“Yo también tendré que descansar”, un homenaje a Blas Infante en el Parlamento

160705 Blas Infante

Juanma Moreno, en el homenaje a Blas Infante, con Susana Díaz y Chiqui Jiménez Barrios abanicándose en segundo plano y la consejera María Jesús Montero en modo “Éxtasis” de Santa Teresa. Foto del PP-A.

Un 11 de agosto, hace 80 años en el kilómetro 4 de la antigua Carretera de Carmona, fue asesinado Blas Infante. En torno a esa fecha y en ese punto su fundación celebra un homenaje en el que suelen destacar las ausencias. La efeméride encarta mal. El calendario laboral manda. Como solía alegar un antiguo jefe de sección, «yo también tendré que descansar». “¿Y yo cuándo como?”, añadiría el maestro Araújo. El Parlamento en su sede de las Cinco Llagas conmemora su nacimiento coincidiendo, ahora que la Transición está tan en boga, con los 40 años (y dos días) de la investidura de Suárez, contrario en principio al «café para todos». La presidenta de la Junta, Susana Díaz, reivindicó la figura y el legado del padre de la Patria Andaluza en el aniversario capicúa, 131, de su nacimiento, llamando a llevar a cabo «de una vez por todas» una reforma del estado de las autonomías para construir «un país más atractivo». «Se trata de construir una España de progreso, dentro de una Europa que tiene que ser más solidaria, más humanitaria y respetuosa con esos ideales más profundos que por historia nos unen».

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Este pacto que hice con el diablo. Este goteo incesante de almas. Un adiós detrás de otro. Los abrazos que se fueron. Los besos que no volverán…. Sueños que se duermen (y silencios autoimpuestos) en algún lugar. Los dedos en el teclado y las letras como una catarata de lágrimas. No hay “ctrl+alt+supr” en la vida; “ctrl+c” la nostalgia, como un bucle. Desfile de ojos que se van. La vida esperando ser contada y cada vez menos sangre en las venas y menos caracteres que maquetar. En una redacción cualquiera, paseo de peones muertos. La pirámide invertida bocabajo se desangra. El nuevo periodismo se hizo viejo. Al último que sobreviva, el diablo le firmará el último lamento. El finiquito es una espiral con forma de obituario. Peor que aparecer en la última esquela, es quedarse hasta el final… y escribirla con iniciales como si fuera un teletipo. Nosotros nacimos para contarlo. Gutenberg murió para matarnos. F5 para actualizar.

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