Hispanias

La educación es lo que separa la barbarie de la civilización y, a maiore, las reglas, los códigos, la ley. El Parlamento ha patentado el camarote de los Marx, juntando en un despacho a los marxistas por antonomasia expulsados de Adelante –«la parte contratante de la primera parte» pero en asambleas– y «a la niña de la Falange», que es como llaman a la diputada que se fue de Vox en un viraje sin alforjas. Dos Españas y un despacho. No cabe más pureza ideológica en cuatro paredes, mientras en los teléfonos de la Cámara anuncian de menú del día «papas con choco». Suárez –con Mellado, Carrillo y Tejero, arquetipos hispánicos retratados el 23F– se alimentó de tortilla francesa, café, tabaco y ambición. Dos años antes del golpe, con dolor de cabeza y muelas, soportaba el insomnio con una pistola en la mesilla. Se han cumplido 40 años de su dimisión y 50 de «El exorcista», mientras en el Parlamento los letrados claman «¡El poder de las Cinco Llagas te obliga!» ante la urgencia en la modificación del reglamento y el reparto de la asignación de los grupos. De los pasillos, dicen, ha desaparecido un portátil y del antiguo despacho de Teresa Rodríguez, documentación «anticapi». La realidad, en tiempos de pensamiento «slime», se distorsiona sola. El cocinero Enrique Sánchez es telonero del confinamiento. Cuando Juanma Moreno dio el último parte de las restricciones, tocaba pollo marinado. «La cocina es un mundo libre», es la máxima del chef. Después el presidente, tras la operación «Salvemos la Navidad», vino con la dieta perimetral. Una muerte es una tragedia. Cien al día, una estadística. Un fusilado es un crimen. Miles son historia. Tendemos a pensar que la Nación de uno es muy grande pero, en el caso de España, la describió entera en un prólogo Chaves Nogales. La soberbia, como la carrera de Ana Blanco o de Buffon, tiende al infinito. Una vez le preguntaron a Churchill por los franceses; y dijo que no conocía a todos. Si un mérito tienen las autoproclamadas dos Españas es que cuentan con el tesón de los hermanos Wright, que pasaban horas mirando gaviotas y ni novia se echaron, mientras el resto del personal está a las papas con choco, el colegio de los niños, el atasco de marras, Salud (que no) Responde, las gestiones vía güija en el SEPE y la eliminación de Copa. Por estas fechas pero de 1897 el diario «La Andalucía» ya hablaba de fiebres y muertes y reseñaba que «la clase media da todas sus fuerzas y economías al país, que ingrato y avaro, le abruma con impuestos crecidísimos… Mientras tanto, los ‘salvadores’ de la patria se pasan el año conferenciando, cabildeando, haciendo repetidos viajes a Madrid, para enviar en telegramas mentirosas promesas». A principios de febrero de 1918 «El Noticiero sevillano» abría con el debate entre «germanófilos» y «aliadófilos». En cuarta página: «Siguen los desórdenes en Barcelona». No difieren las noticias de ayer y mañana ni las preocupaciones de antaño y el porvenir: pan, abrazo y abrigo; aunque ahora también los papeles hablan de osas con el trauma de jaulas imaginarias y se le llama «coliving» a la tiesura media. «Si nos levantamos pronto, pero muy pronto, y sin reproches, y nos ponemos a trabajar, somos un país imparable», dijo una vez Guardiola, en cuyas contradicciones caben varias Hispanias. Pocas cosas más patrias hay que renegar, «A sangre y fuego». «La gran sentada», pidió una vez Aragonés, cuando caíamos en Cuartos. Acabamos ganando un Mundial con un milagro de Móstoles, la carrera de uno de Los Palacios, el centro fallido de un niño de Fuenlabrada, el rechace emigrante del nieto holandés de una abuela de Chiclana, un pase catalán y un gol de Fuentealbilla dedicado a un muerto. Y lo más difícil fue ponernos de acuerdo.

El «principio de parsimonia» en la Audiencia de Sevilla

El 13 de diciembre de 2010, Griñán, como presidente de la Junta, y Rubalcaba, como vicepresidente del Gobierno, cerraban acuerdos sobre Doñana, viviendas y chiringuitos. Siete años devoran todos los espejos y hace añicos las garnachas. Ahora, el ex presidente autonómico, junto a su predecesor en el cargo, Manuel Chaves, y otros 20 ex altos cargos de la Junta se sientan en los bancos de la Audiencia como investigados en la pieza del «procedimiento específico» del «caso ERE», para dilucidar si las ayudas sociolaborales y la partida 31L, el llamado «fondo de reptiles», eran una suerte de «chiringuito» desde el que se hilaba la tela de araña de la red clientelar de la administración. El grueso del juicio queda pospuesto a partir del 9 de enero. El «turrón» del «caso ERE» se dirimirá tras los polvorones de Navidad y la digestión se vislumbra pesada. Tras tres jornadas, queda para la historia la imagen de un Consejo de Gobierno en la bancada de los acusados y la aparición en escena de la principal instructora de la causa, Mercedes Alaya, poniendo en cuestión, con la pálida querencia de Clarise M. Sterling ante el doctor Lecter, lapsus incluido, hasta la propia independencia judicial. «No parece prudente ni sensato que un juez ponga en cuestión de forma corriente la independencia de jueces de otros órganos jurisdiccionales; ni que envíe al público opiniones subjetivas sobre un juicio actual de cuya instrucción ella se ocupó», concluyó el abogado de Griñán, José María Mohedano, quien comparte apellido con la titular original del título de «la más grande» con el que en su día apodaron las partes a la jueza Alaya.

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