“Yo también tendré que descansar”, un homenaje a Blas Infante en el Parlamento

160705 Blas Infante

Juanma Moreno, en el homenaje a Blas Infante, con Susana Díaz y Chiqui Jiménez Barrios abanicándose en segundo plano y la consejera María Jesús Montero en modo “Éxtasis” de Santa Teresa. Foto del PP-A.

Un 11 de agosto, hace 80 años en el kilómetro 4 de la antigua Carretera de Carmona, fue asesinado Blas Infante. En torno a esa fecha y en ese punto su fundación celebra un homenaje en el que suelen destacar las ausencias. La efeméride encarta mal. El calendario laboral manda. Como solía alegar un antiguo jefe de sección, «yo también tendré que descansar». “¿Y yo cuándo como?”, añadiría el maestro Araújo. El Parlamento en su sede de las Cinco Llagas conmemora su nacimiento coincidiendo, ahora que la Transición está tan en boga, con los 40 años (y dos días) de la investidura de Suárez, contrario en principio al «café para todos». La presidenta de la Junta, Susana Díaz, reivindicó la figura y el legado del padre de la Patria Andaluza en el aniversario capicúa, 131, de su nacimiento, llamando a llevar a cabo «de una vez por todas» una reforma del estado de las autonomías para construir «un país más atractivo». «Se trata de construir una España de progreso, dentro de una Europa que tiene que ser más solidaria, más humanitaria y respetuosa con esos ideales más profundos que por historia nos unen».

En la batalla de Adrianópolis el ejército de Licinio fue duramente mermado con 35.000 bajas gracias al ataque por sorpresa de Constantino. En las pasadas elecciones, también sorpresivamente, el PP sacó 99.000 votos más que el PSOE en la comunidad. Se cayó un mito, el de la imbatibilidad electoral de Susana Díaz, y está por ver si no era de porcelana. Los socialistas andaluces sobrellevan el síndrome postraumático. El organismo del perezoso deja de funcionar a las dos semanas de haber muerto. Apenas han pasado diez días desde las elecciones. En «La vida de Pi», no obstante, se contrapone la lentitud de este folívoro con la vertiginosa velocidad de las alas del colibrí, que no se llegan a percibir. Como el «sorpasso» del PP o el hecho de que sea en Andalucía donde la confluencia de Unidos Podemos más creciera en votos coincidiendo con la mayor pérdida de votantes del PSOE de España. El perezoso emparenta en parte con el armadillo, con fama de resistente. La primera muerte del bipartidismo en España implicó repetir elecciones tres veces hasta 1920. El notario de Casares tenía entonces 35 años, la misma edad con la que Susana Díaz se convirtió en Secretaria de Organización del PSOE-A. Maternalmente, Susana Díaz señaló ayer que es Blas Infante «quien guía nuestros pasos en el Parlamento». Sin su arquitectura ideológica, «la Andalucía que hoy conocemos sería otra bien distinta». «Nos debe inspirar para trabajar siempre con responsabilidad y nos debe comprometer a actuar siempre por el bien común», indicó Díaz. «Sin querer ser más pero tampoco menos que nadie, Andalucía alza su voz para defender una España en igualdad, en armonía, en la que todos los ciudadanos tengan los mismos derechos vivan donde vivan», señaló, como ya hiciera durante la campaña electoral, presentándose como garantía de la unidad nacional. La presidenta señaló que el populismo siembra «intranquilidad e inseguridad» y puso como ejemplo la situación del Reino Unido con el Brexit.

Había en la República de Roma dos caminos al poder: el cursus honorum y la carrera de las armas. El resultado del PP-A en las pasadas elecciones se enmarcaría en la primera casuística. El presidente del Partido Popular Andaluz, Juanma Moreno, destacó la valiosa lección de Blas Infante mostrando la posibilidad de poder cambiar. «El cambio no se hace desde la resignación y el miedo, sino desde la reivindicación y la valentía», apuntó. Entretanto, Susana Díaz y su vicepresidente se abanicaban y la consejera de Hacienda se imbuía en los rayos de sol. «El cambio a mejor es posible siempre, en eso tenemos que ser ambiciosos. No hay que mirar atrás, sino siempre adelante. No hay recrearse en el éxito ni lamentarse con el fracaso. Que ni lo bueno ni lo malo nos paralice», indicó. «Siempre se mostró orgulloso del ingenio andaluz y reclamaba no caer en la resignación ni en el lamento del agravio», agregó. «No debe existir miedo cuando de lo que se trata es de hacer Andalucía, de hacer de Andalucía una comunidad que cree empleo para todos y genere riqueza, que sea referente de progreso e igualdad de oportunidades y una comunidad en la que sus gobernantes sean ejemplo de rectitud y de ética», sentenció. Moreno pidió «afrontar ese reto entre todos, sin dogmatismo, ni sectarismo y sin patrimonializar lo que es de todos los andaluces porque así, con esos mimbres, se hará otra cosa pero no se hará Andalucía». El líder popular sostuvo que «ante la incertidumbre, Andalucía debe reivindicar con más fuerza que nunca, nuestra cualidad como inspiradora y como parte esencial de España».

Teresa Rodríguez, con la bandera andaluza que le legó el diputado José Luis Serrano, pidió recuperar «el reto» de la autonomía y apeló a la emoción como Rajoy en un campo de alcachofas. «Autonomía es la seguridad de poder darle de comer a tus hijos, autonomía es la seguridad de que puedes conservar tu puesto de trabajo aunque reivindiques que se cumpla la normativa laboral; y autonomía es saber que tenemos un futuro próspero propio». Por Ciudadanos, que lleva en su programa la recentralización del país, Julio Díaz, destacó que Blas Infante fue un «precursor de cambios irreversibles». El diputado de IU José Antonio Castro reivindicó que «Andalucía sea como la que más». Como escribió Henrik Ibsen, y recordaba Francisco Javier Recio en la última página de El Mundo de Andalucía -cuya pérdida habría llorado Blas Infante-, «sólo lo que se pierde se tiene para siempre».

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“A Andalucía si gobierna Ciudadanos no la va a conocer ni la madre que la parió”

Ciudadanos ha convertido el hotel de las primarias de Susana Díaz contra ella misma, previa elección dactilar de Griñán, en su fortín de campaña. Al lado,  una inmobiliaria anuncia: «Los naranjos de Marbella es tu elección». Cuando el azar –o el destino– se pone, imita los guiones de Rafael Azcona.
«Los naranjitos», como los bautizó el popular Rafael Hernando, de entrada, se diferencian de PP y PSOE en una serie de aspectos obvios para los sentidos. En sus mítines ni se chilla ni se suda. Es más, hay hasta escaleta, sobre la que se improvisa. Un millar de personas se congregaron ayer, por sus  medios y sin que conste débito salarial alguno. A la salida, el único autobús que esperaba era el del Elche, que jugaba con el Sevilla por la tarde. España ha vuelto a las arrobas como unidad de medida y al discurso de la Transición. El líder de C’s, Albert Rivera es un híbrido entre Adolfo Suárez y Pablo Alborán. Él mismo recordó al delegado del Gobierno, Antonio Sanz, sin caer en el estribillo fácil de «Y tú, y tú, y tú» más, que su madre  también es de Málaga. La sintonía de C’s, empero, tiene un aire a la serie de los 90 «Sensación de Vivir». Rivera es el Brandon que toda madre quiere como yerno. Juan Marín no pasa por Dylan pero sus maneras capilares pueden sustituir en el Parlamento el hueco dejado en este aspecto por Diego Valderas. Marín gasta el mismo desparpajo que Manolo García sobre un escenario. Quietud de hombre tranquilo. Testimoniales fueron las intervenciones de Javier Millán, candidato a la Alcaldía de Sevilla, e Irene Rivera, número 1 en la lista por Málaga, piloto de helicópteros, «mayday, mayday». Tomó el testigo Javier Nart, abogado, europarlamentario, fajado en debates televisivos y «Crónicas Marcianas». Nart –chaqueta de pana, reminiscencia de sus tiempos del PSOE de Tierno Galván– también corresponsal de guerra, dispara con vocación de Rambo en Vietnam. «En la guerra la primera víctima es la verdad. En las campañas, el respeto a la ciudadanía». Nart explicó que en los mítines se apela «a sentimientos primarios» pero no se llega al «qué y al por qué». «La lucha contra la corrupción -en Andalucía– ni está ni se la espera», censuró, para hablar de un «franquismo sociológico» en la comunidad y del «España soy yo» de Susana Díaz. Nart ahondó en un «cacicato de fuerzas de izquierda que hacen una política de derecha» y «una ciudadanía captada» a través de subvenciones. «El PSOE es el partido del régimen. Hace falta un golpe de timón serio» y «no pensar con quién se van a liar para seguir haciendo lo mismo. Con nosotros, no, jamás, nunca». Nart, con la Cabalgata de las Walkirias en su cabeza y la mirada del Coronel Kurtz, también agradeció al  PP que le esté «haciendo la campaña», dándole la bienvenida «a Esquerra Republicana» al «señor Floriano, Hernando y a Antonio Sanz». «Ciudadanos, los ciudadanos, tiene la llave», concluyó el eurodiputado del matarile diálectico. «Me encanta el olor a napalm por la mañana», el coronel Kilgore en «Apocalipsis Now».
El candidato Juan Marín abogó por «reformar los que no ha funcionado». «Los investigados, como dicen ahora, a la calle». El fin de los aforados, listas abiertas, limitación de mandatos son otras de las recetas del  candidato de C’s, quien, con la querencia de secundario de Manolo Gómez Bur, espera, tras cinco días de campaña,  dar «un paseo por la playa de Sanlúcar para despejarme». «No hay nada más poderoso que la papeleta para cambiar las cosas. Si no créeis en el cambio, votad a otra fuerza», finalizó, añadiendo que no van a pactar «con quien no lleve las reformas que planteamos». Marín ya gobierna en Sanlúcar con el PSOE.
«No os pido una sociedad de gente cabreada, os pido una sociedad de gente feliz», arrancó Albert Rivera, el líder de C’s, de quien pudiera parecer que cuando nació le hubieran dicho a sus padres: «Enhorabuena, han tenido un candidato». «Viene una nueva era», explicó, tras referirse al 15M ,a una «nueva Transición» y «un renacimiento civil». Rivera, que no vino al mundo con un pan debajo del brazo sino con una americana a medida puesta, aboga por «gente que no sólo protesta sino que propone». La palabra «país» pasa por la favorita del líder de C’s. «No me gusta perder ni al parchís. Esto no ha hecho más que empezar. Ser la tercera fuerza es posible», arengó, sin alzar la voz, si desprender una gota de sudor, gustándose al punto de explotar los recursos como «hijo de comerciantes» acostumbrado a debatir consigo mismo ante el espejo, como el Gran Gatsby. «Igual gobernamos y no somos sólo la llave». Entonces tiró de clásicos: «Tengo un sueño -«I have a dream»–: cambiar este país. Y no se puede sin cambiar Andalucía, que es la tierra de Alfonso Guerra, gran orador y muy buena cabeza», encargado, recordó, de la campaña del 82 –«Por el cambio, el PSOE; «El cambio en Andalucía», C’s ahora– en la que arrasaron los socialistas. Entonces, parafraseó a Guerra: «A Andalucía si  gobierna C’s no la va a conocer ni la madre que la parió». «La vieja política aún piensa en pactos, en ofrecernos sillas. No tienen nada que ofrecernos para que esto siga igual. Ni cargos, ni dinero, ni paguitas. España necesita un plan y C’s es la palanca del cambio».  «¿Serán humildes y entonarán el ‘mea culpa’? Si no, no hay nada que hablar. Oposición dura y a por ellos». También citó como líneas rojas «el fin del aforamiento –«no sólo que dimitan Chaves y Griñán»– y un pacto nacional contra la corrupción» con PSOE, PP y Podemos, del que dijo que, a diferencia de ellos, «no vamos contra nadie». «Como en el 77 y el 78 hacen falta líderes de la reconciliación, gente de Estado, estadistas, no políticos al uso. Ustedes son nuestros jefes», señaló con guante de seda el líder de Ciudadanos, el yerno de todas las madres de España, posible llave de la Junta, Prometeo de «la nueva Transición».