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“Okupa” (Troya)

Antonio Maíllo y Teresa Rodríguez, ex compañeros de confluencia y ahora remitentes postales. Foto de Podemos Andalucía

Cuentan que Maíllo ha sido visto por las alturas de Aracena con la mirada perdida de Koeman frente al niño-dios Messi. Ahora escribe cartas a la Pasionaria roteña cuando hace unos años engendraron una confluencia para la que el otrora Telémaco de las Cinco Llagas puso el ajuar entero y la entonces líder de Podemos el rostro en los carteles de Andalucía. IU cedió las llaves de su domus, su estructura devaluada pero asentada, y ahora los camaradas Valderas y Pérez Tapias pueden decir aquello de «Dixi vobis». Del «Terexit» (derechos de autor de Noelia Acedo) en Podemos a la «okupación» de Adelante había un paso. En IU hablan de rapto, Paris y Helena, mientras los Anticapis prenden fuego a la hoguera. Maíllo quiso ser Sean Connery en «La caza del Octubre Rojo» y aún sabiendo latín no vio venir el Caballo de Troya. «Te lo dije», en román paladino.

Teresa y Susana, diferentemente iguales: la muñeca rusa, un concurso de dibujos para el 28F y un Gobierno sin oposición

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Juanma Moreno y Luis Rubiales con la Copa del Rey. Imagen de la cuenta de Twitter del presidente andaluz

«El antílope no necesita ser más rápido que el depredador para sobrevivir. Le basta con correr más que los otros antílopes», reza un proverbio africano. Juanma Moreno encara el 40 aniversario del 28F con la bandera del andalucismo en una mano y en la otra el sable de la confrontación a cuenta de la financiación –la política del Ministerio de Hacienda es terreno abonado al agravio– y de la igualdad entre los territorios de España. Juanma Moreno ha pasado en poco más de un año de estar a las puertas de una gestora para el partido a gobernar sin oposición por parte de las formaciones de izquierda –con los de la derecha mantiene un pacto parlamentario, en un caso, y de gobierno, en otro– por incomparecencia. Del «Andaluz, éste no es tu referéndum» que lastró a la derecha durante cuatro décadas se ha pasado a un presidente popular con imagen moderada y centrista, pese al acuerdo con Vox, y lazo doblemente verde –por Andalucía y por el ecologismo– en la solapa defendiendo los intereses de la región en Bruselas en tanto el PSOE-A convoca un concurso de dibujos escolares para el 28F y Adelante Andalucía se fagocita en su última aventura de corte trotskista.

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Después del “Terexit”

El «Terexit», la escisión de los Anticapitalistas de Podemos, por más que esperado, dibuja un escenario incierto. Teresa Rodríguez explicó las razones de la separación, apuntando al objetivo de construir «un sujeto político propio andaluz» mirándose en el espejo de En Comú Podem de Ada Colau. «Alguien tiene que coger la bandera de Andalucía» porque «los andaluces estamos haciendo el tonto». La todavía líder de Podemos Andalucía anunció el objetivo de crear un partido nacionalista andaluz en la estela de las organizaciones vascas, gallegas, catalanas «y hasta de Teruel», que tienen representación en el Congreso y «consiguen poner sus legítimos intereses en el centro del debate político». La segunda causa de disolución, la gota que colmó el vaso, ha sido el pacto con el PSOE para formar Gobierno. Ahora, según el acuerdo con Pablo Iglesias, Teresa Rodríguez y los 10 diputados de su cuerda continuarán en Adelante en el Parlamento, pese a la separación, y el objetivo de Rodríguez es potenciar esta marca común aunque todavía –dijo– no ha hablado con IU, también socio de Gobierno con Pedro Sánchez. Rodríguez tenía una perfecta sintonía con el ex coordinador de la coalición Antonio Maíllo, aunque desde su entorno se criticó el «chiringuito» montado por no estar de acuerdo con la mayoría. Su sucesor, Toni Valero, anunció que no renunciará a su espacio en Adelante y señaló que Podemos es su socio prioritario, más aún cuando ahora gobiernan juntos, aunque tendiendo la mano a la incorporación de «otras fuerzas» a la izquierda del PSOE. Entre el sector anticapitalista y el de IU hay tensión en la Cámara.

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El as de Espadas en la manga

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Juan Espadas, junto a, entre otros, su número 2 (con permiso de Cabrera) Antonio Muñoz, “inaugurando” un ascensor / Imagen de la cuenta de Twitter del alcalde de Sevilla

«Suela y labia, Juan», le aconsejó Alfonso Guerra a Juan Espadas. Al munícipe se le tilda de «quietista» aunque sin alharacas ha reeditado mandato y ha sabido apaciguar la amplia dualidad del imaginario hispalense. Tampoco tiene grandes enemigos en el PSOE ni alianzas orgánicas, como Montero. Fue designado por Griñán en plena descomposición de la etapa de Monteseirín, casi puesto a los pies de los caballos del «efecto Zoido», un momento político concreto en plena crisis que alcanzó –inédito desde Del Valle– una aplastante mayoría absoluta en Plaza Nueva. Espadas aceptó ponerse delante como candidato cumpliendo el encargo envenenado, aún sabiendo que sus opciones eran más que nimias y –algo que forma parte de su identidad– siguió creyendo o se convenció de que había que creer. Cuando en 2011 parecía que Zoido era una hidra electoral de tres cabezas, Espadas mantuvo la calma.Cuando a Zoido le paraba toda Sevilla en el Corpus como  si fuera Obama reencarnado en Fregenal de la Sierra y se apostaba por una era en la capital andaluza sin contestación y casi eterna similar a la de Teófila Martínez en Cádiz, Espadas barruntaba: «Esto es muy largo». Cuatro años después, era alcalde. A favor de Espadas entonces y ahora en las aspiraciones a liderar el PSOE-A, una vez que ratificó que no sujetará el bastón de mando municipal más de ocho años, está su capacidad para ganarse a los adversarios a ambos lados del espectro político, ya sea pactando con Cs o con la marca blanca de Podemos. El regidor de Sevilla no tiene prejuicios a la hora de buscar sinergias o aplaudir a un histórico alcalde popular como Francisco de la Torre en Málaga. Ahí radica uno de sus pluses respecto a Susana Díaz, en cuyo regazo se movió políticamente en su primer mandato y de la que se ha sabido distanciar en tanto que la ex presidenta fue cayendo en desgracia. A Espadas no le gustó que Susana Díaz le impusiera recolocaciones tras la caída de San Telmo en el Ayuntamiento hispalense, a modo de delfines sucesorios, como la ex consejera Sonia Gaya.

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Sanidad, pronóstico reservado; oposición, cuidados intensivos

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El consejero de Salud y Familias de la Junta de Andalucía, Jesús Aguirre, en el Pleno monográfico sobre Sanidad. Foto del Parlamento de Andalucía .

La jornada previa se cumplieron 37 años –el tiempo que el PSOE gobernó la Junta– de «Acorralado» pero el Pleno monográfico sobre Sanidad dejó indemne al consejero del ramo, Jesús Aguirre, quien acabó citando el «No es lo mismo» de Alejandro Sanz –a la postre, sobrino del histórico socialista Luis Pizarro–. Aunque el guión de la oposición, las protestas de los sanitarios y la erosión del consejero a cuenta, principalmente, de sus declaraciones y la crisis de la listeria –aunque en San Telmo lo que más escuece son las transfusiones de fondos de última hora– prometían una jornada de suspense en las Cinco Llagas, el debate viró hacia el género de terror bajo el síndrome de «Candyman», en cuya trama sólo aparece el monstruo al otro lado del espejo si se menciona tres veces. Aguirre se acordó de la ahora ministra Montero –el estreno de «La princesa prometida» cumplió 32 años– en varias ocasiones a cuenta del bloqueo de las cuentas que impide la salida a los mercados y mentó –55 años de «La pantera rosa»– «el caso ERE». Con los 680 millones cifrados en la condena de Chaves, Griñán y otra veintena de cargos socialistas que comprenden una década de gobiernos, «se podrían hacer 37 hospitales de alta resolución o lograr la equiparación salarial». Ante la petición de dimisión del portavoz socialista José Fiscal, se defendió Aguirre: «¿Y no debería dimitir Susana Díaz por los ERE? ¿Y usted dónde estaba?». Aguirre «desencadenado».

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“El jardín de los senderos que se bifurcan” en el CIS

Continuacion del Debate sobre el Estado de la Comunidad en el Pa

Susana Díaz. Foto de Manuel Olmedo

“En el desierto/acontece la aurora./ Alguien lo sabe”. El haiku de Borges emparenta con el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de Tezanos. Como un réquiem existencial, toda vida y, por tanto, todo acontecimiento, se sustenta sobre tres pilares: lo que creemos ser, lo que quisiéramos ser y lo que de verdad somos. La realidad de las elecciones andaluzas del 2 de diciembre se sustenta en impresiones. El conflicto catalán influyó en el escrutinio de las urnas pero no tanto como sostiene el PSOE-A como coartada, más que como argumento, a la abstención. Casi 37 años de gobiernos socialistas, una corrupción epidérmica y el rechazo suscitado por el hiperliderazgo atrófico de Susana Díaz –quien ayer señalaba que no le ha dado tiempo a leer el «Manual de resistencia» de Pedro Sánchez porque lleva todo el día «currando»– dieron paso al ahora denominado «Gobierno del cambio». Las primeras impresiones carecen de segundas oportunidades. Aún conociendo los resultados, a toro pasado, el 68,6% de los encuestados por el CIS habría votado por el mismo partido. Sólo el 3,6% de los electores habría cambiado su voto conociendo el resultado.

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El “iscosistema” en el Parlamento andaluz y la melva canutera

Anda el personal alterado ante la posibilidad de que Vox juegue un papel preponderante en el Parlamento andaluz esta XI Legislatura a punto de arrancar. Ciudadanos hace como que se echa las manos a la cabeza cuando se entera de que Juanma Moreno se ha tomado un café en el Alfonso XIII con Francisco Serrano, líder de Vox en Andalucía. Cabe recordar que para que “el frente del cambio” logre el objetivo de desalojar al PSOE de la Junta tras 36 años de gobiernos socialistas, necesitan, al menos, el voto de cuatro de los doce diputados de Vox o el apoyo súbito del propio PSOE o de los aficionados a la autocrítica “pero sólo un poquito” de Adelante Andalucía. El escenario en el Parlamento se asemeja a la situación que describía Diego Torres -probablemente el periodista que mejor fabula de España y Argentina- durante el pasado Mundial en relación a Isco Alarcón. Al juez Serrano, de nombre Francisco como el futbolista de Arroyo de la Miel, se le achaca también que “cuando baja al medio, no es para jugar rápido con balón y moverse, sino para trasladar y frenar el juego”. Dentro del propio vestuario, según Diego Torres, los galones a Isco -que, por otro lado, estaba desarrollando a la perfección su juego hasta que de unas semanas a esta parte ha entrado en barrena- motivaron las críticas por el paso del juego de toque rápido de la España del tiki-taka a una posesión más densa que conlleva una horizontalidad excesiva que algunos denominan tiqui-tuqui. Es decir, el juego de Isco implica, para bien o para mal -y en función del partido- que todo pase por él. Exactamente como pasa con el juez Serrano en el Parlamento.

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El juez Serrano y el sexo de los ángeles

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Serrano, última barrera en la negociación de PP y Cs para la investidura. Foto: Manuel Olmedo

Al juez Serrano ya se le conoce como el sherpa porque por un módico precio te lleva a la cima en la negociación para la investidura de la XI Legislatura. El juez Serrano –nota mental: se escribe juez pero se lee “abogado especializado en asuntos de familia pero magistrado en excedencia tras ser readmitido por el CGPJ en ejecución de la sentencia del Tribunal Supremo que ordenó su rehabilitación una vez cumplida la condena a dos años de inhabilitación especial para cargo público que le impuso el TSJA como autor de un delito de prevaricación judicial por alargar las vacaciones de un niño con su padre, sin consultar a su madre, para que pudiese salir en una procesión de Semana Santa-, como decimos, el abogado-magistrado no admitirá un ninguneo y quiere participar en las negociaciones e influir en el pacto de investidura. «Vox y voto». Abascal reiteró que no serán «obstáculo para un cambio político en Andalucía» pero «tampoco seremos una alfombra para la continuidad del socialismo con otras siglas». El pacto ignífugo que plantea Ciudadanos –alcanzar un acuerdo con PP y que sean los populares los que, llegado el caso, negocien con el partido de Abascal y Serrano para no quemarse de cara a próximas citas electorales– se ha topado no sólo con la terca realidad de los más de 400.000 votos y doce escaños que contemplan al quinto elemento del Parlamento andaluz sino con los propios principios básicos de la aritmética. PP y Cs necesitan, como mínimo, el voto de cuatro diputados de Vox en segunda votación y para la composición de la Mesa del Parlamento su apoyo a una propuesta que, de entrada, contempla cuatro miembros para populares y naranjas quedando solo tres libres para otras tantas fuerzas pero con la problemática añadida de que al PSOE, por proporcionalidad en el resultado electoral –ganó los comicios, aunque sin opciones de sumar mayoría– le corresponderían tres. Vistos los precedentes de la pasada legislatura, cuando el PSOE acabó presidiendo el Parlamento y hasta la comisión de investigación sobre sus propias y presuntas irregularidades en la Faffe (poca cosa, el gasto de miles de euros en alternes, por ejemplo),  en las principales casas de apuestas ya sostienen que los socialistas acabarán con la mayoría de puestos de la Mesa del Parlamento.

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