José Tomás tiene un misterio y Juan Ignacio Zoido, un ministerio

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Antonio Sanz observa casi de reojo y colocados en diagonal al ministro Zoido, Juanma Moreno y Javier Arenas. El de la derecha, aunque pudiera tener un aire, no es Clark Kent, es Ricardo Tarno. Foto de Ke-Imagen.

«Porque resistimos, conquistamos» es una frase del explorador Schackleton. A diferencia de la Antártida, con patrias múltiples, en el tricentésimo noveno día del año del calendario gregoriano, 310º este año al ser bisiesto, dos días después del anuncio mariano (Rajoy), ayer, todo el mundo reivindicó la procedencia de Zoido: el PP de Sevilla. «Allá donde esté, estará siempre Sevilla. Mi familia es la del PP, en especial de Sevilla», señaló en la Harinera, museo del pan de Alcalá de Guadaíra. El titular de Interior, que por la tarde acudió a la misa del Gran Poder, se estrenó con la detención del jefe de ETA debajo del brazo. Dicen que José Tomás tiene un misterio y Juan Ignacio Zoido, un Ministerio.

Embargado por la emoción –no como los acusados del «caso ERE» cuyas millonarias fianzas se anunciaron al tiempo que el hombre del que partió la denuncia de las mordidas de Mercasevilla tomó posesión de la cartera de Interior–, Zoido se hizo carne entre nubarrones y lluvia y ante el PP de Sevilla en su último ejemplo de resiliencia política en la Intermunicipal del PP hispalense y ante el presidente de honor del partido, Javier Arenas, el presidente del PP-A, Juanma Moreno, y el del PP de Sevilla, Juan Bueno. Zoido –«más emocionado que al tomar posesión del cargo», dijo–, expresó su agradecimiento a los militantes y, en especial, al que fuera su mentor y quien lo introdujo en la política: un Javier Arenas que le devolvía el abrazo con la mirada perdida de Kramer, el jugador alemán que no recordaba haber jugado la final del Mundial. Arenas, como Gregory Peck cuando daba giras por universidades, se perdió de la primera línea la noche que ganó las elecciones al PSOE de Griñán, y no gobernó. El Ministerio de Zoido, Cospedal mediante, emula a cuando fue a ver a Julio Camba el alcalde de Madrid para ofrecerle una calle. «Yo lo que quiero es un piso». Paradojas del destino, su antecesor en la Alcaldía, Monteseirín, también quería un ministerio y aún no tiene ni avenida en Sevilla. «No soñaba con ser delegado del Gobierno. No soñaba con ser alcalde y no soñaba con ser ministro», aseguró Zoido.

El orégano es antiinflamatorio, antibiótico y contribuye con la destrucción de las células tumorales de la próstata. En Alcalá de Guadaíra se repartió mucho orégano a cuenta de los laureles de Zoido. “Doctores tiene la iglesia” y dicen que a partir de ciertos años hay que hacérsela mirar. La próstata. Como los liderazgos políticos.«Rajoy se lleva a uno de los mejores de nosotros. Zoido tiene una de las mejores trayectorias que he conocido», defendió Juanma Moreno. «Todo el que va de número 1 por Sevilla, acaba de ministro», señaló Juan Bueno, recordando el caso de Cristóbal Montoro, cunero en 2011. El alcalde de Tomares, José Luis Sanz, que no se le vio en el acto, iba de número 1 al Senado; fue el damnificado tras la designación de Moreno Bonilla en el PP-A y tiene perfil de secretario de Estado. Zoido garantizó que «donde yo esté va a estar Sevilla siempre» y se puso «a disposición del PP-A», que con Juanma Moreno no quiere alcaldes con duplicidad de cargos. Gregorio Serrano, que, como el histórico titular del interior derecho del Madrid, «también suena» (y que como Míchel, en realidad es un organizador que cae a banda), al ser preguntado si «se va a la capital», señalaba que «ahora mismo lo que me voy es a mi casa a comer». Beltrán Pérez tiraba de argumentario sobre su futuro en el Consistorio: «A disposición de lo que quiera el partido, como siempre». «Veamos si te quedas en el rebaño o te unes a la jauría», rezaba Underwood en «House of Cards». Zoido es de nuevo un «referente» del PP-A. Gregoriano o no, tres elementos, desde la antigüedad, determinan los acontecimientos del calendario: los astros, los santos y los pícaros. En el PP-A, con perfil rotatorio en el tiempo, Arenas, Juanma Moreno y Zoido, cartera de Interior y, desde Madrid vía AVE, influencia exterior.

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Los pies por delante

Dicen los estudios que faltan sepultureros y lo que sobran son muertos, bombas en aeropuertos, accidentes de tráfico y degüellos en el tajo. Un, dos, tres y hasta cuatro curritos de esos que salen de casa antes que el sol han perdido –o les han robado– la vida en apenas 48 horas en Andalucía. Salieron a ganarse el pan nuestro de cada día y volvieron con los pies por delante, listos de papeles, a la espera de la extremaunción. Amén.

Los que mandan sacan pancartas tras cada muerte, con las campanas del reloj del Ayuntamiento sonando a réquiem. «No más muertes en el trabajo», callan en cada minuto de silencio que guardan. Entre enero y noviembre del pasado año, 141 momentos de silencio sepulcral, uno por cada traje de madera de pino, por cada trabajador muerto. Faltan sepultureros.

La bonanza económica española se basa en la especulación, en las construcciones a bajo coste y las hipotecas por las nubes. El crecimiento económico se sustenta en el jugarse la vida de cada trabajador, en el «te contrato cuatro horas y trabajas doce», en el recorte de gasto en medidas de seguridad, en hacer equilibrismo sin red, que si no lo haces tú lo hará otro. El milagro español se basa en aumentar la demanda de enterradores, que, oiga, faltan sepultureros.

A principio de semana, un trabajador degollado. A mediados, un electrocutado y otro atropellado. A finales, otro accidentado y a la espera estamos de algún último cadáver a los postres. Medidas, casi ninguna. Lamentaciones, todas.

Los comités de empresa ya van recomendando que, junto al martillo y el cincel, se lleve siempre una carta, por lo que pueda pasar. Sugieren que comience como aquélla que guardaba el capitán Scott en su periplo suicida por la Antártida: «A mi viuda». Al final, se puede recordar a los huérfanos que la situación no es tan grave, que hay puestos de trabajo libres como matarife, lavacoches o colocador de carteles. Y en la posdata: «También faltan enterradores. Recuerdos a los políticos y empresarios con piel de buitre y lágrima de cocodrilo». Firmado: el difunto.

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