Elogio del “manque pierda”: “el sentimiento trágico de la Liga”

Escribió Chirbes («En la orilla») que «si para algo sirve el dinero es para comprarle inocencia a tus descendientes». Decía Rodin que «el modelado es la emoción que la mano experimenta en la caricia». Algo así como la rosca de Jarni –«el mejor jugador de la ‘Juver’», que dijo aquél–; la folha seca que emana del empeine de Assunçao; el abismo a los pies de una barrera que salta en el minuto 92 de un derbi en el Pizjuán a libre y directo de un jugador de la estirpe contrahecha de Garrincha como Beñat; el golpeo eléctrico de Cuéllar en el vértice del área; la manada de elefantes –«Jumanji»– al paso de Emaná; Finidi George en banda gambeteando como la sombra de Peter Pan; o el sutil obús de Calderón (matador) de golpe franco directo. Como le dijeron, todavía imberbe, los veteranos a Valdano en el vestuario de Boca: «No sois vos el que tiembla. Es el estadio». A falta de posibles («desenvolvimiento», también dijo aquél) y uniendo conceptos, el silogismo que resulta es que a través de la emoción también se llega a la inocencia. Es la temporada 91-92 y el Betis remonta al Rayo en el Villamarín, 4-2. Ese día en Heliópolis, cuando se pone el sol en Sevilla, Jaime Pérez –como Alfonso, «qué bonitos» siguen siendo en la memoria «los goles de Alfonsito»– y de segundo Andersen –como el precursor del «Mannequin Challenge», pasaporte a Segunda junto a Sara, susto y muerte en la portería– se «confirma», a lo Unamuno –el filósofo y también el delantero del Betis, como prologa Iwasaki– en «el sentimiento trágico de la Liga». «Como balas de cañón. Sentir Betis: Cómo contárselo a mis hijos» (Samarcanda), presentado el pasado jueves en el Villamarín, supone la biografía particular de la confirmación en el beticismo bajo la máxima del «manque pierda». Una filosofía de vida que se resume en la certeza de que –como le decía Thomas Wayne, y después el fiel Alfred, al «señorito Bruce» en el «Batman Begins» de Nolan– «nos caemos para aprender a levantarnos».

J. P. Andersen (Sevilla, 1972) es zurdo como Rafael Gordillo y «Como balas de cañón» es una obra a banda cambiada, a destiempo si se quiere, o a contratiempo, «con el Sevilla en el mejor momento de su historia y el Betis reconstruyéndose como el ave fénix», para combatir una de las mayores mentiras de la humanidad: la victoria. Igual que el mayor éxito posible pasa por conseguir ser más humilde –«Rafa Nadal igual no lo sabe pero es puro Betis»–, la derrota guarda un poso de sabiduría y aprendizaje en el que se basa la historia misma de la humanidad. La derrota (y también la muerte) iguala al hombre. Ahí radica «la diferencia» del Betis.

J. P. Andersen, que un día se lió la manta a la cabeza, a lo Vidakovic cuando salía del área, y se agarró al sueño de escribir como el Principito «a una bandada de pájaros silvestres», defiende «el manquepierda» como «seña de identidad reconocida en el mundo entero». «De alguna manera se le está empezando a atacar desde fuera», señala delante de un café a lo Tab Ramos –americano–, «pero también desde dentro hay béticos que empiezan a dudar de que sea algo positivo. Es un manquepierda malentendido. Para mí, es un signo de fidelidad mayúsculo, pase lo que pase yo estoy ahí pero también es un símbolo de lucha, no de resignación, para decir: he perdido, me han golpeado, me levanto. Y me levanto para hacerme mejor». «Por eso decidí explicárselo a mis hijos. Son pequeños y ven la bandera de Andalucía y dicen Betis». El Betis, patria chica del paraíso perdido (y encontrado en la liturgia de un partido de fútbol), de la infancia. Un mapa de 13 barras para la comunión tribal, que es la forma de organización humana que acabó haciendo sapiens al hombre pese a que en la tribu impera la emoción. Esos niños que serán hombres y mujeres «el día de mañana tendrán que decidir si continuan la tradición que empezó su abuelo Pepe, que no es de Sevilla y se hizo bético por adopción». «Quería escribir este libro para hacer un legado bético», señala, a través de «pequeños capítulos en los que se responden preguntas» y también se inculca «respeto por el Sevilla» (a pesar del «miedo de que algunos no lo entendieran»). En definitiva, un «libro de enseñanza». «Es un juego, si el rival gana, se felicita. Si eligen ser de otro equipo, es su decisión. Pero para mí ha sido tan importante y me ha dado tanto el Betis, que me gustaría que sigan».

 El Betis está entre los seis equipos de España en seguidores, por delante de la Selección y «es el segundo equipo de mucha gente. A pesar de la falta de resultados deportivos, de que el equipo está judicializado, de tantas cosas». «La leyenda que recorre el mundo entero» –Del Sol, Rogelio, López, Alabanda, Cardeñosa, Pumpido, Capi, Joaquín, Dani, Oliveira, Rincón, Miki Roqué…–. «Ya lo he entendido», sintió el pensamiento Jorge Pérez Andersen en aquel Betis-Rayo de Segunda. El Betis, finalmente, ese año «no ascendió». Y el estadio, como en la promoción con el Tenerife y el Dépor, como contra el Valladolid una última jornada de Liga, siguió gritando «Beeetis, Beeeetis». «Sale el grito y nos levantamos otra vez» con «una impronta en el ADN que te hace invencible». A pesar de la derrota.
Anuncios

A propósito de los Perla

MO Juicio al clan de Los Perlas, por un delito de homicidio 042

El Coleta, durante la única sesión del juicio oral. Foto de Manuel Olmedo.

La noche del 20 de agosto de 2013, Antonio Girón, alias el Coleta, y su hijo José Antonio se reunieron en su casa y decidieron “vengarse” de Rafael G. J., alias Faíto, quien, según la Fiscalía, adquiría cocaína habitualmente del clan de los Perla. Faíto pagaba mensualmente a sus proveedores hasta que “comenzó a retrasarse en los pagos, originándose una deuda a favor de los Perla”. El Coleta y su hijo, armados, se dirigieron al piso del hermano de Faíto, conocedores de que el cliente moroso estaba allí refugiado con su familia. Los Perla abrieron fuego contra la vivienda. “Sí, queríamos matar a Faíto”. Palabras textuales de Antonio Girón. Según el Coleta y su hijo, la matriarca del clan se quedó en su casa. Estos son hechos reconocidos por los acusados.

Según el sumario, el Faíto adeudaba a los Perla 6.000 euros, ya que le vendían “fiado” y estaba enganchado al “rebujao'” (caballo y cocaína). A cuenta de la deuda, la familia del Faíto se exilió de las Tres Mil. Pero regresaron a casa de su hermano porque “estaban pelados” y al enterarse los Perla, al tercer día, quisieron ajustar cuentas. 

Según la fiscal, el Coleta llevaba una pistola Glock modelo 17. Su hijo, una escopeta Fabarm. No especifica si corredera o superpuesta. Al grito de “Faíto, sal aquí”, el Coleta realizó  dos series de disparos. Sobre la ventana del Bajo B, se contabilizaron once impactos. Dos atravesaron la vivienda y nueve impactaron en la fachada. La familia de Faíto se ocultaba en el Bajo A de la calle Orfebre Cayetano González.

El hijo del Coleta, continuando el relato del Ministerio Público, vació el cargador y la recámara de la escopeta, siete disparos. Dos penetraron en una vivienda en la que residía una menor, Encarnación;sus dos hermanos, Teodoro, de 10, y Jorge, de dos; y sus padres, Jorge y Dolores. 

Un testigo protegido ratificó durante la instrucción del caso su testimonio, en el que aseguraba que María del Carmen Barrera, alias la Perla, estaba en el escenario del crimen y participó en los hechos. “Matad al Faíto. Chata, sal. Me cago en tus muertos. Yoni, sal, maricona”, aseguró el testigo protegido que oyó a la Perla, que llevaba un arma de pequeño calibre. Al testigo protegido se le quedó grabado cómo la Perla disparaba a discreción, moviendo la mano de izquierda a derecha, y acertando sobre toda la fachada del edificio. Durante una de las ráfagas de fuego, según este testigo, el hijo de la Perla se acercó y le dijo: “Mamá, ya está bien; que vas a matar a las personas de arriba”.

La menor, Encarnación Silva Salguero, que estaba en el sofá de su casa, murió a consecuencia de los disparos. Nueve postas alcanzaron en el brazo de su padre “cuando intentaba poner a salvo a su hija”. Otra posta acabó en el brazo de la madre, que protegía a otro hijo. El disparo que alcanzó a la niña Encarnación impactó en la región torácica y le provocó un shock hipovolémico secundario a herida perforante en cavidad torácica. Varios minutos después falleció. En presencia de sus padres y ante el pánico de sus hermanos. Tenía seis años. Si en lugar de en las Tres Mil Viviendas, hubiera residido en (casi) cualquier otro barrio de Sevilla, probablemente, estaría viva o, como poco, no habría recibido el impacto de una bala perdida. No es el primer caso.

Al juicio en la Sección Cuarta de la Audiencia Provincial de Sevilla no acudió ningún familiar de la niña muerta hace tres años. Según fuentes del caso, prefirieron no presentarse para evitar “altercados” y posibles “represalias”. Muchos testigos tampoco acudieron, también por miedo.

Los acusados, siguiendo el relato de la fiscal, se subieron en tres vehículos y se dieron a la fuga, con la tranquilidad de haber logrado el propósito de “matar a Faíto” o, como poco, demostrar que con los Perla y las deudas no se juega. Cuando conocieron que durante el tiroteo habían matado a una niña, huyeron “para evitar represalias” de la familia de la víctima. La llamada ley gitana. Pasaron la noche en una finca de su propiedad en Hinojos. De ahí, pasaron a un apartamento en Mijas. Se les detuvo en la localidad malagueña la noche del 23 de agosto. En la finca de Hinojos se intervinieron tres réplicas de armas largas, una escopeta de cañones recortados y la escopeta Fabarm; y en Mijas, la pistola Glock , dos cargadores de 17 cartuchos, otro de 30, 103 semiblindados de 9 milímetros, una pistola Llama, 87,14 gramos de hachís, 17 fajos de billetes por valor de 510.439 euros y ocho kilos de joyas de oro que en el mercado, en la fecha de los hechos, alcanzaba un valor de unos 300.000 euros.

El Ministerio Público, que pedía 552 años para los acusados, rebajó su petición el día del juicio -que también se redujo de las 14 jornadas previstas a una, con un interrogatorio pactado- a 41 años. Diez de los 14 acusados reconocieron los hechos. Cuatro investigados (imputados en la anterior terminología), serán absueltos, entre ellos el hermano de la Perla. Los padres de la menor fallecida aceptaron una indemnización de 400.000 euros, tres o cuatro veces más que la establecida legalmente, y la reducción de penas, como consecuencia del acuerdo entre la Fiscalía, la acusación  particular y las defensas. El Coleta (pasa de una petición de 80 años a 14, considerando también la drogadicción como atenuante) y su hijo  José Antonio (de 78 años, queda en 11) se declaran culpables a cambio de la exculpación de la matriarca, sobre la que pesan dos años de prisión por “conspiración” para matar cuando la petición inicial era de 54. La fiscal valoró como atenuante “muy cualificada” el pago a la familia de la víctima. Del más de medio millón de euros incautado, calificado en principio por el Ministerio Fiscal como procedente del “tráfico ilícito” de drogas, ya no constan su “procedencia ilícita”. Según la fiscal, ahora los 400.000 euros “son los ahorros” de los Perla.

Ahora por favor, dejen de leer. Principalmente los amantes de lo políticamente correcto, los mundos de Yupi y demás florituras. Se lo ruego. Los Perla son un conocido, y fichado policialmente, clan de narcotraficantes radicado en las Tres Mil Viviendas de Sevilla. En base a la ley gitana y la ley de la jungla, en base a sus cojones y el desprecio máximo por el prójimo, decidieron arreglar a tiros, con munición que, según fuentes policiales,”atraviesan los patrulleros como si fuera pan Bimbo”, una cuestión pecuniaria convertida en un tema de honor y en una estrategia de negocio.Asesinaron a una niña de seis años. La madre de la pequeña es de los Mariano,otro clan venido a menos que vio la oportunidad de posicionarse mejor en el barrio.Con el cuerpo de la pequeña aún caliente mercadearon con los pisos de los Perla (pisos de VPO construidos con dinero público). Estas son las personas que cerraron el trato. La protección de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado evitó una guerra entre clanes. La pericia de las defensas y el dinero manchado de sangre y droga han logrado un acuerdo. Aquella noche, el Estado de Derecho alteró el orden natural de las cosas,  al amparo de la sobreprotección a una minoría que actúa como mafia, todo ello tras años de dopar al barrio con millones de euros que han acabado por arreglar las fachadas pero no han conseguido educar a buena parte de quienes viven tras esos muros. Ya se sabe: es más fácil sacar al hombre del gueto que sacar el gueto del hombre. No es un tema de que algunas de las familias metieran hasta burros y gallinas en los edificios. Eso podría resultar anecdótico. En los tristemente famosos trasteros de Las Vegas, hay munición albanokosovar y se han llegado a confiscar hasta armas kalashnikov. Aquella noche nunca debió ocurrir. La niña Encarnación es ya para siempre una víctima y el símbolo enterrado de un arrabal en el que permanecen espacios en los que no es conveniente entrar. Nadie pone en duda la labor y la fe del Comisionado para el Polígono Sur y de sus profesionales. El santo Job no les gana en paciencia ni Santa Teresa en bondad y buenas intenciones. Esto no va con la mayoría de los vecinos de bien del Polígono Sur, tan bien representados por colectivos como Nosotros También Somos Sevilla, ni con el incansable trabajo de la Parroquia de San Sebastián. Visto el acuerdo judicial, con una familia que acepta la semi impunidad quizás no por 400.000 euros sino por el derecho a vivir sin miedo a represalias en su afán de justicia y reparación, la Policía no debió actuar aquella noche. Faíto está bien donde está, al abrigo del “rebujao” o en Proyecto Hombre.Donde quiera que esté. La niña Encarnación, por desgracia, para vergüenza y dolor social, ocupa el sitio que por derecho les corresponde a pulso a, como poco, aquellos de los Perla que vomitaron a fuego su incapacidad para convivir con y entre personas, amparados en un Estado de Derecho al que desprecian con “sus ahorros” de 400.000 euros y al que, inocente y desarmado como una niña de seis años en el sofá de su casa, disparan a bocajarro y sin posibilidad de huir o defenderse. Los crímenes prescriben antes que las heridas.

 

 

 

Sherlock Kennedy Rus

Sevilla 15-03-2016 Miguel Rus, presidente de la CESFoto: Manuel Olmedo

Miguel Rus, presidente de la CES, por Manuel Olmedo

Sucedió a Antonio Galadí -que era muy del sombrero cordobés- por aclamación y ha sido reelegido sin oposición. Miguel Rus dirige la patronal sevillana -la CES- sin necesidad de levantar la voz pero pendiente de cada detalle. En Sevilla, Randolph Hearst se pronuncia Juan Robles. Y el I+D+i más visible radica en los veladores, con sus aspersores y estufitas. «¿Esa bicicleta de quién es, María Luisa?», pregunta a su (hoy) contracturada jefa de comunicación tras capear al sol de frente desde la azotea de la nueva sede de la calle Granada, desde cuya oficina, dotada de proyector, se ve el Ayuntamiento, como si fuera un contrapoder en el mismo centro neurálgico de la capital. María Luisa Roldán, en sí misma, tiene una entrevista, con todo el empresariado en la cabeza. ¿Qué fue antes María Luisa Roldán o la CES?

Rus posa con la Torre Pelli de fondo, Torre Sevilla publicidad mediante (contactar a través del correo electrónico). A sus pies, el Laredo, hasta donde llega el imperio Robles, y la vista alzada sobre veladores. «Nadie quiere sacar la torre en las fotos», comenta. En estos cuatro años se ha puesto fin al subarrendamiento en la Cámara de Comercio. También se han tomado decisiones dolorosas para lograr la supervivencia. Miguel Rus conforma la tercera generación de una familia de empresarios vinculada al ámbito de la construcción. Hijo de Antonio Miguel Rus Velázquez y nieto de Salvador Rus López, fundador de la empresa que lleva su apellido. Primo de periodista de la agencia Efe, Manolo Rus, con quien comparte talante y «pelazo». Familiar también de otra plumilla, Marta Rus, que llevó la comunicación de IU. Es diplomado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Sevilla (1987). Después, ingresó en el departamento de Administración de la empresa Salvador Rus López Construcciones. En 1994 fue nombrado director económico-financiero. En 1996, apoderado del Grupo Salvador Rus, ahora Grupo Rusvel, que, en Sevilla se pronuncia igual que el apellido del trigésimo segundo presidente de los EE. UU. (El ordinal lo he buscado en Wikipedia, “obviusly”). Miguel  Rus tiene un aire a lo Kennedy y hechuras de alcalde. (Aviso para navegantes que busquen candidatos). En 1998 se convirtió en gerente de las empresas filiales y responsable de desarrollo inmobiliario. En 2001 en consejero delegado. Desde 2003 controla el grupo desde el puesto de consejero delegado de Grupo Rusvel y de todas sus empresas. Como presidente desde 2007. En sus respuestas, aunque no le gustan los focos y se le nota, hace gala de una educación y un trato exquisitos. Incluso recuerda a Benedict Cumberbatch cuando, interpretando a Sherlock, se instalaba en su «palacio mental» antes de ofrecer alguna solución a los misterios. De construcciones regias o plebeyas, no en vano, tiene mucha idea, como presidente de Gaesco desde 2007, a cuya fundación estuvo muy ligado su abuelo, que la presidió en los 70. Tras toda la mañana de entrevistas, se va en moto –nada de coche oficial ni chófer, a la anticasta se le cae la definición de casta– a su empresa, «que la tengo abandonada». Miguel Rus, a diferencia de muchos políticos, tiene un trabajo. Y da trabajo.Tiene por delante varios días fuera. Después, Semana Santa mediante, más entrevistas. Es un hombre de partos difíciles, bebés grandes, de más de cuatro kilos. En uno de los partos se tuvo que salir. En otro, a su mujer se le abrieron los puntos de la cesárea anterior. Los Rus, estirpe sevillana de pelazo, que pisa callado pero fuerte. En su despacho tiene una foto con Joan Rosell, actual presidente de la CEOE -a la que tras la crisis igual le añaden un OÉ OÉ; y quedaría CEOE-OÉ-OÉ-.  Miguel Rus le exige a sus empresarios cuando vienen con un problema “que traigan varias soluciones, para planteárselas a la Administración”. Tras cuatro años en la CES, el tipo está igual. Alguna cana como mucho, quizás. «La profesión va por dentro. Cuando llevaba dos años, parecía que ya eran cuatro», asegura.

El tiempo pasa lento en Sevilla. Tiene en la cabeza -aparte del pelazo- proyectos para todos los rincones de Sevilla. Un aparcamiento aquí, un túnel allá. Intangibles que no veremos. “Sevilla es eterna y se eternizan sus proyectos. Hay demasiadas opiniones o se le da demasiado valor a opiniones de sectores poco representativos que en muchos casos no busca el interés general ni el bien común. Necesitamos más políticos valientes, decididos, que sepan primar el interés general. No podemos, por ejemplo, en la Gavidia hacer un modelo de un proyecto protegido que no tiene sentido, aparte de estar construido con unos materiales contaminantes. Se le da un altavoz a veces exagerado a personas que no son las de verdad representativas de los intereses generales. Los que tenemos que estar al frente de esas manifestaciones somos los representantes de las distintas asociaciones, que de verdad defendemos el interés general y no con decisiones parciales, personales, a veces con intereses propios y sectarios o extremistas. Son opiniones muy personales que se llevan a un extremo que al final provoca la paralización de una ciudad o transmiten la impresión de ciudad paralizada”. 

“Más que un cambio de modelo productivo necesitamos un cambio de modelo legislativo y de actitud”, asegura. “Dentro del concepto de cambio de modelo, las empresas lo que queremos no son subvenciones, son facilidades. Queremos en todo caso incentivos que ayuden a la puesta en desarrollo, más a la financiación o apoyo en las etapas iniciales”. Se le acusó de cercanía al PSOE por sus críticas al Gobierno de Zoido. “Que este Ayuntamiento, al ser del mismo color de la Junta, debe generar unas expectativas de que pueda desbloquear algunas cosas, todos esperamos que sea así, sea del mismo partido o no. Sevilla necesita que se desbloqueen esos proyectos y uno de los retos de este alcalde -Juan Espadas- es aprovechar que ha estado trabajando en la Junta en diversos cargos y sabe cómo trabaja esa administración, la forma de interpretarla por los funcionarios y cómo eliminar las trabas para desarrollar esos proyectos”. Del anterior regidor: “No eran tan malas nuestras relaciones con Zoido, con quien me llevo magníficamente. Lo único, que él está para defender unas cosas y yo defiendo el interés de los empresarios. Zoido lo ha dado todo por esta ciudad. Lo digo en la CES, quizás lo importante no es el presidente, es tener un gran equipo. Yo creo que no ha sabido o querido o podido tomar las decisiones adecuadas para que Sevilla fuera más rápido en esa salida de la crisis”. Sobre la actual situación de Gobierno en funciones, “lo más grave es que cada mes sin Gobierno disminuye una décima la expectativa de crecimiento”. Eso sí, prefiere “un Gobierno en funciones que un Gobierno con Podemos”. “Elemental”, que en realidad es algo que Sherlock Holmes nunca dijo a Watson en las novelas de Sir Arthur Conan Doyle.

Le llaman Manuel, se apellida Olmedo

olmedo (1)

Dice que se llama Manuel y que se apellida Olmedo. Pero, sabiendo que el tipo ha sido detective y le han puesto una ‘pipa’ en la sien, es mejor ponerlo en cuarentena. Pertenece a esa rara estirpe de periodistas –fotoperiodista, en su caso- que vive la cotidianidad como algo extraordinario. Para Olmedo, el barrio de los Pajaritos es como la franja de Gaza y subir la Cuesta del Rosario es como escalar el K-2. Tiene alma de Quijote y talante de Sancho, lo que viene a ser lo mismo que decir que es un loco cuerdo o un cuerdo loco. Nuestro Morenatti, que en los altares está, tiene mérito, pero no más que Manolo Olmedo, que el Ruso, que Acedo, que el Gómez y tantos foteros que se la juegan a diario, lo mismo da que sea empotrados en un camión de los Estados Juntitos de América que en una redada en las Tres Mil o sacándole el plano bueno al concejal de turno, algo, a veces, poco menos que imposible. El espíritu es el mismo, sólo cambian las circunstancias. Las circunstancias de Olmedo son sus hijos, que son su vida. No hay sesión de fotos que no comente que su niño tiene un examen o que una de sus niñas está resfriada. Tampoco hay foto que se le resista. Proviene de un linaje de foteros y por sus venas corre el alma de su abuela, de la que siempre lleva una foto de los tiempos de los hermanos Lumière. Los hay igual de artistas que él; más profesionales no los hay. Si los hay, yo no los he visto. Olmedo trabaja lo imposible. El plano desde la planta 15 de un piso; el balcón frente al sitio donde se ha cometido un asesinato; el interior de la sotana del cura. Si hay una cena de Navidad, ahí está el tío sacando fotos. Si está en su balcón conversando con su loro, ahí está el tío fotografiando a unos mangantes que roban cobre de las cocheras del metro. Hace unos años, su loro –tan célebre en su barrio que están pensando cambiar el nombre de Cerro del Águila por el de Cerro del Loro de Olmedo-, le salvó la vida en un escape de gas. El bicho se desmayó y ésa fue la alarma para el incidente. Yo creo que no fue un accidente, sino alguna venganza de su época de detective privado, de antes de ser Tintín, de cuando jugaba a Mortadelo sin Filemón. A los malos, no les gustan los buenos. A los plumillas –que no somos ni buenos ni malos, sino todo lo contrario-, nos podrá gustar más o menos Olmedo, pero todos, da igual el medio en que trabajemos, coincidimos en que lo queremos; en que es un lujo poder llamarlo compañero; y en que su loro debería tener un monumento al lado del de Cayetana de Alba. El honor y los fastos serían para la duquesa, como pasa con las noticias, que toda la gloria se la queda el plumilla. Pero el monumento a la sangre de verdad noble sería el del fotero-aventurero Olmedo, con su loro y su cámara. PD: Hoy es su cumpleaños. Felicidad(es) y salud.

Del pincel al spray de pintura, del «sfumato» al arte de esfumarse

segundo-premio-1-2010

Fotografía de Lipasam.

«La raza humana es el demonio» («Humanity is the devil») es el primer mensaje que impacta a los sentidos bajo la pasarela a la Cartuja del Paseo Juan Carlos I; obra de Poch, calavera ataviada de simbología nazi. Contexto: Tercera Edición del concurso del Instituto Andaluz de la Juventud (IAJ) para graffiteros. Nihilismo y personalismo cogidos de la mano, amparados en el marco de la postmodernidad, subrayando la tesis de los hermanos Wachowski en Matrix: «La humanidad es el virus», dijo la máquina al hombre. Los «ismos» de finales del XIX toman cuerpo sin que el personal se dé cuenta. Es la velocidad del futurismo «hecha arte». Y el pincel se convierte en spray de pintura y la técnica del «sfumato» de Leonardo da paso a la habilidad para esfumarse, que vienen los agentes mientras pintamos las paredes, «mucha, mucha policía», que cantaba Sabina.

Junto al Guadalquivir, no se escucha al cantante poeta de Úbeda, los escritores del graffiti -como deben ser denominados según los cánones tribales- son más de «discjokeys» como el londinense IQ, el Bicho de Córdoba y Sirope de Sevilla, que amenizaron el certamen. El hip hop es la banda sonora del olor a vaporizador de pintura. Bajo la hiedra, los malagueños «Los dibus», Alfil y Lalone, dan los retoques finales -sobre la escalera de aluminio, aerosol en diestra, boceto en siniestra; caminata va, caminata viene para controlar la perspectiva- a su mural en blanco y negro. Comenzaron su «tumulto de personajes» en la mañana del sábado. «Había tiempo de sobra», aseguran, acostumbrados a la prisa del graffitero, al frenético ritmo del siglo XXI, que el tempo del arte urbano «se mide en las estaciones de metro». El tema: «Lo que nos rodea». El «pequeño catálogo de seres y estares» en el que vivimos «inconscientemente». Ora tenemos al bufón al lado, ora la muerte, ora la rabia… Ahora soy bufón, ahora muerte, ahora rabia…

El recorrido prosigue con obras ecologistas como «Save the planet» o impregnadas de un toque canalla como «Poder gitano». Hasta llegar al «arte urbano» de Logan y Joe, los ganadores de la beca de 6.000 euros para financiar la estancia en un estudio de graffiti en una ciudad europea y la edición de un catálogo con las obras finalistas. La figura central -«un loco gordo»- porta un bote con desechos orgánicos -«son testículos»–. «Un automóvil a toda velocidad es más bello que la Victoria de Samotracia». «Un espectro recorre el mundo». Marinetti reencarnado. No es el futurismo. Es la expresión del arte del presente. «La raza humana es el demonio» y los pinceles, botes de pintura.

“Como un horno en verano, como un frigorífico en invierno”

Sevilla 31-07-08 El calor en el Vacie Foto: Manuel Olmedo

Foto de Manuel Olmedo.

Cuando el reloj en la Campana marca las 19:00 horas, en El Vacie son las 17:30 de hace medio siglo. Cuando a Los Remedios llega el siglo XXI en metro, en el asentamiento hispalense se vive la posguerra. Y cuando el termómetro marca 39 grados en Heliópolis, se comprende que la verdadera Ciudad del Sol está un poco más allá del cementerio de San Fernando, entre Pino Montano, San Jacinto y la nada. La nada despreciable temperatura de 47 grados.

«En invierno es como un frigorífico. En verano, como un horno». Describe Ángel Montoya, portavoz vecinal, la realidad empírica de la cotidianidad de levantarse un día y otro, y otro también, en el asentamiento, un erial lleno de chabolas y casas prefabricadas. Bienvenidos al Vacie, el asentamiento chabolista más antiguo del octavo país más rico del mundo, campeón de la Eurocopa, Wimbledon y el Tour, la Armada Invencible, Fernando Alonso, Pau Gasol y demás. Población estimada: 1.000 personas. Medio de vida habitual: la chatarra y la venta ambulante. Mayor vecino censado: María Díaz Cortés, 116 años. El menor, «las decenas de bebés de pocos meses que hay». Renta media per cápita: sólo mencionarlo es de mal gusto.

En el desierto del Sáhara se registran 45 grados de media, aunque también cuenta con el récord de 58 grados a la sombra. En El Vacie, este verano «está siendo suave». Eso no quita «los 45 ó 50 grados que se alcanzan en una casa con tejado de uralita», explica el portavoz. Algunas chabolas tienen aire acondicionado; la mayoría no tiene nada.

El Ayuntamiento ha decidido instalar un par de contenedores, que dependen del mantenimiento del cementerio. En El Vacie no entra Lipasam. Los vecinos sacan «los diez o doce contenedores para que los camiones retiren la basura cuando pasan de San Jerónimo a Pino Montano». Curiosamente, el Santo Jerónimo conoció el calor del desierto y vivió varios años escondido. El Vacie, parrilla de San Lorenzo, también sirve de refugio a «maleantes y traficantes». Y, a veces, toca redada.

El Vacie es eso: inseguridad y pobreza. Pero también, y sobre todo, un erial lleno de gente a la que le ha tocado vivir allí, como a otros les toca una VPO. Gente que se busca la vida como puede, lo más cerca de la legalidad que puede, como cualquiera. Manuel Olmedo, profesional de la fotografía, da fe de ello con su último encargo. Del razonable «p’al Vacie, ojú» pasó al agradecimiento ante quienes se ofrecen a dar todo sin tener nada. «Meta el coche, que yo me encargo de que no le pase nada», dice un gitano. A la vuelta, el coche bajo la vigilancia de dos de sus hijos, «porque lo dijo el ‘papa’».

Los cerca de 40 grados a la sombra no riñen con el negro riguroso de los patriarcas. Gentes de donde pisan sus botas, con la biografía plasmada en la cara. Una cicatriz aquí, arrugas allí, sudor en la frente bajo el sombrero oscuro. Muchos soles han visto bajo los techos de uralita. 76 años esperando la sombra, escuchando promesas.

Las calles del Vacie se dividen en letras, que son diferentes formas de llamar a la pobreza. Para refugiarse de los calores, se sacan barreños y piscinas de plástico. Ahí se entretienen los niños. En la calle A vive la abuela María, posiblemente la mujer más anciana de España, 116 años contemplados por sus ojos y una realidad incierta nos contempla, sobre todo tras el rechazo a un piso del Ayuntamiento porque «es para seis meses»; «no, hasta que la abuela viva»; «entonces, nos quedamos en la calle»; uno por el otro, la casa sin barrer y la abuela en una estancia de pocos metros, «agobiada» y al resguardo del aire que le ha puesto su nieta. Hoy la han llevado a la ribera, para que se refresque. A los 116 años no aspira a la filosofía de bañarse dos veces en el mismo río; al menos, sí a bañarse sus últimos días en la misma bañera.

“Lo benigno” de “los días señalaítos”

El Puente de Isabel II presume recreándose con su reflejo sobre el Guadalquivir. Por San Jacinto, la gente comenta a sus convecinos que esperan verlos, como cada año. Carteles en los bares, en Pagés del Corro, en Alfarería… Los turistas que pasean por las calles perciben en el ambiente que algo sucede. Esto es Triana. Y Triana está de Velá.

El histórico barrio hispalense vive en fiesta, desde la calle Betis a la Plaza del Altozano. Teatro, actuaciones musicales, concurso de baile por sevillanas, ciclo de cine, cucañas sobre el río, concurso libre de pesca fluvial, certamen de cerámica, trofeo de fútbol sala y balonmano playa, la clásica ciclista y los tradicionales cultos en honor de la Señora de Santa Ana componen, a grandes rasgos, el programa de actividades.

Un sendero de luces y farolillos guían al transeúnte desde el Puente de San Telmo, de aspecto serio y solemne, hasta el alegre Puente de Triana, vestido de luces y faroles. Entre ambos, una veintena de casetas, ataviadas para la ocasión, preparadas para la alquimia de mutar la calma de la tarde, al abrigo del río, por la «alegría» del gentío sediento de conversación y fiesta. Porque Triana es eso. La Sevilla más íntima. El sentimiento que guardan los recovecos de las calles. Un gran dolor milenario escondido tras una sonrisa. Melancólica alegría. Y alegre melancolía.

Puestos de churros y chocolate; avellanas verdes; gente expectante tras el monumento a la Gitana, recelosa este año de que sea el torero el que salga en todos los carteles, altivo, en el Altozano; sardinas asadas. La estampa de la Triana de la Velá y de la Velá de Triana. «Vamos al bicheo», exclama un vendedor en su puesto.

Otro de los puntos de interés se localiza en el epicentro de la calle Betis. La tradicional cucaña ocupa la atención del personal y los curiosos se agolpan para ver si los concursantes consiguen hacerse con la banderola. La mayoría acaba en el río, con el «uy» del público de banda sonora y la risa cómplice de quienes observan.

En la calle Pureza, en el templo de Santa Ana, cientos de fieles se congregan en el templo del siglo XIII, el más antiguo de Sevilla. El olor a incienso acrecienta la prisa de retrasadas devotas que llevan a sus nietos, vestidos de domingo, a continuar con la tradición familiar, como años atrás hicieron los abuelos que ya no están. Saliendo de Pureza, los ojos chocan de frente con el conjunto casi onírico que forman el Guadalquivir, la Giralda y la Torre del Oro. Entretanto, el río reluce y deslumbra a la espera de la noche en que esconderse, ayudado por el ocaso de este suave sol de julio, como si fuese unos ojos verdes emocionados a punto de romper en llanto. Entonces, el sol se esconde.

El fresquito de la tarde hace que, poco a poco, la Velá vaya desperezándose y despertando. Las tranquilas tardes dejan paso a noches de bullicio y desenfreno. Comienzan las horas mágicas de «los días señalaítos». Ayer tocó Júnior en el cierre de fiesta, tras dos años alejado de los escenarios por enfermedad, y las calles estaban llenas de gitanas guapas, pequeños raperos, estética cani, sevillanitos, sevillanos, turistas… trianeros todos de la Velá. La gente en las casetas se preguntaba qué hará este año el Betis, «maldita sea la gracia de ‘donmanué’», y si el Sevilla, otro año más, «sí o sí», va a seguir abonado a viajar por Europa. Esta noche tocan sevillanas, con Albahaca, Los Marismeños, Los del Guadalquivir y Brumas.

«Cerrado por Velá»
Más de 3.000 personas acuden cada día a la cita trianera, según el Ayuntamiento. Pablo, el propietario de «La primera del puente», este año no va a trabajar durante la celebración. Ya se quejaba hace un par de ediciones. «Hay más gente por la zona, pero gastan menos en bares». Esta vez, un cartel revela que ha optado por descansar. «Cerrado durante la Velá. Disculpen las molestias». La primera, este año, tiene que ser del Kiosco de Las Flores en adelante.

Los operarios de Lipasam no descansan por fiesta. Doblan los turnos. Los repartidores de cerveza también multiplican esfuerzos: unos 24.000 litros del fruto de la cebada se dispensarán hasta el jueves que se clausure esta edición de la última velá histórica de la ciudad, de cuantas había cuando no se celebraban más fiestas que el Corpus y la Virgen de Agosto.

Más de 30 años lleva Francisco Martín viniendo, «natural de la calle Castilla». Paco añora otros tiempos, «de puestecillos y tómbolas y hasta un ring de boxeo» y «niños con alpargatas de goma». José Manuel Quintero, sanjuanero de Pilas, pileño de San Juan, a estas alturas de la película añora poco y agradece todo, «recién salido del hospital». Acaba de comprobar lo certero de uno de los axiomas de Woody Allen, hijo de esa Triana grande que es Nueva York: «Lo más bonito que te pueden decir en la vida no es te quiero, sino es benigno». En el dialecto trianero, se dice de otra forma y seseando: «Niño, vete pa’ la Velá, que tú lo que tienes es cuento».

Ratones, gatos y peligros

“Enorme y triste parodia. Ni comedia ni bárbara”, apostilló Julio Cortázar -que nació el año de la I Guerra Mundial- al final del Águila de Blasón de ese genio bohemio con mirada de ratón espiguero que murió el año del inicio de la Guerra Civil y respondía al nombre de Ramón María del Valle-Inclán, residente arrendatario en la calle Melancolía, justo detrás del Callejón del Gato.

La ciencia ha descubierto que los ratones, algunos de ellos, han dejado de oler el peligro. Superratones sin dolor, sin conciencia en todo caso, “supermineralizados” y “supervitaminados”. “Basta desconectar unos receptores de la nariz para que el animal (…) se convierta en un valiente temerario”, dice la revista Nature. O en un cobarde, porque quien no siente miedo que superar no puede llamarse valiente ni puede aprender que nos caemos una vez y otra, y otra también, y una más, para aprender a levantarnos. “Natural”, dice el abuelo en estos casos.

No hace mucho tiempo, científicos de Cambridge descubrieron una mutación genética que evita sentir dolor a sus portadores. El descubrimiento podría ayudar, por lo visto, al desarrollo de analgésicos para el organismo y, en nada, en poco tiempo, iremos a la farmacia de guardia a que nos den un botecito de 250 mililitros de “Insensitive Siglo XXI” “pa’ tirar pa’lante hasta que el corazón aguante”. O mejor, vía anal, que, total, no duele.

Existen hombres en el mal llamado primer mundo que hace ya años que viven de espaldas a un sentido vital, a lo largo de los siglos, como el olfato. La insensibilidad general se ha impuesto, y ni lo terrible apesta ni lo hermoso emociona. Ni frío ni calor, cero grados, que decían en mi pueblo. En el pueblo de mi abuelo. Sucede que con cero grados hace frío y algo pasa cuando el mundo no tirita, cuando el ratón no huele el peligro y cuando el hombre no siente dolor. Algo pasa cuando ante estas cosas no huele a podrido.

Hay quien alberga semillas en el alma y hay quien guarda dinamita. En Finlandia, que debe caer más o menos como en el fin del mundo y en donde debe hacer una ‘jartá’ de frío, un joven de 18 años que había sufrido acoso escolar ha matado a ocho personas en un instituto –pum, pum, pum, pum, pum, pum, pum, pum, pum-, previo aviso por internet, ese mundo en el que se navega agarrado a la cola de un ratón (electrónico). Era buen estudiante, admiraba a Hitler y leía a Nietzsche. Probablemente, como sostiene Woody Allen, el muchacho se pondría a escuchar a Wagner y le entró un deseo irrefrenable de conquistar Polonia. Empezó por el instituto, armado como iba sin olfato para tener miedo ni sensibilidad para sentir dolor, y acabó con su vida.

En Sevilla, que según la poco viajada sensibilidad de algunos es el culo del mundo, una veintena de niños bien, hijos de abogados, toreros, artistas, se ensañaron con un chaval de 18 años que medió en una discusión. Lo dejaron tirado cerca de la Plaza de España, desangrándose. Era nadador, pero no volverá a nadar. Era una persona, pero la desconfianza y el miedo nunca se irán de su mirada. Se desconoce si los agresores conocían a Federico Nietzsche o a Richard Wagner o si escuchando a Siempre Así, el grupo por antonomasia de los sevillanitos, les entraban irreprimibles ganas de quemar Los Remedios.

El culo de laVenus del Espejo bien podría ser el culo del universo, analizando la mirada de los empleados del Museo del Prado, absortos mientras colocaban la obra procedente de la National Gallery de Londres. Y La Venus del Espejo de Diego Velázquez bien podría ser la vida misma pintada a retazos. Seductora y sensual. Enigmática e inquisidora. Traicionera. Sarcástica. Señora. Puta. Que sólo nos regala un reflejo y nos pierde entre sus curvas, haciéndonos sentir como pequeños ratones temerariamente sin miedo frente a un gato que, eternamente, nos acecha a través del espejo.

Cortázar, que tenía orejas de ratón y los ojos del gato de la Alicia de Lewis Carroll escapados del País de las Maravillas a través del agujero de conejo del espejo, lo apostilló al final del libro de Valle-Inclán. “Enorme y triste parodia. Ni comedia ni bárbara”. La vida.

Dos alcaldables en Varsovia y segunda vuelta de chaqué en la ciudad de la ojana

Sevilla 07-06-2012 Procesion del Corpus Christi  Foto: Manuel Olmedo

Espadas y Zoido en el Corpus. Fotografía del inefable Manuel Olmedo.

Con los dos alcaldables en Varsovia para apoyar al Sevilla FC en la Europa League –Zoido, en calidad de alcalde en funciones y sevillista; y Espadas, como jefe de la oposición, bético y «manque pierda» los comicios favorito para el bastón de mando–, los movimientos en la capital hispalense se circunscribieron al cierre del recuento por parte de la Junta Electoral con «discrepancias mínimas» y a recomendaciones con membrete oficial del Ayuntamiento, y la frialdad del clima polaco, a los posibles actores del pacto contra el PP. «A IU su relación con el PSOE en Ayuntamiento y Junta le ha costado 4.000 votos y estar a punto de desaparecer», señaló vía comunicado del Consistorio el portavoz municipal Curro Pérez.

En el espacio tangible del seno del PP de Sevilla se temen los efectos de la «reforma Montoro» en la ley electoral, que provocará que nueve ediles (casi la mitad de los 20 que hasta ahora tenían los populares) no cobren del Ayuntamiento. «Si quieren repetir el modelo que llevó a la ruina a Sevilla y que los ha puesto al borde de la desaparición en el panorama municipal son libres de hacerlo», añadió Pérez en un comunicado que cita expresamente al candidato municipal de IU Daniel González Rojas, @rojosevillano en el espacio virtual. El candidato de IU aseguró ayer que «serán los militantes y simpatizantes quienes digan qué vamos a hacer». También dijo que Zoido es «el represante supremo de la derecha en Sevilla y lleva cuatro años destruyendo la ciudad». El llamado «efecto Zoido» se difuminó el 24M emparentando con la solarigrafía, una técnica fotográfica que mezcla tecnología, artesanía y recolección. La solarigrafía posibilita trabajar en centenares de imágenes al mismo tiempo debido a que cada foto tarda meses en realizarse, como si de una investidura de Susana Díaz se tratase. En estas imágenes no instantáneas, como ha juzgado el electorado de la etapa de Zoido, el protagonista es el paso del tiempo y el movimiento del sol en el cielo.

Otra de las fuerzas que puede negociar con Espadas, Participa Sevilla, celebró ayer una reunión «preparatoria» de la asamblea de hoy para definir «medidas a corto plazo» para los primeros 100 días de mandato. La idea de fondo del PSOE es que es «ahora o nunca». Si no desbancan a Zoido, temen que aguante en el poder al modo de Teófila Martínez en Cádiz. Un tripartito sería la última opción de Espadas, que se quedó a 3.000 votos de Zoido y vivirá la particular segunda vuelta de los comicios en la próxima procesión del Corpus, con el recuento de los falsarios «me alegro de verte» y los dos candidatos de chaqué en la ciudad de la ojana. El objetivo del PSOE es «cerrar propuestas concretas de los otros grupos y gobernar en minoría».

La púrpura mortal del César

Sevilla (Andalucía)-Zoido presenta sus propuestas para que las administraciones cumplan su compromiso con Sevilla.18-5-2011.Foto cortesía del PP de Sevilla.

Zoido presentando sus propuestas para que las administraciones cumplan su compromiso con Sevilla. Mayo de 2011, foto cortesía del PP de Sevilla.

El color púrpura fue descubierto por los fenicios y cargado de connotaciones por los romanos. En tiempos de César, un pañuelo de ésos que gasta el director de Fibes, Felipe Luis Maestro –presente en la sala, como José Joaquín Gallardo, Santiago Herrero, María José Segarra y otros representantes sociales–, teñido de púrpura podía costar el sueldo de un mes de un funcionario y, en el siglo III a. C., un kilo de la púrpura de Tiro costaba tres veces el salario de un panadero del corte de Juan Gallardo, el tendero de Su Eminencia, también presente, protagonista de la campaña de Zoido.

Jesús, en un acto de provocación e inconsciencia –que no es lo mismo, pero es igual–, vestía de púrpura. Como después los papas y los cardenales. También fue el color de la toga triumphalis de los generales victoriosos. Zoido, en su día I como alcalde, vistió camisa azul, también la corbata, y traje gris marengo. Su mujer, Beatriz, llevaba un pequeño bolso morado, con ribetes dorados.También vistió el color púrpura Patricia Rato, sobrina del candidato popular que no fue, Rodrigo. En el Salón Colón de la ciudad mariana estaba Mariano Rajoy. Y Susana Díaz, la casi jefa de todo del PSOE andaluz, con permiso del también presente («llamadme Pepe») Griñán. Todo comunica y hay quien se desvela sin, quizás, saberlo.

Cuatro años atrás, el ausente Monteseirín, más cómodo en paradero desconocido –se descarta que estuviera infiltrado entre los indignados–, optó por una corbata roja y habló de «la ciudad de las personas». Igual que la postmodernidad tuvo al Titanic como símbolo de la arrogancia, la «era Monteseirín» tuvo el Metropol. Ricardo III fue el último rey inglés que murió en batalla y el ex alcalde, el último socialista. «Mi reino por un caballo». Poco antes de las 4.360 jornadas y media de Monteseirín como alcalde, un caballo se desbocó en la avenida de San Fernando. Jesús siempre fue en burro y Monteseirín, aunque –dice– va en bici, fue mucho de aviones y coche oficial. Colón también regresó preso en su tercera travesía. Todos los «conquistadores» acabaron mal, con permiso de Arturo Fernández. La arrogancia precede a la derrota. Y la derrota –por más que el Comisionado Jesús Maeztu comentara, tras conversar con el administrador del Betis, Bosch Valero, que «ser del Madrid o del Barça es muy fácil, hay que ir con los que pierden»–, es huérfana. Griñán, que vino a la toma de posesión de Zoido «con voluntad de colaboración», lo subrayó, con reminiscencias a bofetada en forma de teletipo: «No entro en los que no están. Estoy feliz con Espadas».

La victoria sí tiene muchos padres. Tantos como abrazos recibió ayer Zoido, convertido en hombre autoadhesivo, como Monteseirín, a ratos, ciclotimia mediante, cuando no devenía en hombre antiadherente. De «la ciudad de las personas», desde las 19:31 en que Zoido tornó en alcalde, se vira a «la ciudad del talento», previa mudanza a la bancada de la derecha del Pleno. Los de la izquierda también prefieren la diestra. A la franqueza de arponero de la oposición –el «fin de la crispación» que promulgó Espadas quedó en Suárez Palomares empujando la silla de Juan García– respondió el nuevo Gobierno con calma de Buda blanco. Espadas es más de Tomás Moro, de su isla de Utopía, de «otra forma de hacer política».

El discurso de Torrijos tuvo algo de lo que dijo Amaury, el delegado del Papa, en las Cruzadas: «Mátenlos a todos. Ya sabrá Dios reconocer a los suyos». El líder de IU dudó de que el PP pueda diferir del «se privatiza todo». Sólo hay una cosa peor que un comunista, un ex comunista.Dicen. O un converso. Uno que dice y no hace. Uno que habla de igualdad y lucha de clases y vive, legítimamente por supuesto, en Santa Cruz. El Che se pasaba días sin hablar con su mujer, hasta que ésta devolvía algún regalo. La mujer del César y del Che tienen que parecerlo. «Dios ha muerto.Marx ha muerto. Y yo mismo no me siento nada bien». Woody Allen en el salón de Plenos.

Aunque el Ayuntamiento atardeció amurallado, y blindado por policías, la vida no sucedía sólo puertas adentro. En la Plaza Nueva, varios centenares de «indignados» gritaban «No nos representan». A los parados no les gusta comer promesas, mientras esperan un mundo en el que nadie muera de hambre ni de indigestión. Sus gritos, velados en parte por la Banda Municipal, son el epitafio en el aire de que los alcaldes de hoy son los ex alcaldes de mañana y, por más que Rajoy y Griñán defendieran la participación en las urnas, una botella de náufrago. Aquello que un esclavo decía al César en la cuadriga camino de sus particulares tomas de posesión: «Memento mori». Recuerda que eres mortal.