Le llaman Manuel, se apellida Olmedo

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Dice que se llama Manuel y que se apellida Olmedo. Pero, sabiendo que el tipo ha sido detective y le han puesto una ‘pipa’ en la sien, es mejor ponerlo en cuarentena. Pertenece a esa rara estirpe de periodistas –fotoperiodista, en su caso- que vive la cotidianidad como algo extraordinario. Para Olmedo, el barrio de los Pajaritos es como la franja de Gaza y subir la Cuesta del Rosario es como escalar el K-2. Tiene alma de Quijote y talante de Sancho, lo que viene a ser lo mismo que decir que es un loco cuerdo o un cuerdo loco. Nuestro Morenatti, que en los altares está, tiene mérito, pero no más que Manolo Olmedo, que el Ruso, que Acedo, que el Gómez y tantos foteros que se la juegan a diario, lo mismo da que sea empotrados en un camión de los Estados Juntitos de América que en una redada en las Tres Mil o sacándole el plano bueno al concejal de turno, algo, a veces, poco menos que imposible. El espíritu es el mismo, sólo cambian las circunstancias. Las circunstancias de Olmedo son sus hijos, que son su vida. No hay sesión de fotos que no comente que su niño tiene un examen o que una de sus niñas está resfriada. Tampoco hay foto que se le resista. Proviene de un linaje de foteros y por sus venas corre el alma de su abuela, de la que siempre lleva una foto de los tiempos de los hermanos Lumière. Los hay igual de artistas que él; más profesionales no los hay. Si los hay, yo no los he visto. Olmedo trabaja lo imposible. El plano desde la planta 15 de un piso; el balcón frente al sitio donde se ha cometido un asesinato; el interior de la sotana del cura. Si hay una cena de Navidad, ahí está el tío sacando fotos. Si está en su balcón conversando con su loro, ahí está el tío fotografiando a unos mangantes que roban cobre de las cocheras del metro. Hace unos años, su loro –tan célebre en su barrio que están pensando cambiar el nombre de Cerro del Águila por el de Cerro del Loro de Olmedo-, le salvó la vida en un escape de gas. El bicho se desmayó y ésa fue la alarma para el incidente. Yo creo que no fue un accidente, sino alguna venganza de su época de detective privado, de antes de ser Tintín, de cuando jugaba a Mortadelo sin Filemón. A los malos, no les gustan los buenos. A los plumillas –que no somos ni buenos ni malos, sino todo lo contrario-, nos podrá gustar más o menos Olmedo, pero todos, da igual el medio en que trabajemos, coincidimos en que lo queremos; en que es un lujo poder llamarlo compañero; y en que su loro debería tener un monumento al lado del de Cayetana de Alba. El honor y los fastos serían para la duquesa, como pasa con las noticias, que toda la gloria se la queda el plumilla. Pero el monumento a la sangre de verdad noble sería el del fotero-aventurero Olmedo, con su loro y su cámara. PD: Hoy es su cumpleaños. Felicidad(es) y salud.

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El último alfarero

Por la maqana. Fotos del taller de Antonio Campos. Fotos tambi}n del propio artesano con las manos en el barro, haciendo vasijas y tal. Calle Alfarerka, 22. (Llamar antes al 954 34 33 04 para concertar cita). Y aprovechando que pasais con Alfarerra, fotos de la fachada de alguna de las tiendas de ceremica de esa calle. (Pide Miguel)

Antonio Campos, en su taller de la calle Alfarería, 22. Fotografía de Aníbal González

Decía Rodin que «el modelado es la emoción que la mano experimenta en la caricia». Triana ha sido tierra de caricias fugitivas tras los callejones, y de artesanía. Caricias aún quedan, a cualquier hora, a plena luz del sol. La artesanía, ahora fugitiva, está en vías de extinción. El Ayuntamiento lleva años anunciando un museo de la cerámica que no llega, igual que tampoco se concluye la restauración del Castillo de San Jorge, que acogió la sede tormentosa de la Inquisición y cuyas ruinas sin levantar atormentan ahora a los trianeros.

En el último Pleno, previa petición del Distrito y denuncia de la oposición, el Consistorio se apresuró a asegurar que «el museo está en marcha», que «la colección Carranza estará en Triana», que «en 18 meses se acabará la obra». El primer plazo ofrecido ha concluido este año. Y aún no hay proyecto cerrado. Por un error administrativo, dicen. De momento, se limpian los hornos. El amargo don de la promesa.

Antonio Rodríguez y José Miguel González llevan toda una vida detrás del mostrador de «Rodríguez y Díaz SL, fábrica de cerámica de todas clases», vulgo Cerámica Santa Ana. La empresa existe desde 1870, aunque «se sabe que había hornos más antiguos». Gárgoris y Habis –los Rómulo y Remo de Tartessos– con toda probabilidad bebieron de las vasijas trianeras. Y las santas Justa y Rufina, las hermanas mártires y vírgenes patronas de la ciudad, fueron hijas de un humilde alfarero pagano hispanorromano.

La primera propietaria de Cerámica Santa Ana fue «la viuda de Gómez». En 1939, Eduardo y Enrique Rodríguez –«mi abuelo y mi tío abuelo», narra Antonio– se asociaron con el director artístico Antonio Kiernam. «Ahora conservamos la empresa entre ocho primos», aunque se están planteando «subastar los fondos». «Con la obra del museo, hemos tenido que alquilar una nave en Alcalá de Guadaíra y eso son gastos extras que, unido a la crisis, nos asfixian». «Lo ideal es que las obras se queden en el museo», añade José Manuel, mientras camina por las «catacumbas» de la empresa, unas instalaciones en el presente apuntaladas, en otros tiempos «con hasta 60 empleados». Entonces, había siete hornos de leña quemando eucalipto y pino y vistiendo Triana con un velo de humo.

El libro de pedidos de Cerámica Santa Ana supone un inventario de la historia, un espejo de las personas anónimas e ilustres que se acercaron en algún momento a este rincón de Triana en el que el río ya empieza a oler a mar. Vicente Aleixandre, Alfonso XIII, la reina Victoria Eugenia, que cuenta con un azulejo conmemorativo; la Duquesa de Alba, Carlos Cano o Almodóvar, que escribió: «Gracias por mantener la tradición. A partir de ahora, me veréis a menudo». «Sería en las películas, porque no ha vuelto», cuentan. Anthony Quinn «vino un día y se puso a pintar en el taller». Cuando le sorprendieron, le echaron, mientras repetía: «Soy Anthony Quinn», con acento mexicano. «¡Ni Antonio Quinn ni leche, fuera!».

Los dibujos para tinta china componen otro de los tesoros de Santa Ana, con sus fórmulas magistrales. “Algunos de la Expo del 29”, la mayoría de imágenes marianas. «Cada fábrica tenía sus secretos », explica José Manuel. Y su misterio. «Entre la historia y la leyenda, imprima la leyenda», decía John Ford. A la calle San Jorge, una vez, llegó un pedido de Estados Unidos. El sobre ponía: «Cerámica Santa Ana. Triana. España». La carta llegó.

Cerámica Ruiz; Pisano, con su taller en Alfarería, 45; Montalbán; Mensaque, que se mudó a Santiponce y cerró recientemente; o Santa Isabel, fundada cuando la Revolución Francesa tomó cuerpo, también tienen su propia historia, esperando ser contada en un museo que sigue en obras. Entretanto, la intrahistoria se esconde y se escribe entre las callejuelas.

Mientras en Ginebra el acelerador de partículas recrea el big-bang en busca de vibraciones del vacío, en Alfarería, un alfarero recrea en un torno el principio bíblico de la humanidad. «Oficio noble y bizarro. Entre todos el primero, pues que en la industria del barro Dios fue el primer alfarero y el hombre el primer cacharro», reza un azulejo en Santa Ana. “Entre los pétalos de arcilla/ nace, sonriente,/la flor humana”, escribió Octavio Paz bajo el título “Dios que surge de una orquídea de barro”.

La historia de Antonio Campos es la de quien, sin saberlo ni quererlo, intenta alterar de forma inverosímil el itinerario narrativo de la vida. A la pregunta «¿El último alfarero?», responde: «El último mohicano». Más cínico y descreído que el jefe de los indios sioux. En materia de nihilismo, Triana carece de rival. Campos trabaja en su taller de Alfarería, 22, junto a su hija Ana, que pinta las piezas creadas por su padre en el torno, el invento del escita Anarcarsis. En estos tiempos de urbanizaciones con casas iguales para gente que piensa igual, Antonio se rebela ante el mal llamado «progreso». «Los alfareros se han ido extinguiendo por las máquinas. Antes, las tejas y los cántaros mantenían el sector. Los pocos jóvenes que se interesan quieren saber en meses y se necesitan años para empezar a emprender», dice. «La artesanía ha pasado a ser decorativa ». Piezas por encargo, obras personalizadas, remates, como los del Alcázar o el Alfonso XIII, son los trabajos más repetidos.

Antonio Campos lleva «desde los 13 años con barro en las manos». Entró como aprendiz cuando «la calle Alfarería estaba llena de alfareros». En Triana lleva unos 20 años, «por romanticismo». «Me encanta mi oficio. No es muy rentable. Sólo razonable», sentencia. «Ahora, como los bancos quiebran, no compran», narra, mientras acaba unos cálices. «Para eliminar y quitar pecados. Los créditos no, pero los pecados los quita», bromea. «Con la crisis hay una avalancha de fe increíble».

Antonio cree que el museo «puede ser positivo», pero no da «saltos de alegría». «El turista echa la foto y se va y, a veces, como una vez unos chinos, te piden que cantes algo. Como si en Triana todo el mundo supiera cantar», dice el «mohicano» que fuma Marlboro, como los vaqueros del anuncio, con las manos llenas de barro. Y aconseja: «Lo único importante que puede hacer el alcalde es un aparcamiento gratuito». El artesano crea el cáliz pero no bebe de él, ajeno a «la avalancha de fe». «Cuando yo muera, se acabó». Ese día, sin alfareros en Alfarería, como Eneas paseando por Cartago, habrá que responder a la tristeza: «Sunt lacrimae rerum». «Son lágrimas de las cosas».

Los barcos dejaron de crecer por la máquina de vapor, que trajo navíos lentos, insensibles al viento, con una tripulación menos exigente, como ha pasado con la artesanía. Entonces, nació el clíper, la más bella y esbelta nave. Un «beau geste», diría un francés. Un «arrebato de dignidad», diría un castizo. «Por mis cojones», dicen en Sevilla. En la calle Alfarería, ya se intuye el final de una estirpe, pero, mientras en Ginebra recrean el nacimiento de la vida en un acelerador de partículas, en Triana, el último alfarero modela en barro la última caricia.

Futurama (o el mañana)

Máquinas que piensan como hombres. Hombres que piensan y sienten como máquinas (como siempre, o sea). Teléfonos móviles que proyectan imágenes holográficas al hablar y que sirven de mando para la televisión, donde, de una u otra manera, siguen Matías Prats y Ana Blanco dando el telediario y, por supuesto, siguen Los Simpsons, temporada 358. Como toda la vida de dios.

Aparatos domésticos que lanzan un haz visual con la imagen de los seres queridos que ya se fueron, como si siguieran vivos y perduraran más allá de la memoria. Cadenas musicales con las que, al apretar un botón, U2 –el grupo clásico que dejaron los años de antes la colonización humana de varios satélites y pseudoplanetas- o los Beatles –que siguen siendo eternos- se aparecen en el salón de casa y dan un concierto. Juntos o por separado. Raphael, Rodolfo Chikilicuatre, Demiss Roussos y Michael Jackson son grandes mitos, por cierto.

Hombres casados con máquinas con apariencia humana: unos robots –se puede elegir rostro y medidas, incluso copias de personas si éstas han vendido sus derechos de imagen- que realizan el acto sexual mecánicamente -también está la opción del sexo virtual- sumisamente, sonríen, les gusta el fútbol, cocinan y durante las conversaciones asienten cada tres segundos. El producto más vendido durante más de medio siglo. La publicidad decía: “Lo que usted busca. Si se cansa, sólo tiene que darle al botón de ‘stand by’. Si se casa, se arruina”. Lo mismo que antes de la colonización humana de varios pseudoplanetas y satélites, pero con el ahorro de discusiones y divorcios. Lo mismo que antes, pero con la posibilidad de tener al lado a alguien con la cara de Sara Montiel en sus tiempos mozos, el trasero de Belén Esteban –que ha pasado a la historia como el paradigma del talento del ser humano-, la cintura de María Dolores de Cospedal o Shakira, y los pechos, por ejemplo, de Marujita Díaz –galardonada con varios premios Grammy póstumamente-.

Máquinas que niegan que son máquinas y aseguran ser hombres, igual que hay hombres que no lo son y creen serlo y máquinas que inventan máquinas y Juegos Olímpicos de hombres; de máquinas; y de hombres y máquinas. En natación, siempre gana Michael Phelps. Este año, Michael Phelps Jr., tataratarataranieto del nadador que ganó ocho oros en Pekín 2008. Al parecer, la marihuana,que se vende en los estancos desde el 2117, es el secreto. La mejor es la marihuana del águila.

Multinacionales textiles de la marca Camps, que adquirió la firma Zara tras el éxito de sus trajes. La gran sensación es el esmoquin Aznar, una prenda que resalta los abdominales y el bigote. Y el pantalón vaquero “Lady Gaga”. “Para marcar paquete”, dice el anuncio.

El mono es una especie protegida en Gibraltar, por lo que los llanitos temen que se cumpla la leyenda y el Peñón retome la titularidad española, el Estado más meridional de los Estados Unidos de Europa, que se anexionó a la antigua Portugal recuperando el nombre de Iberia tras el affaire a principios del siglo XXI entre José Luis Rodríguez Zapatero, que siempre se declaró afrancesado y con talante, y Carla Bruni, que siempre se confesó polígama. La titularidad de Mallorca la comparten la Little Bretaña (un país que ha menguado) y Alemania. En Estados Unidos, después de un siglo, un candidato blanco, la gran minoría étnica, opta a la Casa Blanca. Palestina existe. Geográficamente, está en lo que en el siglo XX se denominaba Groenlandia. El inglés, el francés, el español, el chino y el togolés son idiomas obligatorios en todo el mundo conocido. El tongolés es el lenguaje para los negocios poco lícitos. La Academia Rumsfeld es la mejor para aprenderlo.

Los desnudos de Scarlett Johannson compiten en precio de venta con los clásicos del siglo XX de Marilyn Monroe, María Teresa Fernández de la Vega, Nicolás Sarkozy, Isabel II de Inglaterra, Cayetana James-Stuart y Federico Trillo Figueroa. Los periódicos en papel existen. Son obligatorios en las escuelas, universidades, bibliotecas, taxis, autobuses, metros y bares. El consumidor medio, no obstante, se informa a través de los diarios electrónicos y los móviles. Con los libros ha pasado igual. “Los hombres que no amaban a las mujeres” se ha equiparado como clásico de la literatura a “El Quijote”. En Iberia, un nuevo premio literario ha irrumpido con poderío. Por supuesto, de la editorial Planeta, que se fusionó con Prisa justo antes del fin de la crisis de los medios de comunicación. El certamen, que ha mermado la popularidad del Premio Nadal, se denomina Premio Federer.

Los terremotos –que en el siglo XXI alcanzaron una frecuencia semanal- se controlan mediante la dinamo gravitacional. Con este método, también se disuelven las tormentas y los huracanes. Naciones Unidas tiene su titularidad, aunque la primacía de los países africanos se deja sentir en las decisiones. Los países ricos del siglo XXI aceptaron, por así decirlo, el poder de África por un periodo similar al que han vivido en la pobreza para mantener la riqueza de un tercio del mundo. Llevan un año así. Así que quedan, en principio, más de veinte siglos de capitalidad mundial en el hemisferio sur.

La energía atómica es, junto a la solar y la eólica, la gran fuente de energía mundial. En el 2006, se consiguió la energía de fisión a partir de una determinada masa crítica de elementos de núcleo inestable. Es más, los humanoides funcionan con una pequeña batería de energía nuclear. El agua es un producto totalmente diferente a lo que se conocía como H20. El agua natural es un producto de lujo. Las grandes masas de población subsisten con agua desalinizada y Casera blanca, aunque en la antigua dehesa rusa siguen prefiriendo el vodka. Coca-Cola, ahogada por las deudas, entre anexionarse a Pepsi o buscar otra salida, optó por “huir hacia adelante” y en 2054 compró la antigua Cruzcampo. Actualmente, la Cruzcampo fresquita es la bebida más consumida del mundo.

En las farmacias venden “virus saludables”, nacidos de la ingeniería genética. Se trata de virus que infectan selectivamente las células que se desea para destruirlas –como los tumores- o para introducir en ellas un código genético. Así se combate el envejecimiento –la esperanza de vida son 120 años y la jubilación se aplazó a los 80 años con la nueva Ley Fraga- o los resfriados -que no gripes- A, B o C. La medicina psicológica patentó los reguladores emocionales, unos principios farmacológicos que inhiben o estimulan las emociones. El válium del siglo XXII. La mayoría de la población es calva; y la mitad estéril, curiosamente, la que guarda mayor parecido con Obélix, es decir, los ciudadanos obesos. Existen cabinas de autosuicidio, que fueron muy usadas durante la gran crisis del año 2082, muy similar a la de 2009. En la actualidad, los periodistas son los principales usuarios de esta tecnología. Es lenta y dolorosa. Hay quien dice que les recuerda a su profesión. Ellos hablan de “muerte vocacional”.

En el 2111, se colonizó un satélite hallado en la Galaxia de Andrómeda. “Un pequeño paso para el hombre pero un gran paso para la humanidad”, dijo, tras hacer unas fotos, el astronauta chino que pisó la nueva luna. (Los chinos lo copian todo, sí). Cuando llegaron los norteamericanos, mucho más peliculeros, dijeron: “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”. Los chinos, que ya estaban allí, hicieron una foto y siguieron con lo suyo, aunque, tras varias películas, en la Tierra aún hay quien cree que los primeros pobladores del espacio fueron los americanos.

El satélite fue bautizado como 月亮, que se lee “Mulejos” y, en español quiere decir, “a tomar por culo de lejos”. Aquello es Benidorm en sus buenos tiempos, pero a lo bestia y con microclima. En sus inicios, todo el mundo se tumbaba en las costas de “Mulejos” con su traje de astronauta de neopreno. Posteriormente, se colonizaron más satélites y pseudoplanetas. Se exterminó toda forma humana de estos lugares que no tuviera pechos. Fue “en defensa propia”, según Naciones Unidas. Algunos “marineros de las estrellas” intentaron formalizar relaciones con las formas de vida exterior y con pechos. La Iglesia , ahora bajo el mandato de Benedicto LIII, sigue sin elecciones en el Vaticano, niega que los curas tengan erecciones y censura este tipo de uniones. Como desde que San Pablo, el autor intelectual, lanzara la empresa y como en el siglo XXI. Como toda la vida de dios, o sea.