Ella Baila Sola

El caracol de pie escamoso fue descubierto en 2001 asociado a chimeneas hidrotermales del Océano Índico. Según la biología, se trata del único animal que usa sulfuros de hierro para hacerse una armadura biometálica. La ciencia aún no ha estudiado la composición de Susana Díaz. Ya señalamos hace meses que era tiempo de verdeo y al final todo dependerá del «pecunio». Anda la todavía lideresa del PSOE andaluz de tourné; de nuevo en la carretera, «de Ayamonte a Pulpí», con el calambre de las calles, emulando a Ethan Hawke en «Gattaca»: «Sólo recuerda que fui tan bueno como cualquiera, y mejor que la mayoría». Aquello era un filme, de culto y ficción. El periplo susanista se halla a medio camino entre los trabajos de Ulises, la penitencia de Sísifo y la creación de una suerte de «Orden del Fénix» contra un adversario innombrable. Espadas –puñales mandan– ya no es «mi Juan», obviamente. La banda sonora corre a cargo de Ella Baila Sola (EBS), que además vuelven en un ejercicio de «vamos a llevarnos bien» con el precedente cercano de Ferraz y San Vicente. «Cómo repartimos los amigos» es la primera cuestión a dirimir de cara a las primarias y si no están convocadas ya y el candidato sigue en barbecho es que la cosa tan clara no está todavía. El PSOE, de Zapatero a esta parte, ya no es indivisible como un número primo. Dice Iván Redondo que lo admirable de la Real Sociedad es que «siempre juega para merecer ganar», lo cual no significa que sea la estrategia que el demiurgo de La Moncloa considere para Andalucía. Esta Real tirando a cuqui, de juego más bonito que efectivo, ha ganado la Copa del Rey cuando Pedro Sánchez resalta los valores de la II República. Disney quiere hacer sables láser de verdad y el presidente, tan jedi, igual se refiere a la República de «Star Wars». La Real de Xabi Alonso, De Pedro y el turco Nihat mereció una Liga que a falta de una jornada se llevaron «los Galácticos». Entonces, Casillas se doctoraba en milagros y Ronaldo (el bueno), con las rodillas deconstruidas como los principios socialistas, jamás perdonaba en el área. La caza del tejón está siendo la única alternativa ante el rechazo susanista a sillones como el de la presidencia del Senado. Lo que conduce a la «operación Vara» frente al «tío de la vara». Susana Díaz, al margen de lo orgánico, es una mujer a destiempo. Se dice roja, católica y sentimental (y también bética); pero sabe que la política, como el capitalismo, admite esfuerzo y azar. La existencia misma, y ella mismo lo ha sufrido. (Ay, los días en que los máximos consejeros susurraban al oído señales de semidivinidad. Ay, cuando no supo verse ante el espejo de la ambición de Pedro –Sánchez–. Ay, cuando, magnánima, por los viejos tiempos en Juventudes, accedió a que Alfonsito –Rodríguez Gómez de Celis– se fuera a los puertos, dejándole tiempo frente al mar y un teléfono para armar la rueca de Penélope). El capitalismo, como la política verdadera, es realista. El comunismo es onírico e idealista. Y los idealistas sólo se abren paso con la violencia, como un Boba Fett cazarrecompensas. Susana Díaz, Amidala de Triana, siempre prefirió la sutileza del sistema, como un buen botijo de barro poroso que en el mismo infierno mantiene el agua fría. Los demonios y los gatos le salen de adentro, pero ahora ensaya la mejor de sus sonrisas. «Cuando los sapos bailen flamenco» fue otro hit de EBS. La escalera interna en espiral de la Torre de Pisa cuenta con 294 escalones para siete plantas. Todos de mármol. Para las primarias socialistas faltan tantos escalones como le queden por subir a Ferraz y así asegurarse la victoria. En la política como en la física no existe el vacío. El problema de la fruta madura es que a veces cae ante la ley de la gravedad y otras veces directamente se pudre en el árbol. A Juanma Moreno ya lo confunden con Chaves en los hospitales y desde San Telmo contempla el atardecer de los dos soles que alumbraban el desierto de Tatooine.

Pecunio

La segunda ley de la termodinámica señala que un sistema aislado permanece estable o cambia hacia un estado de mayor desorden. El PSOE en general y el andaluz en particular suponen un tratado de física (cuántica) y escasa química entre puntos cardinales. Los platos rotos no se reconstruyen, las sopas tienden a enfriarse y los muertos no vuelven a la vida, salvo en «The walking dead» o en el caso de Pedro Sánchez. Lo de Susana Díaz se acerca más a «El sexto sentido» o «Los otros». Lo «normal» es que el universo tienda al caos. Entropía es el concepto en la termodinámica, sustentado en un principio de tiempo absoluto. No obstante, como pasó en las elecciones del 2D en Andalucía, en ocasiones, un factor inesperado cambia las leyes (del Parlamento, al tiempo con la Memoria Histórica). El factor Vox. O una pandemia. Una moneda al aire de la que depende el destino –entre el fatum y el iter– tanto de Pedro Sánchez como de Susana Díaz y su rol en el presente de España. Todo vuelve al punto de partida pero el reparto de piezas es muy diferente. La lucha intestina entre los «pedristas» y Susana Díaz se evidencia con el paso de los días y, de momento, ni el coronavirus esconde ya las puntas en lanza. Por Huelva, lo dijo Pepe Lugo, entra el agua y andan de catilinarias por un «quítate tú que me ponga yo» en la Diputación. Muchos sueldos dependen del ente supramunicipal y muchos votos de los salarios, que es el nombre que se daba en Roma al «pecunio» –que diría Susana– del jornal al pagarse en la especia que mejor conserva los alimentos y más escuece en las heridas. Ferraz ya amagó en Sevilla con hacer y deshacer en la elección de los presidentes de las diputaciones, lo que supone un golpe de calado al «susanismo». Donde Caraballo, que no Caracalla, lo ha llevado a cabo Pedro, colocando al frente de la gestora a María Luisa Faneca. La particular Cuesta de la Media Fanega de Celis entre Híspalis y Onuba, donde Mario Jiménez acaricia un gato y sonríe cual felino de Cheshire. En la olivarera y manijera Jaén, Ángeles Férriz aplaude la lipogénesis, el fin de la salmuera onubense. «Muchos ratones, pocos agujeros y más ratas que ratones», diagnosticaron desde la calle San Vicente hace ya tiempo. El padre de Joaquín Sabina, según su propia leyenda, lo apuntó en su propio lecho de muerte: «Quisiera yo saber de dónde sacan tanto dinero las diputaciones provinciales». Es tiempo de verdeo.

Susana Díaz y María Luisa Faneca. Foto del PSOE-A

El valido de Ferraz frente a la «operación Vara» de Susana Díaz

La ex presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz Pacheco. Foto: PSOE-A.

La luna, según los astronautas que estuvieron allí, huele a pólvora quemada. Como la sede de la calle San Vicente la noche oscura del alma en la que el PSOE-A se vio despojado del poder de San Telmo tras casi cuatro décadas. La vicepresidenta del Gobierno eludió el debate –«En Andalucía soy militante de base y no hablo sobre mi partido»– este viernes en Sevilla, donde compartieron escena varios de los actores del serial. Con todo, dejó algún haiku a la manera Calvo, subrayando que el PSOE, como partido con más de un siglo, «leemos bien la realidad». De los primeros en llegar al acto fue el diputado jiennense Felipe Sicilia, quien esta semana en «Sur» no descartó disputar el liderazgo del PSOE-A a Susana Díaz y quien fue incluso protagonista en el Parlamento. «Yo estoy con Felipe… Con Felipe González. No voy a sembrar la discordia», le soltó Juanma Moreno a la jefa de la oposición. «Es un compañero muy válido. Un chaval con mucho potencial», le definió la lideresa andaluza en 7TV.

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Espadas y el síndrome del “pato cojo”

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El alcalde de Sevilla, Juan Espadas. Imagen de su cuenta de Twitter.

Juan Espadas ha entrado de lleno en la categoría de «pato cojo» al ponerse «al servicio» de su partido en la sucesión de Susana Díaz. El primer uso del término «pato cojo» se atribuye a la Bolsa de Londres en 1761 y, según la carta de Horace Walpole a Sir Horace Mann, se refería a «un especulador que adquiere unas opciones de compra a las que no puede hacer frente». En el mercado están por un lado «los toros» (bulls), que son los que apuestan al alza; «los osos» (bears), que van a la baja; y el «pato cojo», que es aquel que no puede seguir el ritmo del grupo y cae presa de los depredadores. El portavoz municipal del PP, Beltrán Pérez, se lo recordó a Espadas en el minuto 1 de levantar la mano para el relevo: «Sevilla necesita y merece un alcalde 24 horas al día», lo que evocó, históricamente, a cuando, tras la muerte de Lincoln, el presidente Johnson le dijo al secretario del Senado, el coronel Forney, que no quería discutir con «patos muertos». Espadas, al que se le acusa de «quietista» en sus políticas pero de rápido instinto de supervivencia, respondió: «Queda alcalde para rato». Un «pato cojo» es, pues, alguien que no puede hacer frente a sus deudas. Con su movimiento en falso, ya sea hacia el liderazgo del PSOE-A o en relación a la Alcaldía, Espadas se desdibuja como «dead duck» en alguno de los frentes, corriendo el riesgo de perder el pulso de la calle y confundirse con el decorado, como cuando negó esta semana uno de los principales problemas de la capital: «Las viviendas turísticas no han expulsado a vecinos del centro».

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El as de Espadas en la manga

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Juan Espadas, junto a, entre otros, su número 2 (con permiso de Cabrera) Antonio Muñoz, “inaugurando” un ascensor / Imagen de la cuenta de Twitter del alcalde de Sevilla

«Suela y labia, Juan», le aconsejó Alfonso Guerra a Juan Espadas. Al munícipe se le tilda de «quietista» aunque sin alharacas ha reeditado mandato y ha sabido apaciguar la amplia dualidad del imaginario hispalense. Tampoco tiene grandes enemigos en el PSOE ni alianzas orgánicas, como Montero. Fue designado por Griñán en plena descomposición de la etapa de Monteseirín, casi puesto a los pies de los caballos del «efecto Zoido», un momento político concreto en plena crisis que alcanzó –inédito desde Del Valle– una aplastante mayoría absoluta en Plaza Nueva. Espadas aceptó ponerse delante como candidato cumpliendo el encargo envenenado, aún sabiendo que sus opciones eran más que nimias y –algo que forma parte de su identidad– siguió creyendo o se convenció de que había que creer. Cuando en 2011 parecía que Zoido era una hidra electoral de tres cabezas, Espadas mantuvo la calma.Cuando a Zoido le paraba toda Sevilla en el Corpus como  si fuera Obama reencarnado en Fregenal de la Sierra y se apostaba por una era en la capital andaluza sin contestación y casi eterna similar a la de Teófila Martínez en Cádiz, Espadas barruntaba: «Esto es muy largo». Cuatro años después, era alcalde. A favor de Espadas entonces y ahora en las aspiraciones a liderar el PSOE-A, una vez que ratificó que no sujetará el bastón de mando municipal más de ocho años, está su capacidad para ganarse a los adversarios a ambos lados del espectro político, ya sea pactando con Cs o con la marca blanca de Podemos. El regidor de Sevilla no tiene prejuicios a la hora de buscar sinergias o aplaudir a un histórico alcalde popular como Francisco de la Torre en Málaga. Ahí radica uno de sus pluses respecto a Susana Díaz, en cuyo regazo se movió políticamente en su primer mandato y de la que se ha sabido distanciar en tanto que la ex presidenta fue cayendo en desgracia. A Espadas no le gustó que Susana Díaz le impusiera recolocaciones tras la caída de San Telmo en el Ayuntamiento hispalense, a modo de delfines sucesorios, como la ex consejera Sonia Gaya.

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“El dolor vendrá después”

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Susana Díaz, en el Parlamento de Andalucía. Foto de Manuel Olmedo

A pesar de contar con cuatro (más uno de Unidas Podemos, Alberto Garzón) ministros andaluces (la vicepresidenta Carmen Calvo; María Jesús Montero en Hacienda y la portavocía; Luis Planas en Agricultura; y el sevillano Juan Carlos Campo en Justicia), cerca del 25% del Ejecutivo (sin contar a los socios comunistas), el predicamento del PSOE-A en el nuevo Ejecutivo de Pedro Sánchez es nulo. Lo citó Aitor Esteban en su cinéfila alocución –a la que le faltó recurrir a «El golpe»– durante la investidura: «No estamos en el fin del mundo pero desde aquí se ve» («Thelma & Louise»). El axioma colindante con la sucesión en Andalucía se completa con la cita del Rey a Pedro Sánchez tras la promesa del cargo: «El dolor vendrá después». El debate de investidura transcurrió con la presencia de Susana Díaz –presa de batallas pretéritas y de sus palabras: «Los votos de los andaluces no servirán para pagar privilegios a Colau», por ejemplo– en la grada junto a Iceta mientras su «enemigo íntimo», Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, vicepresidente del Congreso, por «el azar y el apoyo» de sus compañeros» se convertía «casualmente» en «el diputado 166 del desempate» para hacer a Pedro Sánchez presidente. Una vez conformado el Gobierno, Ferraz ya no tiene excusas para abordar el cambio de ciclo en la comunidad, con los sectores críticos pujantes en provincias como Sevilla, Málaga, Huelva y Jaén. El nombramiento de María Jesús Montero como portavoz se interpreta en los mentideros como un paso casi definitivo para que sea candidata a la Presidencia de la Junta –de hecho, PP y Cs en Andalucía llevan meses haciendo oposición a esta opción, con su reprobación en el Parlamento, primero, y las críticas al ajuste en las cuentas por el déficit heredado de su etapa después–. No obstante, fuentes socialistas apuntan que esta opción no está cerrada. Desde Ferraz se deslizó a modo de liebre el nombre del diputado jiennense Felipe Sicilia como posibilidad. El alcalde de Sevilla, que no repetirá como candidato en la capital al sumar dos mandatos al término del actual, puede ser el tapado. La investidura coincidió con los 38 años –casi el tiempo que el PSOE gobernó Andalucía– del estreno de la mítica serie «Fame», cuyo cita más célebre era «la fama cuesta». El tiempo de la tregua toca a su fin y las partes tienen claro que la sucesión andaluza, tras deslizarse la salida de Díaz mediante la vía de un nombramiento y descartarlo el PSOE-A confirmando que irá a las primarias, también costará y se venderá cara.

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