Gran Pepón (Jurado) de las pequeñas cosas

Al principio fue Pepón, después, quizás, vino la palabra. Pero antes de todo eso, seguro, fue la música. Un poco de blues. Una marcha de Semana Santa. Un soul. Lo demás fue una derivada en un cruce de caminos como el que, dicen, engendró a Robert Johnson.

Pepón no era un hombre, es una cátedra de vida. “Soul man” con cigarrillos Celtas en el bolsillo de una camisa de formas imposibles. No es que Pepón fuera retro, es que, como los grandes clásicos, era atemporal. Un Expediente-X al que aferrarse gravitando por quién sabe qué constelación. Casi dos metros de tío dotado con la empatía rudimentaria de nuestros primos los macacos, que se dice pronto, en una jungla de asfalto y ojana; y con “la intelijensia de saber el nombre esacto de las cosas”, que ya quisiera Juan Ramón. Grande y vetusto como una farola fernandina que alumbrara con luz de gas. Tan intrahistoria es Pepón que al final se coló en la Historia. En la de Sevilla, en la de la prensa de Sevilla. Eso a él le importaba el carajo la vela. A él, tan grande y tan chico a la vez, lo que de verdad le importaba era nuestra historia, que era intra(historia) y era entre todos nosotros. Sigue leyendo

“La vida aparte”

Es un tipo de ley, aunque permanezca eternamente a tres asignaturas de ser abogado. Posee el alma ingrávida de las mariposas y conoce la quietud que soporta la locura. Vive rodeado de seres mágicos y cada rato con él es una aventura vital. Inquilino del claroscuro. Lo mismo se te aparece Javier Ruibal, con una legión de musas en las entrañas; que Juanjo Téllez, con esa calma de jedi de La Caleta, de Buda blanco; que Eli Ramos, con una antigua cámara para sacarle nuevos enfoques al mundo viejo. Un vodka con limón. Y a vivir la vida aparte, que, aunque así se llame su segundo álbum de estudio, es una filosofía vital y una manera de mirar la vida, que no es lo mismo, pero es igual. Sigue leyendo