“¿Qué socio?”: Susana Díaz al modo del comisario Renault

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Susana Díaz, durante el balance del primer año de Gobierno de PP y Cs. Foto del PSOE-A

Se atribuye al canciller alemán Gerhard Schröder el aforismo: «Tengo pocos principios, pero, eso sí, flexibles». Unai Emery, en la cuerda floja antes de conseguir tres títulos europeos, lo condensó: «Yo no voy a morir con mis ideas». La secretaría general del PSOE-A, Susana Díaz, hizo balance del primer año de Gobierno de PP y Cs en la Junta, en lo que se mostró muy crítica sobre todo con la Sanidad; reiteró con convicción que se ve con fuerzas sobradas «y todas las ganas del mundo» para seguir liderando el partido en Andalucía; y valoró, displicente y por momentos complaciente, las últimas decisiones del nuevo Ejecutivo de Pedro Sánchez, sus pactos de gobernabilidad y las relaciones con Podemos a escala nacional. Susana Díaz ha pasado de encabezar la revuelta de los barones contra Pedro Sánchez en el infausto septiembre de 2016 a apoyar a su entonces enemigo junto al primer secretario del PSC, Miquel Iceta, en el Congreso durante la investidura. Sobre la designación de la ex ministra Dolores Delgado como Fiscal General, Susana Díaz destacó «su valía y trayectoria notoria», sin dudar de su «entrega y compromiso» como «anteriormente» en otros cargos. De lleno en el acuerdo de Pedro Sánchez con las fuerzas separatistas, Susana Díaz, al modo del comisario Renault en “Casablanca”, negó la mayor: «¿Qué socio? Se abstuvieron», dijo.

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“El dolor vendrá después”

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Susana Díaz, en el Parlamento de Andalucía. Foto de Manuel Olmedo

A pesar de contar con cuatro (más uno de Unidas Podemos, Alberto Garzón) ministros andaluces (la vicepresidenta Carmen Calvo; María Jesús Montero en Hacienda y la portavocía; Luis Planas en Agricultura; y el sevillano Juan Carlos Campo en Justicia), cerca del 25% del Ejecutivo (sin contar a los socios comunistas), el predicamento del PSOE-A en el nuevo Ejecutivo de Pedro Sánchez es nulo. Lo citó Aitor Esteban en su cinéfila alocución –a la que le faltó recurrir a «El golpe»– durante la investidura: «No estamos en el fin del mundo pero desde aquí se ve» («Thelma & Louise»). El axioma colindante con la sucesión en Andalucía se completa con la cita del Rey a Pedro Sánchez tras la promesa del cargo: «El dolor vendrá después». El debate de investidura transcurrió con la presencia de Susana Díaz –presa de batallas pretéritas y de sus palabras: «Los votos de los andaluces no servirán para pagar privilegios a Colau», por ejemplo– en la grada junto a Iceta mientras su «enemigo íntimo», Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, vicepresidente del Congreso, por «el azar y el apoyo» de sus compañeros» se convertía «casualmente» en «el diputado 166 del desempate» para hacer a Pedro Sánchez presidente. Una vez conformado el Gobierno, Ferraz ya no tiene excusas para abordar el cambio de ciclo en la comunidad, con los sectores críticos pujantes en provincias como Sevilla, Málaga, Huelva y Jaén. El nombramiento de María Jesús Montero como portavoz se interpreta en los mentideros como un paso casi definitivo para que sea candidata a la Presidencia de la Junta –de hecho, PP y Cs en Andalucía llevan meses haciendo oposición a esta opción, con su reprobación en el Parlamento, primero, y las críticas al ajuste en las cuentas por el déficit heredado de su etapa después–. No obstante, fuentes socialistas apuntan que esta opción no está cerrada. Desde Ferraz se deslizó a modo de liebre el nombre del diputado jiennense Felipe Sicilia como posibilidad. El alcalde de Sevilla, que no repetirá como candidato en la capital al sumar dos mandatos al término del actual, puede ser el tapado. La investidura coincidió con los 38 años –casi el tiempo que el PSOE gobernó Andalucía– del estreno de la mítica serie «Fame», cuyo cita más célebre era «la fama cuesta». El tiempo de la tregua toca a su fin y las partes tienen claro que la sucesión andaluza, tras deslizarse la salida de Díaz mediante la vía de un nombramiento y descartarlo el PSOE-A confirmando que irá a las primarias, también costará y se venderá cara.

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«Cien años de soledad» en el PSOE andaluz

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Susana Díaz, ante el abismo. Foto de su cuenta de Twitter

Apenas un año y un mes antes, en plena campaña de las autonómicas, en la sede del PP-A, como en los bares cofrades, se contaban los días al revés. «Faltan 33 días para el cambio», anunciaba un cartel con la foto del hoy presidente de la Junta. El entonces candidato popular, en cuatro años de oposición, echó canas y cambió el estilo de sus zapatos (las borlas por el sport, los calcetines a rayas). Apenas una manzana le acompañaba para la travesía sobre la mesa del despacho junto al portátil. A Newton le bastó para hacer historia. A Juanma Moreno, también. «La región involucionará, iremos a recesión en menos de un año, se disparará el gasto público y se va a politizar todo mucho más», vaticinaba sobre un hipotético gobierno «socialcomunista». Un año después preside una comunidad «bloqueada», sin posibilidad de salir a financiarse a los mercados por incumplimientos heredados. Su posición débil en el partido ahora es de fuerza, convertido en el principal barón junto a Feijóo y en la cara amable del «cambio». La fontanería se reserva para Bendodo, vicepresidente de facto –a Juan Marín ya le ha traicionado varias veces el subconsciente– y convertido en la bestia negra de la oposición como el consejero con más influencia que se recuerda en la Junta, salvando las distancias, desde los mejores años de Zarrías. La mano derecha de Chaves pasaba por promesa como carrilero colchonero y el malagueño es corredor de fondo.

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Sanidad, pronóstico reservado; oposición, cuidados intensivos

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El consejero de Salud y Familias de la Junta de Andalucía, Jesús Aguirre, en el Pleno monográfico sobre Sanidad. Foto del Parlamento de Andalucía .

La jornada previa se cumplieron 37 años –el tiempo que el PSOE gobernó la Junta– de «Acorralado» pero el Pleno monográfico sobre Sanidad dejó indemne al consejero del ramo, Jesús Aguirre, quien acabó citando el «No es lo mismo» de Alejandro Sanz –a la postre, sobrino del histórico socialista Luis Pizarro–. Aunque el guión de la oposición, las protestas de los sanitarios y la erosión del consejero a cuenta, principalmente, de sus declaraciones y la crisis de la listeria –aunque en San Telmo lo que más escuece son las transfusiones de fondos de última hora– prometían una jornada de suspense en las Cinco Llagas, el debate viró hacia el género de terror bajo el síndrome de «Candyman», en cuya trama sólo aparece el monstruo al otro lado del espejo si se menciona tres veces. Aguirre se acordó de la ahora ministra Montero –el estreno de «La princesa prometida» cumplió 32 años– en varias ocasiones a cuenta del bloqueo de las cuentas que impide la salida a los mercados y mentó –55 años de «La pantera rosa»– «el caso ERE». Con los 680 millones cifrados en la condena de Chaves, Griñán y otra veintena de cargos socialistas que comprenden una década de gobiernos, «se podrían hacer 37 hospitales de alta resolución o lograr la equiparación salarial». Ante la petición de dimisión del portavoz socialista José Fiscal, se defendió Aguirre: «¿Y no debería dimitir Susana Díaz por los ERE? ¿Y usted dónde estaba?». Aguirre «desencadenado».

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Un «atentado a la inteligencia», un epitafio político, un «castigo» (y una ausencia)

En la política como en la física no existe el vacío. De la hecatombe de la sentencia de los ERE, el Parlamento pasó sin solución de continuidad a la comisión de investigación de la Faffe, en la que se investiga el fin y el uso de la extinta fundación judicializada por el presunto enchufismo y los gastos en comilonas, fiestas y puticlubs con cargo al erario público. Con el eco aún presente de la tensión con Chaves a horas de las elecciones y el paso del dueño del Don Angelo, comparecieron los ex consejeros Antonio Ávila, José Antonio Viera y Manuel Recio. El también ex titular de Empleo Antonio Fernández no acudió alegando que no le llegó la citación, como hicieran el propio Griñán o la misma Susana Díaz.

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Espantadas, silencios y «bares de copas»

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El presidente de la Comisión de Investigación Fundación Andaluza Fondo de Formación y Empleo (Faffe) y el ex presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves. Foto del Parlamento de Andalucía

En caso de aceptar la definición del Don Angelo como «bar de copas», como declaró su dueño, se pueden aceptar las sesiones preelectorales en la Cámara andaluza como una acepción de comisión de investigación. Tras dos jornadas transcurridas, la búsqueda del esclarecimiento del enchufismo en la Faffe por parte del PSOE, el paradero de los fondos distraídos y el gasto a través de «tarjetas black» en prostíbulos –hechos que investiga la justicia– ha derivado en un simulacro que arrancó con la convocatoria en campaña y siguió con el enfrentamiento con el ex presidente Chaves y su salida abrupta de la sesión tras acogerse a su derecho a no declarar. Se postergó con la reiteración de esta estrategia –Chaves llevaba su escrito en una carpeta del PSOE– de lamento y posterior silencio por parte de los ex consejeros de Empleo Javier Carnero y José Sánchez Maldonado y del ex titular de Economía Antonio Ramírez de Arellano. Los ex presidentes Griñán y Susana Díaz y la ministra de Hacienda y ex consejera María Jesús Montero directamente no asistieron, los primeros alegando que no les llegó la citación en tiempo y forma y la segunda en base a un dictamen al que ya se acogió Fátima Báñez en la comisión de los cursos de formación. Sólo declaró el dueño del prostíbulo, ya clausurado como también la Faffe, negando la mayor cuando fue preguntado directamente por la actividad de su negocio. José Ruiz García rechazó que se le tomaran imágenes, echó fuera todos los balones posibles y señaló como «habitual» por parte de sus clientes el gasto de alrededor de 15.000 euros en el local en marzo de 2010. El empresario de la noche confirmó los hechos, pero no los autores sin evitar incurrir en flagrantes contradicciones.

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Radiografía de la década ominosa

«Era un político puro –como señalaba Cercas de Suárez en «Anatomía de un instante»– y un político puro no abandona el poder: lo echan». Era un Domingo de Ramos de hace (mañana) una década, con las redacciones de costero a costero, cuando los teletipos marcaron en rojo la marcha de Manuel Chaves de la Junta. La permanencia en el poder del PSOE sobrevivió a la caída del Muro de Berlín pero no a la salida del que parecía presidente vitalicio. Griñán postergó la debacle, con aquella «mayoría relativa» y «fracaso absoluto» de Arenas –que titularon las portadas– y Susana Díaz conservó la inercia del poder tras romper el pacto con IU y negociar con Cs en 2015. Chaves, que parecía nacido para cabalgar la eternidad de la Junta, acabó descabalgado de la historia, como el PSOE-A, a raíz de aquella salida súbita hacia la Vicepresidencia del Gobierno –poco después de inaugurar el Metro de Sevilla– y que no se explica sin la irrupción y erosión del «caso ERE».

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La «paradoja naranja»

LA PARADOJA NARANJA

En la anterior campaña autonómica, Rivera ya se presentaba como Prometeo de la nueva Transición e igual citaba a Adolfo Suárez que a Alfonso Guerra. Entonces, Ciudadanos aparecía como un partido de centro pero sus guiños lo situaban en el centro-izquierda, más aún en Andalucía, donde el electorado se sitúa en el centro –30,9% según el Egopa– aunque los resultados autonómicos denotan una clara querencia zurda. En la presente precampaña, sobre todo tras la irrupción de Pablo Casado como líder del PP, la formación naranja, después de una legislatura apoyando al Gobierno socialista de la Junta, ha dado un golpe de timón: un viraje hacia el centro-derecha. La paradoja naranja radica en que, estadística y matemáticamente, para una formación que predica la necesidad de «un cambio» después de 40 años de gobiernos socialistas, toda posibilidad de alternancia en la Junta pasa, ante la imposibilidad empírica de una mayoría absoluta, por captar votos en el caladero del PSOE-A y Cs, usando un símil muy del gusto de Rivera, ha tirado la caña al caladero popular. La suma Cs-PP, de producirse un trasvase de votos de un partido a otro, resulta inocua ante la fortaleza del suelo electoral de la formación de Susana Díaz. «El antílope no necesita ser más rápido que el depredador para sobrevivir. Le basta con ser más rápido que los otros antílopes», reza un proverbio africano.

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Telémaco de las Cinco Llagas

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Maíllo regresa a las aulas. Imagen de su cuenta personal de Twitter.

“Yo sé de derrotas”, admitió Antonio Maíllo alguna vez en el Parlamento de Andalucía. Tampoco se le caían los anillos al reconocer que las moquetas de palacio –la primera línea de la política- producen adicción. “Claro que engancha. Aquí se vive muy bien”, venía a decir. El coordinador general de IULV-CA presenta la dimisión sin ambages ni tutelajes para el relevo. “Se puede luchar contra el sistema, pero no contra la biología”, proclamó.

La última intervención de Maíllo en la Cámara ya tuvo algo de despedida, cuando se cumplían 30 años y un día del estreno de “La última cruzada”. Fue en la sesión de control al presidente, el día después a que el Gobierno andaluz salvase una bola de partido con la enmienda a la totalidad de Vox. El propio Juanma Moreno y los portavoces de los grupos que componen el Ejecutivo le reconocieron la valía y la brillantez a Maíllo. El portavoz de Adelante Andalucía avisó: “Está banalizando el mal”, con el pacto con Vox. La última intervención de Maíllo resume y condensa al orador. Ácido, mordaz, culto e inteligente. “Sólo el penitente pasará”, le dice Sean Connery a Harrison Ford en busca del cáliz de la eternidad. “El penitente se arrodilla ante Dios”. Ese día, Maíllo llevaba la misma camisa, la misma chaqueta azul, el mismo pantalón marrón y el mismo cinturón. “Hoy es siempre todavía”, concluyó. Sigue leyendo

“No digas que fue un sueño”

La “spanish revolution» cumplió hace diez días ocho años. Dos legislaturas han pasado del hito del 15M, con sus acampadas, y de la masiva manifestación el 29 de mayo de 2011 que supuso un punto de inflexión en la política y las calles. Entonces, se gritaba «No somos antisistema, el sistema es antinosotros». Y algo de cierto debía ser porque el gentío, en aquellas protestas, respetaba hasta el sentido de la circulación al tomar las rotondas a pie con las calles cortadas al tráfico. El escenario de mucho de los actores que participaron en aquellas marchas ha cambiado. Teresa Rodríguez, entonces en las plazas pero ya con carrera previa como anticapitalista en IU, ahora es la líder de la confluencia de izquierdas en Andalucía y la mínima piedra en el zapato del devenir de Podemos a escala nacional. De los fundadores del partido apenas queda Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero. Jesús Maeztu, que también participó en esa marcha a título particular, en 2011 era el Comisionado para el Polígono Sur. Este año repetirá como Defensor del Pueblo andaluz, con un Gobierno de diferente signo político en la Junta por primera vez en 37 años. Paradójicamente, lo que se suponía un movimiento transversal pero con origen en la izquierda ha dado lugar a un Ejecutivo en la Junta con dos partidos de centro-derecha (respetando la definición propia que hace cada formación, en la que caben múltiples matices) y el apoyo parlamentario externo de un grupo de derecha radical. “Verdadera”, se proclama Vox. La revolución del 15M emparentó, como símbolo, con las tiendas de campaña Quechua que llenaron las plazas. La gran virtud de este elemento es su bajo coste y su facilidad para el montaje. Lo complicado es el desmontaje. En el caso de la “spanish revolution”, como el azucarillo, se ha deshecho aparentemente solo y el nutrido grupo de descontentos –entre los 400.000 y los 600.000 votos- ha virado a Vox. La transversalidad, literalmente, resulta innegable. Sigue leyendo