El disputado voto de “Los Santos Inocentes”

A mi padre le gusta Karlos Arguiñano. Mucho. Mi madre, que estuvo en el punto de mira del Gobierno, es de la otra mitad de España que piensa que ese derroche de felicidad suyo resulta insultante y que no para de decir tonterías, que parece que está borracho. Parece, dice. Hasta aquí, las dos Españas en mi casa.

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“La victoria de los vencidos”

Hace siete años, aprendimos a volar; paramos las balas; fuimos invisibles; leímos las mentes; soñamos los sueños; paramos el tiempo; respiramos bajo el agua; atravesamos muros; a contratiempo, rescatamos banderas; santificamos a los porteros; los sabios tenían el culo pelao’ -a ganar, a ganar, a ganar y a ganar-; Torres más altas no han habido; tocamos el cielo; y comprendimos que más allá hay un universo; hace siete años (la victoria de los vencidos es la más hermosa), vivimos para siempre; nada es imposible; y fuimos eternos.

“¡A tomar por mundo!”: “Como una ola” recorre el planeta

Vivir en España en tiempos de la crisis y el master en Lazarillo de Tormes que supone el periodismo son ingredientes suficientes para reunir el arrojo, imbuirse del espíritu de Verne, convertirse en Camba con pasaporte y «Visa para un sueño», no esperar a que «llueva café» que cantaba Juan Luis Guerra», y dar la vuelta al mundo como Phileas Fogg, a lomos de un sueño. La terraza Puerto de Cuba de Sevilla acogió ayer la presentación de «¡A tomar por mundo! La vuelta al mundo con 20 euros» (Editorial UOC, Colección Cuadernos Livingstone) de los periodistas María José Morón (Sevilla, 1985) y José Pablo García (El Puerto de Santa María, 1984), con Jesús Vigorra como maestro de ceremonias. Sigue leyendo

“Qué bonitos, qué bonitos, son los goles de Alfonsito”

Era un mago llamado a suceder a Butragueño, que era un brujo. Ningún futbolista se ha roto tantas veces de gravedad y se ha levantado tantas veces, desafiando la ley de gravitación universal y la gravedad de la ley de Murphy. Cosa de magos y de botas blancas. El tronco entero de Bogarde aún busca a Alfonsito –qué bonitos, qué bonitos…- tras las medias verónicas en que convirtió el último taconazo de Cuéllar en la élite. Bien es cierto que la posición natural de Bogarde era la de valla de publicidad. El campo del Betis tiene buenas vallas, así que ese día jugó de central. Pero da igual, aquel día, Beckenbauer tampoco lo habría evitado. Ángel (caído) Cuéllar controló en el flanco izquierdo del área grande un balón dividido que había prolongado el propio Alfonso. Cuéllar controló con la izquierda. Taconazo hacia el punto de penalti, zurdo cerrado, también con la izquierda. Alfonso esconde el balón con su cuerpo, de espaldas a portería, en movimiento. Media verónica y tres toques después, el balón estaba dentro, Bogarde en el suelo y 40.000 almas gritando “goooool”. No fue un gol, fue un doble regate y una obra de arte. Lo que realmente pasó, sólo lo saben el defensa holandés y su traumatólogo. El truco de un mago con botas blancas. El Betis –que tenía un equipazo: Finidi, Denilson, Alexis…- bajó ese año a Segunda, entre las lágrimas de Alfonso, derrotado por el Real Madrid –su otro equipo- en Heliópolis. Los goles se olvidan con las tragedias, las obras de arte permanecen en la memoria. Eternas. Meses después, con la misma pierna izquierda con que terminó de romper a Bogarde, Alfonso Pérez Muñoz marcó el gol de Alfonso. Su último gol en el Olimpo del fútbol, el que clasificó a España para los cuartos de final de la Eurocopa de Bélgica y Holanda. Era el minuto 94 y estábamos eliminados por Yugoslavia. Pasamos como primeros de grupo. Cosa de magos.