El “código Rancio”, un universo “a la diestra del cielo”

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Julio Muñoz Gijón, gato entre los tres palos, modernito runner (se lo perdonamos), respetuoso cofrade en silencio (también se lo perdonamos), ex delegado de clase de Periodismo en la promoción 99-03, padre de Silvio, insigne organizador de parrandas, bético, comunicador de talento y sevillano con ange’ (que es lo contrario al malaje). Foto de Pepe Lugo

“La’vangelio” es como se dice en Sevilla a los axiomas kantianos, las verdades evidentes. También es una expresión muy de la periodista Inma Carretero, natural de Cumbres Mayores, de donde procedían las chacinas de Hermanos Gómez, que linda con la casa de Lopera. En Sevilla, el que no se encuentra es porque no sabe que anda perdido. Julio Muñoz Gijón (Sevilla, 1981), que no es el alter ego del Rancio Sevillano porque no hay dos personas sino una dualidad en un ser –ying y yang, Sevilla y Triana- se adentra en el origen insospechado de la misteriosa expresión hispalense.  Los inspectores Jiménez y Villanueva se enfrentan en la sexta edición de la saga –“El enigma del evangelio Triana” (El Paseo)- que arrancó con “El Asesino de la Regañá” –y que ha sido adaptada a TV y teatro- “a un secreto que ni el del Código Da Vinci”. Julio Muñoz desentraña los secretos de la hermandad Serva la Bari, guardiana de las esencias de la sevillanía, en la búsqueda de un documento apócrifo que develaría los verdaderos hechos y lugares de la vida de Cristo y las ocultas razones por los que la Gracia se ha mantenido firme en Sevilla.

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José Tomás tiene un misterio y Juan Ignacio Zoido, un ministerio

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Antonio Sanz observa casi de reojo y colocados en diagonal al ministro Zoido, Juanma Moreno y Javier Arenas. El de la derecha, aunque pudiera tener un aire, no es Clark Kent, es Ricardo Tarno. Foto de Ke-Imagen.

«Porque resistimos, conquistamos» es una frase del explorador Schackleton. A diferencia de la Antártida, con patrias múltiples, en el tricentésimo noveno día del año del calendario gregoriano, 310º este año al ser bisiesto, dos días después del anuncio mariano (Rajoy), ayer, todo el mundo reivindicó la procedencia de Zoido: el PP de Sevilla. «Allá donde esté, estará siempre Sevilla. Mi familia es la del PP, en especial de Sevilla», señaló en la Harinera, museo del pan de Alcalá de Guadaíra. El titular de Interior, que por la tarde acudió a la misa del Gran Poder, se estrenó con la detención del jefe de ETA debajo del brazo. Dicen que José Tomás tiene un misterio y Juan Ignacio Zoido, un Ministerio.

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Millennium (II): El plumilla que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina

La esencia de la vida consiste en ir hacia delante. Dar marcha atrás no es viable. El pasado, como decía Soledad Villamil en “El secreto de sus ojos”, no es mi jurisdicción. “Me declaro incompetente”. Adelante, siempre. De derrota en derrota, hasta la victoria final, como dijo Ho Chi Minh o el Che o vaya usted a saber. (La frase le pega a Silvio, el rockero). A trompicones. Como sea. Por inercia. Adelante, siempre.

El periodismo –mayormente el impreso- anda estancado en un bucle melancólico. Las historias que alguien, siempre, todavía, toda/la/vida, ha intentado mantener ocultas permanecen ocultas. No hay medios, ni motivación, para llegar más allá de la convocatoria de rigor, del periodismo de agenda, del canutazo o de la rueda sin preguntas. El perro guardián de la democracia apenas es un yorkshire, con su lacito y todo. Un “lamechichi”, que le llaman las malas lenguas. Bastante tuvimos con sobrevivir, podremos escribir en nuestra lápida.

El producto informativo ya siquiera es producto. Se regala en internet. Se copia y pega de un medio a otro, de una agencia a otra. Sea verdad o mentira. El sindicalista Marcelino Camacho, al parecer, se murió la otra noche y resucitó varios minutos después. Muerte súbita, no. Muerte mediática, se llama la película. (Un purista del plumillaje, en otro tiempo, habría contratado a un par de sicarios para cargarse al menda. Todo menos que la veracidad del medio quede en entredicho) Sigue leyendo