Pavón(es) y Zidanes

23246_746633774_1656_nHay (pseudo)periodistas que van por la vida aparentando, con voz engominada y tono caciquil; en algunos casos, hijos de papá, con apellidos más o menos largos o familiares del tipo ése que le hace los ERE a la empresa y, por tanto, blindados ante el desamparo y la cola del paro. Hay (pseudo)periodistas de esos, demasiados de un tiempo a esta parte, que dan muy bien para rellenar un ratito de basura en la tele y ante los focos o que escriben libros y se creen escritores. Y luego, hay periodistas de verdad –no tantos- que no necesitan más que el respeto y una callada labor para ganarse afectos y el reconocimiento. Sigue leyendo

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Me colé en una fiesta (no puedo vivir sin ti)

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Yo llegué tarde. A este oficio que se extingue y a esta raza de intemperies que es el periodismo. Me colé en la fiesta, en el oficio – preguntándome mil y una veces “qué carajo hago aquí, con lo tranquilo que estaría si le hubiera hecho caso a mi madre y hubiera estudiado magisterio”- y me colé en el “diario que siempre has querido”. El mismo periódico que al que más y al que menos no le devolvió el cariño que le profesó. Quizás, por eso, lo queremos tanto. Y porque, el que más y el que menos, literalmente, lo ha parido de las entrañas, que es donde decían los griegos que está el alma. (Para las cuentas, los números y los contratos, están los buitres con sus largos apellidos y sus cortas miras, ésos que poco o nada saben del cariño y la pasión y subsisten con sucedáneos). Cuando llegamos, llevábamos los años. Ahora, los años nos llevan a nosotros. Al que más y al que menos. Esperando, en palabras de Santa Teresa, “una muerte tan escondida que no te sienta morir”, con la frase, que es oración, de Ernesto Hemingway tatuada en el brazo izquierdo: “El periodismo es la profesión más bonita del mundo… si se deja a tiempo”. Y ahí seguimos. El que más y el que menos. Con dos cojones. Sigue leyendo

La niña, el magistrado y el predicador

Ha muerto una niña y ha nacido un político. “Un predicador”, corrige Jorge Muñoz, contrafuerte del Diario de Sevilla; usando la bóveda estrellada como metáfora -con segundas, siempre- . Juan José Cortés, el hombre sereno –que ya es mucho decir en los tiempos que corren; por lo de hombre, por lo de sereno- se manifestó ayer (lunes, 7 de julio, san Fermín) frente a los juzgados del Prado de San Sebastián, llenando la plazoleta de gentes, espontáneos, policías y cámaras, no tanto como la Plaza del Ayuntamiento de Pamplona con el chupinazo, pero bastante. Sigue leyendo