“No digas que fue un sueño”

La “spanish revolution» cumplió hace diez días ocho años. Dos legislaturas han pasado del hito del 15M, con sus acampadas, y de la masiva manifestación el 29 de mayo de 2011 que supuso un punto de inflexión en la política y las calles. Entonces, se gritaba «No somos antisistema, el sistema es antinosotros». Y algo de cierto debía ser porque el gentío, en aquellas protestas, respetaba hasta el sentido de la circulación al tomar las rotondas a pie con las calles cortadas al tráfico. El escenario de mucho de los actores que participaron en aquellas marchas ha cambiado. Teresa Rodríguez, entonces en las plazas pero ya con carrera previa como anticapitalista en IU, ahora es la líder de la confluencia de izquierdas en Andalucía y la mínima piedra en el zapato del devenir de Podemos a escala nacional. De los fundadores del partido apenas queda Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero. Jesús Maeztu, que también participó en esa marcha a título particular, en 2011 era el Comisionado para el Polígono Sur. Este año repetirá como Defensor del Pueblo andaluz, con un Gobierno de diferente signo político en la Junta por primera vez en 37 años. Paradójicamente, lo que se suponía un movimiento transversal pero con origen en la izquierda ha dado lugar a un Ejecutivo en la Junta con dos partidos de centro-derecha (respetando la definición propia que hace cada formación, en la que caben múltiples matices) y el apoyo parlamentario externo de un grupo de derecha radical. “Verdadera”, se proclama Vox. La revolución del 15M emparentó, como símbolo, con las tiendas de campaña Quechua que llenaron las plazas. La gran virtud de este elemento es su bajo coste y su facilidad para el montaje. Lo complicado es el desmontaje. En el caso de la “spanish revolution”, como el azucarillo, se ha deshecho aparentemente solo y el nutrido grupo de descontentos –entre los 400.000 y los 600.000 votos- ha virado a Vox. La transversalidad, literalmente, resulta innegable. Sigue leyendo

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Susana, “tengo que hacerte una autocrítica”

La portavoz de Podemos, Teresa Rodríguez, en un intento de no pasarse de frenada –como se le achacó en el último Pleno, cuando habló de que «el cortijo apesta»–, utilizó Doñana «como metáfora» de la región. También pidió «la Medalla de Andalucía para los bosques andaluces». «Me cansa el morbo del duelo con usted», señaló a Susana Díaz, que no se salió del contraataque preestablecido en su guion. Sigue leyendo

Presidenta de la Junta de día, candidata de noche; y viceversa

Correr el rumor –antesala de la noticia antes de Twitter- de que Susana Díaz, como Del Nido en los años del Sevilla hexacampeón, tiene un doble. O que es ubicua. Díaz es un no parar de Sevilla a Almería, parando en Antequera, y viceversa. “Y ya que estamos vamos a la feria de muestras de la Diputación”. Abarca tantos actos como Zoido, cuya máxima es “voy a todo”, multiplicado por dos. Adolfo Suárez se alimentó de tortilla francesa, tabaco negro y ambición política. Susana Díaz tiene tanta hambre que le sobra la tortilla y hasta el cigarrito de después de comer. El actual líder de PP-A, recién llegado, ya preguntaba a la presidenta si no se iba a coger unos días en agosto. Una fuerza de la naturaleza. En las de subidas de tono y lágrimas de los mítines, las abuelas –pensando en su “chiquitillo”- le piden “un poquito de por favor”, como el portero andaluz de “Aquí no hay quien viva”, la serie que le gusta a Maduro, el presunto camarada de Podemos, que tenía mitin justo en la orilla contraria que Díaz, en el Muelle de la Sal, con Íñigo Errejón  y su rostro imberbe escocido por los expedientes en campaña de la UMA y de quien Susana Díaz dijo que la Junta comprobará los cobros.

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