Podemos ad portas

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Íñigo Errejón, en “las setas” de la Encarnación. Por Kiko Hurtado.

La energía potencial de la gravedad no detiene su funcionamiento, como los países con Gobiernos en funciones; la arena no deja de caer en el reloj y el calendario dibuja siete días y seis noches hasta el 26J. La última semana de campaña, aderezada con la estimación de voto del CIS, pesa en el ambiente. Los ataques del PSOE a Podemos van in crescendo. Los morados continúan susurrando aquello de «Pedro, yo no soy tu enemigo». El PP se agarra al voto útil. En Ciudadanos emulan a las tropas del General Santana, «los que tocaban a degüello» con la mira puesta en Rajoy. Socialistas y naranjas han elevado su acuerdo (de intento) de Gobierno a pacto de no agresión. El término «ocasión» proviene del latín «occasio», que significa «oportunidad». Andalucía pasa por el destino final, 61 escaños en liza. Entre la ocasión de unos partidos, la brontofobia y el ocaso de otros.

La jornada de campaña amaneció cargada de efemérides. Un 18 de junio de 1815 Napoleón fue derrotado definitivamente en la batalla de Waterloo. El PSOE tiene en Andalucía su particular Santa Elena, refugio o exilio. Susana Díaz volvió a llamar a la socialdemocracia a no «dejarse arrastrar por el populismo» y a consolidar su «cambio progresista», rechazando los «saltos en el vacío». «Hace falta de nuevo volver a levantar el puño, la rosa, el PSOE, para darle a España oportunidades, a millones de hombres y mujeres que en cuatro años y medio lo han perdido todo», señaló desde Torremolinos (Málaga) ante un auditorio Príncipe de Asturias lleno. Díaz reivindicó lo que significa «el PSOE de siempre», aludiendo a los «momentos decisivos» con Felipe González y Rodríguez Zapatero. «Urge quitar a Rajoy», señaló, sin olvidar a «ese otro por el que ahora tenemos que ir a elecciones, que dice que es socialista y que se ha enamorado de Zapatero», en referencia a Pablo Iglesias. «Para mí no es de fiar, porque si yo quisiese vender Coca-Cola y dijese que me encanta el sabor de la Coca-Cola, pero os pido que bebáis Pepsi, pues estoy engañando a los dos», señaló. «El señor Iglesias puede reivindicar ser socialista, puede querer decidir en nuestro partido, pero si verdaderamente quiere ser socialista, el que es verdaderamente socialista vota al PSOE». «Ni quiero aquel que no quiere reformar nada porque significa más sufrimiento ni quiero al otro que lo quiere cambiar todo porque dice que nada de lo que se ha hecho en España desde la Transición merece la pena», insistió. «Hay que quitar de un lado al indolente, al profundamente mentiroso; pero sobre todo a ese Rajoy insensible que no le duele nada, no le duele ver cómo tiene el país», arremetió. «No quiero hacer la revolución, quiero hacer reformas y que la gente viva mejor», señaló, para remarcar que no quiere «el camino del odio ni del rencor» citando, «orgullosa de pertenecer a la escuela de la vieja socialdemocracia», a Anguita y sus herederos.

Tal día como ayer, de 1178, en Canterbury (Inglaterra) cinco monjes divisaron en la Luna la colisión de un meteorito que formó el cráter ahora llamado Giordano Bruno. También, en 1429 Juana de Arco venció al ejército inglés en la Batalla de Patay. Desde Cádiz, Juanma Moreno subrayó la importancia del voto realmente «útil». Antes de las elecciones del 20D, Aznar recomendó no polarizar la campaña, ante la hipotética necesidad de un PSOE derrotado pero no en ruinas. El PP tiene otra estrategia. El presidente del PP-A pidió «el voto directo al PP», ya que el «único voto útil» que sirva de «dique de contención de las políticas extremistas y populistas». Moreno recordó que «en un alarde de sinceridad» Ciudadanos ha dicho que «no va a apoyar al PP y Rajoy en ninguna circunstancia». Esto es, el pacto con el PSOE «sigue vigente» y el voto a la formación naranja es «un voto indirecto al PSOE» y, por tanto, «un voto intrascendentes, que no es útil». Moreno alertó también del hecho de que algunos dirigentes del PSOE estén «ya diciendo abiertamente que apuestan por un acuerdo con Podemos», advirtiendo a los «moderados del PSOE» de que «su voto puede derivar en llevar a Pablo Iglesias a la Moncloa». «El voto indirecto no vale. Sólo hay un voto claro, útil y nítido, que es el voto a Mariano Rajoy», subrayó Juanma Moreno.

Un 18 de junio de 2010 murió Saramago, autor de cabecera en Podemos, autor de «El Evangelio según Jesucristo» y el «Ensayo sobre la ceguera». Desde unas abarrotadas «setas» de la Encarnación, epicentro del 15M en Sevilla, el secretario político de Podemos y candidato al Congreso por Madrid de Unidos Podemos, Íñigo Errejón, insistió en la estrategia de cortejo socialista y señaló que el 26J «es una final en la que se está jugando la soberanía de España contra la soberanía de Panamá». Errejón, que comparte lista con comunistas añejos como Monereo o anarcosindicalistas como Cañamero, llamó a decidir entre «pasado y futuro». Errejón insistió en que en Andalucía se juega el «desempate» y volvió a tender la mano al PSOE, al que «vamos a necesitar» en el Gobierno del «cambio». «Algunos dirigentes del PSOE se han manifestado en este sentido, a otros les cuesta y no quieren decidir de qué lado caerá la moneda», señaló, alabando la «generosidad» del ex presidente Zapatero por su «tono». El dirigente que no supo ver la crisis y después la negó, según el cerebro político de Podemos, «quizás esté entendiendo mejor el momento histórico y la encrucijada». La secretaria general de Podemos en Andalucía, Teresa Rodríguez, defendió que «Andalucía no se usa como piedra arrojadiza ni se construye contra nadie». «Nos ha dolido en el corazón ver a dos ex presidentes de la Junta caminito de los banquillos», susurró ayer la diputada que en el Parlamento gritó al PSOE que «el cortijo apesta». Cuando Aníbal Barca estaba «ad portas» de Roma desoyó a su lugarteniente Mahárbal y no arrasó la cuna del imperio. Decidió aislar Roma y desplegar una intensa labor diplomática. Errejón solicitó ayer a Susana Díaz que «no se equivoque de adversario» y señaló que «para defender a Andalucía hay que sacar al PP».

Tal día como ayer de 1942 nació Paul McCartney, uno de los dos cantautores, en definición de Sabina, de los Beatles. Ciudadanos llevó su «banda de rock», en descripción de Juan Marín, al Muelle de la Sal de Sevilla. Entrada discreta bajo el Puente de Triana. Abrió el acto Virginia Millán Salmerón, más hecha sobre el escenario que en la anterior campaña. De producirse unas terceras elecciones, la candidata de C’s por Sevilla igual puede romper en diputada. A la telonera siguió Juan Marín, con vocación de Ringo Starr, compartiendo méritos en el logro electoral y electoralista de la reforma del impuesto de Sucesiones. «Decían que era imposible», insistió. «Sigan ustedes viendo cómo lo hacemos nosotros», «recojan firmas» para «ponerse la medalla» del próximo logro, dijo en referencia a los populares andaluces. «Las encuestas siempre se equivocan con nosotros», aseguró para presentar a un presidente «con las manos limpias, honesto y con un proyecto claro». C’s insistió en que es «un proyecto de país» de «centro», aunque hasta los acordes de su sintonía empiecen a confundirse con los del PSOE. Rivera, bajo el sol de justicia sevillano, prescindió de americana –lo cual no deja de ser noticia– y recurrió al polo azul marino y recordó «la tierra de mis abuelos». Rivera animó a votar «con ganas de cambiar las cosas» y no «con miedo o sed de venganza». Podemos y PP fueron el principal objeto de sus críticas, con «la subasta de promesas que no se van a poder cumplir». «No dejemos que sólo los extremos vayan a las urnas», señaló, no sin recordar que «en un solo año» C’s «ha logrado cambiar más cosas que otros en 35». No fue una referencia al Ibex sino a los años de oposición del PP en Andalucía. «Algunos se piensan que el cambio es proponer disparates, como prohibir la Semana Santa», advirtió, arremetiendo contra la «sopa de letras» de Unidos Podemos. «Hace un año Chaves decía que los de C’s éramos unos chantajistas. Se tuvo que ir a su casa», como «Griñán», señaló. En alusión a Rajoy, recordó que «no hay nadie imprescindible». «Algunos quieren bloquear este país pensando más en su sillón que en España», dijo, avanzando que la continuidad del PP es «el caldo de cultivo del populismo». C’s, en su particular «Octopus Garden», en tanto trata con el PSOE de incubar un huevo sin cáscara, se ofrece al electorado descontento del PP.

El disputado voto de “Los Santos Inocentes”

A mi padre le gusta Karlos Arguiñano. Mucho. Mi madre, que estuvo en el punto de mira del Gobierno, es de la otra mitad de España que piensa que ese derroche de felicidad suyo resulta insultante y que no para de decir tonterías, que parece que está borracho. Parece, dice. Hasta aquí, las dos Españas en mi casa.

Mi padre, que no es nada de meterse en política ni de meterse en casi nada, viene a ser el español medio, al que de verdad sólo le saca de su rutina cosas muy gordas y parece que sólo conoce a personajes que trascienden lo mundano respecto a lo cotidiano. “Se ha muerto Cruyff”. Paco de Lucía. “El pequeño ése del Barcelona dicen que es mejor que Maradona”.  El propio Maradona. Ronaldo -el de verdad- , cuando contradecía las leyes de la física. “Se ha muerto Miliki”. El final de Arrayán. Pacquiao. Juan Imedio. En fin, estas cosas. A mi padre, para que se hagan una idea, le regaló mi madre por Reyes el último disco de Arcángel -que resulta que también le gusta, igual que Diana Navarro-, que es paisano suyo y todo, de Huelva, y si se le pregunta si le gustaría que se lo firmara, te contesta que, mientras el disco suene, a él le vale lo mismo la firma de Arcángel, de San Pedro o que el dependiente de la tienda le ponga una X detrás de la carátula.

Mi padre, a ver, para que me entiendan, mi padre es Alfredo Landa. Cada vez que veo “Los Santos Inocentes” me harto de llorar; yo, que tengo una incapacidad congénita para llorar más de una vez al año (y unos berrinches que me cojo el día en cuestión…). No tanto por el personaje y/o la historia de España, la intrahistoria y sus entrañas, me harto de llorar porque Alfredo Landa es mi padre.

Como digo, mi padre, es muy español (aunque no le guste el fútbol). Muy español no porque un día parara el taxi cuando un señor de las vascongadas se cachondeaba mientras contaban en la radio el último atentado de ETA, y el recuento incesante de víctimas, y le soltara un “ya se está usted bajando, me cago en dios”. Aquello no fue por español sino porque se estaba rifando una hostia y el señor de Euskadi tenía todas las papeletas. Ni siquiera fue por nacionalismo. Mi padre está muy a favor de que el que no esté a gusto, que se vaya pero dar por culo, lo justo. Lo de aquella carrera en el taxi fue la versión hispana de la no violencia de Gandhi. No violencia “si no me toca los güevos”. Tampoco es muy español porque lleve pulseritas rojigualdas o de la República. Mi padre lo más que ha llevado en su vida en la muñeca es un reloj Casio, y de los básicos. Mi padre habrá besado la bandera de España únicamente cuando hizo la mili. Para que se hagan una idea, mi padre fue feliz en la mili. No porque tuviera la más mínima vocación sino porque nació en la posguerra y en el servicio militar tenía garantizadas un par de comidas al día. La pasó en Ceuta pelando a los compañeros, mayormente, y maldita sea la hora, que se llegó a creer que tenía idea de pelar y de chico me dejaba como un Cristo. De hecho, después de la mili, mi padre sólo peló asiduamente a mi abuelo, que era calvo y tenía poco que cortar; a un Bretón que estaba de los nervios y tenía nombre de capitán del Chelsea -Terry-; y a mí. A mí, que cuando salía Miguel Bosé en la tele con la coleta cantando “Bandido”, lo flipaba sentado a los pies de la tele, en el poyete de la mesa camilla, mientras mi padre, sentado en la silla como dios manda, al fondo juraba en arameo por el “maricón de los cojones”. Lo que para un niño de cuatro, cinco o seis años resultaba fascinante, para mi padre -el español medio, repito- era una provocación. Más aún siendo Bosé hijo de quien es. Miguel Luchino González Dominguín Bosé, se llama, y algún apellido me falta. Mi padre es muy de los toreros, de hecho varias veces le he sorprendido diciéndole a mi hijo “Tú vas a ser torero, pero de los que se arriman”. Mi padre puesto a valorar, valora más la valentía que el arte. Alfredo Landa total. De bruto, y de tierno. “Dónde cojones irá con esa pinta”, seguía despotricando mi padre mientras yo, en el subsuelo de la camilla, miraba con admiración a Miguel Bosé con el pañuelo en el bolsillo de los vaqueros. Como si lo estuviera viendo. Ahora entiendo que mi padre, como España, como pasa con Antonio Alcántara en “Cuéntame” -que si no pasa por nuestro padre, es clavado a nuestro tío- fue evolucionando o, simplemente, cambiando. De una España gris oscura tirando a casi negro o directamente de luto -a mi abuela Eduarda yo sólo la conocí enlutada hasta la cabeza, toda su vida de negro-, se fueron adquiriendo otros matices cromáticos. Mi padre, criado en el campo, de la Sierra de Huelva, de Zufre, casi extremeño -no dejen de visitar el Bar de los Benitos, que son mis primos-, donde la hermana de Griñán tiene casa, fue aprendiendo lo que era la democracia y las libertades poco a poco. Como el país. Casi sin darse cuenta. A medida que pasaban los años, fue viendo con normalidad lo que es normal, es decir, la diversidad, al punto que cuando a mí me dio por ir con coleta por la vida nunca me dijo siquiera “Niño, dónde vas con esos pelos”; y no saben ustedes la vara que me dio mi madre durante años.

Reconduciendo, como diría Teodoro Montes en la comisión de investigación de la formación, mi padre es lo que era un español medio hasta ahora. Un tío que (casi) lo único que sabe hacer es trabajar, desde que tenía 5 o 6 años y al que su abuelo le liaba los cigarros para que diera sus primeras caladas. Pues eso, el español medio hasta ahora, jubilado ya, con sus achaques, aficionado a los programas de cocina, cocinillas y amo de casa de los 65 a esta parte, con su inteligencia emocional -de la otra nunca ha ido sobrado, el teórico del carnet de conducir se lo sacó a la decimoquinta- es de izquierdas man non troppo, que significa “no demasiado”, papá. Centro izquierda, vaya. Votó al PSOE siempre que pudo, hasta que no tuvo más remedio que “cagarse en la puta madre de estos tíos que nos están robando”. Entiéndase, mi padre trabajaba de 8:00 de la mañana a 1:00 de la noche fácil todos los días, parando a medio día a comer media hora o comiendo cuando podía y en la tele día sí y día también salía Roldán, el hermano de Alfonso Guerra, el otro y el de la moto. Ya he mencionado que se trata de una generación que lo único que sabe hacer, y no es poco, es “trabajar como un cabrón de sol a sol”. Cuando el PSOE de Felipe González ya apestaba, votó por oposición “al del bigote”. (Mi madre le fue fiel hasta el final a Felipe, pero es que mi madre es felipista igual que las niñas de ahora son Believers). España vivió unos años buenos. Los años buenos de la burbuja. Con las bombas del 11M, como el españolito común, fue a votar influenciado por este acontecimiento. Si no, igual ni hubiera ido. Confió en ZP y ocho años después no tuvo más remedio que cagarse también en sus muertos. Mi padre es muy de cagarse en las cosas. Muy como La Casera, se viene arriba con nada y se queda en nada antes. En Andalucía creo que siempre ha votado al PSOE. De Arenas, por lo que sea, simplemente no se fiaba. En las pasadas elecciones nacionales votó a Pedro Sánchez. Desde ayer, ya sabe que hay elecciones anticipadas. La sensación de mi padre, de la calle, o sea, es que “a Rajoy no lo quiere nadie y si no lo quiere nadie, por algo será”. “Pero el tío no se va”. “Como todos quieren que sea vaya, yo también quiero que se vaya”. Pedro Sánchez le parece que ha estado mareando la perdiz, “tonteando” con unos y con otros. Podemos no le gusta “ni un pelo”. “El de la Coleta, ni a tiros. Ése es un radical. Del partido de Hugo Chávez, del que le decía al Rey ‘por qué no te callas‘”. “Así que voy a votar al pequeño”, dice. 

“¿El pequeño quién es, papá?”. El pequeño, obviamente, por eliminación, es Albert Rivera, el niño bonito de Metroscopia, que no es que sea pequeño pero que tampoco es grande y más comparado con Rajoy y Pedro Sánchez. Al españolito medio más o menos informado y preocupado por las cosas del día a día le parece que Rivera “ha intentado hablar con todos”. Por eliminación y por eso, igual le premian. “Eso sí, gana otra vez el PP”, sentencia. El PP, el suelo de los siete millones de votos no hay quien se los quite. Así haga el pino puente Rita Barberá, Rodrigo Rato y el señor Bárcenas. Así pillen a Marcelo, el ángel de la guarda del ministro de Interior, como en aquel temazo de Sabina para un programa de cocina de la época. Con las manos en la masa. 

Si la campaña electoral no cambia mucho la cosa, que no la va a cambiar, en base a la realidad de la calle de mi padre, todo apunta a que Ciudadanos esta vez sí puede ser la bisagra para que el pacto encaje. Todo dependerá, como hace cinco meses, de si don Mariano se entera de que “todo el mundo quiere que se vaya”. A Javier Clemente también le cuadraban las estadísticas hasta que se tuvo que ir por cojones. Está por ver si Rajoy quiere irse como Luis Aragonés -que eligió su destino, aunque fuera por cabezonería, y quedó como dios- o tiene que venir Chipre a ganarnos para que, como le dijo mi padre a aquel señor de las vascongadas, “se vaya de una vez a tomar por culo”. Los “Santos Inocentes” lo tienen clarinete. Hay que pensarse dos veces la opción de preguntarle a mi padre “si tiene huevos”. Hay que pensarse dos veces, señorito, si conviene matar a la milana y jugar con la paciencia y el pan de los millones de personas que, como “Paco, el bajo” o como mi padre, suponen el último reducto de decencia en un cortijo con pintas de Babel y ventanas a la calle. Lo escribió Delibes: “El pájaro perdiz no abandona el surco cuando apeona a ocultarse”.

“Los Beatles” y los siete enanitos, de fiesta “new age” en un velódromo

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Fotografía de Ke-Imagen.

Las personas tienen un reloj biológico y sufren por los cambios horarios. Las células también calculan el tiempo y pueden sincronizarse para realizar acciones. Algo así como Felipe González y Alfonso Guerra 19 años después –aclaran en el autobús de campaña socialista; no desde las elecciones del 96, como se venía cifrando– de su último mitin juntos, ayer, en el velódromo de Dos Hermanas, bastión del PSOE, «mancillado» por los populares en 2010, con casi 30.000 simpatizantes en las gradas.

Cualquier tiempo pasado fue anterior. Si se miran las encuestas del CIS, puede asegurarse que también mejor. Sea como fuere, los protagonistas de «Parque Jurásico 4: regreso al pasado», según comentó el secretario regional del PP, Antonio Sanz, en Twitter, se bastaron, se sobraron, para empequeñecer la figura del candidato Rubalcaba sobre el escenario. «Es muy complicado cantar después de Camarón», dijo en referencia a un mitin anterior. «Hoy me habéis puesto a los Beatles», comentó Rubalcaba. «Son dos insustituibles, muy difíciles de superar. Pero lo que es insuperable es su hoja de servicios», continuó. A partir de ahí –y antes, Basilia Sanz, Susana Díaz, Pepe Griñán, Guerra y el propio Felipe– una serie de propuestas (pedirle cuentas a los bancos, liderazgo y autonomía de la política frente a los mercados, la dación como forma de pago…) que estos años han sido rechazadas en el Congreso por el mismo PSOE, por lo que el discurso, aparte de suscitar la euforia y la llamada «fuerza del sur», tiene la credibilidad de los siete enanitos en una fiesta «new age».

En todo organismo existen células que van a su bola. Ese papel adopta Guerra en el PSOE. El del barquero que suelta sentencias. «Amarga la verdad y quiero echarla de la boca». «Rajoy tiene prisa para seguir durmiendo la siesta, pero en la Moncloa». «Es la primera campaña sin Eta, y nadie habla de eso. No soportan que haya derrotado a Eta un Gobierno socialista». «Socialismo es que nadie tenga tanto como para poner de rodillas a alguien y que nadie tenga tan poco como para sentir la humillación de ponerse de rodillas». Guerra alzando los brazos, cual Júpiter blandiendo el rayo, llamando «mafiosos» a los distintos elementos del sistema financiero, y el velódromo de Dos Hermanas aplaudiendo en pie.

Griñán y González son más de hablar de Grecia y de sus libros. Cosas de estadistas. «Es la primera vez que me ven leyendo un papel en un mitin», dijo el ex presidente, mientras recitaba la receta contra la crisis «que presenté en Europa hace más de dos años». Si se la pasó a Zapatero –a quien por cierto, nadie citó–, se ve que tampoco le tuvo muy en cuenta. El innombrable apenas fue invocado por Griñán en un lapsus: «El sur va a empujar a Zapa… Rubalcaba hacia el futuro». El auditorio, con cintura y tablas, fajado en mítines, coreó «Rubalcaba, presidente».

El PSOE optó, hace tiempo y en directo desde el Congreso, por la apoptosis. El suicidio celular. Zapatero se vio en la tesitura de condenar al partido, y a él mismo, al fracaso, virando sus políticas a la derecha al dictado de los mercados, o dejar el país a la deriva del rescate financiero. De la apoptosis a la metástasis apenas hay un paso. La campaña dibuja un candidato con el sambenito de gen improductivo, Rubalcaba, en tanto ha sido copartícipe –si suyo es el éxito de acabar con Eta, como defendieron Guerra y González, suyos son los cinco millones de parados– del Gobierno ZP. Y otro –bipartidismo manda–, Rajoy, que se presenta con vocación de cianobacteria, promotor de cambios. Puede que el bastión de Dos Hermanas pase a ser para el PSOE como Granada para Boabdil. Seguramente, también habrá lágrimas. «La fuerza del sur». La «vieja guardia». El mitin más multitudinario. Dos Hermanas, último reducto socialista. Sarajevo también era un punto pequeño y cambió el mapa de Europa. Felipe –en el velódromo, «más corre el mastín que el galgo»– se arriesgó a hacer un pronóstico de las autonómicas, no de las generales. «En marzo cumpliré 70 años y si no ganamos en Andalucía, me retiro a Honolulu». Lo bonito del pálpito ganador es que sólo se nota tras haber ganado. «All you need is love», y millones de votos.

El misterio de la política

Hay quien compara la política con el misterio de la Santísima Trinidad. Ambas tienen bastantes puntos en común: se basan en la fe y son, valga la redundancia, un misterio, algo ‘cuasiinconcebible’.

Doctores tiene la iglesia y médicos e inspectores de Sanidad tiene la política. Tal es el caso de Alfredo Sánchez Monteseirín. Cual Platón en su día, cual teólogo o filósofo, el alcalde de Sevilla inauguró esta semana la Avenida de la Astronomía y acabó su discurso –previa confusión entre los términos “astronomía” y “astrología”- diciendo: “Nosotros, los astronautas…”. Hay quien cree que don Alfredo dio un paso más allá en su afán por ocupar el hueco dejado por Martes y 13 en el panorama humorístico español. Más bien, Monteseirín reveló su concepción del misterio de la política. El ‘homo politicus’ es, según el darwinismo mesiánico de Monteseirín, un ser llegado de las estrellas, un elegido, la inspiración de Sting en su “Walking on the moon”. De ahí que los ciudadanos de a pie no entiendan, por ejemplo, cómo se puede acoger y organizar una reunión de la OTAN, por un lado, y subvencionar las protestas contra ella, por otro. Cosas de las estrellas.

Cuando Felipe González -alias Isidoro- defendía aquello de “OTAN: de entrada, no”, defendía también “y de salida, tampoco”. El eslogan socialista formaba parte de una parábola política. Por eso, los españoles –hombres terrenales, en su mayoría, y no de las estrellas- no le entendieron. Tan paradójico es el misterio político, tantas vueltas da la noria, que Javier Solana –otrora adalid del no (de entrada) a la OTAN- acabó como secretario general de la Organización del Tratado Atlántico Norte. El hijo pródigo, versión profana.

En una de estas vueltas de tuerca de la cosa política, la misma OTAN ha venido a Andalucía a una “reunión informal”, que en lenguaje de la calle debe ser algo así como “vámonos pa’ Sevilla, que hace buen tiempo y hay jamón”. Las bodas de Caná, a lo institucional.
Cerca de las costas de Mauritania, naufraga un barco negrero con 400 inmigrantes a bordo. Nadie les acoge, nadie les quiere, abandonados a su suerte. ¿Qué hace la OTAN, las fuerzas del orden encargadas de establecer la justicia y la paz? Reuniones informales con jamón. En el misterio de la política, es el juicio final.

Millennium (II): El plumilla que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina

La esencia de la vida consiste en ir hacia delante. Dar marcha atrás no es viable. El pasado, como decía Soledad Villamil en “El secreto de sus ojos”, no es mi jurisdicción. “Me declaro incompetente”. Adelante, siempre. De derrota en derrota, hasta la victoria final, como dijo Ho Chi Minh o el Che o vaya usted a saber. (La frase le pega a Silvio, el rockero). A trompicones. Como sea. Por inercia. Adelante, siempre.

El periodismo –mayormente el impreso- anda estancado en un bucle melancólico. Las historias que alguien, siempre, todavía, toda/la/vida, ha intentado mantener ocultas permanecen ocultas. No hay medios, ni motivación, para llegar más allá de la convocatoria de rigor, del periodismo de agenda, del canutazo o de la rueda sin preguntas. El perro guardián de la democracia apenas es un yorkshire, con su lacito y todo. Un “lamechichi”, que le llaman las malas lenguas. Bastante tuvimos con sobrevivir, podremos escribir en nuestra lápida.

El producto informativo ya siquiera es producto. Se regala en internet. Se copia y pega de un medio a otro, de una agencia a otra. Sea verdad o mentira. El sindicalista Marcelino Camacho, al parecer, se murió la otra noche y resucitó varios minutos después. Muerte súbita, no. Muerte mediática, se llama la película. (Un purista del plumillaje, en otro tiempo, habría contratado a un par de sicarios para cargarse al menda. Todo menos que la veracidad del medio quede en entredicho).

Sarcasmo aparte, resulta evidente que el periodismo se ha perdido el respeto a sí mismo. Todo empezó el día que vendieron la maravillosa idea del increíble hombre orquesta o, mejor, el increíble becario orquesta. Las víctimas no son los periodistas, es el periodismo, herido de muerte mucho antes de que existiera internet. Los periódicos de papel comenzaron a morir cuando a un lumbreras encorbatado –con la complicidad silenciosa de los directores y demás seres galácticos- se le ocurrió que era más rentable vender malos periódicos que buenos periódicos. Se recortaron –y se recortan- las plantillas, los costes de producción, la calidad del papel y los contenidos para, en teoría, obtener más beneficios. Y la ilegalidad se casó con el fraude, como si fuera una viñeta de El Roto. Los mejores profesionales están fuera de las redacciones. Como si en una cafetería italiana esperaran ganar más cambiando la máquina de 18 bares de presión por una de hospital y cobrando al mismo precio el ‘aguachirri’ que el café expreso. Un lumbreras, el tipo. Y una falta de respeto al periodismo mismo.

Cuando llegó internet, los medios impresos estaban tan destripados que no pudieron ni protestar. ¿Y qué han hecho? Regalar el producto que sale a la mañana siguiente el día antes. El valor añadido del papel es la melancolía. Ni más análisis ni, por supuesto, más calidad que la web. La misma mierda, que diría Felipe González, alias Isidoro. Cojan el mejor periódico nacional, a ver cuántas páginas se pueden salvar de la quema en un día bueno. Nunca más de cinco. Leo en el twitter de Peperoni Ruiz que “The Guardian llevó ayer al pulpo Paul a portada, más destacado que Afganistán. Ya sabéis: la crisis de la prensa es culpa de Internet”. Pues eso.

Después está la falsa ilusión de pensar que el periodismo es un oficio que puede ejercer cualquiera. Un poné’, Belén Esteban. O un bloguero. Un bloguero lo primero que tiene que hacer es inventarse un nombre serio, por favor. Y el anonimato es la madre de la calumnia y la mentira. No sé si leí en algún lado o tuve el momento anual de lucidez el otro día y lo parí yo mismo, que “si se vieran las tripas de los partidos, no habría estómago para votar”. Los periodistas somos profesionales de la casquería. Y los partidos, los grandes, los que mandan, no se equivoquen, funcionan de un modo muy parecido a lo que se cuenta en “El Padrino”. “La familia” y esas cosas. Me contaba Paco Cifuentes, y lo escribía el maestro Correal, que cuando las elecciones norteamericanas, al Cabrero, entre Obama y McCain, le caía más simpático el de la cara oscura. “Las ovejas se están preguntando: ¿Quién será nuestro pastor? El pastor es lo de menos. Detrás del pastor hay un dueño y un carnicero”. Las verdades del Cabrero.

Como dice José Antonio Sola, “todo está inventado”. Evidentemente, no tratamos de descubrir la pólvora. Estas ideas las defiende, entre otros, David Simon. El creador de “The Wire” recuerda que “el periodismo, cuando se practica adecuadamente, es un acto increíblemente delicado, ético y exigente de tiempo que requiere conocer un asunto, mantener las fuentes, saber qué usar y qué no usar de estas fuentes, volver cada día para saber qué es nuevo y relevante en la institución que estás cubriendo y escribir de un modo sofisticado que a la larga desvele cosas complicadas sobre esa institución. Es algo que no puede hacerse desde el cuarto de estar, sino desde la calle y con llamadas telefónicas. La mejor gente que he conocido lo hacía, y cubría las instituciones durante ocho, nueve o diez años. En los periódicos de hoy en día, los reporteros con 10, 15 o 20 años de experiencia se han ido y no confío en que vayamos a descubrir lo que deberíamos descubrir en el ayuntamiento, en el departamento de policía o en el sistema escolar porque el reportero de 24 años que lo cubre lleva sólo seis meses”. Hay más medios y más voces que nunca, pero nos enteramos de menos cosas que nunca. O sea.

A la hora de la verdad, los lumbreras –el enchaquetado de la máquina de café de antes- confundieron internet con un formato publicitario. Internet es otra cosa. En relación a la prensa escrita, la forma de ahorrar costes en la distribución, la parte que se lleva el bocado más grande del pastel. En lugar de difundir los libros electrónicos y los ipad, ipod y toda la pesca –el futuro que no llama a la puerta, sino que va a tirarla abajo-, los periódicos –con los lumbreras encorbatados del café de las cagaleras a la cabeza- se han dedicado a bonitas promociones de, a saber, medio kilo de pepinos, caldito del puchero, pulseritas, televisores, mp3, bicicletas, magdalenas, pasos de Semana Santa en miniatura y un largo etcétera de productos que, lejos de crear clientes, de incentivar la lectura y la información, invitan a pasarse –siguiendo con el símil, es que uno es muy cafetero, oiga- del café al te o al cocalao. Regalar un periódico sin forma humana –o tecnológica- de vender publicidad de manera efectiva –los banner aún no aportan nada- es el suicidio del oficio. Cuesta dinero mandar a un redactor a Madrid, Barcelona, Jerusalén o a la esquina de la Macarena. Normalmente, el taxi lo paga el propio redactor, dicho sea de paso. Ergo, el producto tiene que costar algo. Tratado de Economía, página 25, autor: Perogrullo. El coste de distribución de internet es casi mínimo. Promocionen ustedes, señores encorbatados, las conexiones. Y como queda demostrado que son algo limitados, estimados jefazos de los medios grandes, pequeños y medianos, más clarito: cobrar por los periódicos en internet es la única forma de salvar las redacciones y, con ellas, el periodismo, con lo que ello conlleva. Aparte, el concepto rentabilidad sigue siendo relativo. ¿Acaso el editor de libros, el chatarrero o los primos de Angelina Jolie, los del grupo de homofónico apellido –qué guionista está perdiendo Buenafuente conmigo- cenarían con el Borbón o los presidentes de aquí y allá si se dedicaran, exclusivamente, a vender libros, chatarra o a ‘noséqué’ tanto como ahora? Callar a un periodista equivale a enmudecer la democracia. Si quieres influir en la política, no compres periódicos, compra periodistas.

Los lumbreras pusieron la pistola, pero los periodistas –no escurramos el bulto- estamos apretando el gatillo. Como le dijeron a Rita Amaya la primera vez que puso un pie en una redacción, somos como putas. Al principio, se sintió agraviada. Con el tiempo, comprendió que “los agraviados no somos nosotros. Y si me encontrase con aquel compañero le diría que sólo una cosa nos distingue de las prostitutas: la dignidad. Ellas la tienen”.

Mientras la sangría de profesionales sigue su curso, unos y otros miramos para otro lado. Apenas alguna protesta. Algún paro infructuoso. “Perro no muerde a perro”. El sofisma –como recuerda Aurora Flórez- tras el que nos escondemos para no hacer nada. No somos víctimas de un asesinato, no. La excusa de que “la tecnología cambió” no es válida. No somos el cochero de caballos que no supo sacarse el carné de conducir. La base de este invento que nació mucho antes de la imprenta de Gutenberg es elaborar información precisa y de calidad que ayude a comprender el mundo que pisamos. Si el producto fuera mejor, si cada noticia estuviera escrita como si fuera la noticia más importante del mundo –como hace Paco Correal, por ejemplo-, aunque sea la chorrada más grande del globo, podríamos exigir cobrar por las líneas que escribimos y tendríamos un nuevo sistema de distribución con unos costes limitadísimos. Periodismo Humano se basa en esto. No estamos siendo asesinados. Somos colaboradores directos de nuestra muerte; permitiendo que, por ejemplo, en Sevilla el decano de la facultad de Comunicación, hasta hace dos días, fuera un tipo que jamás ha pisado una redacción. Un amateur –dotado para la pedantería- de la comunicología, o sea. Y con una generación futura que cuando tuvo frente a ella el digno ejemplo de la lucha y la dignidad de El Correo de Andalucía siquiera tuvo el arrojo de cruzar de acera para aplaudir contra la injusticia. No es que perro no muerda a perro. Es que las ratas no nos relacionamos entre nosotros. Y apestamos a indignidad.

Cuenta uno de los más grandes plumillas de este país –un privilegiado en esto de contar historias que ha sido corresponsal en Roma, Londres, Nueva York…, un tipo con arrojo para llamar pan al pan y garrafón al vino malo- que no está “seguro de estar todavía en el oficio”. Humildemente le digo que si él no está en el oficio es que el oficio ya no existe y que en tanto llega el fin del mundo, como dice Sabina, que nos coja bailando. Y contándolo.
Hoy se celebra el Día de San Judas Tadeo, abogado de las causas difíciles y desesperadas, recuerda Sale Cao en el ‘feisbuk’. Adrián González, que se tuvo que coger las maletas para el lado oscuro siendo un plumilla multidisciplinar mucho antes de que existiera el ‘palabro’, cree “que internet le está haciendo mucho daño al periodismo. Se ha desatado la obsesión por informar antes que nadie, da igual qué, pero rápido, sin contrastar, sin verificar, al minuto, al segundo, antes que la competencia, todo bajo el epígrafe de “Urgente”. Hace diez años, el conocimiento acumulado era un valor añadido. Hoy no. Ejemplo: hoy cualquiera puede escribir una doble página sobre qué hacer, qué comer, qué visitar en Kuala Lumpur sin haber salido de su pueblo. Puedes redactar mejor, peor, hacerlo más atractivo, pero la información está ahí, en internet, con todas sus ventajas y sus condenas. Internet es el invento del siglo, pero empieza a tocarme un poco las narices”. “Internet nos va a matar”, dice. Tomás Monago recuerda que “el New Yorker es una referencia en papel y crece como un tiro: tiene ya 1.200.000 lectores, porque ofrece algo diferente. El papel morirá si se dedica a imitar el modelo de periodismo basura, tipo Mcdonalds. Porque, en teoría, el papel está para dar jamón y no hamburguesas”.

Algo pasa cuando hasta las autoras de éxito mundial de libros de autoayuda se suicidan. Algo pasa en el mundo. Y tenemos que contarlo. Aunque, más pronto que tarde, el anuncio para buscar redactores en un periódico recuerde al que puso Ernest Schackleton reclamando voluntarios para la expedición a la Antártida en 1914: “Se buscan hombres para un viaje peligroso. Sueldo bajo. Frío extremo. Largos meses de absoluta oscuridad. Peligro constante. No es seguro volver con vida”. (Ni con alma, añado). “Honor y reconocimiento en caso de éxito”. Seamos como Fineo, rey de Salmideso, el que veía a través del tiempo. La mirada que sólo ve el presente es limitada. (El sabio observa las cosas desde un tiempo eterno). Decir que la realidad es indescifrable, que cualquiera la puede contar, es decir que es inmodificable y eso no sólo es mentira, sino que es lo que pretenden “los carniceros”. Es tiempo de descifrar la piedra Rosseta. La última página aún no está escrita. Aunque no manche los dedos de tinta. Una huella dactilar quedará marcada en la pantalla del Ipad.

“Hasta que la política nos abandone” (una canción de Perales)

«Aunque haya ganado las elecciones, jamás olvide que al final va a perder el poder. Prepárese usted. La victoria de ser presidente desemboca fatalmente en la derrota de ser ex presidente. Prepárese usted. Hay que tener más imaginación para ser ex presidente que para ser presidente. Porque fatalmente dejará detrás de sí un problema con nombre: el suyo». Lo escribió Carlos Fuentes en «La silla del águila» como si tuviera presente la situación de Chaves y Griñán; no hace tanto, amigos, compañeros de cineclub y residentes en Sevilla.

Manolo (Chaves) y Pepe (Griñán) son ya un retrato abocado al sepia, historia de cuerpo presente de la Junta y del PSOE andaluz, que no es lo mismo aunque desde hace tres décadas parezca que es igual. La de Chaves y Griñán es una renuncia en diferido, como la indemnización por el despido de Bárcenas. «Las mayores mentiras se dicen siempre en silencio» (Robert L. Stevenson). Chaves y Griñán se marchan motu proprio. «Por motivos personales» pero empujados por el partido, la situación y el bloqueo del Parlamento. La salida menos honrosa (y “virgencita, que me quede como estoy”) tras una vida en la política. El fin del trayecto, en diferido, con la certeza, aunque en voz alta se niegue, de que, salvo excepciones, en España nadie deja la política sino que es la política la que abandona al político.

Tras el titubeo característico de su oratoria y la imposición consecuente del paso dado por Griñán anunciando su salida «para evitar presión al partido», Chaves comunicó a Ferraz que no se presentará de nuevo como diputado por Cádiz. Chaves no ha podido manejar los tiempos tras ponerlo su otrora amigo Griñán a los pies de los caballos, (los) Podemos y (los) Ciudadanos. En Ferraz, si no directamente sí con indirectas, como en un monólogo de Gila, le señalaron la salida a Chaves, que cumplirá 70 años en julio y fue diputado en las primeras elecciones democráticas (1977), presidente de la Junta 16 años y vicepresidente del Gobierno. Desde San Telmo, la respuesta de Susana Díaz al correo de Griñán con asunto «por mí que no quede, que no se diga, ahí os quedáis» fue un lacónico: «Déjame a mí que yo gobierne esto».

Aunque animales políticos ambos, la naturaleza de Chaves y Griñán es muy diferente. Chaves sólo aceptó, cuando se escuchaba el tantán de guerra de los ERE, una escapada «hacia arriba», de la mano de Zapatero, en la Semana Santa de 2009. Se trata de dos personalidades complementarias si se quiere pero antitéticas. Uno, listo y experto en el arte del status quo; inteligente, culto y no exento de soberbia, el otro. Ambos, tan cercanos antes y alejados desde que Chaves eligiera por democracia dactilar como sucesor a Griñán, se exponen ahora, con el fin de su aforamiento, a formar parte de la instrucción de la jueza Alaya. La renuncia de los ex presidentes, de facto, al margen del valor simbólico, sólo les afecta a ellos mismos en tanto el burladero aforado del Congreso y el Senado se derrumba. Los ex presidentes no han podido salir por la Puerta del Príncipe. Del desarrollo del proceso judicial dependerá que haya puerta de enfermería. La situación procesal de Griñán, como ex consejero que desoyó los informes de la Intervención, se antoja más complicada que la de Chaves. También difiere la aceptación de la realidad procesal, una vez desterrada la teoría de «los cuatro golfos» (Chaves y después asumió la tesis Griñán) y el «es imposible que la jueza me impute» (Griñán dixit). «No hubo un gran plan pero hubo un gran fraude», mantuvo Griñán en el Supremo. «He renunciado a todo, qué más quieren que haga», señaló tras su renuncia. «Yo no renuncio a nada», indicó Chaves, que en el Supremo se limitó a señalar que no sabía nada o que le era imposible conocer a los 200 directores generales de las consejerías, entre ellos, Guerrero. «No soy ningún Superman», indicó en la SER, con el pensamiento de reojo en el orgullo de su antiguo amigo Pepe. Griñán trató de manejar la situación heredada tras Chaves, de crear (leves) cortafuegos con las ayudas, de separar el PSOE de la Junta, algo que pronto vio que era como extirpar un parásito del órgano anfitrión y a lo que acabó renunciando en nombre de un bien mayor: conservar el poder. Retrasó las elecciones en 2012, consiguió una dulce derrota para gobernar y en 2013 se marchó por «motivos personales». Como ahora Chaves. Esta vez Griñán sí ha admitido la erosión por los ERE. En un comité director, Griñán alzó la voz y echó en cara a los presentes la situación. «Todos sabéis de dónde vengo y cómo me iré. No todos podéis decir lo mismo». Los presentes agacharon la cabeza. Después siguieron conspirando.

«Cuando el tiempo nos alcanza»
En la primera parte de su biografía, Alfonso Guerra citaba a Percy Shelley: «Nadie apedrea un árbol que no esté cargado de frutos». Los nuevos partidos han puesto en el punto de mira a los ex presidentes, igual que el cazador buscar cobrarse una pieza de caza mayor, en el nombre de la regeneración democrática. Se trata más de un gesto simbólico que del fin de una era. A los ex consejeros imputados en los ERE nadie les ha pedido su dimisión. A Alfonso Guerra, en la infancia, le llamaron el «resucitado» porque sobrevivió a una enfermedad de las que se te llevaba por delante. Ni Chaves ni Griñán han sobrevivido a los ERE, por más que hayan tratado de alargar la agonía. Cuenta también el Guerra en sus memorias que un día le cogió Felipe y le dijo: «Alfonso, si tú ves que yo algún día pierdo el sentido de la realidad, me desvío de la senda acertada, adviértemelo para corregir inmediatamente. Y si te ocurre a ti, yo te llamaré la atención». El auriga que susurra al oído «recuerda que eres mortal». Memento mori, que en el caso de Chaves y Griñán suena al “Frente a frente” de Jeanette con unos ojos cargados de mirada y la postdata: «Que Alaya nos coja confesados. Hasta aquí hemos llegado».

Postales desde el Bar Giralda

Tras las puertas del Bar Giralda, más de 70 años de historia nos contemplan y otros tantos de pequeñas historias. Cotidianas, las que suceden todos los días al abrazo de una tapa y una caña. Las que conforman la intrahistoria, que decía Unamuno, que es eso que ocurre –parafraseando a Lennon– mientras los grandes nombres del mundo se empeñan en hacer otras cosas.

A partir de mañana, en el Bar Giralda también se van a hacer otras cosas. Al echar el candado, tras la puerta quedarán guardados innumerables recuerdos, ilimitados momentos y un puñado de mesas y sillas. «Hasta el infinito y más allá», pensó Francisco Sánchez González, Paco, cuando se decidió a regentar el establecimiento vinculado a su familia desde los años 30. El calendario marcaba «15 de febrero del 84». Su Documento Nacional de Identidad hablaba de 37 años. Hoy, 15 de mayo de 2007, 60 años de edad, en todos los letreros se lee «fin de trayecto».

Como los capitanes de barco, Paco, tiza blanca en la oreja, será el último en abandonar la nave, en pasar el trapo al mostrador, escoltado por las columnas dóricas de la barra y la pátina del antiguo baño árabe que albergaba el lugar.

Los clientes de toda la vida no se pueden creer la noticia. «¿Que va a cerrar?» Cara de sorpresa. «¿Es broma, no?» Cara de póker. «Mira el cartel». «Touché». El futuro del Bar Giralda, de momento, es como una película de Hitchcock: todo suspense. Está en manos de la propietaria del local. ¿Una sucursal de banco, un restaurante, un bar, una tienda? De momento, dieciséis empleados a la calle y se habla «sotto voce» de grandes cantidades por un supuesto traspaso. En cualquier caso, las pequeñas historias siguen.

Tapa y caña, «a dos con diez»
Javier Aguado, 54 años, rememora sus años de universitario, «cuando la caña y la tapa salían a ‘dos con diez’ y venía a pelar la pava». Hasta toma fotografías a los arcos de las entradas, a los bodegones de las paredes, a la antigua máquina de café expreso del rincón, rebelándose contra el rapto de su memoria sentimental. «Me da mucha pena». La última consumición: «Pastel de cabracho con mayonesa», acompañado de un zumo de tomate que, sólo aparentemente, tiene el aspecto de una cerveza rubia, «que después mi mujer me riñe».

«Habrá que conformarse con la Estrella (el otro bar de Paco)», se consuela otro cliente habitual, natural de Malta, como la cerveza y la estatuilla con forma de halcón de la novela de Dashiell Hammet. «No tengo ni que pedir», dice. «Llego y ya saben perfectamente qué quiero. Son 23 años viniendo». Solomillo al whisky es la penúltima tapa del cliente maltés.

«Es como un hijo que se casa y se va», comenta Paco. «Prefiero no pensar. El Bar Giralda es un clásico en el mundo», cuenta. Entonces, Paco, el hijo, sobrino, nieto y ahijado de hosteleros asturianos, desgrana los secretos de un establecimiento que es «una mina». Por su enclave, a la sombra de la Giralda; por su pasado como baño árabe y su decoración; y por sus historias: el Giralda alberga un poso de encuentros culturales y políticos, de veladas hasta altas horas, perennes en el imaginario sevillano. «Los ‘felipesgonzález’, ‘alfonsosguerras’, ‘antoniosburgos’ siempre han sido unos clásicos del lugar». «Y en esa mesita se sentaba habitualmente Carlos Cano», explica el todavía regente del establecimiento con el «clic» de las fotos de los clientes de fondo. «Es el día de la postal», da cuartel Pepe a la broma en medio de su cordial profesionalidad y de su rictus de kurós.

Jane Fonda, Pedro Almodóvar o Chavela Vargas también han probado alguna de las tapas de la pizarra de Paco. «Un día llegaron dos tíos muy fuertes exigiendo mesa. Eran los guardaespaldas de la reina Noor de Jordania», ante la cual corrió a besarle los pies un camarero iraní contratado en esa época, tira Paco de anecdotario. «Podría contar mil historias y no parar».

Algo tendría que contar también la Giralda, los lugares que motivan el tópico de la Sevilla especial, los bares donde tu chica –como canta Quique González– te decía «nunca más». Algo tendrían que contar las calles del barrio de Santa Cruz y los ceniceros llenos de colillas. «La suerte es una ramera de primera». «Jefe, póngame la última».

El hotel de los toreros se viste de luces

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El antiguo Majestic de Sevilla, por Mari Paz Soler.

Un día Catherine Deneuve guiñó un ojo a Cándido y otro al tiempo en el Hotel Colón de Sevilla llevando a su máxima expresión el concepto «comunicación no verbal», parando los minuteros y los segunderos de los relojes y los sístoles y diástoles de los corazones, desde la moqueta que conducía al ascensor. Deneuve ascendió a su habitación y José Cándido Remujo -conserje del hotel, licenciado en «mundología» por la escuela de los días y la orden de las llaves en la solapa– comprendió que otro cliente –y «qué cliente»– quedaba satisfecho. Así viene sucediendo desde 1929. Así seguirá siendo de nuevo a partir de la primavera de 2008, cuando el Colón reabra sus puertas tras ocho meses de reforma, de simbólico embarazo prematuro para dar a luz el segundo hotel de gran lujo de la ciudad, junto al Alfonso XIII. Desde el 1 de julio, el hotel de los toreros se viste de luces.

«El Colón no es un hotel cualquiera», explica Javier Tenza, gerente del complejo. «Es más importante el nombre que las estrellas. La idea es incrementar el segmento gran lujo». Para ello, el Colón pasará de las actuales 218 habitaciones a 189, con 39 suites, «manteniendo la esencia y la idiosincrasia del establecimiento». Un estilo propio ligado de forma indeleble a lo taurino, como «punto de reunión de ganaderos, apoderados y toreros». «El Colón tiene vida propia de la mano de la Feria de Abril y supone un enclave estratégico en la ciudad», cuenta Tenza, llegado desde México hace tres años, tras hacer escala profesional en Madrid, Barcelona y Caracas desde su Baleares natal, que el camino más corto de Palma a la ciudad de la avenida de la Palmera pasa por el Hotel Colón. «Va a ser el mejor alojamiento de la cadena Sol Meliá y, seguro, el mejor de la Andalucía urbana». La idea es «romper con todo», hacer un hotel «moderno y práctico sin caer en el minimalismo», explica el gerente. Otro de los objetivos es «convertir el hall en punto de encuentro de la sociedad sevillana, como antes».

Antes, el Hotel Colón se llamaba Majestic, cuenta Paco, 36 años en la casa, 14 como responsable de barra de La Tasca de El Burladero, paso previo hasta la reforma de 1985 por el restaurante. El Majestic nació de la mano de la Exposición Iberoamericana de 1929. Tras la Guerra Civil, Timoteo Torres y su hijo Pedro «se lo quedaron» y «compraron el patio de la Iglesia de la Magdalena». Durante la guerra, el Majestic fue sede de las tropas italianas. «En esa época sí se ganaba dinero. Salían 100 soldados y volvían 40». El hotel gana, como la banca. Se acabó la contienda y el establecimiento se rebautizó como Hotel Colón, que eso de Majestic quedaba «demasiado de fuera, demasiado de la República». Después vino la reforma de Detursa, la compra por parte de Tryp y, posteriormente, Meliá asumió el negocio.

Paco –que es uno de los 65 trabajadores fijos, aparte de los 20 discontinuos, para los que se ha acordado un expediente de regulación– entró como aprendiz con 16 años. Cuenta que la mejor época que recuerda fue «hace 21 años, con la reinauguración». «¿Vivencias? Infinitas, pero eso es mío». Durante estos ocho meses, Paco piensa operarse por fin los ojos, cansados del paso de los días tras el burladero de la barra. «Veo menos que Paquirri boca abajo».

Abriendo la puerta a la historia
A Paquirri y a la mayoría de las personas que han marcado la «intrahistoria» del Colón les ha abierto la puerta Juan José Sosa desde enero de 1973, que contaba 13 años y entró en plantilla como mozo. Entonces trabajaba de 16:00 a 00:00 porque «no tenía el tríptico de menores» al no cumplir los 14 años legales para trabajar hasta el 14 de octubre, «que también nació una ilusión» como dice el himno del Centenario del Sevilla. Juan José es bético y ese día lo que nació para él fue «la posibilidad de ganarse las papas». Trabajó como botones; pasó a El Burladero hasta que entró en el ejército; después trabajó en el economato del hotel, hasta que en 1987 comenzó a trabajar como portero. Y ahí sigue, en la puerta, donde vio pasar a Felipe González, a Lola Flores, Montserrat Caballé, Peter O’Toole, Ernest Hemingway, Ava Gardner, los Príncipes de Asturias o la madre del Rey, Doña María de las Mercedes, «que le encantaban las cabrillas de Camacho». Juan José, a sus 47 años, lleva tantas reformas como copas de la UEFA el Sevilla y se muestra dispuesto a estar en «la tercera reforma» del hotel que nació con la Segunda República.

La vista en el horizonte
Un día regaló a Arturo Pérez Reverte una insignia de solapa con dos llaves doradas y el de Cartagena le correspondió con un artículo. José Cándido Remujo cumple a «rajatabla» la máxima de «es de bien nacidos ser agradecidos» y no para de nombrar a su «maestro», «uno de los grandes conserjes de la historia de España», Gaspar García, manteniendo siempre, en palabras del académico, la «sutil distancia entre servilismo y profesionalidad», como el conserje Grüber del Club Dumas.

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Cándido Remujo, por Mari Paz Soler.

Cándido es uno de tantos hijos de la inmigración. Lleva 20 de sus 42 años en el Colón. Regresó de Alemania en el 79, con la recién nacida democracia y con mayoría relativa en el Congreso y absoluta en el Senado de la UCD. De los «tiempos difíciles» lejos de la tierra, conserva el «rédito» de los idiomas. «Cada día es un reto». «Atendemos las necesidades del cliente, que, en ocasiones pide las cosas más variopintas», explica. Desde una pedida de mano en la ruinas de Itálica con mensaje en avioneta incluido a las gestiones para un viaje Sevilla-Málaga en jet privado. El Colón se viste de luces y se lava la cara, pero dentro de ocho meses, la bienvenida será la misma: «¿Puedo ayudarle en algo?». A veces, por ello, Catherine Deneuve en vez de gracias, guiña un ojo y detiene el tiempo.

Trasplantes de cara(dura)

Mucho hemos tardado. Una eternidad. España es uno de los cuatro lugares del mundo mundial en el que una persona puede trasplantarse la cara. Somos una superpotencia sanitaria, un bastinazo con el bisturí, un territorio repleto de eminencias médicas. Otra cosa es que para que una ambulancia llegue a Carmona -30.000 habitantes y siglos de historia- se tarde hora y media –según los afectados- o tres cuartitos de hora, que es lo que dura medio partido de fútbol, -según el Servicio Andaluz de Salud- y, por las cosas que tiene el azar, oye, coge y se te muere la señora antes de que lleguen los médicos.

Minucias de este tipo no quitan brillo al hito mundial de trasplantarle la cara a una persona necesitada de trasplantarse la cara. Lo que extraña es que, teniendo en cuenta que contamos con grandes cirujanos modernitos con chilaba que te operan de buen rollo escuchando a Chambao; una ministra de Sanidad para ponerle un piso donde quiera; la tecnología necesaria; el instrumental médico más limpio que una patena; y todos los avíos necesarios; la cosa se haya retrasado porque faltaba “un donante”. De hecho, tenemos varios hospitales más esperando para la operación y esperando un rostro como quien espera a Godot.

Con lo sobraos’ que estamos en el país de gente sobrada de cara. Desde el presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, al director del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez. Dos personas que lo que se dice llegar a fin de mes, llegan, mire usté’, y que solicitan, así, por y con la cara seria, un abaratamiento del despido “para generar empleo”. Se trata de dos claros casos de posibles donantes incomprendidos. Con lo claro que resulta el sofisma consistente en abaratar despidos y crear más empleo y este país de titulados universitarios buscándose las habichuelas en la hostelería se empeña en no entenderlo. A todas luces, se trata de una magnífica idea: despidos a coste casi cero y, con lo que el empresariado español se ahorra, puede invertir en yates, hoteles, cócteles, señoritas de compañía, etcétera, etcétera, etcétera. En hacer turismo, que es la única industria “made in Spain”.

Con despidos más baratos, estos señores tan preocupados por el bien común podrán tener la mente más liberada para seguir pensando en grandes proyectos innovadores como los que hacen de este país una de las mayores potencias empresariales del universo, gracias a la innovación en sus negocios. Ladrillo mixto, ladrillo de gafa, ladrillo perforado, ladrillo caravista, ladrillo refractario. Un ejemplo en Investigación y Desarrollo esta enladrillada tierra de María santísima. De salir adelante la medida, como homenaje, la patronal debería pasar a llamarse CEOE –OÉ!-OÉ!-OÉ!

Puede ser verdad que el 63% de los trabajadores cobre menos de 1.100 euros brutos al mes o que 16,7 millones de asalariados perciban un sueldo anual inferior a 13.400 euros, pero estas razones no son suficiente argumento para poner en duda el proyecto de unas personas que, como todos reconocemos, son las que tiran del país echando entre 10 y 14 horas diarias en el tajo; llevando a los niños al colegio; llamando a los abuelos para que los recojan y los cuiden hasta la noche; preparando la comida para todo el día y ordenando mal que bien la casa; echando una cabezadita en el sofá con Buenafuente de fondo a las 2:00 de la madrugada; diciendo a la señora que “sí, cariño, que ya voy a la cama, que ya sé que mañana me toca a mí dejar al niño en el colegio y tengo que estar en el laburo a las 8:30 y no veas los atascos”; y, una o dos veces por quincena, echando hasta un polvo, que hay que mantener la tasa de natalidad del país. Que viva España.

Que en este país tan desarrolladito y aseado que tenemos gracias a este tipo de personas se cuenten con los dedos de una mano los trabajadores que ganan más de mil mortadelos al mes no es razón para echar por tierra la bajada de la indemnización por mandarte al paro –o a la puta calle, si se prefiere- o para pedir que, en lugar de bajar los despidos, suban los sueldos. Porque, oiga, si antes del euro un café costaba 60 pesetas –vulgo, 20 duros-, y ahora cuesta, al cambio, 200 perras gordas y, por el contrario, los sueldos no se han triplicado y se gana igual que antes de la moneda común –aclaración: común entre unos pocos que se las reparten-, eso no es culpa de estos señores que tratan de reflotar la economía del país y sus yates privados. Ante este silogismo, que le pidan cuentas a Felipe, que fue el que nos metió en el euro con esa labia y esas chaquetas de pana que gastaba.

No acaban aquí los posibles donantes de cara, por eso de que andan sobraos’ de rostro. Los banqueros, por ejemplo. Los señores banqueros, unas personas que no tienen nada de responsabilidad en esto de la crisis/reajuste del sistema que sufren las economías de los países capitalistas. (En el resto del mundo, la crisis se llama miseria y no es noticia). Unos profesionales de lo suyo que, en un ejercicio de responsabilidad social, después de recibir más de 30.000 millones de euros de los impuestos de los españolitos, y de haber ganado sólo algunos céntimos durante todos los años del llamado ‘boom inmobiliario’ –época en la que para que te concedieran un crédito bastaba con presentar como aval la colección de cromos de Panini-, se muestran reacios –en pos del bien común- a “prestar” el dinero a los empresarios, autónomos y demás ciudadanos para que financien su medio de vida para ganarse nuestro pan bimbo de cada día.

Los banqueros –cuyas pensiones, contando sólo el personal del Ibex, suman 491 millones- en un ingrato ejercicio de pedagogía están enseñando a este país de derrochadores a evitar ir a los bancos para nada, porque te roban. Sin duda, los bancos mundiales, en general, y los españoles, en particular, merecen el premio Principito de Asturias de Economía. Los microcréditos de Muhammad Yunus son una minucia en comparación con la labor de entidades financieras nacionales como el Santander y el BBVA –léase “beba uva”-, las cuales cerraron el pasado ejercicio entre las cuatro primeras del mundo en cuanto a beneficios, con 9.400 millones de superávit en el caso de la empresa del señor Botín, su mujer la Bota y sus hijos los Botines.

Y podemos seguir con personalidades sobradas de cara para un posible trasplante. El señor Rajoy, eminente registrador de la propiedad, con arrojo suficiente para que, en medio de una investigación judicial sobre presunta corrupción en el PP, se atreva a denunciar sin pruebas, sin un atisbo de documentación, que el Gobierno de un país democrático como España persigue a los miembros de su partido. No sólo eso, sino que, como diría la ministra Aído, también persiguen a “las miembras”. Denunciar que Zapatero ha creado una Gestapo española con pruebas, eso lo hace cualquiera. Pero hacerlo como Rajoy, por inspiración divina y encuesta electoral, tirando la piedra y escondiendo la mano, desviando la atención sobre el fondo de armario de don Paco Camps, eso sólo lo puede hacer un donante de rostro altamente cualificado.

O el ministro Sebastián, que, consciente de lo limitado de los sueldos en el país, tiene la bondad de permitir que España tenga las tarifas de móvil más caras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, para que la gente no pierda el tiempo tonteando con el móvil y trabaje de verdad. O los del Gobierno que han prometido un subsidio para los parados sin ningún ingreso y que ahora resulta que sólo es para tres gatos.

O Juan Luis Cebrián, consejero delegado del grupo Prisa, que dice que el Gobierno es “intervencionista e inmoral” por hacer exactamente lo que el Ejecutivo de Felipe González con su empresa, sólo que ahora él no es el favorecido, en relación con la TDT de pago. O por hablar de periodismo de calidad, cuando en la cadena de radio más importante en castellano del mundo y la emisora más rentable de España -la SER- para cubrir los incendios de Grecia, a falta de corresponsales a los que malpagarles, tiran de la crónica de una vecina española que andaba por la zona y veía el fuego desde su balcón. De Premio Pulitzer.

O aquellos que defienden que las injusticias de la Guerra Civil, mejor dejarlas como están, que “ande yo caliente” lo mismo da que el padre de un señor de Cuenca – que le tocó ser nacional- esté enterrado en una fosa común en Paracuellos del Jarama o que el abuelo de una señora de Trebujena –que estaba en el bando republicano- esté bajo una cruz perdida de una carretera secundaria por la que sólo pasan las cabras y las ovejas, que, como los cabrones, tampoco tienen memoria. No importa que en Alemania sigan metiendo cadenas perpetuas a quienes perpetraron matanzas, así pase medio siglo y así tengan 90 años, como recientemente con un tal Josef Scheungraber que mató a 14 personas en la Toscana en represalia por un ataque partisano. Porque los que defienden que se quede todo como está –“atado y bien atado”, como dijo el Generalísimo generalito-, tienen razón. No es una cuestión de memoria. Es una cuestión de vergüenza.

La lista de potenciales donantes en este país es inmensa. Por eso, teniendo más rostro que espalda como tiene el personal, extraña que hayamos tardado tanto en subirnos al tren de los trasplantes de cara. Y ahora que han descubierto el gen que nos da personalidad y nos hace únicos, bien estaría una investigación para hallar el material genético que hace de estas personas unos seres irremplazables, inigualables e insustituibles. Por la cara (dura).

En el nombre de Anguita, “La Rendición de Breda”

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«Y si no hubiera luz, si no la hubiera, buscaríamos un faro en la tormenta, haríamos un fuego, construiríamos la luz». Los versos de David Eloy, entre el quejío de  Juan Pinilla, invocaron ayer en Málaga el eco del hombre, el perfil etrusco y el arabesco en la barba, las sienes de plata, el político que volvió a sus clases. Julio Anguita, los restos del Partido Comunista, resucitados tras varios ataques al corazón, cuerpo presente y puño en alto. Anguita invitó a IU a hacer un frente común contra «el bipartidismo»  en sintonía con «Podemos, Equo, Attac».  «Los nuestros».
Muchos apuntaron la hora del retorno en el Palacio de Congresos de Málaga, como en Aguascalientes con José Tomás, y Málaga fue centro de peregrinación de IU en su acto central de campaña, en el regreso del mito rojo tras 15 años, como en el tango pero con un lustro menos, que, visto el actual panorama político, «no es nada». «Febril la mirada», la militancia conjugó el verbo «Volver», tiró el streaming, desbordó las previsiones e hizo abrir dos salas más, ocupó el hall e hizo el «hashtag» de la coalición tendencia nacional con vocación republicana.
En el nombre de Anguita, 6.000 personas puño en alto y Pasionaria en la cartera. «Nunca fuimos héroes. Si acaso niños tirando piedras», dice el spot de IU. «El pueblo unido jamás será vencido», «Aquí está el cielo de verdad», gritaba el respetable. Anguita, antes de tornar en desobediente leal, en insurgente dogmático, dio las gracias «por haberme hecho sentir más joven».
Entonces, desempolvó las esdrújulas desde las entrañas:  «La  fiel infantería capitalista son los apolíticos. El ciudadano que vuelve a votar a los ladrones es responsable del robo». El «califa» defendió «el valor revolucionario del estudio como fuerza de cambio de la sociedad» y se acordó de «Felipe González y Aznar» porque está «en contra de las puertas giratorias». «España está intervenida económicamente por poderes extranjeros». Quien lo permite peca de «alta traición contra España».  Y «hay soldados yanquis por todas partes». «Tú te callas en los Noos, tú en los Gürtel, tú en los ERE», «el pacto de Estado» que denunció Anguita, con la Corona de por medio. «Se ha pactado la continuidad de un régimen moribundo». «Con la dignidad no se come, pero sin dignidad no se come. Sin cuchara no comes sopa. Un pueblo sin dignidad se pone de rodillas y acaba sin comer. ¿Qué vais a hacer, ciudadanos? ¿Seguir votando a ladrones? No hablo para que guste, sino para que la gente piense», criticó Anguita con perfil ya de tanguista fiero, que, al poco, cuestionó: «¿Dónde puñetas estáis los intelectuales que no os comprometéis para sacar de la inmundicia este país? ¿No veis a la gente desahuciada? ¿No veis a la gente en Cáritas?  La Transición murió de cáncer». «No pueden decir que todos somos iguales. Prefieren el ejemplo de los que roban de los que no roban porque les ponen la conciencia en vilo». Caronte desbordando sus verdades en una barca contracorriente. «Esto no lo cambia una fuerza política. Es imposible. Ni cuatro o cinco unidas. Duran menos que un caramelo a la puerta de una escuela. Está el ejemplo del Gobierno griego. Hay un necesidad del pueblo en la calle permanentemente», señaló, para alertar del proyecto de unión del bipartidismo, «como en Alemania». «Felipe no da puntada sin hilo», avisó. El vaticinio del presente futuro se lee en las vísceras del sistema.
«Hay que cambiar esto suavemente, como un calcetín. Con la gente. Yo no lucho por nadie si no lo veo conmigo en la primera fila luchando. Después de las elecciones, el poder va a seguir mandando. Ése es nuestro adversario. IU tiene que tender la mano, no es una rendición, con el ejemplo del cuadro de Breda. Con los demás podremos cambiar esto y con el pueblo  tirar abajo democráticamente este régimen». Anguita pidió «unidad en torno a un programa, medidas mínimas inmediatas». «No podemos criticar el bipartidismo y después negociar con ellos. Los nuestros son otros.  Esta política es más dura que correr delante de los grises.  Hay que tejer la unidad, crear el contrapoder». El candidato Maíllo coincidió en que «con muy buena educación le vamos a decir al bipartidismo que los vamos a echar», en clara contradicción a los tres últimos años de bipartito de IU en la Junta. Maíllo señaló que aspira «a unir todas las fuerzas que quieran transformar Andalucía sobre bases programáticas».
Cuando los restos de Cervantes parece que han sido hallados en Madrid,  Anguita, los restos «de dignidad» del PCE -como el ex soviético y doble subcampeón del mundo Victor Korchnoi  moviendo el alfil negro en el Savoy de Zurich tras un doble ictus y en silla de ruedas-, señaló a IU la estrategia del enroque para evitar que el 22M derive, entre la pujanza de la reina morena -Rodríguez, Teresa- y la reina blanca -Díaz, Susana; dueña también del tablero y las fichas- en el jaque mate final. Los peones se juegan la existencia; su pica en Flandes, que Diego Velázquez vuelva a pintar, con las lanzas de nuevo en alto y un nuevo significado, “La rendición de Breda”.