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El Colce y “la guerra de la aceituna”

Jaén es una provincia que respira por la herida y las palabras de la vicepresidenta Carmen Calvo, oriunda de Cabra –«Se lo tengo que agradecer mucho al presidente del Gobierno, – han sentado como un dedo – en concreto, el que decanta una balanza– que penetra en la llaga. El Plan Colce supone una inversión de 350 millones, 1.600 empleos directos e indirectos y una pica en Flandes como polo tecnológico. Jaén sale a la calle hoy en masa y ayer realizó una cacerolada en respuesta a la gota que colmó el vaso del agravio. Un diputado del PSOE por Córdoba, Antonio Hurtado Zurera, escribió en Facebook que «Carmen Calvo se lo ha pedido personalmente a Pedro Sánchez y se lo ha concedido. Ha sido la gran valedora de nuestra candidatura». La mecha de la indignación de Jaén y el resto de aspirantes estaba desatada.

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«Dos hombres y un destino»

La conexión entre el consejero de Presidencia y Marín fue inmediata, al punto de que al líder de Cs en Andalucía en más de una rueda de prensa posterior al Consejo de Gobierno se le ha escapado «un vicepresidente» al referirse al portavoz. Marín ha anunciado con dos años de adelanto y precisión de relojero que se presentará a las primarias de su partido, después de que Inés Arrimadas eludiese ratificarlo y recordase que el partido se rige por este sistema para la elección de candidatos. En Andalucía, Cs está dividido en dos facciones. Se da la circunstancia de que Marín es de facto el hombre con más poder institucional de la formación. El vicepresidente ya omite la posibilidad de ir a los comicios con el PP. Su compañero Bendodo, en Twitter, dejó un mensaje: «Con Juan Marín, codo con codo frente a la pandemia». En el último Pleno citó «Dos hombres y un destino» en referencia a Fiscal y Conejo. «Salvar al soldado Ryan» con el tiempo, en el género bélico, se viene convirtiendo también en película de culto.

Siglo Fernán Gómez

Cuando Fernán Gómez era niño a la gripe se la llamaba «la canastera», porque, como la canción, llegaba a todas partes. Fernán Gómez, igual que Umbral, pertenecía a una estirpe de genios sin padre, y su sola voz al hablar era como los cazas sobrevolando el centro de Sevilla y haciendo saltar las alarmas. El primer día que bombardearon Madrid durante la guerra fue un 28 de agosto, el día de su cumpleaños. Contaba el actor, director y escritor que la guerra no fue algo sobrevenido y que incluso a un amigo de padre militar le saludaba con un cordial «cuándo se subleva tu padre» por las mañanas. Podía haber pasado un año antes o un año después. La cosa es que iba a pasar. El actual ambiente mundial recuerda a lo que cuentan los libros, y contaban los abuelos, sobre los pasajes más funestos de la historia de la humanidad. Pandemias, populismos, paro, desinformación. El clima es el de las parejas que se miran en silencio y desembocan en el vacío. Que el matrimonio se vaya a tomar por culo es cuestión de tiempo y momento. Y el mundo, igual. Una pandemia actúa como un perfecto acelerador de partículas. A veces la prensa retrata alguna certeza. En Cádiz titularon en portada un día que «el aumento del frío dispara la venta de puchero» y, más reciente, que «el 53% de los gaditanos hace el amor con los calcetines puestos». El Papa Francisco se ha vacunado del Covid, lo que en términos teológicos y metafísicos supone una performance entre fe y ciencia. Se lo dijo Aramís Fuster en el diván de la tele a Toñi Moreno: «Difiero con Einstein en varios puntos». Son tiempos de batallas de nieve en la Gran Vía. Pablo Casado pala en mano emulando el «efecto Zoido» en Bellavista sin nieve pero con banco. Señales desde Ganímedes. ¿Chuck Norris en el asalto al Capitolio? La madre del Jamiroquai de los cuernos y el bisonte diciendo que su hijo está sin comer porque no le dan alimentos orgánicos, la criatura. (La) Nancy Pelosi con el uniforme negro del «Impeachment», Eugenio para un chiste sin gracia. «¿Saben aquel que diu que los mexicanos iban a levantar y pagar un muro y recomendó lejía contra el coronavirus?». En EE UU hay más de 200 condados sin medios propios. En España, la prensa local se orilla, cuando no hay periodismo más verdadero. Ha nevado en media España pero en las pantallas apenas se ha visto la nieve por Callao. El centralismo informativo tiene sus peligros. El leísmo y el laísmo son directamente criminales. Lo «nacional» – «Madrid es España dentro de España»–lo ocupa casi todo y cuando el ciudadano quiere saber si el vecino es un psicópata –«¿Por qué tienes una pala en casa, cari?», puede ser el inicio de alguna conversación de fin de matrimonio– se abre el boquete propicio para la bola de nieve de las mentiras, los bulos, las falacias, el cotilleo, alguna declaración imprecisa de Juan Marín o, si hay suerte, la receta de sus torrijas. Son tiempos para negacionistas. El mismo Soto, a lo «Black Mirror», liderando la conspiranoia, alertando del «fin del hombre como ser racional y libre». «Viviremos subvencionados por un Estado nodriza». Se lo dijo Silvio, el rockero, al Loco de la Colina: “La verdad sólo la sabemos tú, yo, la KGB, la CIA, y tres o cuatro más”. Juan Antonio Canta –aquel señor suicida con traje negro Pelosi y gafas de Umbral explotado en «el Misisipi» y que cantaba cosas supuestamente profundas de las que todo el mundo se reía– como metáfora de un siglo cuyo tránsito coincide con el centenario de Fernán Gómez y los 80 años de Haddock. «Sé que parece una película de Greenaway, pero es tan sólo un ejercicio de malabarismo». «A la mierda», dejó dicho el maestro, como profecía del milenio. («Y un limón y medio limón»).

Juanma Moreno y la disyuntiva Vox

El presidente andaluz a su llegada a la reunión del Comité Director de Alertas Palacio de San Telmo. /Foto: Junta de Andalucía

El 2 de diciembre de 2018 el desgaste de casi cuatro décadas de gobiernos socialistas en Andalucía, la merma de los servicios públicos durante la crisis del ladrillo y los casos de corrupción que desembocaron en la punta de icerberg de los ERE propiciaron la tormenta, o carambola, perfecta para que Juanma Moreno se convirtiera en presidente de la Junta. A ello se unía la desconexión de la candidata a la reelección, Susana Díaz, con la calle antes y, sobre todo, durante y después de la guerra fratricida con Pedro Sánchez en la que fue derrotada y retratada.

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«Cien años de soledad» en el PSOE andaluz

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Susana Díaz, ante el abismo. Foto de su cuenta de Twitter

Apenas un año y un mes antes, en plena campaña de las autonómicas, en la sede del PP-A, como en los bares cofrades, se contaban los días al revés. «Faltan 33 días para el cambio», anunciaba un cartel con la foto del hoy presidente de la Junta. El entonces candidato popular, en cuatro años de oposición, echó canas y cambió el estilo de sus zapatos (las borlas por el sport, los calcetines a rayas). Apenas una manzana le acompañaba para la travesía sobre la mesa del despacho junto al portátil. A Newton le bastó para hacer historia. A Juanma Moreno, también. «La región involucionará, iremos a recesión en menos de un año, se disparará el gasto público y se va a politizar todo mucho más», vaticinaba sobre un hipotético gobierno «socialcomunista». Un año después preside una comunidad «bloqueada», sin posibilidad de salir a financiarse a los mercados por incumplimientos heredados. Su posición débil en el partido ahora es de fuerza, convertido en el principal barón junto a Feijóo y en la cara amable del «cambio». La fontanería se reserva para Bendodo, vicepresidente de facto –a Juan Marín ya le ha traicionado varias veces el subconsciente– y convertido en la bestia negra de la oposición como el consejero con más influencia que se recuerda en la Junta, salvando las distancias, desde los mejores años de Zarrías. La mano derecha de Chaves pasaba por promesa como carrilero colchonero y el malagueño es corredor de fondo.

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La «paradoja naranja»

LA PARADOJA NARANJA

En la anterior campaña autonómica, Rivera ya se presentaba como Prometeo de la nueva Transición e igual citaba a Adolfo Suárez que a Alfonso Guerra. Entonces, Ciudadanos aparecía como un partido de centro pero sus guiños lo situaban en el centro-izquierda, más aún en Andalucía, donde el electorado se sitúa en el centro –30,9% según el Egopa– aunque los resultados autonómicos denotan una clara querencia zurda. En la presente precampaña, sobre todo tras la irrupción de Pablo Casado como líder del PP, la formación naranja, después de una legislatura apoyando al Gobierno socialista de la Junta, ha dado un golpe de timón: un viraje hacia el centro-derecha. La paradoja naranja radica en que, estadística y matemáticamente, para una formación que predica la necesidad de «un cambio» después de 40 años de gobiernos socialistas, toda posibilidad de alternancia en la Junta pasa, ante la imposibilidad empírica de una mayoría absoluta, por captar votos en el caladero del PSOE-A y Cs, usando un símil muy del gusto de Rivera, ha tirado la caña al caladero popular. La suma Cs-PP, de producirse un trasvase de votos de un partido a otro, resulta inocua ante la fortaleza del suelo electoral de la formación de Susana Díaz. «El antílope no necesita ser más rápido que el depredador para sobrevivir. Le basta con ser más rápido que los otros antílopes», reza un proverbio africano.

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El Gobierno del cambio, la bandera de Mozambique y el cortisol

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El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, desde la barrera. Foto de su cuenta personal de Twitter.

Sólo hay una bandera en el mundo –Mozambique– que incluye entre sus símbolos un kalashnikov. El Gobierno «del cambio» ha gozado de los 100 días de gracia y el fin de la tregua política coincide con el varapalo electoral al PP del pasado 28A. El cortisol es una hormona clave para la supervivencia. El homo sapiens 3.0 vive en un estado de alerta permanente. El organismo, para sobrevivir, sobresaltado, manda señales al hipotálamo y activa otras zonas cerebrales. Así comienza una respuesta involuntaria del organismo a través de señales hormonales y nerviosas. Es lo que se conoce como estrés. Tras ello, las glándulas suprarrenales liberan adrenalina y el cortisol, que no es malo pero en exceso es contraproducente. Las elecciones del 28A han supuesto el principal test de estrés para el Gobierno del cambio. Sigue leyendo

Susana Díaz y el mito del pebetero olímpico (“¿Velaske, yo soy guapa?”)

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Antonio  Rebollo, retratado por Efe, grabado en la memoria de una generación. Foto de Efe.

La luna, según los astronautas que estuvieron allí, huele a pólvora quemada. Igual que la sede de la calle San Vicente la noche del 2D o la de Génova y San Fernando a la caída del sol este 28A. El clásico bipartidismo cae al 51,4% en Andalucía –13,3 puntos menos que en junio de 2016, con una pérdida de casi 405.000 votos– y queda bajo la lupa demoscópica, por diversos motivos. Unos por el fracaso sin paliativos y sobrepasado de lamentaciones, caso de Génova; otros por un éxito sobrevenido que plantea cuestiones con mar de fondo. El Gobierno andaluz cierra filas a pesar del «sorpasso» de Cs en la comunidad -aunque en lontananza se oye el galope de Abascal amenazando con no apoyar los presupuestos- y Ferraz mira de reojo a Susana Díaz, todavía «enemiga» necesaria al menos hasta que las próximas elecciones municipales y europeas confirmen la ruta de las especias que emprendió Pedro Sánchez, al que en Alemania llaman “el guapo”, siguiendo los cantos de sirena de Pablo Iglesias, cual Magallanes y Elcano. La ex presidenta de la Junta se aferra al mito del pebetero olímpico. La noche del 25 de julio de 1992 pasadas las 22:38 horas, un arquero paralímpico,  Antonio Rebollo, lanzó una flecha en llamas en el Estadio de Montjüic. Milésimas de segundo después, el pebetero ardió en llamas. El mito y la inocencia defienden que efectivamente Rebollo alcanzó a acertar, con su flecha en el momento y el lugar exactos, su objetivo. La razón, prima hermana de la malicia, atribuye a la técnica mecánica aquella proeza. Se pulsó un botón y el pebetero ardió mientras la flecha, en expresión de la abuela de Sara Arguijo, “sabe Dios dónde andará” y unos operarios la buscaban allende la montaña mágica de Montjüic. De hecho, por aquella época, “Quién sabe dónde” era un programa de gran éxito. El botón estas elecciones ha sido la fábula de Pedro y/o el lobo. Al final, pudo más que el “efecto Vox” su contraefecto. “El defecto Vox”. Susana Díaz defenderá que en Andalucía ella lanzó la flecha en llamas y ardió el pebetero. 

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“First Dates”: Juan Marín

A Juan Marín le gustaría «recuperar la amistad» con Susana Díaz. Lo normal, después de un “matrimonio a primera vista”. A Juan, natural de Sanlúcar de Barrameda, 56 años, vicepresidente de la Junta, se le ha metido la ex presidenta dentro, como si fuera un horrocrux. Juan –a quien en la redacción bautizamos con todo el cariño que emana con el sobrenombre de “tito Marín” y en su partido con toda la mala leche del mundo le nombran como “Manzanilla”- se haya inmerso en su particular “Casablanca” con Susana Díaz. “Me desprecias, ¿verdad, Rick?”. “Si llegara a pensar en ti, probablemente sí”. Así, “tito Marín” revive cada semana la muerte de Chanquete en cada desprecio. Sigue leyendo

“El jardín de los senderos que se bifurcan” en el CIS

Continuacion del Debate sobre el Estado de la Comunidad en el Pa

Susana Díaz. Foto de Manuel Olmedo

“En el desierto/acontece la aurora./ Alguien lo sabe”. El haiku de Borges emparenta con el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de Tezanos. Como un réquiem existencial, toda vida y, por tanto, todo acontecimiento, se sustenta sobre tres pilares: lo que creemos ser, lo que quisiéramos ser y lo que de verdad somos. La realidad de las elecciones andaluzas del 2 de diciembre se sustenta en impresiones. El conflicto catalán influyó en el escrutinio de las urnas pero no tanto como sostiene el PSOE-A como coartada, más que como argumento, a la abstención. Casi 37 años de gobiernos socialistas, una corrupción epidérmica y el rechazo suscitado por el hiperliderazgo atrófico de Susana Díaz –quien ayer señalaba que no le ha dado tiempo a leer el «Manual de resistencia» de Pedro Sánchez porque lleva todo el día «currando»– dieron paso al ahora denominado «Gobierno del cambio». Las primeras impresiones carecen de segundas oportunidades. Aún conociendo los resultados, a toro pasado, el 68,6% de los encuestados por el CIS habría votado por el mismo partido. Sólo el 3,6% de los electores habría cambiado su voto conociendo el resultado.

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