Gran Pepón (Jurado) de las pequeñas cosas

Al principio fue Pepón, después, quizás, vino la palabra. Pero antes de todo eso, seguro, fue la música. Un poco de blues. Una marcha de Semana Santa. Un soul. Lo demás fue una derivada en un cruce de caminos como el que, dicen, engendró a Robert Johnson.

Pepón no era un hombre, es una cátedra de vida. “Soul man” con cigarrillos Celtas en el bolsillo de una camisa de formas imposibles. No es que Pepón fuera retro, es que, como los grandes clásicos, era atemporal. Un Expediente-X al que aferrarse gravitando por quién sabe qué constelación. Casi dos metros de tío dotado con la empatía rudimentaria de nuestros primos los macacos, que se dice pronto, en una jungla de asfalto y ojana; y con “la intelijensia de saber el nombre esacto de las cosas”, que ya quisiera Juan Ramón. Grande y vetusto como una farola fernandina que alumbrara con luz de gas. Tan intrahistoria es Pepón que al final se coló en la Historia. En la de Sevilla, en la de la prensa de Sevilla. Eso a él le importaba el carajo la vela. A él, tan grande y tan chico a la vez, lo que de verdad le importaba era nuestra historia, que era intra(historia) y era entre todos nosotros. Sigue leyendo

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«Tears in heaven» y labios rojos para el Estatuto

199413_1903004262747_5670694_nConcha Caballero, en una declaración de feminidad y feminismo y en un mundo de mujeres avocadas a adoptar roles masculinos, se pintaba los labios de rojo antes de subir al estrado del Parlamento de Andalucía. «Siempre estaba atenta a que los fotógrafos ‘no me pillaran’ retocándome los labios, pero no lo conseguí. Menos mal que entonces la política no estaba tan desprestigiada como ahora porque hubieran dicho: ‘Fíjense en qué se entretiene la diputada en su escaño’. La verdad es que trabajaba en horarios de diez o doce horas, como muchos otros diputados y diputadas (que no todos), que aprendí y estudié mucho, que me ayudó a tener una idea de nuestra sociedad mucho más compleja y diversa, que hice lo que pude para defender a los que menos tienen, por defender criterios y principios bastante opuestos a los que mayoritariamente se instalaron en esa época de crecimiento… Ya sé que los resultados fueron escasos pero fue un honor representar al pueblo andaluz y poder volver a mi trabajo con la certeza de que quedaba muchísimo por hacer pero, al mismo tiempo, con una cierta sensación de deber cumplido. Sí, me pintaba los labios en los plenos antes de salir a la tribuna. Una pequeña coquetería ‘imperdonable’». La ex portavoz de IU en el Parlamento andaluz falleció en la noche del martes a los 58 años, víctima de un cáncer diagnosticado hace varias semanas, según fuentes de la familia. Concha Caballero era profesora en un instituto público de Coria del Río (Sevilla) –al que regresó sin estridencias y algo decepcionada tras su etapa en la primera línea de la política– y era una de las principales colaboradoras y con más repercusión de El País y la Cadena Ser. Su último artículo impreso se titula «Mujeres, asignatura pendiente». Recientemente publicó el libro «Sevilla, ciudad de palabras» y confesó a los más cercanos que tenía en mente una novela con una gran editorial. Sus alumnos atesoran «sus palabras tranquilizadoras, su cariño, su tiempo y dedicación. Su sonrisa, los debates y las lecturas en esos bancos del patio y los chistes de rubias».

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