100 días de muerte y ERTE

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Operarios del Infoca desinfectando en Zufre (Huelva). Foto: @Plan_INFOCA

El aleteo de un murciélago en Wuhan puede cambiar el curso de la historia del mundo en todo el planeta. Cien días después del estado de alarma, Andalucía registra en torno -Ministerio y Junta difieren en las cifras- a 1.425 fallecidos por Covid-19. El volantazo a los hábitos de vida de los ciudadanos en todo el mundo ha sido de siniestro total, salvo en una serie de pueblos de la llamada España vaciada, que se resisten a cambiar sus hábitos de vida. “Yo me entretengo buscando espárragos”, afirma Fructuoso, vecino de Zufre, en la Sierra de Huelva, antigua sede de la Inquisición, pueblo de paredes encaladas, donde hasta no hace mucho se podía ver de vez en cuando al ex presidente de la Junta José Antonio Griñán hacer alguna visita y tomar alguna tapa en el bar de El Paseo de los alcaldes, un mirador con vistas a uno de los pantanos que levantó Franco y cuyas aguas llegan hasta la red de abastecimiento de Sevilla. Griñán, confinado en Mairena del Aljarafe (Sevilla), con permiso de los manantiales, bebe agua de Zufre, donde las calles son estrechas pero la concentración de habitantes es muy inferior a la de la capital de la provincia hispalense, donde en los años 60 y 70 emigraron cientos de vecinos en el ferrocarril de Cala que tenía como parada final San Juan de Aznalfarache. En la residencia Joaquín Rosillo de San Juan de Aznalfarache el coronavirus se cebó a destajo, con una treintena de fallecidos. Uno de los grandes cambios del coronavirus, aún por concretarse, es el de la gestión de las residencias.

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Sanidad, pronóstico reservado; oposición, cuidados intensivos

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El consejero de Salud y Familias de la Junta de Andalucía, Jesús Aguirre, en el Pleno monográfico sobre Sanidad. Foto del Parlamento de Andalucía .

La jornada previa se cumplieron 37 años –el tiempo que el PSOE gobernó la Junta– de «Acorralado» pero el Pleno monográfico sobre Sanidad dejó indemne al consejero del ramo, Jesús Aguirre, quien acabó citando el «No es lo mismo» de Alejandro Sanz –a la postre, sobrino del histórico socialista Luis Pizarro–. Aunque el guión de la oposición, las protestas de los sanitarios y la erosión del consejero a cuenta, principalmente, de sus declaraciones y la crisis de la listeria –aunque en San Telmo lo que más escuece son las transfusiones de fondos de última hora– prometían una jornada de suspense en las Cinco Llagas, el debate viró hacia el género de terror bajo el síndrome de «Candyman», en cuya trama sólo aparece el monstruo al otro lado del espejo si se menciona tres veces. Aguirre se acordó de la ahora ministra Montero –el estreno de «La princesa prometida» cumplió 32 años– en varias ocasiones a cuenta del bloqueo de las cuentas que impide la salida a los mercados y mentó –55 años de «La pantera rosa»– «el caso ERE». Con los 680 millones cifrados en la condena de Chaves, Griñán y otra veintena de cargos socialistas que comprenden una década de gobiernos, «se podrían hacer 37 hospitales de alta resolución o lograr la equiparación salarial». Ante la petición de dimisión del portavoz socialista José Fiscal, se defendió Aguirre: «¿Y no debería dimitir Susana Díaz por los ERE? ¿Y usted dónde estaba?». Aguirre «desencadenado».

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Cuatro bodas y un funeral

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Expectación máxima en el Salón de los Espejos del Palacio de San Telmo durante la toma de posesión de los nuevos consejeros. Foto de Manuel Olmedo

Los universos son cíclicos. Se crean o nacen; se expanden, frenan en seco, se contraen; colapsan y, eterno retorno, vuelta a empezar. El trajín de San Telmo, con la puesta de largo de los consejeros de Juanma Moreno en el Salón de los Espejos escondía tras las bambalinas el adiós de los que se van. El engranaje del poder. «He dejado todo recogido y he pasado la fregona», bromeaba más allá del arco de seguridad una asesora de comunicación. La política se rige por los principios de la vida. Unos llegan, otros marchan; en el marco de lo que supone la cuarta celebración institucional por parte del Gobierno PP-Cs, tras las dos jornadas de investidura y la toma de posesión del máximo dirigente popular en el Parlamento andaluz. Bajo la luz cenital de la antigua Escuela de Mareantes –con la venia de Vázquez Consuegra–, el día después del «Blue Monday», «cuatro bodas y un funeral».

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