Podemos ad portas

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Íñigo Errejón, en “las setas” de la Encarnación. Por Kiko Hurtado.

La energía potencial de la gravedad no detiene su funcionamiento, como los países con Gobiernos en funciones; la arena no deja de caer en el reloj y el calendario dibuja siete días y seis noches hasta el 26J. La última semana de campaña, aderezada con la estimación de voto del CIS, pesa en el ambiente. Los ataques del PSOE a Podemos van in crescendo. Los morados continúan susurrando aquello de «Pedro, yo no soy tu enemigo». El PP se agarra al voto útil. En Ciudadanos emulan a las tropas del General Santana, «los que tocaban a degüello» con la mira puesta en Rajoy. Socialistas y naranjas han elevado su acuerdo (de intento) de Gobierno a pacto de no agresión. El término «ocasión» proviene del latín «occasio», que significa «oportunidad». Andalucía pasa por el destino final, 61 escaños en liza. Entre la ocasión de unos partidos, la brontofobia y el ocaso de otros.

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Del abuelo o el milagro de la cafeína

El abuelo camina camino de los noventa años. Ochenta y ocho, creo que tiene. Quizás ochenta y nueve. Se enfrenta a los días con la certeza de que cualquiera de ellos se le puede acabar la vida; con la certeza del fin de los días; sabiendo que el momento ya, más que amigo, es traicionero. Pero no tiene miedo. Es natural, dice. Sólo le teme a una cosa, dicen sus ojos bañados en lágrimas. (Él, que nunca ha llorado). Que se le muera la abuela.
Últimamente, las madrugadas traen al abuelo pesadillas reales. Se despierta y los miedos le traicionan. A él, que no teme a la muerte, que ya le vio la cara en la guerra y la imaginó con el hambre de después del 39. La querencia o la conciencia de que cada minuto es otro epílogo -porque el libro ya está escrito hace tiempo- le hace pensar que la abuela, dormida, está muerta. La última noche, con el susto en el cuerpo, corrió a por un vaso de cocacola para que la abuela despertara de la muerte en que dormía. Milagrosa cafeína.
A la mañana siguiente me lo contó llorando. “Creía que se me moría”. Alguno de los dos tiene que ser el primero, le cuentan sus hijos, que son mis tíos. Y, otra vez, el hombre más fuerte del mundo demuestra que, en realidad, todo este tiempo no ha sido sino el más frágil del universo. Con los ojos bañados por el rocío de la madrugada, contesta: “Y qué voy a hacer yo sin ella?”.

PD: el abuelo tiene ochenta y nueve años, algunos meses menos que la abuela. Llevan juntos desde que tenían poco más de veinte y el siglo XX no más nacía.

Futurama (o el mañana)

Máquinas que piensan como hombres. Hombres que piensan y sienten como máquinas (como siempre, o sea). Teléfonos móviles que proyectan imágenes holográficas al hablar y que sirven de mando para la televisión, donde, de una u otra manera, siguen Matías Prats y Ana Blanco dando el telediario y, por supuesto, siguen Los Simpsons, temporada 358. Como toda la vida de dios. Sigue leyendo