José Tomás tiene un misterio y Juan Ignacio Zoido, un ministerio

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Antonio Sanz observa casi de reojo y colocados en diagonal al ministro Zoido, Juanma Moreno y Javier Arenas. El de la derecha, aunque pudiera tener un aire, no es Clark Kent, es Ricardo Tarno. Foto de Ke-Imagen.

«Porque resistimos, conquistamos» es una frase del explorador Schackleton. A diferencia de la Antártida, con patrias múltiples, en el tricentésimo noveno día del año del calendario gregoriano, 310º este año al ser bisiesto, dos días después del anuncio mariano (Rajoy), ayer, todo el mundo reivindicó la procedencia de Zoido: el PP de Sevilla. «Allá donde esté, estará siempre Sevilla. Mi familia es la del PP, en especial de Sevilla», señaló en la Harinera, museo del pan de Alcalá de Guadaíra. El titular de Interior, que por la tarde acudió a la misa del Gran Poder, se estrenó con la detención del jefe de ETA debajo del brazo. Dicen que José Tomás tiene un misterio y Juan Ignacio Zoido, un Ministerio.

Embargado por la emoción –no como los acusados del «caso ERE» cuyas millonarias fianzas se anunciaron al tiempo que el hombre del que partió la denuncia de las mordidas de Mercasevilla tomó posesión de la cartera de Interior–, Zoido se hizo carne entre nubarrones y lluvia y ante el PP de Sevilla en su último ejemplo de resiliencia política en la Intermunicipal del PP hispalense y ante el presidente de honor del partido, Javier Arenas, el presidente del PP-A, Juanma Moreno, y el del PP de Sevilla, Juan Bueno. Zoido –«más emocionado que al tomar posesión del cargo», dijo–, expresó su agradecimiento a los militantes y, en especial, al que fuera su mentor y quien lo introdujo en la política: un Javier Arenas que le devolvía el abrazo con la mirada perdida de Kramer, el jugador alemán que no recordaba haber jugado la final del Mundial. Arenas, como Gregory Peck cuando daba giras por universidades, se perdió de la primera línea la noche que ganó las elecciones al PSOE de Griñán, y no gobernó. El Ministerio de Zoido, Cospedal mediante, emula a cuando fue a ver a Julio Camba el alcalde de Madrid para ofrecerle una calle. «Yo lo que quiero es un piso». Paradojas del destino, su antecesor en la Alcaldía, Monteseirín, también quería un ministerio y aún no tiene ni avenida en Sevilla. «No soñaba con ser delegado del Gobierno. No soñaba con ser alcalde y no soñaba con ser ministro», aseguró Zoido.

El orégano es antiinflamatorio, antibiótico y contribuye con la destrucción de las células tumorales de la próstata. En Alcalá de Guadaíra se repartió mucho orégano a cuenta de los laureles de Zoido. “Doctores tiene la iglesia” y dicen que a partir de ciertos años hay que hacérsela mirar. La próstata. Como los liderazgos políticos.«Rajoy se lleva a uno de los mejores de nosotros. Zoido tiene una de las mejores trayectorias que he conocido», defendió Juanma Moreno. «Todo el que va de número 1 por Sevilla, acaba de ministro», señaló Juan Bueno, recordando el caso de Cristóbal Montoro, cunero en 2011. El alcalde de Tomares, José Luis Sanz, que no se le vio en el acto, iba de número 1 al Senado; fue el damnificado tras la designación de Moreno Bonilla en el PP-A y tiene perfil de secretario de Estado. Zoido garantizó que «donde yo esté va a estar Sevilla siempre» y se puso «a disposición del PP-A», que con Juanma Moreno no quiere alcaldes con duplicidad de cargos. Gregorio Serrano, que, como el histórico titular del interior derecho del Madrid, «también suena» (y que como Míchel, en realidad es un organizador que cae a banda), al ser preguntado si «se va a la capital», señalaba que «ahora mismo lo que me voy es a mi casa a comer». Beltrán Pérez tiraba de argumentario sobre su futuro en el Consistorio: «A disposición de lo que quiera el partido, como siempre». «Veamos si te quedas en el rebaño o te unes a la jauría», rezaba Underwood en «House of Cards». Zoido es de nuevo un «referente» del PP-A. Gregoriano o no, tres elementos, desde la antigüedad, determinan los acontecimientos del calendario: los astros, los santos y los pícaros. En el PP-A, con perfil rotatorio en el tiempo, Arenas, Juanma Moreno y Zoido, cartera de Interior y, desde Madrid vía AVE, influencia exterior.

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El disputado voto de “Los Santos Inocentes”

A mi padre le gusta Karlos Arguiñano. Mucho. Mi madre, que estuvo en el punto de mira del Gobierno, es de la otra mitad de España que piensa que ese derroche de felicidad suyo resulta insultante y que no para de decir tonterías, que parece que está borracho. Parece, dice. Hasta aquí, las dos Españas en mi casa.

Mi padre, que no es nada de meterse en política ni de meterse en casi nada, viene a ser el español medio, al que de verdad sólo le saca de su rutina cosas muy gordas y parece que sólo conoce a personajes que trascienden lo mundano respecto a lo cotidiano. “Se ha muerto Cruyff”. Paco de Lucía. “El pequeño ése del Barcelona dicen que es mejor que Maradona”.  El propio Maradona. Ronaldo -el de verdad- , cuando contradecía las leyes de la física. “Se ha muerto Miliki”. El final de Arrayán. Pacquiao. Juan Imedio. En fin, estas cosas. A mi padre, para que se hagan una idea, le regaló mi madre por Reyes el último disco de Arcángel -que resulta que también le gusta, igual que Diana Navarro-, que es paisano suyo y todo, de Huelva, y si se le pregunta si le gustaría que se lo firmara, te contesta que, mientras el disco suene, a él le vale lo mismo la firma de Arcángel, de San Pedro o que el dependiente de la tienda le ponga una X detrás de la carátula.

Mi padre, a ver, para que me entiendan, mi padre es Alfredo Landa. Cada vez que veo “Los Santos Inocentes” me harto de llorar; yo, que tengo una incapacidad congénita para llorar más de una vez al año (y unos berrinches que me cojo el día en cuestión…). No tanto por el personaje y/o la historia de España, la intrahistoria y sus entrañas, me harto de llorar porque Alfredo Landa es mi padre.

Como digo, mi padre, es muy español (aunque no le guste el fútbol). Muy español no porque un día parara el taxi cuando un señor de las vascongadas se cachondeaba mientras contaban en la radio el último atentado de ETA, y el recuento incesante de víctimas, y le soltara un “ya se está usted bajando, me cago en dios”. Aquello no fue por español sino porque se estaba rifando una hostia y el señor de Euskadi tenía todas las papeletas. Ni siquiera fue por nacionalismo. Mi padre está muy a favor de que el que no esté a gusto, que se vaya pero dar por culo, lo justo. Lo de aquella carrera en el taxi fue la versión hispana de la no violencia de Gandhi. No violencia “si no me toca los güevos”. Tampoco es muy español porque lleve pulseritas rojigualdas o de la República. Mi padre lo más que ha llevado en su vida en la muñeca es un reloj Casio, y de los básicos. Mi padre habrá besado la bandera de España únicamente cuando hizo la mili. Para que se hagan una idea, mi padre fue feliz en la mili. No porque tuviera la más mínima vocación sino porque nació en la posguerra y en el servicio militar tenía garantizadas un par de comidas al día. La pasó en Ceuta pelando a los compañeros, mayormente, y maldita sea la hora, que se llegó a creer que tenía idea de pelar y de chico me dejaba como un Cristo. De hecho, después de la mili, mi padre sólo peló asiduamente a mi abuelo, que era calvo y tenía poco que cortar; a un Bretón que estaba de los nervios y tenía nombre de capitán del Chelsea -Terry-; y a mí. A mí, que cuando salía Miguel Bosé en la tele con la coleta cantando “Bandido”, lo flipaba sentado a los pies de la tele, en el poyete de la mesa camilla, mientras mi padre, sentado en la silla como dios manda, al fondo juraba en arameo por el “maricón de los cojones”. Lo que para un niño de cuatro, cinco o seis años resultaba fascinante, para mi padre -el español medio, repito- era una provocación. Más aún siendo Bosé hijo de quien es. Miguel Luchino González Dominguín Bosé, se llama, y algún apellido me falta. Mi padre es muy de los toreros, de hecho varias veces le he sorprendido diciéndole a mi hijo “Tú vas a ser torero, pero de los que se arriman”. Mi padre puesto a valorar, valora más la valentía que el arte. Alfredo Landa total. De bruto, y de tierno. “Dónde cojones irá con esa pinta”, seguía despotricando mi padre mientras yo, en el subsuelo de la camilla, miraba con admiración a Miguel Bosé con el pañuelo en el bolsillo de los vaqueros. Como si lo estuviera viendo. Ahora entiendo que mi padre, como España, como pasa con Antonio Alcántara en “Cuéntame” -que si no pasa por nuestro padre, es clavado a nuestro tío- fue evolucionando o, simplemente, cambiando. De una España gris oscura tirando a casi negro o directamente de luto -a mi abuela Eduarda yo sólo la conocí enlutada hasta la cabeza, toda su vida de negro-, se fueron adquiriendo otros matices cromáticos. Mi padre, criado en el campo, de la Sierra de Huelva, de Zufre, casi extremeño -no dejen de visitar el Bar de los Benitos, que son mis primos-, donde la hermana de Griñán tiene casa, fue aprendiendo lo que era la democracia y las libertades poco a poco. Como el país. Casi sin darse cuenta. A medida que pasaban los años, fue viendo con normalidad lo que es normal, es decir, la diversidad, al punto que cuando a mí me dio por ir con coleta por la vida nunca me dijo siquiera “Niño, dónde vas con esos pelos”; y no saben ustedes la vara que me dio mi madre durante años.

Reconduciendo, como diría Teodoro Montes en la comisión de investigación de la formación, mi padre es lo que era un español medio hasta ahora. Un tío que (casi) lo único que sabe hacer es trabajar, desde que tenía 5 o 6 años y al que su abuelo le liaba los cigarros para que diera sus primeras caladas. Pues eso, el español medio hasta ahora, jubilado ya, con sus achaques, aficionado a los programas de cocina, cocinillas y amo de casa de los 65 a esta parte, con su inteligencia emocional -de la otra nunca ha ido sobrado, el teórico del carnet de conducir se lo sacó a la decimoquinta- es de izquierdas man non troppo, que significa “no demasiado”, papá. Centro izquierda, vaya. Votó al PSOE siempre que pudo, hasta que no tuvo más remedio que “cagarse en la puta madre de estos tíos que nos están robando”. Entiéndase, mi padre trabajaba de 8:00 de la mañana a 1:00 de la noche fácil todos los días, parando a medio día a comer media hora o comiendo cuando podía y en la tele día sí y día también salía Roldán, el hermano de Alfonso Guerra, el otro y el de la moto. Ya he mencionado que se trata de una generación que lo único que sabe hacer, y no es poco, es “trabajar como un cabrón de sol a sol”. Cuando el PSOE de Felipe González ya apestaba, votó por oposición “al del bigote”. (Mi madre le fue fiel hasta el final a Felipe, pero es que mi madre es felipista igual que las niñas de ahora son Believers). España vivió unos años buenos. Los años buenos de la burbuja. Con las bombas del 11M, como el españolito común, fue a votar influenciado por este acontecimiento. Si no, igual ni hubiera ido. Confió en ZP y ocho años después no tuvo más remedio que cagarse también en sus muertos. Mi padre es muy de cagarse en las cosas. Muy como La Casera, se viene arriba con nada y se queda en nada antes. En Andalucía creo que siempre ha votado al PSOE. De Arenas, por lo que sea, simplemente no se fiaba. En las pasadas elecciones nacionales votó a Pedro Sánchez. Desde ayer, ya sabe que hay elecciones anticipadas. La sensación de mi padre, de la calle, o sea, es que “a Rajoy no lo quiere nadie y si no lo quiere nadie, por algo será”. “Pero el tío no se va”. “Como todos quieren que sea vaya, yo también quiero que se vaya”. Pedro Sánchez le parece que ha estado mareando la perdiz, “tonteando” con unos y con otros. Podemos no le gusta “ni un pelo”. “El de la Coleta, ni a tiros. Ése es un radical. Del partido de Hugo Chávez, del que le decía al Rey ‘por qué no te callas‘”. “Así que voy a votar al pequeño”, dice. 

“¿El pequeño quién es, papá?”. El pequeño, obviamente, por eliminación, es Albert Rivera, el niño bonito de Metroscopia, que no es que sea pequeño pero que tampoco es grande y más comparado con Rajoy y Pedro Sánchez. Al españolito medio más o menos informado y preocupado por las cosas del día a día le parece que Rivera “ha intentado hablar con todos”. Por eliminación y por eso, igual le premian. “Eso sí, gana otra vez el PP”, sentencia. El PP, el suelo de los siete millones de votos no hay quien se los quite. Así haga el pino puente Rita Barberá, Rodrigo Rato y el señor Bárcenas. Así pillen a Marcelo, el ángel de la guarda del ministro de Interior, como en aquel temazo de Sabina para un programa de cocina de la época. Con las manos en la masa. 

Si la campaña electoral no cambia mucho la cosa, que no la va a cambiar, en base a la realidad de la calle de mi padre, todo apunta a que Ciudadanos esta vez sí puede ser la bisagra para que el pacto encaje. Todo dependerá, como hace cinco meses, de si don Mariano se entera de que “todo el mundo quiere que se vaya”. A Javier Clemente también le cuadraban las estadísticas hasta que se tuvo que ir por cojones. Está por ver si Rajoy quiere irse como Luis Aragonés -que eligió su destino, aunque fuera por cabezonería, y quedó como dios- o tiene que venir Chipre a ganarnos para que, como le dijo mi padre a aquel señor de las vascongadas, “se vaya de una vez a tomar por culo”. Los “Santos Inocentes” lo tienen clarinete. Hay que pensarse dos veces la opción de preguntarle a mi padre “si tiene huevos”. Hay que pensarse dos veces, señorito, si conviene matar a la milana y jugar con la paciencia y el pan de los millones de personas que, como “Paco, el bajo” o como mi padre, suponen el último reducto de decencia en un cortijo con pintas de Babel y ventanas a la calle. Lo escribió Delibes: “El pájaro perdiz no abandona el surco cuando apeona a ocultarse”.

Apadrina un político

Igual que ya mismo es primavera en El Corte Inglés, de un tiempo a esta parte se observa al político de turno pancarta en mano con lemas similares al del anuncio ese que echan por la tele: “regalo abrazos”, “quiéreme”. Ha pasado la época de rebajas y ha llegado la temporada de elecciones en la piel de toro. Por la pasarela del escenario mediático desfilan los políticos de turno, uno a uno, tras la criba previa del aparato (con perdón) del partido para ver si el personal tiene las espaldas lo suficientemente anchas y la cara lo bastante dura para el oficio. Cualquiera no vale pa’ político. Igual que en Cibeles se cuidan de que ninguna niña modelo esté más delgada de la cuenta, en la cosa política se mira y remira que el munícipe tenga vocación de servicio… de servicio al partido y al interés particular, se entiende.

Así las cosas, a las campañas electorales sólo les falta proponer, con letras grandotas, “apadrina un político”. Puestos a elegir, puestos a entrar en el simulacro -que diría José Antonio Marina-  de caridad de los telemaratones el catálogo de sofistas es amplio. A saber:

-Manuel Chaves. Experiencia demostrada. Experto en que parezca que no se da cuenta de las cosas y en proponer pactos a dirigentes de equipos de fútbol. ‘Apadrinable’ solo o formando lote con sus hermanos. Cum laude en mantenimiento del status quo. Deportista. Precisa logopeda.

-Javier Arenas. Experiencia demostrada. Centrista. Experto en medias verdades, cuarto y mitad de mentiras y turismo rural. Incansable. No ha ganado ningunas elecciones, pero le llaman “el campeón”.

-Gaspar Zarrías. Gran estratega (jugando al Risk). Irascible. Promesa (política) del Atlético de Madrid. Nota en letra pequeña: las promesas políticas sólo valen durante el periodo electoral.

-Antonio Sanz. . Inexperiencia en la gestión demostrada. Hombre responsable y de frases memorables del corte “la política de la Junta es como la franquista” o superándose, ocho años y medio despúes de estas palabras: “Yo no quiero y no me gusta que a Andalucía se la mande desde Cataluña ni que su futuro lo decida un político que se llama Albert”.

-Rodrigo Rato: añadido por su especial situación de vulnerabilidad y ante las críticas al ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, por recibirlo en el Ministerio para velar por su seguridad dadas las amenazas que sufre a través de la cuenta de Twitter que no posee. Aquí, una recreación de los hechos. Como hubiera hecho con cualquier ciudadano. De regalo, y en oferta, si se apadrina un Rodrigo Rato, en otros tiempos amigo del Gran Poder, se puede adquirir también la custodia compartida del ministro. Sólo por tiempo limitado. Por tiempo limitado también, el lote incluye visitas un fin de semana sí y otro no de María Dolores de Cospedal, como insigne profeta del Mineralismo, en cuya doctrina han escrito una página de pan de oro tanto don Rodrigo como el ministro Fernández Díaz.

Nota: una vez “apadrinado” el político sólo puede devolverse cuatro años después. Entre un periodo de tiempo y otro es probable que olviden todos sus compromisos y hagan nada o muy poco. Ninguno de ellos conoce el significado del término “dimisión”, así que, si no queda satisfecho, tendrán que esperar hasta el próximo “telemaratón” electoral.

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Imagen de Ácido en la Red.

Más semiótica y un breve ejercicio visual

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Conferencia de Mariano Rajoy en Antares. Foto: Manuel Olmedo

Más semiótica: Javier Arenas ya no es lo que era en el PP andaluz. No es que no mande. Sigue siendo una voz autorizada, claro que sí. Se tiene en cuenta la temperatura a la que le gusta que esté el aire acondicionado cuando pasa por la calle San Fernando y todo y aunque Moreno Bonilla (Juanma) cambió sus cuadros, Javié siempre será Javié. En el PP de Sevilla es donde sigue siendo Superjavié. En el PP andaluz, sin estruendos, se intentan cambiar las cosas. Sin que se note. De momento, Javié ya no se sienta en el centro de la foto ni al lado de don Mariano y, lo que sería aún más impensable años atrás, ni siquiera puede sentarse como mandan los cánones, cómodamente, “abierto patas”, sino, el pobre, todo apretujaíto al lado del camarada Antonio Sanz.

Ejercicio visual: a lo “Dónde está Wally”, localice en la imagen a Juan Bueno. Y como bien apunta en Twitter Inma Carretero, cuántas mujeres puede apreciar sin dejarse la vista.

Aquellos maravillosos (e inocentes) años o la cruz del Gran Poder

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Autor: PP-A.

Javier Arenas, entonces presidente del PP andaluz; Enrique Esquivias, hermano mayor de la hermandad y, ese año, pregonero de la Semana Santa; Rodrigo Rato, por aquella época, presidente del Fondo Monetario Internacional, artífice del “milagro español”; y Juan Ignacio Zoido, candidato del PP a la Alcaldía hispalense, ante el Jesús del Gran Poder. La imagen la difundió el propio PP andaluz. Sevilla, Jueves Santo de 2007.

“Por una Andalucía libre de transgénicos” (Carlos Rojas rompe a cantar por Nino Bravo)

Las paradojas vitales llevan a que en la plaza donde se ubicaba el antiguo estadio de Atocha esté prohibido jugar al fútbol y que en el Parlamento, el órgano de representación de los andaluces, no haya consenso ni al darse los buenos días. La materia oscura, según la ciencia, se repele a si misma. Ayer se cumplían 42 años de la muerte de Nino Bravo y Carlos Rojas, el diputado con hechuras de romper a cantar «Noelia» o «Libre» , le cantó las 40 a Luis Pizarro, tío carnal de Alejandro Sánchez Pizarro, Alejandro Sanz para las masas, Medalla de Andalucía y autor del single «Un zombie a la interperie». Un tema sin relación, que se sepa, con el único miembro del PP en la Mesa de un Parlamento al que llegaron, como savia nueva, 64 diputados por primera vez.

Teresa Rodríguez tiene en la Cámara un sitio privilegiado, frente al presidente del Parlamento, controlando todo, con IU y Ciudadanos más PSOE a la diestra; y PP y Juan Marín, en un islote de tranquilidad, a siniestra. Como en la fila 11 del cine, reservada para imprevistos y personas con movilidad reducida. Rodríguez se acercó a las manifestaciones de la puerta. A saber, ALPE, corralas y los Delphi instalados en la protesta hace una década, a punto de salir en «Cuéntame». «Quienes quieren seguir permitiendo el sufrimiento de la gente nos tendrán aquí. Enfrente. Éste es mi sitio», señaló en Twitter.

El presidente de la Cámara prometió el cargo. La vicepresidenta primera, igual. Oña juró y repitió, tras la bronca, «Acatar la Constitución y el Estatuto». El resto de la Mesa prometió. Castro, «por imperativo legal», y repitió, en respuesta a Oña: «Acatar, acatar». El diputado de Podemos por Cádiz Jesús Rodríguez, fue el primero del año con camiseta reivindicativa. Por la educación pública. Competencia seria para Castro. Maldonado acudió sin fular. Los de Podemos vinieron con bebé y carrito. José Antonio Castro le subió la silla al podemita Juan Antonio Gil. La veteranía es un grado. Que le pregunten al PSOE y a Pizarro.

Arenas, al jurar el cargo, se paró a ponerse las gafas antes de leer. Podemos expuso una amalgama de intenciones: «Recuperar la conciencia del pueblo andaluz», «servir siempre a la gente»; «por cambios legislativos y estatutarios»; «por que las paredes del Parlamento sean de cristal y al servicio de los andaluces» (Begoña Gutiérrez), «como garantía de los derechos humanos en lugar del pago a la banca», «no servir al interés de los propios partidos»; «por una Andalucía libre de paro, desahucios y transgénicos». «Prometo la Constitución hasta que la cambiemos para que obedezca a la gente y no a los bancos», Teresa Rodríguez. Elena Cortés prometió también por exigencia legal, como sus compañeros de IU y muchos de Podemos. Susana Díaz juró, igual que Juanma Moreno y Juan Marín, que salió del islote. Ciudadanos no vio» bronca» y celebró una jornada histórica. Marín, el hombre tranquilo, lo vio todo desde la «normalidad». Podemos señaló que «esta violencia dialéctica es símbolo del declive del bipartidismo». A Juanma Moreno no le aplaudieron durante su toma de posesión. A Susana Díaz, que no pestañeó durante la bronca, los suyos sí. Maíllo calificó la trifulca como «una pataleta un poco heavy». Susana Díaz apuntó que el PP «no quería que IU estuviese en la Mesa». Todos los ex presidentes del Parlamento acudieron, salvo Mar Moreno, que declara el martes por los ERE. Chaves, quizás, y Griñán, seguro, vieron por la tele el nuevo y a la vez tan viejo Parlamento.

“¿Dónde vas, Adolfo Ponce?” o de cómo el soldado Bonilla se convirtió en Juanma Moreno

Título: “Paseo por Sevilla de Juanma Moreno, Juan Bueno y Virginia Pérez”. Autor: Manuel Olmedo.

La instantánea fue tomada la mañana previa al debate a tres en Canal Sur. Entonces, el hombre que, de entrada, pidió que le llamaran Juanma aún era, incluso para los suyos, el candidato Bonilla. El “soldado Bonilla”, según el PSOE, al que Mariano Rajoy visita en Andalucía todas las semanas desde que se anunció el adelanto electoral, igual que las madres llenan a sus hijos las neveras de tuppers, “que no me comes nada”, “ay, qué sufrimiento”.

Esa mañana, nadie daba un duro por el “candidato Bonilla”. En el flanco izquierdo de la imagen (para el lector), puede verse a John Good (Juan Bueno), número 1 por Sevilla en la lista del PP al Parlamento andaluz y hasta se le intuye a modo de bocadillo de cómic la frase “qué hostia te vas a meter, miarma”. A John Good, en relación al PP de Sevilla, se le puede aplicar, salvando las distancias y los tiempos -ya se sabe, cualquier tiempo pasado fue anterior-, lo mismo que a Manuel Fraga respecto a España. Le cabe el partido en la cabeza. Good va a muerte con el “soldado Bonilla”. La mañana en la que pidió el apoyo para José Luis Sanz como presidente provincial del PP quedó olvidada esa misma tarde cuando el dedo de Rajoy sujetado por Soraya nombró al “soldado Bonilla” como presidente del PP andaluz. “Para un día ser dragón, hay que tragar muchos sapos”. Eso o hacerse vegano.

A la derecha de la imagen puede apreciarse a un ciudadano vestido de rojo, con los botines bien conjuntados con las gafas, al que se le lee en la expresión de la cara, que es el espejo del alma, “¿Dónde vas, Bonilla?”, en velado homenaje al histórico capítulo de “Farmacia de Guardia” titulado “¿Dónde vas, Adolfo Ponce?”.

En la fotografía de Manuel Olmedo ya se aprecia el talante con que el “soldado Bonilla” afrontaba el día, dispuesto a saltar por encima de cuanto barril de cerveza se le pusiera por delante. Bonilla no tenía nada que perder y todo por ganar. Bonilla, como Clark Kent, se quitó las gafas, se apretó los boxers -en el PP puede que aún les llaman “bradleys”- y a la sonrisa y ‘caidita’ de ojos que le acompaña a diario le sumó el poquito de colmillo que se le echaba en falta. En el PSOE y en el propio PP ya saben que el señor Bonilla es Juanma Moreno. Como poco, ‘habemus líder de la oposición’. Efectivamente, las “hechuras” del salto no son lo que se dice olímpicas, pero en el debate de Canal Sur, cumplió de sobra ante una Susana Díaz quizás confiada en exceso, pelín sobrada, superada por momentos en el debate, y que, como mucho, sólo salvó los muebles. En defensa de Susana Díaz, hay que decir que llevaba tres años siendo víctima de lo que se ha demostrado que era la estrategia última del PP en el Parlamento andaluz: dejarla sin adversario dialéctico alguno y sin oposición real durante tres años para que en el momento último, llegado el debate, se confiara. La táctica de la aparente mandanga, se llama. Está por ver si da para salvar un descalabro electoral.

Nota a pie de página: No está confirmada ninguna relación del señor que conduce el palé de barriles de cerveza con Javier Arenas, presidente de honor del PP andaluz, número 4 en la lista por Almería, ni que hubiera ningún tipo de intencionalidad en el presunto intento de atropello.