Me colé en una fiesta (no puedo vivir sin ti)

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Yo llegué tarde. A este oficio que se extingue y a esta raza de intemperies que es el periodismo. Me colé en la fiesta, en el oficio – preguntándome mil y una veces “qué carajo hago aquí, con lo tranquilo que estaría si le hubiera hecho caso a mi madre y hubiera estudiado magisterio”- y me colé en el “diario que siempre has querido”. El mismo periódico que al que más y al que menos no le devolvió el cariño que le profesó. Quizás, por eso, lo queremos tanto. Y porque, el que más y el que menos, literalmente, lo ha parido de las entrañas, que es donde decían los griegos que está el alma. (Para las cuentas, los números y los contratos, están los buitres con sus largos apellidos y sus cortas miras, ésos que poco o nada saben del cariño y la pasión y subsisten con sucedáneos). Cuando llegamos, llevábamos los años. Ahora, los años nos llevan a nosotros. Al que más y al que menos. Esperando, en palabras de Santa Teresa, “una muerte tan escondida que no te sienta morir”, con la frase, que es oración, de Ernesto Hemingway tatuada en el brazo izquierdo: “El periodismo es la profesión más bonita del mundo… si se deja a tiempo”. Y ahí seguimos. El que más y el que menos. Con dos cojones. Sigue leyendo

La saga/fuga de Íker Ícaro Iscariote (el portero de Píxar y una habitación para llorar)

Como al Chapo, el narco de México, a Casillas le fueron haciendo un túnel sigiloso con su altura y todo desde el Santiago Bernabéu al retiro con parada y fonda en Oporto. Florentino Pérez  pasa por una suerte de Galactus, a saber: “un ser cósmico que necesita consumir planetas para calmar su hambre, por lo que recurre a la ayuda de heraldos –ay, don José Llourinho- que él  mismo nombra”. Asimismo, “ha sido descrito como una fuerza que el Universo necesita para su propio equilibrio”. Florentino, por todos es sabido, tiene querencia por los galácticos e Íker, todos  lo saben también, sólo es un tipo de Móstoles. Con alas como Ícaro, a veces, elevado a santidad sobre la hierba, pero de Móstoles al fin y al cabo. Íker nació como Ícaro y se va como Iscariote, “el apóstol traidor que reveló a los miembros del Sanedrín el lugar donde podían capturar a su Maestro”. Nada que no se anunciara en la Última Cena, a la que también acudieron Di Stéfano, Del Bosque, Valdano, Hierro, Raúl, Fernando Redondo, Claude Makélélé, Figo, Guti o Fernando Morientes. Íker Casillas se fue del Madrid entre lágrimas, solo, aplaudido por sus amigos de la prensa –algo que jamás se le perdonó porque ser amigo de mala calaña como los periodistas es pecado mortal y casarse con una reportera es Sodoma y Gomorra- y dejando un titular que recogió el mundo entero: “C’est fini”. Al día siguiente –Florentino, tan del Opus, no pudo esperar ni al tercer día para la resurrección- se volvió a despedir y el presidente, “ser superior” –el Evangelio según Butragueño-, dejó medias verdades –“Se va porque él quiere”, ajam- y una gran verdad recogida off the record: “Estaba hasta los huevos”. Las palabras se afilan como las navajas de Albacete. “A los padres, los héroes y los mitos se les respeta, niño”, enseñan los abuelos. Florentino y sus acólitos ni tienen abuelos ni falta que les hace. Florentino pasa por una suerte de Hannibal Lecter, devorador de mitos. “Saturno devorando a sus hijos”. Textual: “Hannibal desde una posición esquizoparanoide, comienza a desarrollar fantasías de persecución de los objetos “malos”. Estas fantasías funcionan como una defensa para negar la realidad externa. Pero también como una forma de defenderse de su realidad interna (del miedo, la frustración, el odio y la agresión).También desarrolla fantasías de grandiosidad, a través de las cuales idealiza su propio Yo como “superior”. Esta grandiosidad constituye una manera de defenderse frente a otras ansiedades depresivas inconscientes, en las cuales el objeto esta irreparablemente destruido. En conclusión Hannibal utiliza procesos de escisión y negación primaria, que no le permiten elaborar la pérdida y alcanzar una posición depresiva.Desde un Análisis estructural, Hannibal presenta una estructura de personalidad limítrofe de bajo funcionamiento. Esto quiere decir que presenta una difusión de identidad, en la cual no es posible mantener un concepto integrado de si mismo y de los demás. Esto se evidencia en la incapacidad de adjudicar atributos positivos y negativos a él mismo y a los demás a través del tiempo y en distintas situaciones. Él es completamente bueno o malo, y los demás también son percibidos bajo esta lógica”. Up up and away, fin de la cita. Sigue leyendo

Elogio de la mancha de tinta en los dedos

Reniegan del polvo y el barro del que nacieron. Dan la espalda a su pretérito imperfecto. Niegan una vez y dos y hasta tres; como dicen que hizo San Pedro. Aprendieron a amar la palabra -la verdad última- manchándose los dedos con la tinta negra de las hojas de periódico con que el mundo envuelve el pescado y las castañas, y nosotros los regalos y los sueños.

Des-soñados, des-memoriados, des-amados. Desagradecidos. Desamparados. Y todo, con razón, la puta que mezclada con sueños -reputa- produce monstruos. Que se enteró don Francisco de Goya y Lucientes, sordo pero lúcido. “El sueño de la razón produce monstruos”.

Somos especie en extinción, que dice el maestro Del Pozo; animal herido; vista cansada; ilusión quebrada; querencia desquebrajada. Somos sudor y lágrimas; soldado de trinchera; cronista de sucesos; analista político; editorialista; el que mete el horóscopo y el tiempo. Adictos al café; escondidos tras el alcohol. “Cuchillo sin filo”; náufragos (en un castillo de naipes y) de arena. Denunciamos que denuncian; recogemos la queja, la verdad, la mentira; manipulamos; engañamos; nos vendemos; nos compramos. Como todo el puto mundo, pero por vocación. Pero con vocación.

Aquellos, los de entonces, no son los mismos y -prosa aparte- dan la espalda a su antigua condición de canalla, de plumilla, de periodista. Como el señor Burgos y su ombligo “recuadrado”, su agrio envejecer, su chiste forzado diario. “¿Periodista? Yo soy escritor”. De libros de gatos. O mi admirado y comprendido Pérez Reverte, con su rabia del 2 de mayo. “¿Periodista?”, le dices. “No, nunca; si acaso reportero”, contesta. “¿Estilo periodístico, pisha cartagenero?”. “No, monsieur. Documental”. Reniegan. ¿Por alzheimer en el alma? Por vergüenza torera.

Por los ‘hijosdelagranputa’ que nos miran desde arriba y se llevan el taco calentito cada mes, amparados en el apellido de papá y los ascensores exclusivos para el personal ejecutivo que apesta a sus muertos más frescos, aunque gasten Chanel número 5. Por los acomplejados de la vida preocupados y ocupados en marcar el terreno de su incompetencia. Por la politización exacerbada de los medios; el abuso en el manchar -“manchar, manchar”, la gran verdad de Gómez y Méndez-; por los seres sin oficio y con todo el beneficio; sin criterio profesional, educación ni humanidad. Por los palmeros y los que ponen el culo tan barato.

Decía el Gabo, desde Macondo, que el periodismo es el mejor oficio del mundo. Hemingway decía que esta profesión que nos mata, este oficio -el oficio es algo que marca de por vida; así como el minero muere minero, el plumilla muere plumilla-, el arte de juntar letras en los diarios, decía, de contar la vida, es la más bonita del mundo… si se deja a tiempo. Cabe preguntarse si el periódico se deja o te deja, pero, en cualquier caso, considerando que el placer no muere hasta que no se cuenta, un punto hedonista tenemos; y sádico, becados como estuvimos entre Sodoma y Gomorra como reporteros de guerra.

Así las cosas, yo, con mis heridas y mis pupilas cada vez más cansadas, con mi nómina huérfana de ceros y repleta de dignidad y respeto, quisiera tener de nombre y de apellido Carolina y García; Vita y Lirola; Rocío y Vázquez; Claudio J. y Castillo; Ana S. y Ameneiro; Julia y Jiménez; Fátima y Rojas; Fernando y Pérez y Ávila; Jorge y Muñoz; Felipe y Villegas; Manolo y Barea; Daniel y Cela; Isabel y Morillo;Lasida y Miguel; Carmen y Rengel; Patricia y Godino; Paco y Camero; Lucas y Haurie; Juan de la Huerga; Comesaña e Iria; Fernando de Matres; Inmaculada y Carretero; Francisco Correal; Lourdes Lucio; Luz Sánchez y Mellado; José Antonio García Lorca y Sola… Ni los Pérez ni los Revertes me interesan fuera de sus libros y espadas; ni los Burgos desde el tendido nos van a decir qué es un toro, por muchos cuernos que tengan y mala baba babeen, a nosotros que ejercemos de forcados. Nosotros sabemos qué es la pasión, más allá de la Semana Santa.

Estamos en vías de extinción, sí, somos mala calaña; hierba mala que nunca muere; mas no hemos perdido la memoria y el honor y los textos -dos fuentes como mínimo-; y con las hojas de periódico con las que ellos cubren el olor a pescado de sus vísceras, nosotros los periodistas -pobres, humildes, cabrones, caines y mercurios- envolvemos la mentira de la vida para con su verdad mancharnos los dedos y rozar con nuestras yemas los sueños.