Licantropía electoral

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Parlamento, preguntas a la presidenta Susana Díaz. Fotón de Manuel Olmedo.

La «licantropía clínica» es un síndrome en el que el paciente cree que puede convertirse, o que se ha transformado ya, en un animal. Con el anuncio de nuevas elecciones –advenimiento, por otra parte, presente del 20N a esta parte–, el político sufre unos síntomas que sólo acaban, si es que terminan, la noche de autos electoral, tras la consabida «fiesta de la democracia» en la que todos los partidos impenitentemente ganan. El Parlamento no es ajeno a los designios electorales. Más aún, viene siendo lo que Guernica a la Gran Guerra mundial. Un laboratorio, un anticipo meridional de posibles pactos y contiendas por venir. El 20N confluye en las Cincos Llagas. Como Picasso respondiendo a sus críticos –«Yo hago lo imposible, porque lo posible lo hace cualquiera»–, Susana Díaz anunció, durante la sesión de control, que el paro bajará de las 950.000 personas este mes, insistió en que «hay que derogar la reforma laboral» y dejó un nuevo argumento para la confrontación electoral: la PAC.

Díaz anunció que va a solicitar a Mariano Rajoy que «se revisen» las ayudas asociadas a la Política Agraria Común para evitar la «competencia desleal» entre productores de distintos países de la UE y Andalucía. El portavoz socialista, Mario Jiménez, hizo de telonero del argumento electoralista, criticando los «902 millones perdidos con un reparto injusto propiciado por el PP». Mario Jiménez esta vez no «pidió unas palabras a Antonio Machado», como en el Pleno anterior, y habló de un «robo a mano armada al campo». «Han mentido en los criterios de reparto», dijo, aludiendo a «un castigo pendiente de Cañete». «Es una agresión sin precedentes, no una reducción progresiva. Quién sabe si el dinero del campo andaluz no termina en Panamá. Pero Cañete no sabe nada», dijo. Para el PSOE, en un tráiler de lo que se verá en sesión continua en la campaña sobre todo en la Andalucía rural, caladero de votos socialistas, se trata de «una estrategia premeditada de hacer daño» con la «callada sumisa del PP y la falta de respuesta del Gobierno de España». «Pido su valoración, presidenta», dijo Mario Jiménez, como cuando Michael Laudrup daba una asistencia, con la mirada en el tendido. Así se las ponían a Romario.

Susana Díaz recordó que «Andalucía fue leal» y negoció «siempre al lado de España». «En el reparto salimos perdiendo», destacó, apuntando con vocación de eslogan al «hachazo de Cañete». «Quien más necesita esas ayudas, por primera vez es el más castigado. El 80% de agricultores que reciben menos de 5.000 euros en ayudas». Y aludió al PP-A: «A los que recogen tantas firmas, que pidan que el impuesto Sucesiones para las explotaciones agrícolas desaparezca». La Junta, por carta, va a «exigir que antes del 1 de julio se revise y se le dé a Andalucía lo que es suyo y de justicia».

Susana Díaz acusó a Juanma Moreno de «mentir» sobre el impuesto de Sucesiones en Madrid. El líder popular le reprochó que esté «mareando la perdiz» con un grupo de trabajo que lleva seis meses. «¿Tanto hay que estudiar?». Díaz tiró de cifras. «Supuestamente este impuesto no existía en Madrid y ahora dice que esta comunidad ha recaudado 550 millones por el mismo, más de lo que recauda Andalucía». Tras interpelar Juanma Moreno a Ciudadanos, Susana Díaz recurrió al mismo argumento que usó para defender que el reprobado De Llera siga en el cargo. «Si quiere debatir con Marín, gane las elecciones», le dijo, aludiendo al «nerviosismo electoral y la pelea dentro del ámbito de la derecha». Una estampa propia del cuadro del Matrimonio Arnolfini que representan PSOE y C’s en Andalucía y que, con las elecciones tan cerca, rompió el presidente del Parlamento negando la palabra al líder de Ciudadanos.”La semana pasada me equivoqué”, dijo Durán. A Marín -cuyo grupo en el Pleno anterior apoyó la “reprobación de De Llera”, aunque con dos besos al final- se le quedó cara de Viktor Narvorski en “La terminal” de Spielberg. “Krakozhia“. Spoiler: El PSOE le dejará vivir en el aeropuerto pero sin visado ni nacionalidad, en tanto se piensa de qué lado calza, al menos hasta las elecciones.

Previamente, el diputado Sergio Romero había espetado al consejero de Presidencia que «la Administración andaluza es un caos y la transparencia deja mucho que desear». El PP defiende que donde hay menos impuestos, se recauda más porque no se obliga a los herederos a renunciar y recuerda que lo que solicita es una bonificación del 99% para hijos y familiares directos, no para el resto de herencias. «No hay verdad. Sólo hay percepción», decía Flaubert.

No se olvidó Susana Díaz de Podemos, cuya líder, Teresa Rodríguez, fría como un «ok» en una respuesta de WhatsApp desde que soltó en las Cinco Llagas que «el cortijo apesta», preguntaba «a cambio de qué, ¿de más deuda, de una nueva burbuja?», van a adelantar los bancos los pagos a los proveedores, el penúltimo as en la manga anunciado por la presidenta. Díaz acusó a Rodríguez de «falta de rigor» y señaló que «la demagogia puede tener éxito, sólo hay que ver a Donald Trump, pero no ayuda a la gente». El primer presidente republicano de EE UU, Abraham Lincoln, sostenía: «Si dispusiera de seis horas para cortar un árbol, pasaría cuatro afilando el hacha». Los grupos políticos andaluces, con Susana Díaz destacada, velan armas para el 26J.