región en Bruselas en tanto el PSOE-A convoca un concurso de dibujos escolares para el 28F y Adelante Andalucía se fagocita en su última aventura de corte trotskista.

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“Otros tiempos”: Felipe, Guerra, Griñán y Chaves

«Es usted un gran fotógrafo pero también un gran hijo de puta», le espetó Fraga a Pablo Juliá tras retratar al líder de Alianza Popular con un cartel que rezaba «Vota PSOE». El histórico reportero gráfico, potenciado al abrigo del socialismo, expone en la Casa de la Provincia de Sevilla la memoria fotográfica y sentimental de una época. Juliá fue testigo directo de la historia de España y Andalucía durante la Transición. De hecho, el gaditano formaba parte del clan de la histórica foto de la tortilla –de la que se confiesa «harto» ante la maestría de Luis Sánchez-Moliní– que él mismo preparó – «Hacer una foto no es darle a un botón»– y disparó Manuel del Valle. El ex presidente del Gobierno de España, Felipe González –y el presidente de la Diputación de Sevilla, Fernando Rodríguez Villalobos, con el propio Juliá–, acudió al enclave donde se expone la muestra «Otros tiempos» para la presentación de su Fundación, rodeado de lo más granado del socialismo añejo. Reaparecieron Chaves y Griñán, también Magdalena Álvarez, desaparecidos de la vida pública, sobre todo el segundo, tras la sentencia de los ERE. Una hora antes, en la Facultad de Filología, el ex vicepresidente Alfonso Guerra participó en el acto «Al pie de la letra». Felipismo y Guerrismo en bucle y la historia del socialismo andaluz se mezclaron en torno a la muestra de Juliá con instantáneas de un tiempo y una época en la que la democracia y el estado de bienestar estaban por nacer. De la mencionada foto de la tortilla a los niños fumando en la calle o las prostitutas de la Alameda de Hércules. Según Juliá, Felipe González y Alfonso Guerra estaban unidos por la lucha contra la dictadura pero «personalmente no se entendían». Ni para elegir una película. Chaves y Griñán en otro tiempo sí fueron de compartir veladas en el cine. La sucesión en la Junta de Andalucía y en el PSOE-A los distanció pero durante el juicio en el que resultaron condenados se produjo cierto acercamiento. Ambos esperan el recurso ante el Tribunal Supremo.

Después del “Terexit”

El «Terexit», la escisión de los Anticapitalistas de Podemos, por más que esperado, dibuja un escenario incierto. Teresa Rodríguez explicó las razones de la separación, apuntando al objetivo de construir «un sujeto político propio andaluz» mirándose en el espejo de En Comú Podem de Ada Colau. «Alguien tiene que coger la bandera de Andalucía» porque «los andaluces estamos haciendo el tonto». La todavía líder de Podemos Andalucía anunció el objetivo de crear un partido nacionalista andaluz en la estela de las organizaciones vascas, gallegas, catalanas «y hasta de Teruel», que tienen representación en el Congreso y «consiguen poner sus legítimos intereses en el centro del debate político». La segunda causa de disolución, la gota que colmó el vaso, ha sido el pacto con el PSOE para formar Gobierno. Ahora, según el acuerdo con Pablo Iglesias, Teresa Rodríguez y los 10 diputados de su cuerda continuarán en Adelante en el Parlamento, pese a la separación, y el objetivo de Rodríguez es potenciar esta marca común aunque todavía –dijo– no ha hablado con IU, también socio de Gobierno con Pedro Sánchez. Rodríguez tenía una perfecta sintonía con el ex coordinador de la coalición Antonio Maíllo, aunque desde su entorno se criticó el «chiringuito» montado por no estar de acuerdo con la mayoría. Su sucesor, Toni Valero, anunció que no renunciará a su espacio en Adelante y señaló que Podemos es su socio prioritario, más aún cuando ahora gobiernan juntos, aunque tendiendo la mano a la incorporación de «otras fuerzas» a la izquierda del PSOE. Entre el sector anticapitalista y el de IU hay tensión en la Cámara.

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Espadas y el síndrome del “pato cojo”

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El alcalde de Sevilla, Juan Espadas. Imagen de su cuenta de Twitter.

Juan Espadas ha entrado de lleno en la categoría de «pato cojo» al ponerse «al servicio» de su partido en la sucesión de Susana Díaz. El primer uso del término «pato cojo» se atribuye a la Bolsa de Londres en 1761 y, según la carta de Horace Walpole a Sir Horace Mann, se refería a «un especulador que adquiere unas opciones de compra a las que no puede hacer frente». En el mercado están por un lado «los toros» (bulls), que son los que apuestan al alza; «los osos» (bears), que van a la baja; y el «pato cojo», que es aquel que no puede seguir el ritmo del grupo y cae presa de los depredadores. El portavoz municipal del PP, Beltrán Pérez, se lo recordó a Espadas en el minuto 1 de levantar la mano para el relevo: «Sevilla necesita y merece un alcalde 24 horas al día», lo que evocó, históricamente, a cuando, tras la muerte de Lincoln, el presidente Johnson le dijo al secretario del Senado, el coronel Forney, que no quería discutir con «patos muertos». Espadas, al que se le acusa de «quietista» en sus políticas pero de rápido instinto de supervivencia, respondió: «Queda alcalde para rato». Un «pato cojo» es, pues, alguien que no puede hacer frente a sus deudas. Con su movimiento en falso, ya sea hacia el liderazgo del PSOE-A o en relación a la Alcaldía, Espadas se desdibuja como «dead duck» en alguno de los frentes, corriendo el riesgo de perder el pulso de la calle y confundirse con el decorado, como cuando negó esta semana uno de los principales problemas de la capital: «Las viviendas turísticas no han expulsado a vecinos del centro».

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El as de Espadas en la manga

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Juan Espadas, junto a, entre otros, su número 2 (con permiso de Cabrera) Antonio Muñoz, “inaugurando” un ascensor / Imagen de la cuenta de Twitter del alcalde de Sevilla

«Suela y labia, Juan», le aconsejó Alfonso Guerra a Juan Espadas. Al munícipe se le tilda de «quietista» aunque sin alharacas ha reeditado mandato y ha sabido apaciguar la amplia dualidad del imaginario hispalense. Tampoco tiene grandes enemigos en el PSOE ni alianzas orgánicas, como Montero. Fue designado por Griñán en plena descomposición de la etapa de Monteseirín, casi puesto a los pies de los caballos del «efecto Zoido», un momento político concreto en plena crisis que alcanzó –inédito desde Del Valle– una aplastante mayoría absoluta en Plaza Nueva. Espadas aceptó ponerse delante como candidato cumpliendo el encargo envenenado, aún sabiendo que sus opciones eran más que nimias y –algo que forma parte de su identidad– siguió creyendo o se convenció de que había que creer. Cuando en 2011 parecía que Zoido era una hidra electoral de tres cabezas, Espadas mantuvo la calma.Cuando a Zoido le paraba toda Sevilla en el Corpus como  si fuera Obama reencarnado en Fregenal de la Sierra y se apostaba por una era en la capital andaluza sin contestación y casi eterna similar a la de Teófila Martínez en Cádiz, Espadas barruntaba: «Esto es muy largo». Cuatro años después, era alcalde. A favor de Espadas entonces y ahora en las aspiraciones a liderar el PSOE-A, una vez que ratificó que no sujetará el bastón de mando municipal más de ocho años, está su capacidad para ganarse a los adversarios a ambos lados del espectro político, ya sea pactando con Cs o con la marca blanca de Podemos. El regidor de Sevilla no tiene prejuicios a la hora de buscar sinergias o aplaudir a un histórico alcalde popular como Francisco de la Torre en Málaga. Ahí radica uno de sus pluses respecto a Susana Díaz, en cuyo regazo se movió políticamente en su primer mandato y de la que se ha sabido distanciar en tanto que la ex presidenta fue cayendo en desgracia. A Espadas no le gustó que Susana Díaz le impusiera recolocaciones tras la caída de San Telmo en el Ayuntamiento hispalense, a modo de delfines sucesorios, como la ex consejera Sonia Gaya.

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“¿Qué socio?”: Susana Díaz al modo del comisario Renault

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Susana Díaz, durante el balance del primer año de Gobierno de PP y Cs. Foto del PSOE-A

Se atribuye al canciller alemán Gerhard Schröder el aforismo: «Tengo pocos principios, pero, eso sí, flexibles». Unai Emery, en la cuerda floja antes de conseguir tres títulos europeos, lo condensó: «Yo no voy a morir con mis ideas». La secretaría general del PSOE-A, Susana Díaz, hizo balance del primer año de Gobierno de PP y Cs en la Junta, en lo que se mostró muy crítica sobre todo con la Sanidad; reiteró con convicción que se ve con fuerzas sobradas «y todas las ganas del mundo» para seguir liderando el partido en Andalucía; y valoró, displicente y por momentos complaciente, las últimas decisiones del nuevo Ejecutivo de Pedro Sánchez, sus pactos de gobernabilidad y las relaciones con Podemos a escala nacional. Susana Díaz ha pasado de encabezar la revuelta de los barones contra Pedro Sánchez en el infausto septiembre de 2016 a apoyar a su entonces enemigo junto al primer secretario del PSC, Miquel Iceta, en el Congreso durante la investidura. Sobre la designación de la ex ministra Dolores Delgado como Fiscal General, Susana Díaz destacó «su valía y trayectoria notoria», sin dudar de su «entrega y compromiso» como «anteriormente» en otros cargos. De lleno en el acuerdo de Pedro Sánchez con las fuerzas separatistas, Susana Díaz, al modo del comisario Renault en “Casablanca”, negó la mayor: «¿Qué socio? Se abstuvieron», dijo.

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“El dolor vendrá después”

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Susana Díaz, en el Parlamento de Andalucía. Foto de Manuel Olmedo

A pesar de contar con cuatro (más uno de Unidas Podemos, Alberto Garzón) ministros andaluces (la vicepresidenta Carmen Calvo; María Jesús Montero en Hacienda y la portavocía; Luis Planas en Agricultura; y el sevillano Juan Carlos Campo en Justicia), cerca del 25% del Ejecutivo (sin contar a los socios comunistas), el predicamento del PSOE-A en el nuevo Ejecutivo de Pedro Sánchez es nulo. Lo citó Aitor Esteban en su cinéfila alocución –a la que le faltó recurrir a «El golpe»– durante la investidura: «No estamos en el fin del mundo pero desde aquí se ve» («Thelma & Louise»). El axioma colindante con la sucesión en Andalucía se completa con la cita del Rey a Pedro Sánchez tras la promesa del cargo: «El dolor vendrá después». El debate de investidura transcurrió con la presencia de Susana Díaz –presa de batallas pretéritas y de sus palabras: «Los votos de los andaluces no servirán para pagar privilegios a Colau», por ejemplo– en la grada junto a Iceta mientras su «enemigo íntimo», Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, vicepresidente del Congreso, por «el azar y el apoyo» de sus compañeros» se convertía «casualmente» en «el diputado 166 del desempate» para hacer a Pedro Sánchez presidente. Una vez conformado el Gobierno, Ferraz ya no tiene excusas para abordar el cambio de ciclo en la comunidad, con los sectores críticos pujantes en provincias como Sevilla, Málaga, Huelva y Jaén. El nombramiento de María Jesús Montero como portavoz se interpreta en los mentideros como un paso casi definitivo para que sea candidata a la Presidencia de la Junta –de hecho, PP y Cs en Andalucía llevan meses haciendo oposición a esta opción, con su reprobación en el Parlamento, primero, y las críticas al ajuste en las cuentas por el déficit heredado de su etapa después–. No obstante, fuentes socialistas apuntan que esta opción no está cerrada. Desde Ferraz se deslizó a modo de liebre el nombre del diputado jiennense Felipe Sicilia como posibilidad. El alcalde de Sevilla, que no repetirá como candidato en la capital al sumar dos mandatos al término del actual, puede ser el tapado. La investidura coincidió con los 38 años –casi el tiempo que el PSOE gobernó Andalucía– del estreno de la mítica serie «Fame», cuyo cita más célebre era «la fama cuesta». El tiempo de la tregua toca a su fin y las partes tienen claro que la sucesión andaluza, tras deslizarse la salida de Díaz mediante la vía de un nombramiento y descartarlo el PSOE-A confirmando que irá a las primarias, también costará y se venderá cara.

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«Cien años de soledad» en el PSOE andaluz

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Susana Díaz, ante el abismo. Foto de su cuenta de Twitter

Apenas un año y un mes antes, en plena campaña de las autonómicas, en la sede del PP-A, como en los bares cofrades, se contaban los días al revés. «Faltan 33 días para el cambio», anunciaba un cartel con la foto del hoy presidente de la Junta. El entonces candidato popular, en cuatro años de oposición, echó canas y cambió el estilo de sus zapatos (las borlas por el sport, los calcetines a rayas). Apenas una manzana le acompañaba para la travesía sobre la mesa del despacho junto al portátil. A Newton le bastó para hacer historia. A Juanma Moreno, también. «La región involucionará, iremos a recesión en menos de un año, se disparará el gasto público y se va a politizar todo mucho más», vaticinaba sobre un hipotético gobierno «socialcomunista». Un año después preside una comunidad «bloqueada», sin posibilidad de salir a financiarse a los mercados por incumplimientos heredados. Su posición débil en el partido ahora es de fuerza, convertido en el principal barón junto a Feijóo y en la cara amable del «cambio». La fontanería se reserva para Bendodo, vicepresidente de facto –a Juan Marín ya le ha traicionado varias veces el subconsciente– y convertido en la bestia negra de la oposición como el consejero con más influencia que se recuerda en la Junta, salvando las distancias, desde los mejores años de Zarrías. La mano derecha de Chaves pasaba por promesa como carrilero colchonero y el malagueño es corredor de fondo.

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Sanidad, pronóstico reservado; oposición, cuidados intensivos

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El consejero de Salud y Familias de la Junta de Andalucía, Jesús Aguirre, en el Pleno monográfico sobre Sanidad. Foto del Parlamento de Andalucía .

La jornada previa se cumplieron 37 años –el tiempo que el PSOE gobernó la Junta– de «Acorralado» pero el Pleno monográfico sobre Sanidad dejó indemne al consejero del ramo, Jesús Aguirre, quien acabó citando el «No es lo mismo» de Alejandro Sanz –a la postre, sobrino del histórico socialista Luis Pizarro–. Aunque el guión de la oposición, las protestas de los sanitarios y la erosión del consejero a cuenta, principalmente, de sus declaraciones y la crisis de la listeria –aunque en San Telmo lo que más escuece son las transfusiones de fondos de última hora– prometían una jornada de suspense en las Cinco Llagas, el debate viró hacia el género de terror bajo el síndrome de «Candyman», en cuya trama sólo aparece el monstruo al otro lado del espejo si se menciona tres veces. Aguirre se acordó de la ahora ministra Montero –el estreno de «La princesa prometida» cumplió 32 años– en varias ocasiones a cuenta del bloqueo de las cuentas que impide la salida a los mercados y mentó –55 años de «La pantera rosa»– «el caso ERE». Con los 680 millones cifrados en la condena de Chaves, Griñán y otra veintena de cargos socialistas que comprenden una década de gobiernos, «se podrían hacer 37 hospitales de alta resolución o lograr la equiparación salarial». Ante la petición de dimisión del portavoz socialista José Fiscal, se defendió Aguirre: «¿Y no debería dimitir Susana Díaz por los ERE? ¿Y usted dónde estaba?». Aguirre «desencadenado».

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Un «atentado a la inteligencia», un epitafio político, un «castigo» (y una ausencia)

En la política como en la física no existe el vacío. De la hecatombe de la sentencia de los ERE, el Parlamento pasó sin solución de continuidad a la comisión de investigación de la Faffe, en la que se investiga el fin y el uso de la extinta fundación judicializada por el presunto enchufismo y los gastos en comilonas, fiestas y puticlubs con cargo al erario público. Con el eco aún presente de la tensión con Chaves a horas de las elecciones y el paso del dueño del Don Angelo, comparecieron los ex consejeros Antonio Ávila, José Antonio Viera y Manuel Recio. El también ex titular de Empleo Antonio Fernández no acudió alegando que no le llegó la citación, como hicieran el propio Griñán o la misma Susana Díaz.

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