“La vida aparte”

Es un tipo de ley, aunque permanezca eternamente a tres asignaturas de ser abogado. Posee el alma ingrávida de las mariposas y conoce la quietud que soporta la locura. Vive rodeado de seres mágicos y cada rato con él es una aventura vital. Inquilino del claroscuro. Lo mismo se te aparece Javier Ruibal, con una legión de musas en las entrañas; que Juanjo Téllez, con esa calma de jedi de La Caleta, de Buda blanco; que Eli Ramos, con una antigua cámara para sacarle nuevos enfoques al mundo viejo. Un vodka con limón. Y a vivir la vida aparte, que, aunque así se llame su segundo álbum de estudio, es una filosofía vital y una manera de mirar la vida, que no es lo mismo, pero es igual. Sigue leyendo

Millennium (II): El plumilla que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina

La esencia de la vida consiste en ir hacia delante. Dar marcha atrás no es viable. El pasado, como decía Soledad Villamil en “El secreto de sus ojos”, no es mi jurisdicción. “Me declaro incompetente”. Adelante, siempre. De derrota en derrota, hasta la victoria final, como dijo Ho Chi Minh o el Che o vaya usted a saber. (La frase le pega a Silvio, el rockero). A trompicones. Como sea. Por inercia. Adelante, siempre.

El periodismo –mayormente el impreso- anda estancado en un bucle melancólico. Las historias que alguien, siempre, todavía, toda/la/vida, ha intentado mantener ocultas permanecen ocultas. No hay medios, ni motivación, para llegar más allá de la convocatoria de rigor, del periodismo de agenda, del canutazo o de la rueda sin preguntas. El perro guardián de la democracia apenas es un yorkshire, con su lacito y todo. Un “lamechichi”, que le llaman las malas lenguas. Bastante tuvimos con sobrevivir, podremos escribir en nuestra lápida.

El producto informativo ya siquiera es producto. Se regala en internet. Se copia y pega de un medio a otro, de una agencia a otra. Sea verdad o mentira. El sindicalista Marcelino Camacho, al parecer, se murió la otra noche y resucitó varios minutos después. Muerte súbita, no. Muerte mediática, se llama la película. (Un purista del plumillaje, en otro tiempo, habría contratado a un par de sicarios para cargarse al menda. Todo menos que la veracidad del medio quede en entredicho) Sigue leyendo