“Ochéntame otra vez”

Reza el «Volver» que inmortalizó Gardel que «20 años no es nada». «Febril la mirada» se presentó el PSOE de Andalucía, en el Casino de la Exposición de Sevilla, donde se realizó el histórico recuento a pizarra y tiza tras el referéndum del 28F, actual enclave del Festival de Cine Europeo. Cuando el guion de un velatorio parecía escrito tras el 20D, con las mismas, sirviéndose del cruce de efemérides, las reivindicaciones patrias y los pactos varios, Susana Díaz, con perfil de tanguista fiero, aprovechó los fastos para una suerte de bodas de coral –35 años, más uno en este caso– de la autonomía. Emulando a los Globos de Oro como preludio de los Oscar, que coinciden en fecha con el Día de Andalucía, la fiesta andalucista del PSOE, BSO de David DeMaría, fue un preludio de las Medallas de la Junta en el que se obviaron dos décadas de Gobierno de Chaves y Griñán, a los que la presidenta apenas nominó de pasada. Como intérpretes de color (de color negro, se entiende) en los premios de Hollywood. Los en otros tiempos actores principales Manuel Chaves y Pepe Griñán permanecen ocultos, como los meteoritos de la Antártida que guardan secretos del sistema solar, en el argumentario socialista, de los ERE a esta parte. Susana Díaz reivindicó la figura de Rafael Escuredo –con cuyo carisma se la ha comparado durante las campañas electorales– y de José Rodríguez de la Borbolla, Pepote para los presentes. La presidenta andaluza se presentó como garante de la igualdad de todos los españoles en la encrucijada política española.

El PSOE presentó a Escuredo y De la Borbolla como representantes de la experiencia de los primeros pobladores, como la memoria de los primeros hombres que fueron juntos a por la autonomía plena igual que a la conquista de la Antártida. «Quien llega al partido socialista es por el amor a una tierra», señaló Susana Díaz, en contraposición a los nuevos políticos «del odio». La presidenta andaluza defendió que «la igualdad es compatible con las singularidades» y se refirió «a los fenicios», «los emperadores de Roma», la apertura por parte de los andaluces «de Despeñaperros a los Reyes Católicos», «vimos irse llorando a un mulsulmán como Boabdil», «por el Guadalquivir llegaba el oro de América»… «Pero no queremos privilegios frente a otros. Eso es ser socialista», defendió. La corrupción fue la gran ausente del discurso de Susana Díaz. Se centró en la historia pero obvió los últimos 20 años, aunque sí mencionó el paro. Habló de «la tierra de las diez universidades públicas, los doce parques tecnológicos», la comunidad donde los cirujanos «operan mientras el paciente toca el saxo». «Cómo que no ha merecido la pena», cuestionó. «Andalucía no quiere ser como la que más –en referencia al discurso del desaparecido diputado de Podemos José Luis Serrano– sino que todas seamos más, que todos vivamos mejor», señaló. «Que cada uno se tome el café como quiera», defendió antes de alertar de los que quieren «unos españoles de primera y otros de segunda». «Siempre que se ha dividido, los andaluces hemos quedado en el vagón de los de segunda. Andalucía necesita cuanto antes un Gobierno sensible, sólido, que garantice los derechos a las personas, que diga que no a los que quieren dejar como papel mojado la Constitución, sensible como Pedro Sánchez», indicó. «También necesita Andalucía no seguir atrapados entre trileros, que llevan en su ADN el egoísmo y entienden la política desde el odio y el rencor», dijo. «Tenemos que saber estar a la altura. Este país necesita el ser andaluz», destacó Díaz. La secretaria general del PSOE-A señaló que «se pueden cambiar los estatutos, las leyes y hasta la Constitución, pero cada vez que asomen la desigualdad y los privilegios de unos frente a otros tendremos que poner sobre la mesa aquel 28F por el que luchó en Andalucía».

El ex alcalde de Huelva, Juan Ceada, se refirió como firmante del Pacto de Antequera, a la «igualdad y unidad». «Andalucía será el mayor aliado de Pedro Sánchez por la igualdad de los pueblos de España», dijo. También intervinieron el alcalde más novel de Andalucía, Rodrigo Rodríguez, de Cañada del Rosal, y la parlamentaria más joven, María Márquez. «Yo siempre he pasado el Día de Andalucía tomando pan con aceite y tocando el himno en la flauta», señaló. Proactivos, resilientes y asertivos. Emponderados con sinergia. Los cachorros del partido.

De la Borbolla, al que la maestra de ceremonias, Mercedes de Pablos, comparó con «el General Caster, que tanto te gusta», dio las gracias a Susana Díaz «por haberme convidado para este acto, esto es muy importante para mí». De la Borbolla destacó que «el 28F de 1980 ha sido el único día de la historia de España en que un único pueblo de España consiguió la única victoria contra los poderes centrales de España». «Otros pueblos se han enfrentado pero desde fuera de los marco legales. Nosotros ganamos. Con un modelo inclusivo, igualitario», señaló, para reivindicar la figura de Plácido Fernández Viagas. Sobre la actual encrucijada territorial, De la Borbolla hizo hincapié en que «lo importante es la financiación, las chorreras importan menos». «Andalucía como la que más, no. Y el resto qué. No ‘‘café para todos’’. El café no da de comer. No alimenta. Lo que hace falta es huevo frito con patatas y con embutido para todos. El embutido, el que cada territorio quiera, a ser posible», manifestó antes de acabar citando la Semana Santa: «To’s por iguá’, valientes».

Escuredo recordó la figura de García Caparrós, de Fernández Viagas –«el primero que levantó la voz para hablar de Andalucía»–, de Blas Infante, «porque también es nuestro». «En Almería también se ganó el referéndum», defendió, recordando que «votaron los muertos y los vivos tenían dificultades». «Sin Pepote –Borbolla– no hubiera habido Pacto de Antequera. Te mereces un homenaje», recordó. «Si tras 36 años gobernamos Andalucía es porque hicimos algo que quería el pueblo: salud, educación, políticas sociales». «Una criatura se quedaba en el paro y no tenía para comer», señaló, y el fantasma de Javier Guerrero se vislumbró en los subconscientes. Sobre Cataluña, explicó que «cuando el Estado hace aguas y la crisis ha masacrado, entonces es cuando vienen a morder los tobillos porque los ven frágiles». «Susana, te toca buscar políticas de unidad, al servicio del legado del 28F, te toca levantar una vez más tu voz, con responsabilidad, con un federalismo que integre en un proyecto común. Advierte a quien te quiera oír, que este pueblo una vez se puso en pie y se puso a caminar y si es necesario otra vez nos pondremos en pie para defender la unidad, la igualdad», señaló Escuredo a la líder andaluza, homenajeando veladamente en un mediodía ochentero, en relación a los pactos de Pedro Sánchez, a uno de los mitos de la década o cuando Lola Flores dijo sobre el escenario, ya asfixiada por Hacienda -que entonces aún éramos todos-, aquello de «pero el pendiente, Íñigo, no lo quiero perder». O lo que es lo mismo (pero no es igual), como una plegaria: Susana Díaz, “ochéntame otra vez”.

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El norte y el sur se encuentran en Sevilla

El norte y el sur se encuentran en Sevilla. De hecho, durante los días de rodaje al equipo de “Allí abajo” les cogió un frío muy del centro del mismo Donosti. María León es todo ojos, y le brillan al hablar de Carmela. “El único personaje que he hecho -con permiso de Pepita, de “La voz dormida”, que era cordobesa y con el que ganó el Goya- que tiene tanto que ver con mis raíces”. María León rueda desde hace dos meses en el Palacio de Monsalves, a no muchos metros de su hábitat natural de la Alameda de Hércules -convertido en centro neurálgico del cine patrio tras el fenómeno de “La isla mínima” y la toma de los pasados Goya por el “artisteo” andaluz. El Palacio de Monsalves se ha convertido en la Clínica Híspalis, con una tasca sevillana regentada por Alberto López, uno de “Los compadres” (el que se da un aire al Moranco). El coautor de “El mundo es nuestro”, Alfonso Sánchez, hace de señorito andaluz. También hay una taberna de las vascongadas, con sus letreros en euskera y su bufanda de la Real Sociedad. Hasta el piso del personaje de María León cabe en el Palacio. Por el plató deambulan rostros conocidos de “Vaya Semanita”, el fenómeno televisivo trasnacional -a los vascos les gustará más así- y que forman parte del elenco de “Allí Abajo”, la “comedia realista” producida por Plano a Plano para Antena 3.

“Carmela no deja de sorprenderme. Es la alegría de vivir, una gran mujer. Es difícil encontrar grandes papeles de mujeres”, gesticula María León. La actriz señala que la última producción de ATRESMEDIA “no tiene tanto que ver con ‘Ocho apellidos vascos’” -una película que no le gustó aunque destaca “las grandes interpretaciones”- como con obras anteriores “como ‘Bienvenidos al Sur’”. “Esto no es una historia de amor”. Aquí la clave “es una ciudad, un carácter, una forma de vivir”. “Iñaki -interpretado por Jon Plazaola- encuentra una Sevilla de risas y gritos y se va enamorando de la ciudad”, cuenta María León. Para la actriz sevillana, la clave de la conexión es que “vascos y sevillanos, en realidad, son muy parecidos. Los dos somos muy disfrutones. Unos de puertas para afuera, que es algo que te da el clima, y otros más de puertas para adentro”. Esa forma de ser superlativa de unos y otros, esos tópicos intrínsecos, conforman el tema de la pasión de vivir, tanto las alegrías como las penas y dan pie también “a la ironía”. El realismo se da la mano con la comedia en “Allí Abajo”. “Nadie habla en la vida como en el Telediario”, explica la actriz. “Celebramos lo que somos con orgullo”. En resumen -siguen brillando los ojos-, se trata de “contar la vida desde Sevilla”. “¿Mucho estereotipo? Sí, pero es que los andaluces somos estereotipo y los vascos ni te cuento”. Todo “dando humanidad a los personajes” y con cariño, desde el RH de los guionistas vascos. “Los hijoputas saben escribir muy bien la comedia”, defiende al referirse a Óscar Terol, Marta Sánchez y Olatz Arroyo, que aseguran que el guión es anterior a “Ocho apellidos vascos”. En la dirección, Iñaki Mercero, Joaquín Mazón y Jacobo Martos.

La otra cara de esta “comedia realista” se llama Jon Plazaola -13 años como cómico, guionista, director y presentador en el País Vasco y que defiende “el humor como un arma valiosísima para la convivencia”- e intepreta a Iñaki, un joven obligado a emigrar al sur “y que tiene mucho más que ocho apellidos vascos”. “Mínimo, diez”. El “choque cultural”, “el trasvase de fronteras”, “el amor”, “los tópicos al servicio del humor pero desde el respeto”, explica, son los temas de esta producción de 13 capítulos de 70 minutos que se terminará de rodar a finales de mayo y que comenzará a emitirse en el segundo trimestre del año. “Sevilla es un plató espectacular”, indica, antes de señalar que “la realidad en las calles supera a la ficción”.

Mariano Peña deja atrás a nueve años de Mauricio Colmenero para adentrarse en “un personaje de la Sevilla clásica”, Don Benjumea, que es ingresado en la Clínica Híspalis y que “no se quiere ir”. Peña -que confiesa que sólo ve documentales y “sin pudor” ratos de Sálvame (“en todas las casas hay una mirilla”)- admite que vivimos un momento de “exceso de humor” en la ficción porque “para dramas ya está la realidad y los informativos”. Completan el reparto, entre otros, Iker Galartza, Gorka Aguinagalde, Óscar Terol, Alazne Etxeberría, Carmen Frigolet, Salva Reina, Maria Paz Sayago, Noemí Ruiz y Carmina Barrios, la madre de Paco León, protagonista de “Carmina o revienta” y “Carmina y amén”.