“La historia de Marco Polo al revés”

japón recorteEn Japón, con la llegada de la primavera, celebran la fiesta del «hanami» y se vive el nacimiento del cerezo en flor como un acontecimiento espiritual. Su belleza y brevedad constituyen el símbolo de los días más felices de la vida. Al tiempo que la primavera estalla en Coria del Río (Sevilla) se celebra el Día del Albur, un pez plateado de cabeza picuda y aplastada que frecuenta las desembocaduras del Guadiana y el Guadalquivir. A este último llegó en 1614 la expedición Keicho, con el objetivo comercial (y religioso) de alcanzar Madrid y Roma. La expedición arribó en Coria del Río y el legado japonés germinó en Sevilla. Los albures, con el tiempo, se impusieron al sushi. De hecho, en Coria del Río no hay ningún restaurante japonés. Sigue leyendo

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Humanista en Harvard, Ricote en Sevilla

Ya calza 78 púas y se marchó «obligado» hace medio siglo, pero conserva intacto el olfato de «hereje». Catedrático en Harvard y candidato al Príncipe de Asturias; humano, humanista e hispanista; discípulo de Américo Castro, maestro sin afán de crear escuela; fronterizo Hijo Predilecto de Andalucía; Francisco Márquez Villanueva pisa estos días el lugar en que nació, con motivo del Congreso de Directores de Bachillerato Internacional. De paso, de su boca surgen historias con iluminación de entierro que alumbran los pasajes más ocultos del pasado y un puñado de reflexiones de la educación que suenan a verdades como puños. Sigue leyendo

El negro de Tráfico y el portero del Parma

Dicen que Sorrentino recuerda a Fellini y que París tiene puntos en común con Sevilla. Entró con unos guantes de lana negros guillotinados, de ésos que dejan los dedos libres. El kiosco de la esquina de Tráfico con la avenida de la Palmera, no muy lejos del campo del Betis, tiene reminiscencias de película de los hermanos Coen, pero sin nieve de por medio. Hay buen café y prensa y el camarero es eficiente y sobrio, sin conversación innecesaria: “Buenos días”. “Buenos días”. “Qué va a ser”. “Un cortado y media con aceite”. “Muy bien”. “La simpatía está sobrevalorada”, como defiende Fátima Rojas. El tipo llevaba el uniforme típico de aparcacoches, azul y grana. El camarero inmediatamente llenó un vaso de agua y sirvió un café cortado para llevar. El gorrilla le dio monedas y el camarero le devolvió algún billete. En los bares siempre viene bien la calderilla suelta. El negro estuvo apenas unos minutos, sin lamentaciones a pesar de que en la calle los días apuraban el frío. Con un deje afrancesado comentó la derrota del Betis la noche anterior  frente al Rennes. “No puede ser”, dijo. “Es que no mete un gol a nadie. Es que no tiran a puerta. Manque pierda ni manque pierda, ‘miarma’…”. El tipo está más adaptado a la ciudad, a sus formas y estados, probablemente, que esos articulistas defensores de la sevillanía pura y sagrada que rinden culto a la última churrería del Postigo. La luna, según los astronautas que estuvieron allí, huele a pólvora quemada. Hubo un tiempo en que todos los europeos fuimos negros. “Hasta mañana”. “Hasta mañana”. “Las emociones están sobrevaloradas, pero las emociones son todo lo que tenemos”, escribió Sorrentino. En las ciudades vivas, no todo es lo que parece. Las “gárgolas medievales” de París ni son gárgolas ni son medievales. Son del loco Le Duc, del siglo XIX y se llaman “quimeras”. La Catedral de Sevilla también tiene sus grotescos, para expulsar el agua y ahuyentar los malos espíritus. Un señor negro aparcacoches puede ser más sevillano y estar más integrado en la cotidianidad de los días -la intrahistoria, que decía Unamuno- que muchos onanistas de teclado, patillas, azahar en la solapa y palco en la Campana; o que un hipster de la Alameda. Sorrentino se llama también el portero del Parma. 

Pavón(es) y Zidanes

23246_746633774_1656_nHay (pseudo)periodistas que van por la vida aparentando, con voz engominada y tono caciquil; en algunos casos, hijos de papá, con apellidos más o menos largos o familiares del tipo ése que le hace los ERE a la empresa y, por tanto, blindados ante el desamparo y la cola del paro. Hay (pseudo)periodistas de esos, demasiados de un tiempo a esta parte, que dan muy bien para rellenar un ratito de basura en la tele y ante los focos o que escriben libros y se creen escritores. Y luego, hay periodistas de verdad –no tantos- que no necesitan más que el respeto y una callada labor para ganarse afectos y el reconocimiento. Sigue leyendo

Carcaño al padre de Marta: «No sé dónde está el cuerpo. Pregúntale a mi hermano»

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Antonio del Castillo. Foto: Manuel Olmedo

Pandora dijo a Prometeo que lo último que había en la caja y, por tanto, lo último que se podría perder, era «la Esperanza». La caja de Pandora, entre todos los males del mundo, albergaba un hálito de misericordia que Miguel Carcaño, ocho años después del crimen, no concede a la familia de Marta del Castillo. Ayer concluyó la nueva  búsqueda en el Guadalquivir sin resultados. Prácticamente al tiempo que la Policía Nacional, con el apoyo de la Armada, finalizaba las labores de rastreo, el padre de la víctima mantenía un encuentro con el asesino confeso en la cárcel de Herrera de la Mancha para tratar de esclarecer el paradero de su hija. Carcaño, según pudo saber LA RAZÓN, aseguró que «no sabe nada». «Pregúntale a mi hermano», señaló, en referencia a Francisco Javier Delgado, que ya fue juzgado por encubrimiento y absuelto por la Audiencia de Sevilla y luego por el Supremo. El asesino confeso mantiene que fue Delgado «quien se deshizo del cuerpo».

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“A nosotros sí nos han condenado a una pena perpetua”

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Antonio del Castillo. Foto: Manuel Olmedo

El padre de Marta del Castillo es «un vencido», que no un derrotado. Vencido porque lleva dos meses –desde que desapareció su hija de 17 años– de «calvario» interior, pero sigue «luchando». Los trazos de su encefalograma podrían ser algo así como «el Guernica» de Picasso, pero pintado por el más burdo de los destripadores. Antonio del Castillo habla el idioma de la herida. Siquiera llora, al menos en público, como si no le quedaran lágrimas al hombre que perdió a su hija el 24 de enero y que a cada momento estallaba en llanto cuando pedía «más medios» para buscar a «su niña», mientras apostaba «los dos brazos» defendiendo que «no se había marchado voluntariamente». Entonces sí estaba derrotado, y perdido.

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Marta, año I: el dolor que no cesa

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Foto: Manuel Olmedo

La vida sin Marta del Castillo, un año después, no es lo mismo. Sobre todo para su familia. También para los implicados en el crimen.Y para una sociedad que, salvo catástrofes siderales, asume las tragedias como quien pasa las hojas de un periódico y se baja del dolor y de la esperanza igual que quien se baja de un caballo cansado. Cuando una persona se va, debería importar. Esta vez importa. Cicatrices en el alma, en el mejor de los casos. Heridas abiertas, en otros muchos. Y lo que te rondaré, morena.

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El “código Rancio”, un universo “a la diestra del cielo”

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Julio Muñoz Gijón, gato entre los tres palos, modernito runner (se lo perdonamos), respetuoso cofrade en silencio (también se lo perdonamos), ex delegado de clase de Periodismo en la promoción 99-03, padre de Silvio, insigne organizador de parrandas, bético, comunicador de talento y sevillano con ange’ (que es lo contrario al malaje). Foto de Pepe Lugo

“La’vangelio” es como se dice en Sevilla a los axiomas kantianos, las verdades evidentes. También es una expresión muy de la periodista Inma Carretero, natural de Cumbres Mayores, de donde procedían las chacinas de Hermanos Gómez, que linda con la casa de Lopera. En Sevilla, el que no se encuentra es porque no sabe que anda perdido. Julio Muñoz Gijón (Sevilla, 1981), que no es el alter ego del Rancio Sevillano porque no hay dos personas sino una dualidad en un ser –ying y yang, Sevilla y Triana- se adentra en el origen insospechado de la misteriosa expresión hispalense.  Los inspectores Jiménez y Villanueva se enfrentan en la sexta edición de la saga –“El enigma del evangelio Triana” (El Paseo)- que arrancó con “El Asesino de la Regañá” –y que ha sido adaptada a TV y teatro- “a un secreto que ni el del Código Da Vinci”. Julio Muñoz desentraña los secretos de la hermandad Serva la Bari, guardiana de las esencias de la sevillanía, en la búsqueda de un documento apócrifo que develaría los verdaderos hechos y lugares de la vida de Cristo y las ocultas razones por los que la Gracia se ha mantenido firme en Sevilla.

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Elogio del “manque pierda”: “el sentimiento trágico de la Liga”

Escribió Chirbes («En la orilla») que «si para algo sirve el dinero es para comprarle inocencia a tus descendientes». Decía Rodin que «el modelado es la emoción que la mano experimenta en la caricia». Algo así como la rosca de Jarni –«el mejor jugador de la ‘Juver’», que dijo aquél–; la folha seca que emana del empeine de Assunçao; el abismo a los pies de una barrera que salta en el minuto 92 de un derbi en el Pizjuán a libre y directo de un jugador de la estirpe contrahecha de Garrincha como Beñat; el golpeo eléctrico de Cuéllar en el vértice del área; la manada de elefantes –«Jumanji»– al paso de Emaná; Finidi George en banda gambeteando como la sombra de Peter Pan; o el sutil obús de Calderón (matador) de golpe franco directo. Como le dijeron, todavía imberbe, los veteranos a Valdano en el vestuario de Boca: «No sois vos el que tiembla. Es el estadio». A falta de posibles («desenvolvimiento», también dijo aquél) y uniendo conceptos, el silogismo que resulta es que a través de la emoción también se llega a la inocencia. Es la temporada 91-92 y el Betis remonta al Rayo en el Villamarín, 4-2. Ese día en Heliópolis, cuando se pone el sol en Sevilla, Jaime Pérez –como Alfonso, «qué bonitos» siguen siendo en la memoria «los goles de Alfonsito»– y de segundo Andersen –como el precursor del «Mannequin Challenge», pasaporte a Segunda junto a Sara, susto y muerte en la portería– se «confirma», a lo Unamuno –el filósofo y también el delantero del Betis, como prologa Iwasaki– en «el sentimiento trágico de la Liga». «Como balas de cañón. Sentir Betis: Cómo contárselo a mis hijos» (Samarcanda), presentado el pasado jueves en el Villamarín, supone la biografía particular de la confirmación en el beticismo bajo la máxima del «manque pierda». Una filosofía de vida que se resume en la certeza de que –como le decía Thomas Wayne, y después el fiel Alfred, al «señorito Bruce» en el «Batman Begins» de Nolan– «nos caemos para aprender a levantarnos».

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A propósito de los Perla

MO Juicio al clan de Los Perlas, por un delito de homicidio 042

El Coleta, durante la única sesión del juicio oral. Foto de Manuel Olmedo.

La noche del 20 de agosto de 2013, Antonio Girón, alias el Coleta, y su hijo José Antonio se reunieron en su casa y decidieron “vengarse” de Rafael G. J., alias Faíto, quien, según la Fiscalía, adquiría cocaína habitualmente del clan de los Perla. Faíto pagaba mensualmente a sus proveedores hasta que “comenzó a retrasarse en los pagos, originándose una deuda a favor de los Perla”. El Coleta y su hijo, armados, se dirigieron al piso del hermano de Faíto, conocedores de que el cliente moroso estaba allí refugiado con su familia. Los Perla abrieron fuego contra la vivienda. “Sí, queríamos matar a Faíto”. Palabras textuales de Antonio Girón. Según el Coleta y su hijo, la matriarca del clan se quedó en su casa. Estos son hechos reconocidos por los acusados.

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