Poder

Captura de la entrevista a Pablo Iglesias en “Salvados” de LaSexta

Hará para dos décadas que el flamante portavoz de Aznar, Pío Cabanillas, con el pelazo que gastaba, ofreció una conferencia en Sevilla y señaló, entre contoneos Pantene, que, aún sentándose en el Consejo de Ministros, no veía «el poder» ni se consideraba parte del mismo. El poder, ese ente místico. En LaSexta, con su melena en moño, el vicepresidente de la 13º economía del mundo antes de la pandemia y octava antes de la crisis del ladrillo señaló, con voz bajita, vicervérsicamente impostada, que en España hay una «democracia limitada». Iglesias se presentó como la anciana de 87 años que se quedó esta semana encerrada en un bazar chino de Torrelavega y no sabía qué hacer. «Los dueños de bancos y grandes empresas tienen más poder que yo y nadie les votó». Iglesias se quejó de «las presiones» y de que, incluso, a veces «los lobbys» convencían –«Vade retro, Satanás»– a los ministros. Cuando el primer teniente de alcalde de Sevilla, el comunista Torrijos, pasó a la oposición en 2011 con la llegada de Zoido a la Alcaldía, en una de sus prolijas respuestas, junto a un retrato de La Pasionaria y cuando la salud y los arreones de la jueza Alaya aún le permitían fumar en pipa, reconocía sin tapujos que lo que más echaba de menos era «el poder». El poder de manejar un Presupuesto. Decidir por dónde iba el carril bici. La potestad de arreglar una acera. En la oposición, proponía pero no iba a ningún lado, como los tranvías que proyectan ahora los planes de Espadas. Iglesias pasó de politólogo a político diciendo que el sistema jamás permitiría a un partido como Podemos y a un líder como él estar en el Gobierno. Ahora que está en el Gobierno, Iglesias, desde sus homilías ateas toca las campanas pero no percibe la luz divina, igual porque en HBO no hay serie sobre la cosa. De paso, eso sí, como quien no repara en ello, pone en bandeja de plata un argumentario de libro a los abogados del fugado Puigdemont ante Bruselas: hasta el vicepresidente del país considera que es un exiliado político, comparable a los del franquismo, y –«ya que no me lo pregunta», pensaría– mucho más digno que un Borbón. Cuando Rajoy era presidente, era indecente e inmoral que se permitiera el abuso de la factura de la luz. Ahora que el sueño más húmero de cualquiera pasa por la posibilidad furtiva de un fornicio remotamente parecido al de la factura de la electricidad con la cuenta del banco, Iglesias se declara asintomático del poder y su partido hace parábolas con los aguacates para explicarlo. Como avanzó Hobbes, el frutero es un lobo para el hombre. Las palabras de Iglesias con semblante de Palpatine son ya como Trump apretando el botón rojo de la Coca-Cola mientras imaginaba Hiroshima y Nagasaki. Es la primera vez en la historia de España en la que se le cuelan a los abuelos en una cola, en este caso para las vacunas del Covid. Empezó con un señor de Murcia, como Ninette. También por primera vez, el propio Gobierno tiene a la oposición en las mismas entrañas y Carmen Calvo –«Una tipa muy culta»– cualquier día hace de Teniente Ripley. Hace años un «youtuber» con más voluntad que talento le preguntó a Iglesias: «¿Usted exactamente a qué dice que se dedica?». Y, como el precio de la luz, la pregunta se ha quedado en el aire.

«Dos hombres y un destino»

La conexión entre el consejero de Presidencia y Marín fue inmediata, al punto de que al líder de Cs en Andalucía en más de una rueda de prensa posterior al Consejo de Gobierno se le ha escapado «un vicepresidente» al referirse al portavoz. Marín ha anunciado con dos años de adelanto y precisión de relojero que se presentará a las primarias de su partido, después de que Inés Arrimadas eludiese ratificarlo y recordase que el partido se rige por este sistema para la elección de candidatos. En Andalucía, Cs está dividido en dos facciones. Se da la circunstancia de que Marín es de facto el hombre con más poder institucional de la formación. El vicepresidente ya omite la posibilidad de ir a los comicios con el PP. Su compañero Bendodo, en Twitter, dejó un mensaje: «Con Juan Marín, codo con codo frente a la pandemia». En el último Pleno citó «Dos hombres y un destino» en referencia a Fiscal y Conejo. «Salvar al soldado Ryan» con el tiempo, en el género bélico, se viene convirtiendo también en película de culto.

El discurso del Rey

Foto: @CasaReal

La palabra «Sinsajo» sirve de título a la novela de Suzanne Collins que forma la tercera parte de «Los juegos del hambre» y proviene de los pájaros híbridos que aparecen en la obra y son el cruce de un sinsonte y un charlajo, un pájaro genéticamente alterado por el Capitolio. Se describe a los sinsajos como «un importante símbolo de esperanza y rebelión». Collins compara a la protagonista Katniss con un sinsajo por el hecho de que «nunca debería haber existido». El sinsajo, como Pablo Iglesias, es un ser en contra del sistema pero auspiciado, sobradamente preparado y amamantado por el propio sistema. De la Transición a esta parte, ninguna formación ha manejado la política con más perspectiva que Podemos, el partido que ha levantado la bandera de la antipolítica bajo un doble colchón marxista. De un lado, Karl y la lucha de clases, por más que termine con Carmen Lomana ofreciéndose a planchar las camisas a Monedero; y de otro, Groucho: «Estos son mis principios; pero si no les gustan, tengo otros». La pirotecnia sociopolítica de Podemos busca ahora una fotografía histórica, al estilo de la del «niño con el puño en alto» de la Transición, con la Monarquía. Fue por el Rocío de 2014. Frente a un bar de mala muerte de Camas pero con buenas tostadas y café decente, bajo el coche. Un siamés de semanas, ciego de legañas, arrendatario de parásitos, maullaba sin parar cerca de una colonia callejera desafiante. Era sorprendente porque era un gato de raza, aunque tenía la última vértebra del rabo rota. Igual por eso lo abandonaron. Sobrevivió tras un mes como gato-burbuja. Pasó a llamarse Siete, por motivos obvios de supervivencia. Y como justo en esos días juraba el cargo el Borbón chico y el gato pasaba de vagabundo a vivir a cuerpo de rey, se ganó de sobrenombre Felipe. Desde entonces en España está Felipe VI y el gato (Felipe) Siete, ilegítimo heredero al trono. Y la vida siguió con sus crisis, su comida húmeda y sus Corinnas. El gato, con el tiempo, se convirtió en el mejor amigo que puede tener un hijo. Tiene el cielo ganado. El gato, compañero de juegos y peluche a tiempo completo. Al parecer, el monarca, en el nombre del padre, también. Hubo un tiempo en que España fue «juancarlista» y a los niños se le ponía de nombre Juan Carlos. (Luego se hizo también «felipista», por González, Isidoro en la clandestinidad, pero no hubo tanto Felipe en el padrón). «Los principios morales y éticos nos obligan a todos sin excepciones y están por encima de cualquier consideración, de la naturaleza que sea, incluso de las personales o familiares», dijo el Rey en su discurso. Hay quien echó en falta una foto de familia con “el Bribón” cortado de cuajo. Es bien sabido que en las fotos de Nochebuena es pertinente colocar a las parejas y a los borbones en los laterales, por si hay que meter tijera. Una Constitución sobre la mesa y una foto con la heredera durante el homenaje a las víctimas del Covid, y ya. Igual debió salir Felipe en plan Pantoja y decir aquello de «estoy tan cansado de la familia Rivera» pero con la estirpe borbónica. Al momento del discurso del Rey, el más seguido en años, el clamor fue inmenso y en las cenas se dejó de hablar de Schopenhauer, incluso de Nietzsche, y se pasó al debate Monarquía o República. Los mundos de Pablo. Nada de si se te ha muerto alguien, aunque sea el gato; si te pudiste despedir siquiera; si te has contagiado; si tu empresa está en ERTE o ERE; si estás en paro. Lo vio venir el vicepresidente segundo pero primero padre, marido, amante, crítico de series, periodista en ratos libres, niño en el bautizo, novia en la boda, muerto en el entierro, el puto amo, al fin, el señor Pablo Iglesias, cuyo medio de cabecera -dirigido por señoras cuyos móviles requisa «para protegerlas»- deseó al periodista Chapu Olaizola, colocándolo en la diana al modo de los mejores tiempos del terror en España, una feliz Nochebuena. Dice LaSexta, ese medio tan de derechas, que la monarquía repunta frente a la república y su apoyo sube 20 puntos en tres meses en caso de referéndum. Así las cosas, la evolución natural del ciudadano medio va del republicanismo al nuevo felipismo, en tanto Rafa Nadal no aspire al trono de España. Hay cuestiones elementales a la hora de elegir. ¿A quién le compraría usted un coche usado? ¿A Pedro Sánchez, a Casado, a Pablo Iglesias, a Arrimadas, o al Borbón? ¿Con quién dejaría una tarde a su hijo y a su gato? Con los políticos, futuribles candidatos a presidente de la República, le pasa al pueblo como a Jaime Peñafiel con la Corona -«Es imposible que yo sea monárquico, porque les conozco»- pero a la inversa, por más que la última vértebra del rabo, o del cetro, pueda estar rota.

Pecunio

La segunda ley de la termodinámica señala que un sistema aislado permanece estable o cambia hacia un estado de mayor desorden. El PSOE en general y el andaluz en particular suponen un tratado de física (cuántica) y escasa química entre puntos cardinales. Los platos rotos no se reconstruyen, las sopas tienden a enfriarse y los muertos no vuelven a la vida, salvo en «The walking dead» o en el caso de Pedro Sánchez. Lo de Susana Díaz se acerca más a «El sexto sentido» o «Los otros». Lo «normal» es que el universo tienda al caos. Entropía es el concepto en la termodinámica, sustentado en un principio de tiempo absoluto. No obstante, como pasó en las elecciones del 2D en Andalucía, en ocasiones, un factor inesperado cambia las leyes (del Parlamento, al tiempo con la Memoria Histórica). El factor Vox. O una pandemia. Una moneda al aire de la que depende el destino –entre el fatum y el iter– tanto de Pedro Sánchez como de Susana Díaz y su rol en el presente de España. Todo vuelve al punto de partida pero el reparto de piezas es muy diferente. La lucha intestina entre los «pedristas» y Susana Díaz se evidencia con el paso de los días y, de momento, ni el coronavirus esconde ya las puntas en lanza. Por Huelva, lo dijo Pepe Lugo, entra el agua y andan de catilinarias por un «quítate tú que me ponga yo» en la Diputación. Muchos sueldos dependen del ente supramunicipal y muchos votos de los salarios, que es el nombre que se daba en Roma al «pecunio» –que diría Susana– del jornal al pagarse en la especia que mejor conserva los alimentos y más escuece en las heridas. Ferraz ya amagó en Sevilla con hacer y deshacer en la elección de los presidentes de las diputaciones, lo que supone un golpe de calado al «susanismo». Donde Caraballo, que no Caracalla, lo ha llevado a cabo Pedro, colocando al frente de la gestora a María Luisa Faneca. La particular Cuesta de la Media Fanega de Celis entre Híspalis y Onuba, donde Mario Jiménez acaricia un gato y sonríe cual felino de Cheshire. En la olivarera y manijera Jaén, Ángeles Férriz aplaude la lipogénesis, el fin de la salmuera onubense. «Muchos ratones, pocos agujeros y más ratas que ratones», diagnosticaron desde la calle San Vicente hace ya tiempo. El padre de Joaquín Sabina, según su propia leyenda, lo apuntó en su propio lecho de muerte: «Quisiera yo saber de dónde sacan tanto dinero las diputaciones provinciales». Es tiempo de verdeo.

Susana Díaz y María Luisa Faneca. Foto del PSOE-A

Juanma Moreno y la disyuntiva Vox

El presidente andaluz a su llegada a la reunión del Comité Director de Alertas Palacio de San Telmo. /Foto: Junta de Andalucía

El 2 de diciembre de 2018 el desgaste de casi cuatro décadas de gobiernos socialistas en Andalucía, la merma de los servicios públicos durante la crisis del ladrillo y los casos de corrupción que desembocaron en la punta de icerberg de los ERE propiciaron la tormenta, o carambola, perfecta para que Juanma Moreno se convirtiera en presidente de la Junta. A ello se unía la desconexión de la candidata a la reelección, Susana Díaz, con la calle antes y, sobre todo, durante y después de la guerra fratricida con Pedro Sánchez en la que fue derrotada y retratada.

Sigue leyendo

Pantone

Del caballo mata de los 80 se pasó al «fumar mata» de principios de siglo hasta desembocar, sin solución de continuidad, en «el azúcar mata» presente. Los niños que abrimos los ojos al mundo ante la ingravidez de Maradona y Sabrina jugamos a la lima en las plazas cuando eran montañas de arena en las que te podías encontrar una jeringuilla. En los 80, Delibes era una referencia y en 2020 Coelho es millonario. Igual que hay aerolíneas que venden vuelos a ninguna parte, hay dirigentes que venden políticas a ningún destino. De los aprobados a la carta de Celáa a la gratuidad de las carreras científico-técnicas para mujeres. Lo dijo la ministra Montero: «Desde la educación, tenemos que poder revertir esas tendencias que, sistemáticamente, llevan a las mujeres a preocuparse más de materias relacionadas con los cuidados que con las tecnológicas». Con la pandemia latente, cuando aún desconocíamos el sabor del gel hidroalcohólico en los labios, y en vísperas del 8M, la camarada Montero se presentó en el Rectorado de la Universidad de Sevilla. Proactiva, resiliente y asertiva. Emponderada con sinergia. Y también «cigarrera». La ministra de Igualdad citó en la antigua fábrica de tabacos –cuyo origen desconocía– al gremio de la Carmen de Merimée y Bizet como paradigma de permanecer «unidas en la conquista de derechos». La cita la viene usando Montero antes de ser ministra. En abril de 2019, en Barakaldo. En la moción de censura que desalojó a Rajoy del Gobierno, tras acordarse de Rosa Parks. Entre el cuquismo de celofán de Montero y el nauseabundo «Senado Deluxe» de la ex alcaldesa de Elda, uno es más de Sandra Bullock en «Miss Agente Especial» cuando se hacía pasar por modelo en un certamen y sus compañeras reiteraran la proclama antibelicista. «Qué es lo que fundamentalmente necesita nuestra sociedad». «Debería haber penas más duras para los violadores… y la paz en el mundo». En España no hay un Banksy pero sí pintadas como un evangelio. En Lugo: «Homeless go home». Y la de Alcalá de Guadaíra que nunca debió ser borrada: «Emosido engañado». La ministra Montero, que igual recibe a ‘influencers’ que graba la sororidad en su Ministerio ante una tarta de cumpleaños, en otra cita para la historia señala: «Es un honor que el color morado del feminismo sea también el del horizonte republicano». El cuquismo republicano y el republicanismo cuqui son una máquina de hacer monárquicos. Un Pantone para dominarlos a todos (y a todas, claro que sí, guapi).

Ruido (cuñados)

Spiderman tenía a los seis siniestros. Octopus, Electro, El Buitre, el Hombre de Arena, Mysterio y Kraven. España tiene a sus «cuñados». Echenique, Rufián, Girauta, Olona, Hernando o Calvo son punto y aparte en lo suyo, que no está muy claro qué es, porque abarca todo, y ni siquiera importaría si no afectara a tantos. Así se llamen Monedero, el crédito es limitado. En la distancia corta, migan la galleta en el café y hasta le piden una foto al camarero. Son entrañables fuera del personaje. Primus inter pares de una legión de opinadores de lo humano y lo divino. Alguno hasta tiene sobrenombre, como «Spiriman». A veces se juntan varios en tertulias televisivas y se descubren galaxias. Los medios somos responsables, en algún momento, de convertir en posibles superhéroes a presuntos supervillanos, como avisó J. J. Jameson. La contrapartida y trastienda de una de las máximas de Gómez y Méndez: «Manchar, manchar», que en el argot plumilla se traduce en que hay que rellenar páginas, aun haciendo equilibrismos sobre el primer mandamiento de Ben Parker. «Todo gran poder conlleva una gran responsabilidad». Poner el foco en determinados personajes es como darle a un mono de Gibraltar dos pistolas. O como poner a Amparo Rubiales al frente de las redes sociales de Amnistía Internacional. La ciudadanía siempre es inocente, acostumbrada al trato como menor de edad y con tendencia a la compra de crecepelos baratos. Belén Esteban tiene más predicamento que Escohotado, Savater, Marina y Lledó juntos. Los 4 fantásticos. «Vivir sin leer es peligroso, te obliga a creer en lo que te digan», decía Mafalda a Felipe. «Tu inmadurez es superlativa para tu edad», sentenciaba Inma Cuesta a Quim Gutiérrez en el filme de Sánchez Arévalo. Entre «Primos» (que se llamaba la película) y cuñados se gangrena la concordia patria. Lo dijo Azaña: si en España se dedicara un segundo a hablar de lo que cada uno sabe, se haría un gran silencio que permitiría pensar. Nuestros antitéticos vecinos de Portugal, que falan tan callado, han decretado el «estado de calamidad». En España viene de serie. Avisan Krastev y Przeworski: hay caminos sin retorno y con peaje. Europa viene diciendo lo que Sabina al introducir el tema que compuso con Pedro Guerra. Si viviéramos encima de una discoteca, los dueños ya habrían llamado a la Policía. Entre cuñados y primos, demasiado ruido (para tan poquitas nueces). El oído es el último sentido que se pierde antes de morir.

Keynes y Hayek o el pase de la final de Glasgow

Juan Bravo y Rogelio Velasco. Foto: Junta de Andalucía

“La prudencia es la elegancia del marino”. En medio de la marejada, las dos almas económicas de la Junta –Velasco y Bravo, Keynes y Hayek– difieren sobre cómo aplacar el temporal y sobre el concepto mismo de «prudencia». El puerto de salida: Andalucía parte de una situación crítica de pobreza ante la crisis de la Covid-19, con 3,7 millones de afectados, el 37,7% del total de la población, según la Red Andaluza de Lucha Contra la Pobreza y la Exclusión Social. A una tasa de paro estructural en torno al 20% se suman los ERTE –ahora, 85.035 trabajadores de 26.000 empresas–, ERE y cierres por la pandemia. Los servicios públicos, sanidad, dependencia y educación, van al límite. Ante este panorama, el consejero de Economía, Rogelio Velasco, de Cs, aboga por «ahora gastar, gastar, gastar sin parar». El consejero de Hacienda, el popular Juan Bravo, que es quien dirige el Presupuesto y cuadra los números, y que fue portero profesional de fútbol sala antes que político en ejercicio, trata de parar el efecto del tiro y bajar el balón al suelo. «La deuda habrá que pagarla», señaló en la Comisión de Hacienda en el Parlamento. «La AIReF dice que se tardará más de una década» en pagar la factura del coronavirus, cifró el consejero. Bravo pidió a Montero un calendario para el retorno a la senda de estabilidad.

Sigue leyendo

Rotondas (resiliencia)

No estábamos preparados, en nuestro cómodo mirador con estrés y vistas al spleen, para 2020. Cuando el septiembre previo cogimos piojos y nos vimos con un gorro de papel Albal, como Joaquin Phoenix en «Señales», no identificamos el peligro. Nunca imaginaste tanta impotencia y fracaso como cuando la abuela, de la mano, con dolor más allá de la morfina, te miró a los ojos y eras incapaz de mentir un «todo va a salir bien». Nunca creíste nada más difícil que contar al abuelo en los retornos del alzhéimer que la abuela había muerto. «Qué buena era. Ya descansó». Una primera vez en bucle y sin anestesia. Sísifo, protagonista de «Up». Tampoco estabas listo, un par de años después, para soportar la frustración de elegir entre aparcar tu vida o aparcar al abuelo en una residencia. Ni para cerrar sus ojos en un lecho de muerte y sábanas blancas sin monedas para la laguna Estigia. No estábamos preparados para el recorte de abrazos y la muerte sin velatorio. Las dos Españas, esquizofrenia del alma patria, entre el pecho lobo de Simón y las mechas de Aznar. Las fiestas Covid y los sepelios asintomáticos. Antigénos, obra apócrifa de Jenofonte. Nadie te prepara en este mundo cuqui, trasunto de la felicidad, para explicar a un niño que mamá y papá ya no se quieren, repartir los gatos, exiliarte del tiempo, ser apátrida y emérito. La vida sin puntos suspensivos. Salir de un confinamiento matando un ruiseñor. Ahí comprendes de golpe la cara de tu padre cuando con acné y sin barba decías que la vida en realidad es sencilla. El tiempo del tango de Gardel para descifrar un rostro como una aparición en Bélmez. Aquel silencio era el poema de Gil de Biedma y la vida, al fin, «iba en serio». Lo escuchaste en una venta en La Puebla del Río, frente a un arroz con pato, mucho antes del coronavirus y del mosquito del Nilo. «Ahora estás en una rotonda, aún puedes elegir hacia dónde tirar», le decía un padre a su hijo, de la vida. La UE anuncia planes Marshall y de súbito volveremos a ser la Silicon Valley de Europa, la California del Viejo Mundo, por más que no llegáramos ni a Las Vegas o Disneylworld. La vida de nuevo ante una gran rotonda para elegir destino, y ni tenemos claro el carril o el intermitente. Ya mismo van a estar los ayuntamientos levantando aceras y poniendo glorietas a este valle de lágrimas en los párpados y silicona en los pómulos. Joaquin Phoenix ahora tiene un Oscar con cara de Jóker. Mafalda viste luto y Enrique Ponce saca disco enamorado. Ya si eso, vamos a salir mejor.

“Okupa” (Troya)

Antonio Maíllo y Teresa Rodríguez, ex compañeros de confluencia y ahora remitentes postales. Foto de Podemos Andalucía

Cuentan que Maíllo ha sido visto por las alturas de Aracena con la mirada perdida de Koeman frente al niño-dios Messi. Ahora escribe cartas a la Pasionaria roteña cuando hace unos años engendraron una confluencia para la que el otrora Telémaco de las Cinco Llagas puso el ajuar entero y la entonces líder de Podemos el rostro en los carteles de Andalucía. IU cedió las llaves de su domus, su estructura devaluada pero asentada, y ahora los camaradas Valderas y Pérez Tapias pueden decir aquello de «Dixi vobis». Del «Terexit» (derechos de autor de Noelia Acedo) en Podemos a la «okupación» de Adelante había un paso. En IU hablan de rapto, Paris y Helena, mientras los Anticapis prenden fuego a la hoguera. Maíllo quiso ser Sean Connery en «La caza del Octubre Rojo» y aún sabiendo latín no vio venir el Caballo de Troya. «Te lo dije», en román paladino.