Marta, año I: el dolor que no cesa

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Foto: Manuel Olmedo

La vida sin Marta del Castillo, un año después, no es lo mismo. Sobre todo para su familia. También para los implicados en el crimen.Y para una sociedad que, salvo catástrofes siderales, asume las tragedias como quien pasa las hojas de un periódico y se baja del dolor y de la esperanza igual que quien se baja de un caballo cansado. Cuando una persona se va, debería importar. Esta vez importa. Cicatrices en el alma, en el mejor de los casos. Heridas abiertas, en otros muchos. Y lo que te rondaré, morena.

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